Cine digital: Be Kind, Fordward

By adriangas

Be Kind, Rewind. Nueva película de Gondry. Por lo poco que vi en el trailer, esta película, junto con la última de De Palma (Redacted) prefiguran el desembarco y la aceptación de nuevos soportes en el cine industrial. Si en Be Kind, Rewind los protagonistas graban en VHS, en Redacted usan Minidv. Estas dos películas usan el soporte de grabación como recurso expresivo. A diferencia de otras, parece que esos soportes de grabación son el punto de partida aceptado para narrar. El mismo recurso apreciamos en una película menos industrial, como Ficción, de Cesc Gay. Al principio, cuando el protagonista se aleja de la cabaña, el soporte es Super 8 (o video, no me acuerdo bien). El efecto es preciso, fresco y, a la vez, mágico.

En ese sentido, son contrarias a Death Proof (segmento de Grindhouse dirigido por Quentin Tarantino), cuya primera parte me gustó mucho (hasta que aparece el segundo grupo de chicas). Está claro que Death Proof es una lata de conservas cinematográfica. Por algo, se relame en el proceso de exhibición.

El cineasta ya tiene las mismas posibilidades de un escritor y un pintor (el cineasta usa su cámara, compra sus casetes, sabe usar programas de edición y de posproducción, incluso hasta puede saber usar programas 3d). En Argentina, más que nada, todo esto se debe a la explotación de los trabajadores de multimedios, diseño, publicidad y cine.

Resulta que no se dieron cuenta que, ahora, en cine, alabar la calidad es respetar el envoltorio. Es un lugar común. Chesterton decía que en un lugar común siempre hay mucho de verdad: a veces cuando un vendedor nos habla de calidad nos está ofreciendo un cuento para cobrarnos más. Los que viven del cine, por ahora pueden estar tranquilos, el cineasta digital tiene médanos altos como adustas jerarquías, nepotismo y clientelismo (empresarios, abogados y críticos a favor del antiguo sistema porque les da de comer), vallas puntiaguadas de burocracia, y agujeros negros como el del sistema de exhibición para perderse tranquilo.

El arte cinematográfico avanzó gracias a la tecnología (lo mismo que las otras artes, está claro) Recién ahora, el que quiere hacer una película puede acopiar y trabajar las imágenes de manera artística (sí, esculpiendo en el tiempo) y proyectarlas apenas salen de la computadora. Perrone en nuestro país, ya es un nuevo Melies.

Hasta la mejor secuencia de una película como The Bourne Ultimatum rinde tributo a la sensibilidad de la tecnología digital, a la cámara liviana y en mano, que cada vez más es como un ojo. Si uno lo piensa, The Bourne Ultimatum (que en lo demás es más espectáculo que cine) pudo haber sido grabada con una cámara digital y luego posproducida en color y en sonido. Las formas y contenidos de las películas auguran el cambio de estructura de producción y distribución. Las gestiones culturales, el marco legal, y la crítica de cine deberían remozarse para acompañar y enfrentar los nuevos cambios.

El cine de autor era industrial, el cine de espíritu digital propone un nuevo cine de artesanos, empresarios shakesperianos y artistas de pequeñas masas que darán variedad a un público cada vez más sediento, rastreadores del infinito virtual buscando experiencias, arte y entretenimiento.

Las películas ya pueden subrayarse.

En la oscuridad de una sala de cine el espectador no tiene nombre; el nuevo espectador opina, critica, rastrea, compra, recomienda, agradece. Son dos experiencias distintas.

Adrián Fares

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