Kong

Estimado Adrián:

Vuelvo a escribirte desde el año 2084. A ver si esta vez te hacés cargo y me respondés. Tené en cuenta que mandarte un mensaje me sale un cuarto de mi sueldo más o menos, entre el tiempo que tardo en concentrarme y la energía.

Pero bueno, mal no está que te cuente todo otra vez. La gente de tu época es medio lenta, y vos no serás la excepción; más bien lo contrario, según la información que pude recopilar.

Antes que nada, quiero dejarte en claro cuál es mi ocupación. Formo parte del plantel de inspectores de una empresa dedicada a monitorear el uso de las impresoras Rivera. En mis días una persona puede programar codigos genéticos. Para hacerlos realidad necesita nuestras máquinas. Las impresoras Rivera son las líderes en este tipo de impresión a nivel mundial y yo trabajo para la firma que las representa en el país. No te creas que gano mucha plata, Adrián, aunque sé que más que vos seguro; no tengo muy en claro si sos escritor o cineasta, pero sé que hiciste una película con un amigo sobre tipos ridículos que se disfrazan de otros tipos ridículos.  Me encantó.  Muy bizarra. No sé qué estás haciendo ahora, pero espero que tengas tiempo libre para leerme.

Aunque resolví varios casos, en mi época mis méritos pasan desapercibidos (hay muchos inspectores) Así que decidí escribirle al pasado para a) no aburrirme entre caso y caso b) revolucionar un poquito las cosas. Y también debería agregar: c) divertirme un poco. Tendrías que asombrarte con lo que te cuento. Espero que también te diviertas.

Vamos al grano otra vez. Ya te conté en el e-mail anterior todo esto, pero parece que no te das cuenta que no es spam ni una joda ni matufia; no soy una africana en las diez de última necesitada de una cuenta donde depositar su herencia multimillonaria. Aunque tengo ascendecia africana. En serio.

En fin. Otra vez: fuiste elegido entre millones de personas para emprender la tarea de leer estas crónicas del futuro. Tampoco te la creas, porque en realidad cualquier picaflor (libador), como le decimos en nuestra época a los artistas, podría servirme. Bueno, no cualquiera en general, pero sí cualquiera de los de tu clase.  Sin embargo, como vi que sos una persona bastante desinteresada en lo económico, aunque fervorosa y fiel a sus ideales, pensé que te interesaría leer a una persona adelantada (en el tiempo; yo tampoco me la creo)

En nuestros días hay una ley, cuyo nombre no viene al caso, que reglamenta lo que otra persona puede crear. Por ejemplo, si sos un nerd que se la pasa en el garaje de su casa todo el día pensando y creando noseres, antes tenés que sacar un registro para poder hacerlo (recién después de los 13 años) Y te hacen leer un libraco donde explican los límites del jueguito. Digamos que no se puede crear cualquier cosa… No podés inventar animales con dientes ni garras afiladas (ahora te voy a impresionar un poquito; en nuestra época los incisivos de los seres humanos son el doble de afilados que en la tuya y las orejas se fueron haciendo un poco puntiagudas; por ahora no puedo contarte nada más, pero no hay cambios muy significativos, salvo en algunas costumbres…; las formas cambiaron rápidamente, los pensamientos no)

Bien, volvamos a lo nuestro. Resulta que con un programita se puede combinar genes y construir monstruitos a gusto. Más que nada los usan los padres para crear juguetes para sus hijos. Pero cada tanto lo agarra algún loco que te crea cada criatura peligrosa… Por lo general, se escapan y ahí me mandan a mí para rastrearla, por eso te digo que soy una especie de detective. O las hacen pasar por personas, o las esconden en la casa en el tacho de la ropa sucia, en los roperos, no sé… Ustedes, mis antepasados, no se imaginaban hasta donde las historias más increíbles son verdaderas. O sabían pero se hacían los tontos. Pero bueno, de a poco todo retornó a los tiempos primordiales.  Después que el miedo a la violencia sistemática del siglo XX empezará a olvidarse, o por lo menos a mezclarse en la mente de la humanidad con los pensamientos libres abandonados en el camino. Espero que me entiendas. Odio explicar las cosas. Tampoco me gustan los misterios. Si a un detective le gustan los misterios o es un tarado o un inútil.

Te cuento que no es una tarea muy agradable tener que separar a estas criaturas de sus creadores; a veces se encariñan. Las más horribles suelen ser muy tranquilas. Aunque no en todos los casos… Para el secuestro tengo a mi ayudante, la japonesa Taka. El único problema con Taka es que es muy callada. No sabés lo que era cuando empezó. Ahora habla un poco más, pero así y todo, generalmente repite discursos que escucha en la calle o en la red. Igual me gusta porque es tranquila y no te altera los nervios. También es muy inteligente.

La semana pasada, por ejemplo, tuve que ir a lo de un dentista. La secretaria, muy tímida, nos dejó pasar, y nos indicó con la mirada baja los sillones. Se podía escuchar el ruido del torno (ahora el dentista es como un peluquero de tu época, cada tanto las personas se emparejan los dientes para evitar algunos accidentes)  Noté que la recepcionista no cambiaba mucho de expresión. Tuve que soplarle en la cara, para darme de cuenta que era un Noser 0156. Este tipo de creación, cuando uno le sopla en la cara, saca la lengua y vuelve a guardarla rápidamente. Los crean las personas solitarias…

Ahí hice la Prueba Número 2. Consiste en pedirle al ente sospechoso que sonría, para verle los dientes. La secretaria se negó y tuve que recurrir a las cosquillas. La cavidad bucal olía a frutillas y la dentadura estaba perfecta. Pero lo más importante de todo es siempre la forma de las piezas dentales. En este caso correspondían con la dentadura ideal de tu época; dientes más o menos parejos pero sin puntas TAN marcadas.

Veredicto: sin dudas un Noser, creado para fines claramente sexuales. Como te imaginarás, los dientes afilados son molestos para el sexo oral, entre otras cosas, así que su creador decidió suprimirlos. También en el cóctel de genes metió un poco de los de la frutilla para que su juguete sexual olieara siempre bien. Me puse a escribir la multa frente a la secretaria, que todavía no había cerrado la boca. El dentista salió y me dijo de todo. Que el Noser que él había creado cumplía todas las normas y no hacía mal a nadie. Pero no se pueden crear noseres con fines sexuales, le tuve que explicar. Me comí unas cuantas puteadas. Taka se llevo al Noser en una jaula.

Como verás, mi trabajo es más o menos monótomo y a nadie le interesa. Para una persona de tu época sería una aventura diaria. Por eso decidí romper algunas convenciones y escribirte.

Espero que sigas bien,

Von Kong (es un seudónimo; también el de mi asistente japonesa)

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