El joven pálido 16

Corregirán que nadie avanza por los caminos,
pero estos errores son claves:
sin ellos nada existe
o existe la nada.

Entonces diremos que El joven pálido
recontra avanza
por el camino,
como todos:
AVANZA,
no camina.

Avanza
como en el juego de la oca,
más vale que te corras
o te emboca,
porque descubrió que los sabios
deberían gobernar,
que los demás usan sus cargos para criar a sus hijos,
mientras él lo lleva en su mochila,
historia de verano,
aborto voluntario,
feto universal (uno son todos)

Avanza y piensa, que la vida es un flipper,
un plano inclinado hacia abajo
por donde rodás a gusto
del que tiene plata,
o espíritu,
para comprar la ficha
-y hace rato que la plata y el espíritu son lo mismo:
¡qué problema, che!-

Ya todo lo confunden.

Pero salís lanzado, y ¡qué lindo rebotar!,
multiplicarse en varias bolas.

¡Qué bueno!,
dar placer al jugador.

En la era del nepotismo
de la tiranía de todos
-todos de un lado de la soga, de la otra la palabra
humano-,
El joven pálido lleva el signo menos
en la mochila, los demás sólo quieren sumar,
a él le alcanza con el resto
de sus ilusiones.

A diferencia de las personas
el feto no refleja nada,
es un talismán contra los espejos
¡Oh, dulce talismán!
te quiero porque como los sabios
controlas lo que reflejas
porque reflejas lo que controlas,
o sea nada;
eres libre de futuro
como un recién nacido.

La primera respirada
sin llorar,
hay tiempo para llorar,
pero el feto nunca lloró porque
siguió de largo hasta el basurero
terminando de florero
en la morgue judicial,
ya lo sabemos.

Entonces cállense:
es hora de escuchar,
el joven pálido va a hablar.

Dicen que en los caminos de luz
acechan las sombras negras,
como en el agua clara, la mugre
y en la oscura, la luna.

Era cuestión de esperar la noche entonces
para refulgir,
¡Oh, Buenos Aires!,
olor a pizza y libros,
a gomina, camperas muy usadas,
como una vedette transpirada,
y el casi-niño en la mochila.

Casi niño,
escucha a esta ciudad.

De trabajos semiacabados
y de acabadas monumentales
como la que terminó en el feto
que El joven pálido lleva en su mochila,
plasticola de una noche de amor,
endurecida,
derrochada,
doblemente ocultada,
pero por lo menos impulsada
ahora otra vez en las calles gracias a él.

Las chispas,
no todas prenden.

Ese momento donde los tubos
se encienden y la mano
no se ve
(la futura acción)

Ahí ves
lo que se ve,
avanzando en el reino de las ilusiones.

Robó
(tomó lo que era suyo),
y huyó.

Que digan de mí que siempre robé,
huí,
y avancé.

Un pasito más, por favor.

No! (¡ya te aplastaron al nacer!)

Bajé al subte,
Subí al taxi.

Nohijo,
la ciudad está borrándose,
qué chiquitos se ven los edificios en el espejo retrovisor,
son como agujas
hilvanadas por las confusas calles grises.

Pinchan ilusiones débiles.

Casi niño,
-quédese con el cambio-,
acá estamos más cerca
de acá seguimos a pie
sin cemento
-¿para qué te crees que se inventó el cemento?
¿que solamente cementaron AL QUE YA SABES?-,
en la mafia del pensamiento
una pisada puede unir, flotando en el polvo,
a los viejos enemigos.

Acá es más fácil ver,
lo que un paso tras otro puede hacer.

Cooonde

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