Arts Magic

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Hace quince años pensé en ser crítico de cine. Me anoté en un curso en APTRA donde los alumnos éramos: otro chico y yo. Antes de entrar buscaba CDs de jazz en la Musimundo del Spinetto. Luego, en las críticas de estrenos que hice para Cineismo, no me gustaba que Ravashino, el editor, me corrigiera los textos. De más está decir que sus correcciones eran necesarias.

Cada tanto, por las mañana, iba a una privada. Un día tomé un café con leche y vi a Amanda Peet. El cine a la mañana produce el mismo efecto que los sueños de la madrugada, si la película gusta, te pinta el día. Sin embargo, esas alfombras mullidas de los cines siempre me parecieron sospechosas. Pensaba que, en mi caso, quedarme con esas mañanas en el cine, era como colgar los zapatos en el tendero de Spectra.

De cualquier manera, me las arreglé para que una empresa inglesa me enviara copias de los DVDs de películas japonesas que editaban. Esperaba con ansias la llegada del sobre de papel marrón remitido por Phil.

Arts Magic DVD ya no existe más. ¿Dónde trabajarán Linda y Phil?

En nuestro presente, no me imagino a una editora de un país lejano enviando DVDs de películas a un desconocido crítico argentino. Magia de los inicios de internet. Voy a permitirme la nostalgia tecnológica, porqué no. Internet es ahora, claramente, un lugar presentable. Antes era un lugar impresentable, lleno de personas.

Lleno de personas más lentas. Personas más lentas con periféricos pesados que los ataban a un lugar y los obligaban a usar de otra manera el tiempo y el espacio.

El resultado lo vemos ahora en la película Draft Day. Como en otras, cuando los personajes usan el teléfono para comunicarse la elección del director es dividir la pantalla en dos. Pero a diferencia de esas otras películas, en Draft Day una parte del cuerpo de un personaje invade el rectángulo de la escena que ocupa el otro. Hace veinte años a nadie se le hubiera ocurrido recortar la pantalla así. Esto indica que, por lo menos en el cine, el espacio no es lo que era.

A. F.

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Onibi, de Rokuro Mochizuki

Onibi, The Fire Within

DVD http://www.artsmagicdvd.com/ 101 min. Dirigida por Rokuro Mochizuki. Historia Original: Yukio Yamanouchi Características del Dvd: Special Interview with the Director, Commentary with Tom Mes (writer on japonese cinema).

Catalogada en su momento como una de las mejores películas japonesas de los noventa, Rokuro Mochizuki filmó Onibi después de Another Lonely Hitman.

Merodeador de argumentos donde la temática yakuza es la forma, mientras que el contenido fluye entre los placeres de la vida y el crudo dolor humano, Mochizuki es un director desigual. En la entrevista que acompaña el DVD, dice que prefiere las películas románticas a las criminales; por eso en sus obras la historia principal es casi siempre una historia de amor. En Onibi, son más los aciertos que los errores.

La historia (de Yamanouchi, escritor de libros de temática yakuza, quien alguna vez perteneció a un clan) nos presenta a Kuni (Yoshio Harada), un yakuza que luego de veintisiete años en prisión vuelve a su clan, convocado por su antiguo jefe Tanigawa (Sho Aikawa). El personaje nos recuerda a los que interpreta Kitano en sus películas, pero Harada es un gran actor que no depende de tics para verse canchero (aunque bueno, Kitano nos gusta también)

Kuni comparte vivienda con su amigo homosexual y en una fiesta del clan conocerá a una joven pianista (al director se le ocurrió incluir una pianista en su película después de ver la de Jane Campion) que le cambiará la vida. La trama no tiene muchas sorpresas, es la consabida historia del marginado que intenta poner en orden su vida.

Mochizuki usa de pretexto el género yakuza para develar los placeres y dolores de un hombre peligroso. Maneja los planos con maestría; sumados a la música clásica de la banda sonora generan una cadencia que se parece mucho a la imaginada caída de una hoja de un árbol en otoño. Ejemplos: Kuni junto a Tanigawa caminando por las calles en un travelling a plano medio de los dos ligeramente contrapicado. Una secuencia en que Kuni obliga a su joven enamorada a probar su valentía matando a un perro callejero. La posición de los cuerpos en un plano abierto, trabados en el centro de la pantalla, y mirando en direcciones opuestas, produce una dulce tensión. Otro de los planos es la subjetiva de Kuni haciéndole el amor a su chica.

Por momentos, el filme peca de soberbia, de querer abarcar más de lo que sus personajes proyectan. Hay que notar que es costumbre del cine oriental tomar tópicos, exprimirlos y armar algo más interesante. Habría que analizar (como en el caso de Angel Guts) cómo se genera cine de autor a partir de las propuestas de la industria, más que nada a partir de los géneros: el roman porno, el cine de yakuzas y el cine de terror japonés actual (Retribution, de Kiyoshi Kurosawa es el mejor ejemplo, seguido de la maravillosa Memories of murders, de Bong Joon-ho -la película  siguiente de este director sería la inferior, pero más conocida, The Host) equilibran lo popular con lo personal. En el cine de Mochizuki, como en muchas películas orientales, de la extrema sujeción a los cánones a la extrema perversión de los mismos hay un paso. Paso que, particularmente en Onibi, vale la pena ver dar.

A. F.

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