El asesinato de la Comodidad.
Hace unos días acompañaba a mi vieja a tomarse una combi hacia el sur. La cantidad de personas agolpadas enfrente del Colón y aledaños era tan grande que no se podía caminar por la vereda. Los colectivos que iban por Cerrito al doblar rozaban el chorizo de personas. La cola se reanudaba en el lugar en el que parecía terminar y volvía, inexplicablemente, a extenderse hasta las combis para hacer otra voltereta. Todo eso en 3 metros de vereda. Si querés pasar por ahí tenés que ir por la calle.
Optamos por el colectivo y el tren.
Me llamó la atención, me dio bronca y verguenza la verdad, que la gente aceptara hacer una cola en la que parecía ganado antes que esperar un rato para tomarse un colectivo, en los que se viaja mal también pero no tan apretado como en la cola de la combi -o igual-. Dije algo obvio: en cualquier momento va a ocurrir un accidente.
Recién (04 de julio de 2007, 18:30 más o menos) estaba parado al lado de mi novia, esperando que tomara la combi, cosa que casi nunca hace. Elegimos la cola en la que el ganado circula con mayor rapidez, es decir, la de la puerta del Colón. Ignoro las razones, pero la gente prefiere la que está cruzando la calle (Tucumán)
Dobla un colectivo blanco. De repente, un grito al que se suman otros de terror. Miradas, asombro, desconcierto. Miedo ante lo inminente. La gente se va apartando y veo la cabeza de la mujer que sale de abajo del colectivo. El cuerpo está atravesado. Está viva. En diez minutos o quince, más o menos, el tiempo se dilata en estas situaciones, llega la ambulancia.
Mientras, los que viajan en el colectivo se lamentan. Al rato tratan de que un hombre los ayude a abrir la puerta del medio (el colectivero bajó y los dejó encerrado) No vi si la mujer cruzó en rojo. Lo más probable es que la cantidad de gente agolpada en la vereda expulsara a la mujer a la calle o hiciera que tuviera que cruzar la calle para seguir su camino. Tal vez estaba haciendo la cola. O cruzó sin mirar para salir rápido de ese atolladero.
¿Por qué seguimos esperando que ocurran estas cosas? ¿Por qué la gente de clase media y clase media baja -digamos- prefiere hacer una cola inhumana, absurda y peligrosa -en la que no sólo se ponen en peligro sino también a los demás que circulan por la vereda- para viajar a sus casas? ¿Por qué se acepta pagar cinco pesos para viajar? ¿Es un accidente más?
Dos certezas: la gente que se presta a hacer las colas en esa esquina -mucha gente- no tiene imaginación y está desesperada por regresar a su casa de la forma más cómoda posible (la rapidez y la seguridad están descartadas -si un colectivo dobla rápido ahí los aplasta a todos) Pero, sospecho que hay otros prejuicios que hacen que la acostumbrada gente prefiera viajar en la oscuridad de la combi -como inmigrantes ilegales cruzando una frontera en alguna película- en un horario pico.
Cuando la ambulancia llegó, corrieron el colectivo, liberaron a la mujer y la subieron. Sangre. Por lo menos. No miro mucho. Dos nenes con mochilas pasaron al lado mío -yo seguía en la otra cola-. “¡Qué impresionante por Dios!”. Viva estaba.
Después camino. Escucho más ambulancias -o la misma- que suenan distintas cuando se sabe la razón del chillar de una de las ambulancias. Noto otra vez que la gente -yo también a veces- cruza en rojo y en cualquier lado.
Antes de irme del lugar, seguían subiendo a las combis. El tráfico volvío a circular, lento, pesado, retumbante.
Adrián Fares
Etiquetas: Al Margen, asesinato, comodida, escritos, relatos