La venganza final. Poema.

Hay alas transparentes que se baten
entre cardos dorados
esos seres alados
desconocen al ser
que les abre la puerta
que los deja pasar
otro esclavo de la luz
pero con la destreza adaptativa
de agradecer
que lo piquen
que lo rasquen
que le rodeen
el órgano llamado piel
y de escribir una oda a las caricias mínimas de los insectos
antes de atraparlos con sus dedos
y entonces apretar
sin saber que un océano de sangre verde
se derrama como un río
imperceptible, claro, es,
para la persona,
que seguirá abriendo la puerta
y prendiendo las luces
hasta que llegue el día
que su órgano preciado ceda a la marea de sangre roja
en una caja de madera
y las vengadoras astillas
proclamen en silencio
que la máscara humana
es otra vez río
y los árboles agiten sus ramas
en festejos nocturnos
antes de que un metal diurno
los horizontalice y los aplane.

En el reino de lo inhumano se sabe

que los árboles y los insectos confabulan la venganza final.

Enviarán a las cucarachas a que aterricen sobre el papel blanco
y a las cotorritas a que cubran
de punta a punta
esos rectángulos luminosos
que los humanos
llaman
pantallas.

(que acarician y protegen

más que a sus mascotas;

las que, por cierto, mirarán

por un segundo

para otro lado.)

por Adrián Gastón Fares.

Diciembre, 2020.

9 pensamientos en “La venganza final. Poema.

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