La despedida

Dejar este mundo porque ya nada vale la pena

Extrañar los atardeceres promisorios, las comidas imperiales, el sol fuerte, las copas de los árboles,

pero más que nada el trabajo como un fin y no como un medio

El crepitar de las hojas bajo cuatro pies.

La comprensión, las miradas ardientes, las lenguas entrelazadas que al soltarse charlan de cosas triviales y necesarias.

Lo que parecía natural y ahora es como la carcasa de un robot destruido en una ciudad de lata.

Incomparables las órdenes de las esperanzas y los desórdenes del cuerpo.

Dejar este mundo de una vez por todas cuando falta lo elemental y lo natural se hizo mecánica y palabra.

Yo no soy este monstruo que decidieron soñar una tarde en familia.

Mis pies están desnudos en la playa y mi cuerpo está listo.

Los dejo a todos con la seguridad de que un mañana mejor era posible.

Rescatando a los nuevos seres comprensivos, fulminantes, cariñosos.

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