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Infierno en el instituto. 3. No ficción.

Empezó la marcha mía de todos los días al instituto. Vieron que esto se llama Infierno en el instituto. Bueno, por algo se llama así. Es como una película con un héroe: yo. El trabajador. El director de cine con hipoacusia y certificado de discapacidad. Malos: el instituto de cine y la productora presentante. Un ayudante del bueno: otro héroe, mi amigo Leo Rosales. Un ayudante de los malos, los medio malos: los empleados del instituto de cine para los que somos un número más incluso cuando les contás tus problemas y cuando deberían estar trabajando para los directores de cine. Un edificio que era el emblema de la maldad, algo así como La Torre Oscura de Stephen King, el castillo de Drácula o el otro más obvio para el tema de estos escritos, el de Kafka. Un lugar al que llegar todos los días para poner las cosas en orden.

Íbamos para ver si nos podían contactar a la productora porque no aparecía. El problema claro era que se acababa el tiempo para la firma del convenio con el presidente del instituto. Leo salía del trabajo y se me unía en las búsquedas de alguien que nos ayude en las escaleras de ese edificio en que casi nunca andaban los ascensores.

El primer paso para la tarea que iniciamos era ir al área donde estaba el expediente. El área suele ser Fomento. Así que fuimos a la Gerencia de Fomento. Nos dijeron que de ninguna manera podíamos ver el expediente y que no había posibilidad de contactar a la productora presentante. Que ellos no podían hacer nada al respecto.

Pasaron los días, y ya estábamos en septiembre. Entre llamadas de Leo y emails míos al abogado poderoso de la productora presentante, logramos dar con ella antes de que se acabara el plazo para presentar una prórroga.

Era septiembre y recién ahí la productora presentó una prórroga para presentar los papeles requeridos para la firma del convenio que daría inicio a la película.

Mientras tanto, teníamos una nueva entrevista con los gestores del concurso. Esta entrevista con los organizadores del concurso era, como la anterior, en la segunda sede del INCAA, la de Avenida de Mayo.

Ese día, nos juntamos en un Starbucks, recuerdo, otra vez con su socio la productora, el que quería poner de productor delegado. Nos dijo que iba a proponer de traspasar la película a Leo Rosales. Pensamos que era por buena intención. Pero esa jugada de ella complicó todo más las cosas.

Para eso, teníamos que hablar con los empleados del INCAA de si eso era posible, porque no estaba contemplado en las bases del concurso.

Salimos del ascensor y mientras esperábamos que nos atendiera los gestores del concurso, dos gerentes y un empleado, me crucé con José Martínez Suarez, el hermano de Mirtha Legrand, director del festival de cine de Mar del Plata, que a sus noventa años seguía yendo a trabajar para el festival. José me señaló que la gorra que yo llevaba puesta le gustaba y que era parecida a la suya. Le conté de la película, me preguntó cómo se llamaba y me dijo que creía que Gualicho venía del guaraní (en realidad creo que viene del mapuche pero anduvo cerca), que le parecía un buen nombre. Lo saludamos y José se fue con la persona que lo acompañaba, ya que caminaba con dificultad.

Los productores que estaban con nosotros ni sabían quién era José Martínez Suarez. En fin. Una de las empleadas del INCAA escuchó que le contábamos a la productora presentante de Mundo tributo. Dijo y claro, yo la vi, la conozco, es buenísima. Nos sentimos bastante contentos. Lástima que el dicho de la empleada no nos daba puntaje. Pero son cosas que a uno lo alegran.

Entramos al salón para la entrevista, Leo y yo nerviosos. Los gerentes que habían administrado el concurso escucharon la exposición de la productora presentante. No quería hacerse cargo de la película, pero proponía traspasarla a Leo Rosales, porque para ella era el responsable del film, el que la había contactado. Era un momento donde todo lo que vendría después se podría haber evitado. Los gestores del concurso que ganó Gualicho dijeron que no podían afirmar que aceptaran el traspaso de la película, pero que lo podíamos intentar. Se armaría un comité para evaluar si teníamos el puntaje necesario con Mundo tributo y luego, fuera cual cuera la respuesta, la decisión final la tendría el presidente del instituto, Ralph Haiek, quien firmaría la resolución.

Salimos de la entrevista un poco confundidos con Leo. Porque no sabíamos qué podía llegar a pasar. Nos pusimos a trabajar en todo lo que teníamos avanzado de preproducción de Gualicho, presentamos un pendrive (que jamás fue abierto por empleado alguno del instituto por lo que me consta, sigue con su precinto de protección intacto) donde pusimos todo el trabajo volcado en Gualicho y la prensa de Mundo tributo, los contratos de exhibición y el resto de la información que nos pareció pertinente.

Mientras tanto, teníamos que trabajar para presentación del pitching de Gualicho en Ventana Sur, Blood Window. Nos fuimos a entrevistar con el coordinador de Blood Window. Nos dijo que el concurso estaba dedicado a formar películas que pudieran luego motivar la reacción de la industria norteamericana de cine. Que ese era el fin de todo, ya que como sabemos, el cine fantástico se produce más que nada con éxito en Hollywood. Habría que ser un hipócrita para no aceptar que tenía razón en lo que decía. Pero él no podía ayudarnos para nada con el tema de la productora presentante ni con facilitar que el instituto aceptara el traspaso a Leo.

Era un tiempo donde había que esperar la resolución del INCAA. Y por otro lado tenía que trabajar con Leo Rosales porque la organización de Blood Window nos había invitado a participar en el mercado internacional de películas fantásticas y de terror de Ventana Sur. Era parte del premio, digamos.

Mi idea era redoblar la apuesta. Un productor de películas de terror independiente me había animado a escribir otra. Él podría moverla. Me puse a desarrollar Mr. Time. Escribí un scriptment (esa herramienta entre el guion y la novela que le gusta a James Cameron) provisorio. Y ya que tenía que desarrollar postales y afiches para Gualicho, iba a hacer también la de Mr. Time a ver si conseguíamos financiación también para ese nuevo proyecto.

Trabajé como un animal. Invertí dinero. Eso nos hizo olvidar un poco del INCAA y de que esperábamos una respuesta. La respuesta llegó y no fue favorable. El presidente del INCAA que se guardaba la facultad exclusiva de dar esa excepción la negaba. La que firmaba una nueva empleada del área de presidencia, Marina Aranda.

En Ventana Sur traté de hablar con Ralph Haiek, pero justo había unos fotógrafos y Ralph me empujó para que no lo molestara. Ven que les dije que era el malo de Infierno en el instituto. Estaba cumpliendo con su papel. Esto no es un cuento de Raymond Carver, no hay sutilizas, los malos se ven desde lejos, se pueden divisar desde el horizonte, son como el Malo de El bueno, el malo y el feo, la película de Sergio Leone, son épicos, son malos como pueden llegar a ser los malos, diré y espero que digan.

Un rato después, el mismo día por la tarde, un productor amigo que estaba interesado en Gualicho, hizo que el entonces presidente del instituto se acercara y me saludara. Ralph Haiek estaba con la tal Marina Aranda y dijeron que no les había parecido viable el traspaso, me miraron con mala cara y desaparecieron. Me habían contado que Ralph Haiek era amable con sus antiguos empleados, a los que había acomodado en el instituto, pero con los extraños era un gigante empujón, malhumorado y desdeñoso. Es horrible que un presidente de un instituto de cine trate con tanta altanería a quien hace prestigioso su cargo: los directores de cine que filman películas, la gente como yo que se sacrifica por el cine, no advenedizos que juegan con números y especulan con cargos políticos, pero así son las reglas.

Presentamos el pitching y mis amigos uruguayos quedaron encantados con la película. Querían sumarse al proyecto. Me hubiera gustado, pero no había manera porque la productora de origen peruano (es el epíteto que uso para evitar el nombre; no es que esté discriminando a todos los peruanos; en la obra social tenía una compañera de origen peruano, una empleada de limpieza, y pregúntenle a ella de qué manera la trataba y la ayudaba con lo que podía), la productora de origen peruano, entonces, había dicho que no quería sumar a ningún extraño en coproducción. Y, por otro lado, la película estaba en suspenso, había que volver a encontrar a la productora de origen peruano, que no apareció durante todo el susodicho mercado de cine, Ventana Sur (claramente los productores éramos nosotros, los productores de las otras películas ganadoras estaban en Ventana Sur acompañando los proyectos, a los directores); a la productora presentante de nuestra película solo la vimos tomando un trago en una fiesta de una embajada de, Perú, claro.

Yo fui a algunas fiestas, cosa que no solía hacer (en el BAFICI evitamos todas las fiestas con Leo, éramos bastante rebeldes en ese sentido en esa época) La mejor fue la de la embajada de Chile. Había una barwomen que hacía maravillas con la coctelería. Estaba con Mariano, un amigo, y esa noche tomé unas cuantas cairpiroskas, me relajé un poco y terminamos llevando a un chileno borracho a su hotel.

Pronto terminó Ventana Sur. Se acercaba el verano y ¿qué pasaría con Gualicho?. La productora presentante, había dejado una prórroga en el instituto, pero había desaparecido otra vez.

Ahora no estaba viajando, estaba trabajando en la producción de una película dirigida por el dueño de una revista de cine, que se producía en la casa productora de Palermo. Aquí llamaremos a esa película La casa de la costa. Tenían algunos problemas porque la película iba a ser codirigida y parece que se estaban peleando los directores, o algo así creo recordar. Yo no entendí qué injusticia era la que hacía que una película que parecía tan monótona podía estar produciéndose y la mía que era entretenida y ofrecía algo nuevo al cine argentino tuviera que sufrir a pesar de haber ganado un premio.

Pero el problema más grande era que ahora habíamos perdido tiempo, el instituto había negado el traspaso a Leo y volvíamos a estar en manos de la productora presentante, la productora de origen peruano. Debíamos convencerla de hacer la película o la perderíamos. Se acercaba el verano. ¿Cómo hacer que una persona se interese por algo que no significa nada para ella? Una película cuyo guion no había leído. Cuyo género no le interesaba (parecían gustarle las películas de gente en una casa en la costa mirando el mar; o mejor dicho, estoy seguro que no le gustaban tampoco esas películas que a veces tienen sus cosas buenas) en fin era una productora fría como el acero, de cine no sabía nada.

Y si hay un consejo importante que dar es que directamente no hagan ningún trato con personas que no saben de cine. Me lo enseñaron otros directores. A la larga no sirve. Algo del cine los tiene que mover. No puede ser que solo un productor vea pesos o dólares en eso, un negocio más o menos en el que cae de casualidad, más allá de cualquier interés o gusto, cuanto me hubiera gustado a mí que las cosas fueran al revés, que el cine hubiera ido a mí y no yo al cine, como parecían tocarles a estas personas que después hacían poco y nada con esa suerte que habían corrido.

Hijas de, empleadas de, sobrinas de, hermanas de, primos de, y toda esa caterva que solo en las excepciones que confirman la regla hacen algo realmente interesante por el cine.

En el verano volvimos al Instituto. A esas escaleras en las que ahora transpirábamos más. Queríamos ver si podían hacer aparecer a la productora presentante para la firma del convenio. Quería ver el expediente. Pero no había manera. Me lo negaban en el área de fomento del instituto.

Un día, totalmente sudado, respirando entrecortadamente, golpeé una ventanita que había en una puerta. La ventana se abrió para adentro, convirtiéndose en un pequeño escritorio, y apareció un empleado de jurídicos. Le conté que era el autor de la película, el ganador de ópera prima como director, que estaba desesperado; me dijo que era una cuestión de transparencia, un hecho delictivo, que no me dejaran ver el expediente de una película de la que formaba parte, de la que era autor, director como opera primista. Así que presenté una carta documento en la que solicitaba el permiso para ver el expediente. El instituto se expidió a mi favor y pude verlo.

Pero, aún con ese permiso, en fomento no me dejaban ver el expediente de mi película.

Mientras tanto, parecía que se lo mostraban a otros productores, que se habían enterado de que nuestra película estaba a la deriva, sin una productora que apareciera y sin una firma de convenio, y con un pedido de traspaso rechazado.

Los que aparecieron sugirieron que no la habían traspasado porque nuestro currículo no era tan importante como el de ellos. Así que empezamos hablar con otros productores que hasta iban a poner una propiedad entera para asegurar la realización de Gualicho. Y teníamos que hablar con la productora presentante para que aprobara esa nueva tentativa de traspaso.

Pero no aparecía. Fuimos a un abogado de cine, que fue amable con nosotros y nos asesoró sin cobrar nada. Logramos encontrar a la productora y en medio de una entrevista con ella en la casa productora de Palermo, la llamó por teléfono y le dijo (lo escuchamos por altavoz) que dejara de jugar con nosotros ¿quería hacer la película o no? Si no querés hacerla, no la hagas pero dejá en paz a estos chicos. La productora le cortó al abogado y comentó que era un rayado.

En el verano, volvió a desaparecer.

El mal que tiene tantos brazos y ninguna cabeza. Pero que es el mal. Ya dije que había malos, pero no dije que los malos no fueran humanos. Eran humanos, con sus sutilezas y desplantes de su propia maldad.

Pasaba el verano, yo me entrenaba físicamente yendo a ver si había alguna novedad en el expediente. No podíamos quedar parados con todo el trabajo que veníamos haciendo. ¿No valía nuestro tiempo? ¿Era solo el tiempo de la productora de origen peruano el válido?. Y mientras tanto ¿qué hacíamos nosotros? Teníamos que filmar la película y cumplir con los pasos. Pero no, no se podía, controlaba toda la productora, que estaba filmando una película en la costa o vaya a saber uno donde.

Yo despertaba en mi departamento y salía disparado hacia el instituto. Quedaba a treinta cuadras de donde estaba emplazado mi departamento, pero iba caminando. En cierta forma, ese edificio antiguo, el instituto, siempre en las sombras del edificio del Ministerio de Obras Públicas, porque está atrás del Ministerio de Obras Públicas, comenzó a convertirse para mí en el gigante que debía vencer, en un molino de viento, en el edificio donde se escondía el mal, esa clase de mal que es la mejor metáfora del mal, una que no se puede entender, que no tiene motivos, un mal que sonríe, que atiende a veces, que otras cierra la puerta, que a veces maltrata, que otras da un cálido apretón de manos o contesta con una mirada que sugiere cautela. Las miradas que dicen que hay otros intereses, que hay grupos enfrentados, que hay cosas que podrían hacer pero que no pueden hacer. Esas son las peores.

Entonces, un día en que ya estábamos con Leo instalados en la terraza del instituto, tomando un café en el área donde toman cafés los empleados del INCAA, la habíamos descubierto empujando una puerta, el área digo, y nos invitaron a relajarnos ahí, nos vieron sudados y cansados, un día que estábamos descansando porque habíamos ido al área de transparencia que estaba en el mismo piso que el área de descanso, se nos acercó un joven de cara delgada, que estaba con otro, de carga cuarteada y pelo crespo, que parecía más un detective que un empleado del instituto, un detective de una serie. Los dos fumaban en la terraza mientras nosotros estábamos en la zona techada y como dije se nos acercaron. El de cara delgada preguntó qué era lo que nos pasaba que había tanto revuelo. Nos presentamos y resultó ser el subgerente de jurídicos del instituto. Le contamos que no aparecía la productora, que no nos contestaba las llamadas, echó una puteada y dijo que él la iba a hacer aparecer, que dejáramos todos en sus manos, que era una sinvergüenzada lo que nos estaban haciendo. Una sinverguenzada basada en que la productora presentante estaba protegida por otra gerenta del instituto a la que estaban investigando por corrupción.

Me fui dos días a la costa con mi pareja de ese entonces. Ya estaba preocupada ella con nuestro futuro, porque yo había dejado el trabajo de cadete en la obra social y sabía lo que pasaba con el premio que la había hecho saltar de alegría.

En la costa, la estábamos pasando bien. Sonó el teléfono. Era la productora que había aparecido. Quería filmar la película. Tenía que estar en Buenos Aires cuanto antes para reunirme con ella. Parecía ser que la había llamado un suplente del premio y le había dicho que estaba interesado en el monto del premio si ella no la hacía. Por lo tanto, ahora, de repente, quería hacer la película.

Teníamos que reunirnos para hablar antes de que firmara el convenio con el presidente del instituto.

Por Adrián Gastón Fares.

Infierno en el instituto. 2. No ficción.

2.

Al rato de recibir la noticia de que habíamos ganado el premio comenzó a sonar el teléfono. Eran posibles miembros del equipo que se habían enterado de que habíamos ganado el concurso y me llamaban para decirme que de ahí en más nuestra vida cambiaría. Traté de explicar que solamente habíamos ganado un concurso, no era el Oscar ni el festival de Cannes digamos, y era justamente para hacer la película que todavía no estaba hecha. Además, ni siquiera sabíamos bien cómo iba a ejecutar el premio el INCAA. Mantuve la cabeza en la tierra. Estaba contento y me ilusioné, claro. Eso no evitó que leyera otra vez las reglas del concurso. El INCAA ejecutaría el dinero en cuatro cuotas, como suele ser con Opera Prima. Una primera cuota para la preproducción que sería el 15 por ciento del monto del dinero del premio. Una segunda cuota, una vez acreditado el comienzo del rodaje del 35 por ciento. Una tercera cuota del 40 por ciento al fin del rodaje. Y una última cuota del 10 por ciento en el momento de la copia A de la película. Para la primera cuota la productora presentante tenía que suscribir un contrato con el director del Instituto, que en ese momento era Ralph Haiek. Los problemas que tienen las producciones suelen ser que la primera cuota no alcanza para iniciar el rodaje. Pero es un problema común a cualquier producción signada por el instituto. Se supone que la productora presentante tiene que poner algo de su parte, en este caso un comprobante financiero de que uno cuenta con dinero en el banco para cubrir un porcentaje de la producción (la productora cubrió eso con un comprobante de su cuenta de banco de que tenía cierto dinero disponible ella y su jefa, la dueña de la productora palermitana, una productora muy conocida del ámbito local, sobrina de un abogado de cine muy conocido de Argentina)

Si no es así, el aporte puede ser en otras áreas, como equipos, profesionales que prestan sus servicios de edición y posproducción. En este caso con Leo podíamos hacer todo eso, tranquilamente. Leo es un editor de gran trayectoria, yo edité Mundo tributo también y le hice la corrección de color, entre otras cosas. En Mundo tributo también armamos la estrategia de distribución. Distribuir la película es la clave de todo. Y si hay algo que yo sé es como distribuir una película, donde enviarla, cómo, etcétera, entonces en esas áreas, viniendo de hacer todo para un proyecto independiente, con Leo sabíamos que íbamos a salir aireados. En el tema del manejo del flujo de dinero no quedaba otra que confiar en la productora. He aquí donde se estancó Gualicho y es aquí donde aún hoy está estancada, por un error de concepto en un concurso de Opera Prima, un concurso que está dedicado enteramente a producir nuevos directores de cine (Opera Prima se refiere a la primera obra de un director de cine o directora de cine, por si hace falta aclararlo)

Sigo. Al otro día hablamos con Leo sobre quién era la productora del proyecto. Sabíamos que trabajaba en una productora por Palermo, teníamos su currículum, pero por lo menos yo no sabía mucho más. El primer problema era que no teníamos un contrato con la productora. Así que había que hablar con ella sobre la manera de hacer un contrato que dejara en claro los porcentajes de responsabilidades y de ganancias.

No es una buena idea hablar de contratos a una productora que uno no conoce. Y menos a una que no sabíamos dónde estaba. En los próximos días nos la pasamos tratando de dar con el paradero de la productora que en ese momento estaba de viaje. El problema era el siguiente: las reglas del concurso estimaban tiempos de entrega, así que no podíamos avanzar con nuestro trabajo si no teníamos un cronograma. El premio podía venirse abajo si la productora no firmaba el contrato con el presidente del Instituto.

Logramos pactar con una entrevista con ella, que creo que fue en café cerca de la avenida Santa Fé, donde hablamos del contrato. Ella nos dijo que por el poco dinero de la película debíamos ceder todo nuestro sueldo. Y no estaba claro si iba a cedernos las ganancias. También dejó en claro que prefería poner de productor delegado a un socio suyo y dejar a Leo sin un lugar claro en la producción, algo que a mí me disgustó desde el comienzo ya que Leo la había convocado y Leo debía ser el productor delegado a cargo del proyecto. Le pedimos que nos enviara el contrato tipo con el que trabajaba para evaluarlo, le hicimos algunas correcciones y nos volvimos a juntar. El problema era el siguiente. La productora presentante quería ir al INCAA a dejar en claro cuál era la situación del proyecto y hacer algunas preguntas al respecto.

Aquí comenzó un juego de dudas con la moral de la productora presentante. ¿Por qué quería alejar a Leo de la producción? ¿Por qué proponía ir al INCAA si insistíamos en firmar un contrato que debería ser lo más común del mundo?

Con Leo fuimos al INCAA y pedimos una reunión con los que habían diseñado el concurso. A esa reunión vino la productora presentante y el socio de ella (que también trabajaba en esa productora palermitana) El socio me dijo que había leído algo del guion pero que no lo había entendido mucho. Ya eso me sonó bastante mal eso. Era un tipo de dudosa reputación por lo que sabíamos. Le había arruinado la vida a otra directora que la casualidad quiso que conociéramos. Había intentado removerla del rodaje. La había alejado de su rol de directora, intentado controlar todo y reemplazarla por otra.

Más allá de eso, la productora que había ganado el premio con mi película, la productora presentante de origen peruano, la socia de este hombre, que también era empleado de la casa productora palermitana, en la entrevista dijo a viva voz a los directivos del INCAA sin pelos en la lengua algo que yo no sabía: que no había leído nunca el guion y que el presupuesto que había presentado era falso (el presupuesto que ella había confeccionado y firmado)

Me asombró porque los del Instituto ni se inmutaron. Salimos de ahí, insistimos con Leo en firmar un contrato con la productora presentante antes de la firma del convenio con el INCAA, y ella respondió que antes de eso quería que visitemos a su abogado para dejarnos en claro algunas cosas.

Pasaron unos días y una tarde estábamos en el hall lujoso de un piso de un edificio del microcentro, en uno de los estudios de abogacía más caros de la industria del cine nacional. Su abogado, un tal Francisco, era un tipo que podía haber sido parte del elenco de la serie Fargo. Mirada fría, pelada pintada con algunas matas de pelo a los costados de la cabeza, nariz pequeña pero con un gran potencial para olfatear la inexperiencia en cuanto a temas legales. Éramos con Leo como unos insectos a punto de aplastar. El abogado, este Francisco, le recomendó a ella que no hiciera la película, no le cerraban los números (sin haber leído el guion ni nada, claro) Yo expuse que si le recomendaba a la productora no hacer eso, estaba destruyendo mi trabajo y aclaré que también se estaban metiendo en la lucha por la inclusión social de una persona con hipoacusia y certificado de discapacidad. Tomé mis audífonos, me los quité y se los mostré. Las cosas no habían sido fáciles para mí. Si no quería hacer la película bien podía manejar el dinero, transferirlo a Leo Rosales y dejar que nos encargáramos nosotros de confeccionar, como hicimos con Leo, un producto final que pueda ser estrenado en festivales de cine, en cine comerciales y emitidos en canales nacionales e internacionales.

La productora de origen peruano dejó en claro que si no aceptábamos poner a su productor delegado no había manera de avanzar. El abogado dejó en claro que el cine le interesaba poco y nada (igual que a su clienta) como suele ser, dirán y diré, y que menos, trabajando con empresas tan grandes, le interesaba el destino de una Ópera Prima y de una persona con discapacidad. Volví a recalcar que podrían a llegar a tener problemas por actuar de esa manera, que hay convenciones que defienden los derechos de las personas con discapacidad y que a pesar de que no actúan en general como deben en algún momento podrían llegar a actuar. Dije que tal vez no sabían cómo hacer una película chica, pero Leo y yo seguro que sí.

Salimos con Leo en esa tarde lluviosa y nos guarecimos bajo el techo de un bar, estábamos muy nerviosos, alterados. Nos habían hecho sentir una porquería, como si no valiéramos nada, y no fuéramos los creadores de un proyecto que había ganado un premio si no unos advenedizos sin ningún tipo de valor. No habían leído el guion y opinaban sobre la película, son cosas que un director de cine no está acostumbrado a aguantar. La estrategia de la productora entonces parecía ser oprimirnos con un abogado poderoso para que dejáramos la producción enteramente en sus manos. En algún momento de la entrevista, confesó que podría hacerla en una casa en Barracas pero no en un campo. Esa casa había sido usada para una serie de televisión que ella había producido.  Leo sabía que esa casa había sido demolida. Así que si ya era una locura hacer en la ciudad una película pensada para filmar en una casa de campo, más todavía lo era hacerla en la ciudad y una casa que ya no existía.

El mecanismo de la opresión ya había sido iniciado. Nos hacía sentir que no valíamos nada. Y en la lluvia, con un premio bajo el brazo, pero con una productora que nos hacía sentir una porquería, no quedaba otra que sentirse una porquería o que levantarse y decir: las cosas no pueden funcionar así.

Una semana antes de eso el INCAA me había hecho una entrevista como ganador del concurso para la Revista La Cosa. Había contestado las preguntas como se debía, como alguien que había ganado un premio porque su proyecto tenía valor, porque el proyecto era bueno. Eran mis estudios, años de ver películas, de pensar qué era lo que quería hacer con el cine. De venir de hacer algo independiente que había funcionado. ¿Pero a quién le importa eso, no, dirán y diré? Menos a un abogado poderoso y a una productora que hacía tres películas por año con el instituto de cine.

Pero después de la entrevista en el instituto en que la productora había confesado como si nada que había presentado un presupuesto falso ante los gerentes sin que hicieran nada, que no había leído el guion y del encuentro obligado con el poderoso abogado de la industria del cine, me di cuenta de que estaba trabajando yo para el INCAA gratis, para su mecanismo de difusión, para los sectores de prensa que deben hacer notas sobre los premios, sobre premios que en realidad no tienen ningún valor porque la figura del director en realidad no existe en el instituto, no tiene peso, como no tiene peso frente al abogado ni ante la productora (porque el instituto de cine les dejaba hacer lo que quieren con el resto del equipo)

 ¿Ópera Prima? ¿Trabajar gratis para desarrollar un proyecto y encima ser tratados así? Desde el principio el premio pareció más un castigo que un logro del esfuerzo de años. La lógica institucional hacía fácil que fuera un castigo. Y de ahí viene toda mi lucha posterior por defender una verdad: que el instituto, ese lugar donde nos pasaríamos horas y días durante el año siguiente y el próximo, no estaba hecho para los directores de cine, estaba hecho para los productores. Y en Argentina no hay productores que paguen el desarrollo de una película a un director de cine. Por lo tanto, todo era, y se podía ver desde lejos, un embuste. Un sistema erróneo que me iba a llevar a mí a exponer ese problema que está tan a la vista.

Pero las cosas recién empezaban. Luego de esa entrevista con el abogado la productora desapareció. No había manera de que contestara el teléfono. No contestaba los emails. Estaba de viaje por Europa o no sé dónde y la fecha para firmar el contrato con el instituto de cine corría y mi tiempo, que también tenía valor, se perdía.

Mientras yo ya iba armando el casting de la película, recibiendo la solicitud de amistad de muchos actores y actrices en Facebook que buscaban trabajo, una colmena que se agita cuando se enteran de que un director ganó un premio, hablando con posibles directores de fotografía y diseñando los afiches que se presentarían en el mercado de Ventana Sur a fin de año, donde estábamos invitados para presentar la película y recaudar más fondos, la productora presentante de Gualicho había desaparecido. Por más que hiciera lo que hiciera, no había manera de avanzar. ¿Cómo solucionar ese problema?

por Adrián Gastón Fares.

Infierno en el Instituto. 1. No ficción. Crónica.

Todo empezó cuando llegué un día a mi casa y encontré a mi pareja de ese entonces, una chica bastante más joven que yo, con rasgos asiáticos, de ascendencia japonesa para ser más específico, llorando. Estaba mirando Mundo tributo en el televisor de mi dormitorio. ¿Cuál era el problema? ¿No era una película divertida la mía? Era otra cosa, ella no podía tolerar que yo no hubiera podido seguir filmando mis otros proyectos. Propuso ayudarme. Así que retomamos una película que yo había pensado y escrito hacía diez años, que con el tiempo se llamaría Gualicho.

En ese tiempo viví en las nubes. ¿En qué nubes? Estaba conviviendo con una persona a la que admiraba, y que me estaba ayudando a llevar adelante una película. Había que revisar Gualicho y hacer un storyboard. Había que filmarla de manera independiente como hice con Leo Rosales y Mundo tributo. Con Leo no podía contar porque estaba tratando de salir adelante con sus proyectos, de cine y musicales, recién acababa de ser padre y estábamos algo distanciados en ese entonces.

Pero las cosas no eran fáciles en mi departamento. Nos costaba mucho llegar con mi pareja a la locación que había sugerido un ex cuñado y yo había encargado una cámara pequeña pero confiable, dentro de todo, al exterior para filmar la película. Al comprarla, no me animé a hablar por teléfono por miedo a no entender (en ese entonces no tenía manera de que las llamadas me llegaran a los audífonos) y la persona que yo tenía que llamar fue contactada por mi pareja. Resultó ser un estafador.

En 2014 la relación con esa chica se terminó. Había decidido irse, me dejó, cosas que pasan, dirán, y diré (aunque podría escribir un libro entero al respecto), como hacemos los hipoacúsicos que contestamos rápido antes de pensar porque no entendemos bien, y yo quedé sin película, sin novia y dándome cuenta de que ahora era una persona con hipoacusia y sin futuro. Hacía poco, dos años atrás, había masticado a medias el hecho de que me dieran un certificado de discapacidad por la sordera. Llegué del hospital Roca solo, donde había enfrentado a la junta que evalúa la discapacidad para el certificado, abrí la puerta del departamento y me senté frente al monitor, puse una canción para escuchar en YouTube y tuve ganas de llorar. No lloré.

Dos años después del Hospital Roca, cuando mi pareja me dejó, y enfrentaba un triple duelo, novia, cine y discapacidad, decidí entrar a trabajar en un sindicato, que también era una obra social, un trabajo que no tenía nada que ver con lo audiovisual ni mucho menos el cine. El objetivo era que mi ex novia, mi pareja, dirán, y yo diré, la que me estaba ayudando con el cine, viera que tenía un trabajo común y volviera. Había dejado escrito, porque le pedí que lo escribiera por si no escuchaba bien, el motivo de la separación: ella decía que se iba a buscar un trabajo y que luego volvería porque no podía dejar que mis padres nos ayudaran.

En fin, al mes de eso, a las seis de la tarde, yo fichaba en el trabajo en la obra social y empujaba el portón que daba a la calle Lavalle. Miraba el banco de piedra de enfrente de la librería de usado y esperaba que mi ex pareja me estuviera esperando. Que hubiera decidido volver. Pronto me di cuenta que eso nunca iba a ocurrir. La desazón era aplastante.

Llegó la depresión. No conozco las cárceles, pero la obra social era la cárcel más rigurosa que existía. Llegué a estar en una habitación oscura sin baño, en la soledad, tardes enteras sin nada que hacer. Luego ascendí: a cadete, llevaba cajas con útiles o resmas de hojas de un lado para el otro y traía gaseosas para los eventos sindicales. Los útiles terminaban en el correo y las gaseosas en la mesa del salón de eventos sindicales.

En 2015, en mis tiempos libres trabajaba en un proyecto, un guion llamado Las órdenes, en un taller. Me costaba muchísimo escribir. No podía tocar la cámara. Me desintegraba emocionalmente si lo hacía. Mi cara se venía abajo, mis manos temblaban, era como una estatua de arcilla en una tormenta. Esa cámara me había traído muchos problemas. Esa cámara y ese bolso representaban el fin de todas las esperanzas y de los errores que yo había cometido en la vida. En ese momento, me había olvidado de justificarme, de mis dificultades, fui brutal conmigo mismo, tan brutal como alguien tan exigente como yo puede serlo con sí mismo.

Así y todo, no podía tocar la cámara, pero sí un teclado; reescribí Las órdenes, que pronto me daría una media beca para viajar a Colombia a un laboratorio de proyectos cinematográficos. En 2016, en el hotel Mariscal Robledo, un hotel colonial con varias piscinas, rodeado de una frondosa vegetación, donde habían parado algunas estrellas de Hollywood y el Mariscal Robledo, claro, recibí el mensaje de Leo de que necesitaba la propuesta estética de Gualicho para presentarla a un concurso del INCAA de Ópera Prima. Solicité la computadora del hall a las recepcionistas del hotel, ya que no había llevado ninguna notebook al viaje porque no tenía, y ahí reescribí la propuesta estética de Gualicho. Habíamos estado trabajando mucho en eso. Era el primer concurso al que me presentaba del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales Argentino, también llamado INCAA, al que de ahora en más me referiré como el instituto.

Volví del viaje enriquecido, conocí a personas que respiraban cine como yo, aprendí más sobre cómo construir historias para la pantalla.

Seguí trabajando en la obra social, mientras pedía que renovaran mis audífonos porque los anteriores estaban al máximo de su potencia según Magalí Legari, mi más que inteligente y sensible fonoaudióloga, y un día llegó el resultado del concurso de Ópera Prima del instituto. No habíamos ganado. Eran otros, proyectos que tenían más que ver con lo social (como Las órdenes) que con lo fantástico y el drama familiar (como el que presentamos, Gualicho; un guion que tenía muy pocos diálogos y mucha acción, digo y dirían los que querían rodarlo a la vez en idioma inglés por ese motivo; era el guion de un hipoacúsico como yo, lleno de imágenes visuales potentes) Entendimos que era difícil ganar el concurso y seguimos adelante con Leo para presentarlo en otra oportunidad.

Conocí a otra chica (siempre orientales vos, como me dicen, preséntame una, qué le voy a hacer, son casualidades y no siempre fueron orientales) y seguí trabajando en el guion de Gualicho. Ya no costaba tanto como antes escribir. La oportunidad de volver a presentar el proyecto se dio. De repente, en 2017 había surgido un concurso del INCAA para Ópera Prima, con jurados internacionales, que estaba dedicado al género fantástico.

En las bases del concurso el INCAA pedía 2 puntos para el productor. Si no tenías esos 2 puntos no podías presentarte. Con Leo fuimos a preguntar al INCAA cinco veces a diferentes despachos si teníamos esos dos puntos por haber estrenado en el mismo canal del INCAA nuestra producción Mundo tributo, que además había sido emitida en el canal Encuentro, Cablevision, MTV Brasil y muchos festivales de cine. Los empleados, aunque les mostráramos el Excel confeccionado por el mismo INCAA donde explicaba lo de los puntajes eran tajantes: nos decían que por no haber sido estrenada en cines (aunque Mundo tributo estuvo en el Hoyts Abasto por BAFICI y vendió tickets y también en un cine cordobés) no teníamos puntaje.

Tanto Leo, que sería productor creativo del proyecto, como yo, empezamos a mandar mensajes a productores que desconocíamos pidiéndoles si les interesaba presentar Gualicho por nosotros, ya que yo no podía por presentarme como productor por ser director del proyecto y Leo no podía porque nos habían aclarado que Mundo tributo no tenía los dos puntos requeridos en producción. Una persona, de origen peruano pero que vive y trabaja aquí, aceptó.

Yo había trabajado muchísimo en la presentación, llegué a ir sin dormir a la Obra Social para entregar la mejor versión de Gualicho, con su respectivo storyboard, y la mejor propuesta estética que podía hacer. Me quedaba dormido de pie en la fila de los bancos.

Leo mientras tanto rellenaba todo lo que era de producción. Los dos nos esforzamos muchísimo. Le pasábamos los datos a la productora presentante (era una mujer, de origen peruano como dije, no era una empresa, aclaro porque podemos confundir la palabra productora con una empresa) que tenía los dos puntos que estipulaba el INCAA (resultó que era por una serie que había estrenado… el canal Encuentro). Casi a último momento, antes del cierre de la presentación, logramos presentar.

No sólo presentamos Gualicho, sino también una serie de televisión que desarrollé, un mediometraje y un proyecto para desarrollo de guion de largometraje. Pero el premio que más me interesaba era el que a uno le daba el dinero para producir una Ópera Prima, mi primera película de ficción. Es el que suele abrir las puertas para otros proyectos luego puedan ser financiados. Y yo tengo y tenía otros proyectos.

El tiempo pasó, no teníamos idea de cuándo saldría el resultado del concurso, así que en los tiempos libres con Leo planeábamos filmar una película independiente al estilo de Mundo tributo. Pero de ficción. Nos juntamos en un café por Once con Pedro, un actor. Un día de semana, luego de salir del trabajo, caminé hasta microcentro hasta la casa de Dani, otro actor que queríamos probar para el papel principal. Dani que es actor y también se disfraza tipo cosplay, nos mostró los trajes de Joker, la máscara de Jason y diversa utilería y vestuario que tenía en su armario. Pasamos un lindo rato. La película iba a tener que ver con algo como auto percibirse como con una “capacidad diferente”, valga la redundancia de este término. Algo parecido a lo que yo ya era con mi identidad de persona con discapacidad, mi identidad de persona con hipoacusia, usuario de dos audífonos y portante de un certificado de discapacidad que, en mi caso, podrían encuadrar junto con mi título de Diseñador de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires (digo esto del certificado porque llevó tantos años que dieran con mi diagnóstico para equiparme con dos audífonos; fue más difícil que cursar una carrera y exigió tanta o igual dedicación de mi parte de estudiarme a mí mismo)

Junio de 2017. Ya era de noche. Volvía de esa reunión caminando hacia mi departamento, cuando el teléfono me envío una llamada a los audífonos. Lo saqué, al teléfono digo, del bolsillo del jean, vi en la pantalla que era Leo, me pareció raro que llamara porque nos acabábamos de despedir hacía media hora. Atendí.

Leo no lo podía creer. Su voz sonaba más alegre que de costumbre. Gualicho había ganado el premio mayor. El premio a la producción de Opera Prima. Yo no caía. Él sería el productor creativo, yo el director y guionista y la película se filmaría.

Me explicó que del instituto habían notificado a la productora y ella lo había llamado.

Eso quería decir que Gualicho iba a ser financiada. La película había sido pensada para filmar de manera independiente en un campo. El dinero del premio debía sí o sí alcanzar. Yo la iba a hacer con muy poca plata o casi nada. Iba a alcanzar, siempre y cuando se manejara bien el dinero, claro.

Después de tantas luchas, de haber sacrificado mi vida en eso, dirán o espero que digan, iba a poder filmar Gualicho.

Entré a mi casa. Me fui directo al dormitorio. Me largué a llorar.

por Adrián Gastón Fares.

Entrevista radial por el premio a Gualicho y el problema con el INCAA (y el Ministerio de Cultura que no se hace cargo)

Hace unas semanas, luego de esta entrevista, una empleada del INCAA se tomó el trabajo de llamarme para dejarme en claro que aún con un permiso del Instituto yo no podía ver el expediente de la película que desarrollé desde cero. Pero no fue solo eso, si no que se desquitó conmigo de sus problemas personales y me dio a entender que no existo como ser humano ante el INCAA, etc. etc. Estamos hablando del Instituto de Cine Argentino.

Puedo filmar Gualicho cuando quiera con quién quiera, eso está claro, pero el premio se devaluó y jamás cobré un peso por mí trabajo (pero lo que más me preocupa es que si el INCAA hubiera actuado bien otro productor hubiera hecho la película y yo no estaría escribiendo esto)

Parece que seguimos igual en este país, que cada vez entiendo menos y menos, más teniendo en cuenta las cosas que me tocaron vivir.

Cómo habrán entendido si leyeron Seré nada, Argentina es cada vez menos mi hogar, cada vez me representa menos y me considero más italiano (mi madre es italiana) que Argentino.

Querer un país en el que se sufre tanto es un masoquismo que no me voy a regalar.

Los que conozcan mí historia y sean empáticos (y puedan ponerse en el zapato de los demás) sabrán lo difícil que me fue lograr llevar adelante mis trabajos en cine. Sabrán que mi intención fue aportar algo a un cine y, en general, a la cultura de un país que simplemente no me merece.

Por suerte, puedo darme cuenta de eso y pasar la página.

Dejo la entrevista que me hicieron en Radio Ciudad.

La pasión vestida de situación.

En su ensayo A Gossip on Romance (Memories and portraits), el gran escritor Robert Louis Stevenson nos comparte su reto: la parte plástica de la literatura, lo más difícil de lograr, es encarnar en un acto del personaje una emoción. Fácil, y necesario creo, es tomar el concepto desde un punto de vista cinematográfico y tratar de analizar cuáles son los films que cumplen esta indispensable propuesta. Digo indispensable, ya que uno comprueba que las películas que más valen la pena (las que, luego de llevarlo de la mano, dejan al espectador frente al precipicio de la catarsis, dirían los griegos, pero yo mejor diría que producen un, perdón el inglés, rush of blood to the headuna oleada de sangre a la cabeza) son aquellas que en algún momento condensan la historia en una imagen o acto. Stevenson dice en su ensayo:

“This, then, is the plastic part of literature: to embody caracter, thought, or emotion in some act or attitude that shall be striking to the mind’s eye. This is the highest and hardest thing to do in words (…)”

El creador de El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde da el ejemplo de Robinson Crusoe y el hallazgo de las huellas en la isla.

Como práctica vamos a agregar algunos ejemplos más:

Aquiles llevando el cuerpo de Héctor a Príamo, Pilatos lavándose las manos, la institutriz que encuentra a Miles mirando la torre a mitad de la noche en Otra vuelta de Tuerca (James es un genio con las imágenes, basta recordar lo bien que lo siguió la cineasta Jane Campion en A portrait of a woman), el pescador que arrastra a tierra los restos del animal gigante que mató en El viejo y el mar, el príncipe Mychkin, en el piso, otra vez idiota (El Idiota), el “preferiría no hacerlo” de Bartleby (Bartleby, el escribiente) y todo el barco en Benito Cereno. Un libro que resplandece en un sótano de San Telmo (El Aleph, de Jorge Luis Borges)

Sabrán qué molesto puede llegar a ser explicar la razón de estas imágenes o la parte que juegan en el todo; esperando que identifiquen las demás me ahorro el sufrimiento y clarifico uno de los ejemplos; en general, lo que causa catarsis en la “escena” mencionada de El Idiota (la novela de Dostoyevski) es la súbita comprensión de que su trato con la sociedad lo perjudicó. Lo hizo volver a su estado inicial. Si desapareciera todo el cine y toda la literatura, uno podría tomar El Idiota (si el mundo sigue siendo el mismo, claro, y se ve que desde que nuestro gran amigo ruso la escribió nada cambió) y tener una respuesta de por qué es necesaria la narrativa.

Pasemos a las películas. La más obvia: en El ciudadano, el trineo con la inscripción Rosebud quemándose en la hoguera es la imagen a la que se refiere Stevenson en su ensayo; “la pasión vestida de situación”. La pasión significa el elemento de contenido de una obra, el tema llevado a la perfección y a su clímax en una imagen.

La madre enternecida frente al bebé (que nunca vemos) en El bebé de Rosemary es otro ejemplo. En Psicosis, la casa gótica es el elemento alrededor del cual ronda todo el misterio y desesperación de la cinta. La computadora muriendo en 2001, Odisea del Espacio y el astronauta anciano frente al objeto del espacio que une las secuencias, son temas interesantes llevados a imágenes-síntesis, como el encuentro de una oreja entre los yuyos en Terciopelo azul.

Estropearemos esta última imagen, explicándola; como sugiere Stevenson, Lynch encarna en la situación de la oreja un carácter; de ahí en más, sabemos que el protagonista es curioso y ama los misterios, que es suficientemente valeroso como para enredarse en uno (no se limita a mirar a la oreja, sino que la levanta). Por otro lado, un pueblo donde se encuentra una oreja es mucho más macabro que uno donde tropezamos con un cuerpo; ni hablar de la persona que anda cortando orejas por ahí. De esta forma, una imagen nos describe el carácter del protagonista y su entorno.

En El Exorcista, la imagen del cura frente al ídolo africano que concluye la introducción es quizá demasiado simple como para tener en cuenta, pero anticipa y completa el tema del film; la dilatada lucha entre un cura y un demonio (la posesión de Megan es la estrategia del demonio para volver a encontrarse con el padre Merrin).

En El Banquete de Boda, Ang Lee termina esta comedia dramática con la imagen de un padre levantando las manos, en cámara lenta, para que lo revisen al pasar la aduana; ¿cómo trasladar en palabras la manera simple y a la vez maravillosa con que la imagen completa el film? Antes, vimos que el padre descubre que su hijo es homosexual y sabemos que, junto con la madre, que también levanta las manos, estuvo esperando toda la vida la estampita de casamiento con la chica de sus sueños (de ellos para su hijo).

Por último, permítanme señalar el final de Dioses y Monstruos (gran película del siempre fiable Bill Condon); si bien la película utiliza de manera exagerada el flash-back, la idea de unidad que enlaza la trama desequilibra cualquier crítica; cómo no sentirse gratificado ante la imagen final del protagonista bajo la lluvia imitando a Frankestein (recordamos que en el film nos sugirieron la inquietante relación padre-criatura entre James Whale y su jardinero). No es raro que Condon sea uno de los creadores de The Greatest Showman, donde hay una escena en la que una persona con “discapacidad” entrega una manzana a un niño hambriento. Un niño hambriento que se convertirá en un empresario circense (está basada en la vida del artista P. T Barnum) y le dará lugar en su espectáculo a personas con capacidades diferentes.

No hay duda de que las películas más interesantes, como los mejores libros (Stevenson creía que ninguna floritura de estilo podía reemplazar una buena historia, una idea bien desarrollada), tienen una o varias de estas imágenes poseídas (de la trama, del personaje, etc.), “significativas para el ojo de la mente”, como dice el escritor que unió a los piratas y a los loros.

Comprobamos, en esta enumeración, que la ubicación de las mismas en la trama suele ser el desenlace, aunque no siempre es así, y en algunos casos cierran la introducción.

Luca Guadagnino es una especie de genio tutelar en esto último y yo diría que lo lleva a cabo a la perfección en el final de las películas de él que más me gustan: Io sonno il amore (I´m love), Call me by your name y la remake de Darío Argento (Suspiria).

En ninguno de esos tres títulos falla la transmisión de emoción, ese a rush of blood to the head. Se van a la cabeza.

Lo mismo ocurre con muchas de las películas de Martin Scorsese (el catolicismo está lleno de imágenes), de Sergio Leone (puede hacer que el simple acto de cerrar una puerta de un rancho en Once upon a time in the West, C´era una volta il West, sea algo increíble) y, cuándo no, su gran alumno Quentin Tarantino (escena del tendido de la mesa en Django: Unchained)

Para finalizar, diré que me parece bastante maravilloso que un conjunto de frases (una novela de ficción, un libro) o una sucesión de imágenes (un largometraje de ficción) puedan generar esa oleada de sangre a la cabeza, algo tan físico, y a la vez tan mágico, que especialmente en estos tiempos convulsos (hablo de los tapabocas y el 2021) nos puede hacer recordar que todavía somos seres humanos. Es un motivo enorme para seguir leyendo libros y mirando cine.

Por Adrián Gastón Fares

PD: El destello en la cabeza (a rush of blood to the head) y cómo obtenerlo bien podría ser la trama de un relato, un gran relato que tal vez ya fue escrito millones de veces, en torno a un secreto. Ese secreto no se compara con el amor, ni con el enamoramiento, ni con el acto sexual, ni con el ágape, ni con ninguna otra sensación. Es obra del ser humano. El resultado final, esa flor, pariente del vértigo, tiene un pétalo de miedo, uno de cariño o amor, otro de sorpresa, otro de bronca, otro de calma. Y ahí se levanta en pura rebelión. Tiene todos los colores y a la vez ninguno. Todos los sonidos, pero no suena. Pero transforma. Parece un producto puramente humano (el miedo de un animal no sabemos cómo es; tal vez los animales tengan rushes of blood to their heads todo el tiempo) Bien podría ser un resultado de la meditación, sobre un tema, tanto para el artista como para la audiencia, bien podría ser esa transmutación de algo en otra cosa tan glosada, bien podría ser un modo de trascender por un momento, o un mero sucedáneo de un acto primitivo olvidado. Puede ser una transmisión de pensamiento entre los creadores y su público. Es lo contrario al entumecimiento (por ejemplo, cuando se duerme algún miembro del cuerpo) Es algo que es innombrable porque si pudiera describirse se anularía.

Nota: En nuestras librerías no será fácil encontrar los ensayos de R. L. Stevenson; los interesados pueden dirigirse al sitio www.gutenberg.net, la mejor librería virtual gratuita (en inglés; en realidad hay libros en español también y en otros idiomas) de la web. Estos libros son un poco incómodos; por lo menos no tienen pulgas.

Hay otros escritores que son muy buenos en esto de la subida a la cabeza como Salinger, Saul Bellow, Shirley Jackson, Clarice Lispector, Margaret Atwood, Thomas Bernhard y la lista sigue y sigue.

La pasión vestida de situación es un artículo revisitado que escribí en 2001, llamado Stevenson y las imágenes. En esa época yo escribía críticas de cine en un portal llamado Cineismo (era muy bravo como crítico de cine) y también escribía en dos portales de la recién nacida (por lo menos para mí) Internet, uno se llamaba Desenchufate y el otro era un sitio que se llamaba Fotogramas. Hoy estuve buscando entre mis papeles el artículo sobre Brian De Palma pero por ahora no apareció.

Seré nada. Capítulo 34. Nueva novela.

Seré nada. Capítulo 34. ¿Una mítica comunidad sorda? Nuevos monstruos. ¿Vampiros? Extrañas identidades. Todo eso y mucho más. Acción, terror, misterio, aventura y drama en Seré nada.

34.

Silvina abrió los ojos y vio todo negro. Pensó que se había quedado ciega. Lo que faltaba, se dijo. Descubrió lo que estaba mirando. Era una pizarra. No tenía nada escrito. Giró su cuerpo y vio varios pupitres amontonados en un vértice del aula en la que estaba. Los pies le colgaban del escritorio.

Otra vez en ese sueño donde volvía a la secundaria, pensó. ¿Dónde estaba el chico que le gustaba? Tendría que volver a verlo para después despertarse aletargada.

Cuando había terminado el encierro de la primera epidemia había quedado por días así, aletargada, sin fuerzas, durmiendo de más, soñando mucho que volvía a ser una adolescente.

Parpadeó y se quedó dormida por un tiempo más. Luego volvió a abrir los ojos. Lo negro. El pizarrón.

Descendió del escritorio. Caminó dando vueltas por la habitación. Se acercó a una de las ventanas. Las persianas estaban bajas. Había una lámpara colgando que la dejó reflejarse en los cristales. Vio las marcas alrededor de su boca y se dio cuenta de que en los sueños de volver al colegio no estaba. En esos se sentía adulta y se veía adolescente. Ahora, estaba en la pesadilla real en la que se había desmayado porque una médica loca le había dado una pastilla.

Caminó hasta la puerta e intentó abrirla, pero no pudo. Pensó que era la pastilla que la había debilitado, pero después de dar unas vueltas alrededor del escritorio y volver a intentarlo, se dio cuenta de que estaba cerrada con llave. Buscó el celular en su bolsillo. Se lo habían quitado. Luego recordó que ni eso, se lo había olvidado cuando salió disparada del dormitorio en la casa de Ersatz.

Se sentó en el suelo y empezó a sollozar. Se llevó las manos a las orejas. No se acordaba que no tenía las prótesis auditivas. No podía escuchar nada del otro lado de la puerta.

¿Dónde estaría Er? Qué le habría pasado. Era culpa de ella. Otra culpa más que debía arrastrar como la muerte de Manuel.

Se vio entrando al café donde se reunía con Manuel y Ersatz, un día de invierno. El sol bañaba la mesa donde la esperaban sus dos amigos. Extrañaba eso. ¿Por qué siempre buscar algo nuevo, algo más?

Siempre insatisfecha. Armando líos. Por eso la había abandonado su madre. Lejos de la loca, la rara, la problemática. La que una vez se chifló en un cumpleaños de su hermanito y revoleó el ventilador. La que no aguantaba los berrinches de la criatura.

El sollozo que salía de su pecho se convirtió en un llanto. No debía hacer mucho esfuerzo para recordar que si no dejaba de llorar estaría en problemas. A veces no podía parar.

Las imágenes aparecían y golpeaban en su retina, aunque apretara los párpados. Su madre poniéndose linda para salir y ella sentada en el sillón al lado de su hermano menor. La noche de pantalla con dibujos y hastío.

Saber que su padre estaba enterrado, no muy lejos. Esa palabra horrible, melanoma.

La fotografía de su padre con dos trofeos, las truchas que había pescado en el sur.

Se vio antes, mirando un partido de fútbol y su madre señalando que el de cámara con teleobjetivo era su padre. Se vio después, su madre prohibiéndole que tomara sol en un balcón. ¿Querés terminar como tu padre?

Se vio saliendo a la calle para no volver más de la casa de uno de sus exnovios, el que solía controlarle todos los movimientos, al que ella había enamorado primero porque él no quería saber nada. Nunca había sentido culpa de dejar a ese tipo rayado. Pero ahora sí.

¿Para qué lo había seducido? Sabía que no escuchaba, como ella. Que había tenido encima de padre a un policía intransigente que lo reprendía por todo.

Sabía que ese exnovio había sentido amor por primera vez en la vida cuando ella lo abrazaba por las noches o le contaba historias por debajo de las sábanas como si fuera un niño. Ella había creado toda esa belleza para quitársela en cuanto él la amara de verdad. Y se había ido con la frente alta.

Y después el mundo se había ablandado, las cosas habían cambiado, había amigas que le hablaban de responsabilidad emocional.

Responsable ya había sido cuando tenía que cuidar a su hermano, hacerle la comida, llevarlo al baño, mientras su madre se divertía con los amigos de su padre y después volvía medio borracha.

Se vio tirándose un día de semana en el suelo del sótano de un edificio. Estirándose. Transpirando. Saludando a la luna, al sol, bajando la cabeza entre las dos palmas abiertas, como entregándolo todo, para que el universo, Dios o lo que hubiera la perdonara, para que pudiera olvidar, para que el kundalini se despertara de una buena vez.

Se vio escuchando a gente que decía que ella había quedado sorda por no superar la muerte de su padre. Bajando la cabeza también ante esas palabras.

Se vio sola en una habitación de un edificio, pensando en caminar lentamente hacia el balcón para dejarse caer para siempre. En una mano tenía la carta documento que le había enviado su madre para sacarla de su propiedad.

Se vio peleando con abogados, esperando dos horas en un sillón hasta que la atendieran, como si los exámenes nunca terminaran. Pero tenían que terminar.

Debía respirar hondo. Abombar la panza al aspirar, distenderla al exhalar. Así se fue tranquilizando, con la frente en el piso y las manos cerca de la puerta cerrada.

Buscó su imagen, la imagen a la que siempre iba y que era sagrada y que la había descubierto meditando muchos años. Era una montaña escarchada en la cima. Flotando, subió hasta que pudo ver la nieve de cerca.

Y entonces pudo volver, bajar lentamente hasta ver el valle verde y luego el pie de la montaña, y dejar que otras imágenes llegaran y pasaran.

Leía en su dormitorio con toda la tarde solitaria por delante, creyéndose que era distinta porque tenía dos aparatos en el oído. Era diferente ella como las heroínas de medias raídas que dibujaba. No tenía ningún poder, el único poder era que los otros eran iguales y ella no.

¿Por qué era que su madre le alejaba y le acercaba el palito de helado cuando era chica? ¿Para qué la hacía sufrir así?

Que se fueran todos al carajo. Su madre. Su padre que había abandonado el tratamiento médico, y nunca pensó que estaba crucificando a una familia. Sus tíos paternos desaparecieron, incluso le pidieron dinero a su madre.

Su hermano que ahora era un abogado exitoso en Misiones y que se había aferrado de sus hombros mientras ella se miraba en el espejo en el baño y pensaba qué era lo que le gustaba hacer en el mundo para no terminar como su madre en los coches de cualquiera y aceptar incluso que le pagaran el alquiler unos tipos que desaparecían en cuanto ella, Silvina, había empezado a respetarlos.

Su madre había dado con ese viejo degenerado con dinero. El viejo hasta le gustaba llevarla en su coche al colegio para mirar al saludarla por la ventanilla las polleras de las otras chicas.

Había tenido que construirse una identidad, ella sola, para luchar mejor, para sobrevivir, para aguantar que le dijeran que hablaba mal en la adolescencia, donde formaba parte del grupo de chicas con olor a sangre y transpiración porque sabían que estaban tan afuera de todo que no se bañaban todos los días como las otras, las lindas, las fulgurantes, las de pelo rubio brillante, las de risas fáciles, las que salían con los mecánicos tatuados, las que salían con los que tenían merca.

Y no le gustaban en esa época los tímidos, los que eran como ella, pero no lo eran, porque ella no era tímida, era extrovertida, no era antisocial, le gustaba estar con gente, pero los sonidos no le llegaban a sus oídos como debía y en cuanto el ruido de la habitación se hacía insoportable, que era el momento donde todos se divertían, ella tenía que salir, alejarse, encerrarse en el baño, o bajar las escaleras oscuras de ese colegio ilustre al que la habían mandado a sufrir porque su madre pensaba que era más inteligente de lo que era y encima había querido que se integrara, que a pesar de que hablaba mal, fuera, vaya la redundancia, oralizada por profesores gritones y maestras solteronas y mandonas, a las que les gustaba mostrar el culo a sus alumnos y pensaban después en cómo se debían masturbar en la casa pensando en ellas, como le había contado una vez una amiga maestra que tenía, a la que hacía años no soportaba escucharla más.

Y el remanso de empezar a frecuentar a otras personas que tenían dobles dificultades como ella, que no eran visiblemente sordas, que no eran claramente sordas, que habían tenido que levantarse solas para encontrar su propia verdad en un mundo que les decía que no siempre.

Intentar hacer algo era el problema, como cuando en la casa de su abuela intentaba cambiar un mueble de lugar y la mujer le hacía un escándalo.

No, no debías intentar hacer algo cuando descubrías que los que te rodeaban tan solo por respirar te iban a señalar y mandar a encerrarte al cuarto a estudiar.

Apareció ante ella el pie de la montaña otra vez. Alguien, una mujer joven a la que no podía ver del todo, estaba jugando con un perro lanudo.  Tenía que hacer algo, pegar un grito para que la ayudara.  Intentó hacerlo, pero era tarde. La mujer ya no estaba. Abrió los ojos.

Tenía que lanzarse contra la puerta para ver si podía escapar del colegio donde la habían encerrado esos patrioteros.

Se abrió la puerta de golpe y dio contra la pared.

Por suerte, las imágenes la habían llevado a sentarse en el escritorio en el que la habían dejado sus secuestradores. La médica entró, seguida de Lungo.

Cerró los ojos y vio la cima de la montaña, su montaña, esta vez bañada por el sol. Fue apretando cada uno de los músculos de su cuerpo, empezando por sus pies. Dejó caer la cabeza hacia adelante mientras sentía que los dientes chasqueaban dentro de su mandíbula.

—¿Qué le pasa a la nena ahora? ¿Mejor? ¿Enojada?

Evelyn la tomó del mentón para levantarle la cabeza. No lo logró. Intentó haciendo palanca con su codo y resopló cuando vio que no podía.

Silvina empezó a levantar su cabeza. Puso los ojos en blanco, como si estuviera en trance.

—¿Preocupada por tu noviecito? Ya va a aparecer.

Atrás estaba el tipo rechoncho, apoyado en el marco de la puerta como si no aguantara su propio peso.

—Dios mío, esta chica parece poseída —dijo.

Silvina empezó a gruñir, logró imitar ese gemido que quería escapar de la garganta de Gema cada vez que debía alimentarse.

—Está mal del pechito —dijo Evelyn, río y se tapó la boca. Cuando se la destapó ya estaba seria—. A ver si me la pueden curar, Osval.

—Mirá que Algodoncito no es como Evelyn, eh… Tiene otros métodos —dijo Osval.

Lungo estiró el costado de la boca derecho y el izquierdo cayó hacia la prominente nuez de la garganta. No le salían bien las sonrisas maléficas, se dijo Silvina.

A continuación, Lungo la empujó. Ella se bajó del escritorio para seguirlo. Los otros ya habían salido al pasillo gris.

por Adrián Gastón Fares

PD.

Novedades.

Seré nada sigue, ya lo saben. Ya falta poco o por lo menos falta mucho menos.

Hoy además del capítulo 34 de mi nueva novela les comparto la nota que me hicieron ayer en la Radio 1110 por el tema de cine y mi película fantástica, de terror y drama, llamada Gualicho. Pueden difundirla ya que el objetivo es que los que deben tomar decisiones en el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales Argentino, el INCAA (su presidente y vicepresidente para ser preciso) intercedan y arreglen lo que me ha ocurrido con el premio. Y pronto pueda reanudar el rodaje de mi película.

Por otro lado, creo que sirve para entender también un poco la dinámica del cine institucional en Argentina y evitar problemas o saber cómo enfrentarlos. Lo clave es que los directores y los guionistas no tenemos presencia en el Instituto de Cine.

Por eso tuve que dar tantas vueltas para que me dejaran ver el expediente de mi propio proyecto. Esto último debe sí o sí cambiar. O no habrá nuevos directores de cine, no habrá nuevos guionistas.

En Argentina los que desarrollamos un proyecto lo hacemos sin dinero y lo hacemos desde cero, invirtiendo horas y horas y trabajando desde la A la Z. El destino de un director de cine no puede depender de un sólo productor. El destino de un proyecto no puede depender de una sola persona, tampoco.

Fin del tema.

Ya se viene el capítulo 35 de Seré nada. A. G. F.

Dondequiera. Fin de temporada de escritura 2020.

Con la invocación o poema o conjunto de frases Dondequiera empezaba el 30 de Marzo la temporada de escritura de este 2020 que ya venía raro, cuarentenoso y extrañado.

Un guión de largometraje de ficción, género terror y thriller psicológico fue lo primero que terminé.

Luego, seguí con una novela que me llevó bastante más tiempo y que también es hermana de Señor tiempo (Mr. Time) y de Gualicho en cierta forma.

Todavía me guardo los títulos de ambos proyectos.

Entretanto, con Bombay Films intentamos y estrenamos dos cortometrajes vía zoom en los que disfruté la cercanía virtual de trabajar con actores: Boda Negra, Anzur, se suman a otros cortometrajes en los que participe en otros años con diferentes grupos de personas, como Entre nosotros, Motorhome, Cine Sordo, Inextinguible y otras ansiedades parecidas. Y ya escribimos uno nuevo que está por producirse.

Ahora pienso qué sigue. ¿Es el camino ceremonioso de Gualicho? ¿O el del nuevo guion que terminé este año? ¿Serán otros anteriores como Las órdenes? ¿La serie La sociedad de los parientes asesinos? ¿La venta? ¿Señor tiempo?

¿O directamente dejaré el cine porque cuesta tanto y el camino ha sido tortuoso ?

¿Y que haré con esta última novela con una historia que me mueve desde lo personal y lo ficticio?

No lo sé.

Es momento de cerrar la temporada de escritura del 2020 y de comenzar a transitar las tardes soleadas y calurosas del Gran Buenos Aires con otras historias.

Hay unos ensayos que me gustaría escribir. Tal vez lo haga.

Y hay personajes que necesitan ser sacados a pasear, necesitan esa imperceptible energía de la rueda del mouse ajeno, del dedo que acaricia una pantalla para hacer desaparecer un grupo de párrafos y que aparezca otro, la señal de la punta de la hoja doblada por misteriosos dedos que les regalan ese símbolo en sus celulosos cielos.

Cierro está temporada de escritura y de trabajo 2020 con el deseo de que mis libros encuentren a sus lectores y mis películas (son guiones todavía, claro; la única realizada ha sido Mundo tributo) susurren a las cámaras que las van a grabar las palabras que no se oyen y que movilizan ejércitos de sonidos e imágenes.

Es la literatura y es el cine lo que me gusta.

Es donde encuentro todo lo que perdí.

Es donde enfrento al mundo y donde me calzo guantes para colgarme de vigas de palabras, pasar el pescuezo y mirar la luna sobre el pasillo de las baldosas que aprendieron a soñar.

El pasillo está plateado y repetimos el mantra que de poema no tiene nada:

Dondequiera que sople

leve viento.

Donde líneas y círculos

seduzcan y enciendan los motores

de la ola roja

que llevamos dentro.

(con estas palabras iniciamos esta temporada de escritura, de trabajo, y de disfrute en lo imposible y en lo posible)

En Marzo, decía:

Lxs invito a arreglar cosas, a escribir, a sudar, a mirar más y sentir más, sin dejar de reflexionar en lo que fuimos y en lo que seremos. Después de todo, seremos igual o lo que tenga que ser, será igual.

Seguimos.

Adrián Gastón Fares

¿En qué anduvo el autor de este blog este año 2020? Si se estaban preguntando eso, aquí iluminamos un poco la oscura respuesta (e incluso revelamos una fotografía que la subraya)

Es hora de que cuente, aunque sea un poco, en qué anduve este año. Si hay algo que me sirve es escribirme a mí mismo. Espero que también les sirva a los que me leen.

Hay una relación extraña entre el escribir, el inventar historias en mi caso, y la vida. Por lo menos, es como que le pongo el cuerpo. No es raro verme escribiendo una novela, haciendo las voces, caras o movimientos de los personajes (aunque sé justamente que es porque nadie me mira). Más justificado es hacerlo en el guion, donde también lo hago, no sé si menos o más.

Investigué bastante y leí mucho sobre qué rumbo quería tomar en la escritura esta vez.

Arranqué este 2020 que nadie va a olvidar escribiendo un largometraje, un thriller psicológico.

Para mí fue importante hacerlo, porque luego de Gualicho (la película sigue empantanada, no sé si alguna vez se rodará) y Mr. Time, tenía que volver a escribir cine y tenía que hacerlo con un género y un tema que me motivara mucho como en los otros dos casos. Así que encontré el tema, encontré el género, y me largué.

Fue la escritura más rápida de guion que hice en mi vida, iba corrigiendo el mismo día y seguía, nunca con tanta seguridad de donde estaba el norte. Como con la novela que luego les voy a contar, me ponía en mi tarea todos los días sin faltar uno solo.

Hace rato que no existen los domingos para mí, ni los sábados y me siento bastante infeliz si no estoy escribiendo algo de ficción (como me ocurre ahora, por ejemplo)

Aclaro lo último porque hay personas que piensan que me gustaría hacer documentales. Me encanta ver documentales, la pasé muy bien haciendo Mundo tributo (que yo no considero un documental, es un musical y tiene una estructura y una búsqueda más cercana a la ficción) pero yo arranqué en la ficción y de la ficción no me iré (salvo en algún otro caso donde vea un tema tan bueno para un documental que me pueda olvidar que es un documental, como me pasó con Mundo tributo)

Mis inicios en la ficción cinematográfica fueron cortitos hechos con lo que se podía, como los que pudieron ver hace poco. Aquí me cabe recordar a El hombre lámpara (no existiría Mundo tributo sin El hombre lámpara), Motorhome y otros experimentos. Y Mundo tributo fue un documental tan sólo porque no teníamos los medios para hacer una ficción.

Mi idea es grabar esta nueva ficción de manera independiente. A lo Mundo tributo (Gualicho iba a ser grabada así antes del infortunado premio del INCAA en 2017, aclaro que me da mucha bronca no haber podido grabar aún esa película por razones ajenas a mí).

Pero estoy hablando de otro proyecto. Y en este caso, tres actrices y un actor forman el elenco. Y es una película suburbana.

Estoy afincado en Lanús, lugar donde crecí. Luego de dieciocho años de vivir en la ciudad de Buenos Aires volví a mis pagos.

Primero recalé en la casa de mis padres (no aguanté la perspectiva de pasar encerrado en un departamento sin sol, casi sin verde, la cuarentena) pero después de un tiempo (que fue un poco más de la mitad de la cuarentena) un día me encontré en otra.

Solo voy a decir, que no tenía idea de cuánto extrañaba estar en un fondo o en una terraza. También diré que me preocupa un poco estar alejado (en distancia) de mis amigos. Y que nunca en mi vida me imaginé que iba a estar escribiendo algo, y menos viviendo, donde estoy escribiendo esto.

Sigamos con el tema de la película. Tengo ganas de grabarla con una actriz que sea de la zona, algo que me tengo que poner a buscar para dar con la adecuada. Pensé en otras actrices pero hacerlas venir hasta acá todos los días que dura el rodaje me parece que va a ser engorroso para ellas y para mí. Aunque el rodaje no debería durar más de dos semanas.

Por otro lado, apenas terminé el guión lo guardé (sabiendo que no había protocolo para filmar aún, y más que nada, que no era nada seguro hacerla así para nadie en ese momento) y me puse a escribir una novela.

Empecé escribiendo sobre un lugar que no conocía. Pronto volví a comenzar la novela desde cero.

Me puse a investigar bastante, más que nada sobre el estilo que quería que tuviera la novela. Sobre la manera de escribir determinado género y sobre la manera de escribir en general.

Y miré mucho, no me canso de mirar una sombra o un detalle de lo que me rodea, que antes no había visto y entonces esa sombra o ese detalle comienza un proceso de transformación que es lo más cercano a la magia que conozco. Aunque tal vez conozca otras cosas cercanas a la magia…

(como la voluntad por ejemplo).

Recapitulemos, entonces.

En guion de largometraje, en orden de escritura, primero está Gualicho, que empecé a escribir apenas terminé la facultad, luego Las órdenes que terminé después del estreno en BAFICI de Mundo tributo, después Mr. Time y ahora se suma este nuevo proyecto. Por ahora me guardo el título.

Hay otros proyectos, entre ellos una serie, como podrán ver en corsofilms.com/press (la productora independiente que armamos con Leo Rosales, quien a su vez está con varios proyectos)

En literatura, primero surgió ¡Suerte al zombi!, novela que empecé a escribir a los dieciocho años, si mal no recuerdo y cuyo camino, por lo menos para mí, terminó este mismo año cuando la revisé para convertirla en una edición digital que publiqué en este mismo blog (entre el reposo y la reescritura de la nueva novela)

Tiempo después de ¡Suerte al zombi!, llegó El nombre del pueblo, el relato largo El sabañon, más adelante Intransparente (que primero titulé Elortis), en el intermedio tuve una temporada larga de escrituras de cuentos de las que fueron testigos casi en vivo si siguen este blog, de ahí salió Los tendederos (mi antología de cuentos de terror y ciencia ficción) y ahora le toca el turno a la bienvenida nueva novela, cuyo nombre no revelaré aún.

Y hablando de aventuras: sumé un nuevo integrante a mi familia animal. Ina, es una perra con la que convivimos hace dos meses y medio, que parecen un día, mi gata (Lara), mis peces y yo.

Ina.

Adrián Gastón Fares.

Sobre el estreno de Anzur. El caso de Natalia Mulching.

Este sábado a las 20:30 Bombay Films Argentina estrena Anzur, un cortometraje de cine independiente.

El cortometraje, de terror, cuándo no, está inspirado en el poemario Crónica de un exorcismo secreto de Jimena Golguev y en el caso de Natalia Mulching.

Anzur, el caso de Natalia Mulching.

Jimena Golguev tiene 26 años, estudió agronomía en la UBA y escribió un poemario dedicado al amor sapiosexual llamado Yo nunca leí a Thomas Bernhard. La autoedicion en cartón corrugado conoció muchas manos. Cada tanto arma poemas que son atrapasueños sobre el supuesto exorcismo practicado a su ex amante y amiga, Natalia Mulching.

Como este:


Natalia está muy rara.
Esto desafia mis creencias.
Convoqué a un buen psicólogo.
No es de esos que creen en cosas raras y sabe escuchar.
No confío de Beatriz la madre de Jimena, de repente me salió con un cura.
Natalia no quiere curas.
Yo tampoco.
Pero escuchar lo del hombre polilla de boca de ella llama la atención…
Se leyó todos los libros de John Alva Keel.
Y dice que estuvo vagando por los bosques y que una presencia le habló.
Eso de irse a Córdoba en cuarentena no fue una buena idea.
El hombre polilla.
Es como un búho gigante.
Algunas personas tatuadas son en realidad sombras del hombre polilla que nunca más se van… Y las esconden con más tatuajes hasta que las mismas personas se desdibujan. Y chau.

Por eso dicen que los tatuados, yeta.


(Toco madera y teta piercing)

De dónde saca esas cosas Nati?
Su imaginación parece más fermentada que fértil
Pero fermentada con qué?

Si casi no come y no toma más que agua con Romero
Le pega el Romero?


Le habrá contado a Beatriz lo del hombre polilla y apareció este cura que investiga a la variedad Anzur de hombre polilla.

Las cosas raras tienen variedades como todo en la naturaleza, me explicó Nati.

Según Natalia, Anzur no solo se aparece sino que también posee a las personas. Pero para ella no es un demonio…

Es un ser de las estrellas, ultraterreno.
Eso dice.
Ya no parece la chica de la que me enamoré mirando células cada una a su turno en el microscopio de la facu.

Ella no quiso saber nada igual. Un revolcón justo yo que cero toco y me voy. Pero de repente estábamos ahí lame lame en la mesa..


Ahora ella está bajo el microscopio…

Que es esta cámara si no?


Me preocupa lo que puedan hacerle para limpiar el nombre familiar. Para… resetearla.


Las personas se están volviendo muy… mecánicas.

No es lo mismo ablandarse que aceitar más la guillotina que corta los brotes salvajes como el de mi querida Nati.

Del diario de Jimena Golgue. 2020.

Anzur cuenta con un gran elenco. Maria Eugenia Rigon como Natalia Mulching. Roxana Randon como Beatriz (la madre) Cecilia Heroiina como Jimena. Robertino Grosso como el cura exorcista y Sebastián Berta Muniz como el Psicólogo Urquiaga.

Pueden verlo en el IGTV de Bombay Films @ bombayfilmsar (Instagram)

Y en el canal de YouTube de Bombay Films.

Dicen que todos los días son el día del terror por eso está de más recordar esta fecha pero nosotros la recordamos igual subiendo un cortometraje.

Fue un placer contar con un gran elenco y compartir guión y dirección con mi ex compañero de facultad, Matías.

Se disfrutó mucho la escritura y todavía más el trabajo con las actrices y actores.

Adrián Gastón Fares

Afiche de Anzur, cortometraje.

Algunas pruebas de que el amor existió en la tierra hace miles de años. Poema.

Seré pedestre como la oliva

Tosco como un pollo

Infernal como las polillas

Y diré que existe un amor

De simulacro

ese cosquilleo

Que uno siente en el alma

Emoticon sonrojado

Amor errado

Lejos de lo insolente

La necesidad no se lleva bien

Con el pensamiento

Soledad está de turno en

El hospital de los más sanos

Donde existe el amor clavoso

El Hara

Kiri

Donde las cosas grandes se asientan

para solazarnos

los días antiguos

de felicidad

insospechada

Y ese otro amor que es descubrimiento

También hay para fundir tus fundaciones

Algunos testimonios:

Soy dueño del cine

Y tengo enrollada la pantalla

En la terraza de mi templo

Soy el barco hundido

Debajo del cielo frío

De las furiosas olas

Soy lo que nunca contesté

Por no haberlo escuchado

El río enamorado del descampado

Como verán

Queridos alumnos muertos

La dicha es un tiempo ganado a la tristeza

De incontable valor

Para cuando amarronea tu mundo

No hay mejor producto

En la feria vacía de los Miércoles

Los pájaros se amontonan

Alrededor de algo que parece nada

Pero es todo

Un portal en el cielo donde sus cantos son traducidos al idioma nativo del viento

Decir que un pájaro vuela es no saber que repta por el aire

Y posa sus patas sobre los abismos de otra desconocida dimensión

Rodeamos la incertidumbre

Somos tu señal favorita

Ritmo

abismo

lanzados

Es que pensamos en el misterio

Porque el amor es un sobrante

De la cena del linyera

Ese viejo cualquiera

Que también tuvo padre y madre

De lo que la gente llama amor

Nada hay que pueda salvarse

Tal vez ese mitológico ser

transformación sin final

los señores amores,

las amorosas señoras,

Todos casi empiezan

Y luego nunca terminan

Hubo un tiempo que fui horrible

Y fui libre de verdad

Dice una vieja canción

Que cantaba un monstruo nunca

Inventado para un proyecto de

Mario

Nunca filmado

Bava

Deleuze decía

Déjenlo (a Straub)

A la mierda con el vacío

En el cine

Lo bello se halla en las

Del señor Mario

A la medianoche en el templo proyectábamos películas

De miedo

El Señor ya no las quiere pasar

Pero yo

Yo

Lo que se dice yo

Solo digo

Que no es casualidad que el horror prosiga al amor

Esa extasiada flecha no existía

La inventamos para vivir

Para que sea más lindo

Decir adiós.

por Adrian Gastón Fares, 4 de Marzo de 2019

Rising Phoenix. Y otras películas recomendadas.

Les recomiendo el documental de Netflix, Rising Phoenix (Historia de los Juegos Paralímpicos, 2020) Sobre los juegos para personas con discapacidad paralelos a las olimpiadas.

https://www.netflix.com/ar/title/81122408

Para pensar, para discutir y para ver que hay ciertas cosas que más allá de todo son necesarias para que la vida persista y nuevas identidades puedan respirar como otras, como se les cante, sin la indiferencia y sin la opresión de las hasta ahora dominantes. #risingphoenix #personascondiscapacidad #cine

Afiche de Rising Phoenix (2020, Ian Bonhôte, Peter Ettedgui) Producida por
Tatyana McFadden
, entre otros.

La banda de sonido está demasiado presente. A mí no me molestó. Y creo que a esta altura se merece un párrafo aparte el trabajo que viene haciendo el compositor Daniel Pemberton (Spider Man: Into the Spider Verse, entre muchas otras)

Por otro lado, también son recomendables de la misma temática (personas con discapacidades) Campamento Extraordinario (Crip Camp) y la miniserie Love on the Spectrum (Amor en el espectro)

Ahora me acordé que tengo que encontrar Hush, una película (terror, ficción oscura) de Mike Flanagan, a ver qué tal… También iré por otras de Jeff Nichols. Y ya que estamos recomiendo de terror las siguientes: Relic (2020, Natalie Erika James) y Amulet (2020, Romola Garai)

Adrián Gastón Fares

Boda negra. Lanzamiento. Cortometraje.

Boda Negra. Cortometraje. 2020. Producido por Bombay Films. Escrito por Matías Donda y Adrián Gastón Fares.

En la pandemia de 1918, según el libro de Laura Spinney, El jinete pálido, se organizaban bodas negras para sanar a los infectados.

Este corto está inspirado en parte en el libro de Laura Spinney y ciertas situaciones en las videollamadas.

Bombay Films, creadora de Motorhome y otras molestias parecidas, volvió.

Durante la cuarentena hicimos este cortito. Fue un placer colaborar con los actores; Eloísa Colussi, Jonatan Jairo Nugnes, Paula Brasca, Lu García, Robertino Grosso.

Y la participación especial de Alfredo Casero.

Con la música original de Juanma Prats.


Fue un gran trabajo de Matías Donda también, con quien siempre es un placer hablar de cine y tratar de hacerlo. El corto fue subido y estrenado online la semana pasada.

Cómo Prólogo al cortito:

La siguiente es una cita del libro El jinete pálido, de la periodista investigadora Laura Spinney que cuenta el derrotero de la gripe mal llamada española: la pandemia de influenza A de 1918. Parte del corto está inspirado en las bodas negras de Odessa.

Recomiendo el libro.

En palabras de Laura Spinney:

Un shvartze khasene, en yidis, es un antiguo ritual judío para protegerse de las epidemias mortales y consiste en casar a una pareja en un cementerio. De acuerdo con la tradición, se debe elegir a la novia y al novio entre los más desfavorecidos de la sociedad, «entre los tullidos más espantosos, los indigentes más degradados y los inútiles más lamentables que hubiera en el distrito», según explicaba Mendele Mocher Sforim, un escritor odesano del siglo XIX, al describir en la ficción una de estas bodas.
Tras una oleada de bodas negras en Kiev y en otras ciudades, un grupo de comerciantes de Odesa se reunió en septiembre, mientras arreciaban las epidemias de cólera e ispanka, y decidió organizar la suya. Algunos miembros de la comunidad judía desaprobaban rotundamente lo que consideraban una práctica pagana e incluso blasfema, pero el rabino de la ciudad dio el visto bueno y también el alcalde, quien consideró que no constituía una amenaza para el orden público. Enviaron exploradores a los cementerios judíos para buscar a dos candidatos entre los mendigos que los frecuentaban y eligieron a un novio y a una novia debidamente pintorescos y desaliñados. Una vez que estos accedieron a casarse en su «lugar de trabajo», los comerciantes comenzaron a recaudar fondos para sufragar la celebración.
Miles de personas se congregaron para presenciar la ceremonia, que se celebró a las tres de la tarde en el primer cementerio judío. A continuación, el cortejo se dirigió hacia el centro de la ciudad acompañado por músicos. Cuando llegó al salón donde se iba a celebrar el banquete, había tal cantidad de gente presionando para poder ver a los recién casados, que estos no pudieron bajar del carruaje. Finalmente, la multitud retrocedió y la pareja pudo entrar en el salón, donde se celebraron las nupcias con un banquete y colmaron de regalos caros a los recién casados.

Debido a mi labor imparable y constante de escritura desde que empezó todo esto (terminé un nuevo guión de largometraje y una nueva novela), todavía no pude hacerle los Closed Caption para personas sordas.

Sepan disculpar entonces por eso, ya vendrán, espero…

Es difícil trabajar sin ningún tipo de estímulo y apoyo.

Pero allí vamos, como siempre.

Adrián Gastón Fares

Cine, donde sea y como sea. 8 películas magníficas.

Goodbye Dragon Inn (2)

Además de las películas recientes que fui viendo y que están en el artículo anterior, quería nombrar otras que caen dentro de la categoría otro cine, art film o cine arte pero no son otro cine, son el único que existe y que tiene ejemplos como El silencio de los inocentesYi Yi, por ejemplo.

Las etiquetas que se las queden las que las ponen o las que piensan en ellas.

Uno lo que quiere cuando ve cine es traspasar la pantalla, es impregnarse de los olores y ser invadido por los sonidos, la atmósfera además de la trama que es particular en cada película notable como cada día de la vida es distinto del anterior.

Recuerdo con emoción estas películas y recomiendo que las vean.

Dónde sea y cómo sea, claro, porque no suelen estar en las plataformas que más miramos o las de más fácil acceso.

Tal vez puedan encontrar algunas en plataformas oficiales como Mubi, Filmin, Qubit.tv o buscando en listas de torrents, o en sitios de streaming de películas que llevan adelante online invisibles benefactores del cine (como zoowoman)

  1. Yi Yi, A One and a Two, de Edward Yang (parece que Yang murió joven pero dejó grandes películas)
  2. Shara, de Naomi Kawase (Kawase filma mucho pero esta es mi favorita)
  3. Syndromes and a Century, de Apichatpong Weerasethakul (me gustó tanto que aprendí el nombre del director)
  4. Goodbye Dragon Inn, de Ming-liang Tsai (sobre una sala de cine que como última proyección antes de su clausura pasa la película homónima; tal vez la que va a estimular más ese ojo de cíclope que esperemos seguir teniendo en el alma en estos tiempos cuarenténicos)

Acá hagamos una distinción porque se vienen películas clásicas:

  1. Charulata (o, La mujer solitaria, de Satyajit Ray)
  2. The Uninvited (la de 1944, de Lewis Allen)
  3. The silence of the Lambs (El silencio de los inocentes, o de los corderos, depende, de Jonathan Demme, tal vez la más conocida, quédense mirando los títulos finales más simples, potentes y orgánicos del cine)
  4. Stroszek (o La balada de Bruno S., de Werner Herzog; su mejor película de ficción hasta la fecha, cerca está Invincible)

por Adrián Gastón Fares

 

 

Sobre una película de Godard (Histoire(s) du cinéma)

El cine que fue hecho para pensar. El cine son imágenes que piensan por sí mismas. Manet precursor del cine. Las chicas de Manet. Godard que mediante la sensación causada por las imágenes y las palabras nos hace sentir lo que va adivinando.

El cine tiene muchas historias pero las de Godard tienen que ser las menos espuria de todas. Terrible cuando explica que Inglaterra nunca tuvo cine. Italia es el país del cine, Rosellini, Antonioni, Fellini, Visconti como antes Virgilio, Dante, Leopardi y Leonardo. No es casual. Francia. La Nueva Ola es sobre las obras, no sobre los autores. Hitchcock es el gran creador de formas del siglo XX.

Los franceses son los grandes profesores del cine. Los italianos y Hitchcock los grandes maestros.

Antes, en los dos primero capítulos (que en realidad son 4, divividos en a y b) Godard nos hace entender que el cine es simple y algo más.

No es arte ni técnica, es misterio.

¿Para qué complicar las cosas? ¿Qué es lo que nos hace seres humanos? Tiempo, muerte. Cine.

Hace dos años fui a la casa de mi tía abuela. Encontramos fotos que guardaba mi tío Francisco, fallecido cuatro años atrás (ahora mientras respoteo esto mi tía abuela también se fue hace un tiempo). Ah, familia de la infancia que ya no estás.

Fotos amarillentas de mi tía abuela que le recordaban cómo era el país dónde había nacido, cómo eran las personas y los lugares. Entre esas fotos, había una que me impresionó. Un hombre, de mediana edad, cadavérico, amortajado en una cajón, rodeado de personas. La aparté.

Mi tía abuela, con rápida gracia, me arrancó la foto de las manos, dijo algo en dialecto italiano, y la fue partiendo en pedacitos. Me la quedé mirando como si estuviera soplando el humo del revolver que había disparado.

El Cine es Muerte Eterna (revolución posible contra la Muerte) pero también Nacimiento Eterno (muerte eterna):

Cuando era chico lo hinchaba a mi papá hasta que volvía a buscar en un viejo armario, desenrollaba una tela blanca, la colgaba, y nos proyectaba, a mi hermana y a mí, fotos de cuando éramos todavía más chicos y de sus discretos viajes. Con un aparatito, extensión del proyector, especie de linterna, explicaba algunas cuestiones de las fotos. Éste es tal. Aquél otro era el que una vez. Ahí pasó esto o lo otro.

Godard:

Los jóvenes deben elegir un camino, ya es imposible ver todo el cine, tendríamos que pasarnos veinte o treinta años frente a una pantalla.

De alguna forma, nuestros institutos de educación (incluso, la familia) nos llevan a no entender o a entender mal. Primero nos hacen creer que estamos necesitados de todo, después que no necesitamos nada, luego que somos muy pobres y que estamos necesitados de más cosas.

La educación que nos lleva a la guerra, a las broncas, al delito, a la estupidez, a las avivadas. Después de ser educados (jardín, primaria, secundaria -tal vez, alguno tenga suerte en la secundaria con algún profesor o en la universidad) para no entender, para que no entendamos, de que nos den las herramientas pero que las alejen de nuestras Manos (al dejarnos en claro cuántas cosas imposibles hay, cuántas categorías y cuántas jerarquías a las que no solamente hay que apuntar, sino, especialmente, rehuir)

Tal vez por eso Godard tenga tan presente las Manos en sus historias del cine: como elemento para buscar, investigar, pensar, tienen como tarea reinventarnos, dejar que nos reinventen y reinventar a los demás. Ver las historias del cine de Godard es como que te las vayan desatando. Algunas obras tienen esa práctica virtud.

por Adrián Gastón Fares

Tres películas de este año. Cine.

Quería ordenar un poco a este año de películas tan duras y tan buenas

Digo la últimas que recuerdo y las que me causaron una impresión para bien o para mal (diría que para bien)

Marriage Story (no voy a nombrar directores para no hacerme el sabihondo) Bueno… Sigamos.

Esa película se trata del hombre invisible. No es Kramer vs. Kramer. Es algo nuevo acorde a esta época. No habla de la Virgen María ni de la tradición judeocristiana. No es una película de una madre (no le mientan a las madres) Lo siento. Es el hombre invisible. Es un hombre el que escribe y el que dirige una película sobre una separación. Y es una película sobre una separación (a ver, no quiero quedar como un pelotudo; al pedo encima, en Mundo tributo ponemos para variar y porque era apabullante lo otro, a The Beladies, siempre me preocupé por eso, ¿y a quién le importa?, en Gualicho le pregunté a una ex pareja y a mi hermana veinte veces sobre cómo escribir escenas donde había mujeres, en Mr. Time directamente ya no me hacía falta preguntar sobre la identidad y las diferencias, porque ya había vivido demasiado eso, nunca es demasiado pero a veces parece que sí y me alcanza; pero nadie se tomó el trabajo de leer mi último guión, creo)

Decía que Marriage Story es más la película de un tipo que de una mujer. Es más la historia del marido (no tengo hijos, pero sé lo que es una separación de pareja) Y de cómo debe adaptarse a unas condiciones sociales a las que él ya se ha adaptado, y que le pesan, pero no puede expresarlo. Por eso la película. Es fuerte porque el punto de vista nunca sale de él. Trata de variar pero no se mueve mucho, a pesar de todo.

Si bien no es perfecta (ese canto de Adam Driver al final, gran actor, ¿para qué?) es una película fuerte porque habla de cómo cambiaron las subjetividades y los tiempos.

Joker. Es la historia de una persona con discapacidad y de cómo la sociedad, los otros, la destruyen hasta que no aguanta más y mata gente. No es la historia de un psicópata ni de un esquizoide (esta es la época de la diversidad, donde podemos decir que los santos que nos venden eran todos locos; que los visionarios eran todos locos si esto fuera así)

La película se focaliza en cómo explota alguien cuando le han minado todo el terreno de su vida social y afectiva. Y la actuación de don Phoenix es magistral. Tiene improvisaciones necesarias para un guión así que la mejoran. El final es perfecto (y no se puede apreciar más que en el cine; todo pasa tan detrás en el plano que se pierde en pantallas más chicas)

Parasite. Es un guión perfecto o casi perfecto. Es una película sobre cómo las nuevas clases altas o medias altas (especialmente en este caso, la de ciertos países de Asia) eran y son. Y a la vez, cómo cambió la clase baja o media baja por el acceso a Internet, a un smartphone. Como usan esos recursos para tratar de movilizarse. No eran las marchas todo: es la información y cómo buscás el Wifi para obtenerla.

En el camino, desestigmatiza la pobreza y muestra conflictos que están ocurriendo en muchos países del mundo y que seguirán ocurriendo.

También, sirve para recordar a Ford, que influenció, si mal no recuerdo, a Kurosawa y Kurosawa influenció a Lucas, de donde precede la mayor parte del cine actual.

El gran director de Parasite (de Okja y de la seminal Memories of Murders) me parece un hijo de Spielberg y un poco del animé japonés. A la vez el guión tiene algo del neorrealismo italiano. De Sica más que nada, por lo tanto parece fundir muchas tradiciones del cine y muchos países (como el realismo mágico de Francia y el cine soviético; todos han fundado lo que conocemos como Cine)

Pero Parasite no olvida la narración ecléctica, inacabable, de oriente, y transciende. Es muy buena película.

Dura, para nada fácil, nada servil, valga la redundancia, y a tono con las otras dos, mágicamente. Y la más interesante de analizar en cuanto a las influencias (lo que la dejaría inerte; no es mi intención)

Las tres, son películas muy libres y muy poco correctas (del hombre, una; del padre, de las parejas en este siglo XXI, la segunda del enfermo mental y del marginal, y la tercera, de la pobreza)

por Adrián Gastón Fares.

PD: Para fantasmizar (perdón el neologismo) este texto sobre el sagrado y a la vez sacrilego cine y devolver al vanpiro o vampiresa a la tierra fresca y oscura y a este blog a su fuente literaria; para mantener la inocencia de las imágenes de estos largometrajes invocados, el momento final mágico que cada uno fijó en su visionado, dejo esta cita de un poeta antigüo y reconocido, extraída del libro de Roger Clarke, un crítico de cine, que escribió sobre su pasión: los fantasmas (La historia de los fantasmas, Roger Clarke) que dice:

«Me preguntó una dama en una ocasión si yo creía en fantasmas y apariciones. Con sinceridad y simpleza le respondí: “¡No, señora! ¡Demasiados he visto ya con mis propios ojos!”». Samuel Taylor Coleridge.

Corte.

Ruido sordo
Corte magro.
No completo.

Succionado.
En la mitad.

Para que sea antes:

Tiene que existir y oírse.

Como entender mal y decirlo bien.

O engañar
O mentir
O el potenciar, para expresar.

Lo verdadero.

Un grito callado
Como el llorar hasta:

Reír.

En silencio.

Imágenes.

Noches de palabras.

Mar y arena.

Retro avance.

Sosiego.

Vértigos.

Recursos estéticos,

del cine.

Desamplificarse.

Y mostrar.

Sin soñar.

Sin sonar.

Por Adrián Gastón Fares (Diciembre 2019)

Ayuda.

Publicando Suerte al zombi, compenetrado en eso, en este blog, en la novela, se me pasó pasarles este enlace para que puedan firmar y compartir.

Me acompañó alguien de Change.org que apareció de la nada para pedirme que me sacara esa fotografía que me costó mucho sacarme (ya había hecho yo la petición). Me dijo que un cartel ayudaría y entre fibras y pizarras, me salió esto:

Adrián Gastón Fares Mi Petición en Change.org Fácil: change.org/gualicho

Adrián Gastón Fares Mi Petición en Change.org Fácil: change.org/gualicho

El texto lo había escrito y esa persona me ayudó a dejarlo más claro, así que lo agradezco.

Estamos hablando de un logro, de diversidad, de inclusión y de todas esas cosas que hacen bien en vez de mal.

De una película en la creó firmemente porque la desarrollé durante muchísimos años y cuyo guión no estaría dispuesto a vender a nadie para dirigirlo más que yo.

Luego de desarrollar todo Gualicho (storyboard, guión, historia original, casting, locaciones, propuesta estética; eso ganó Blood Window Internacional) creé Mr. Time, que creo que tiene el mismo valor cultural y comercial que Gualicho. Me gusta. Me convence. Me atrae. La quiero hacer, tanto como Gualicho. No necesito un jurado para que me diga eso, como fue en el caso de Gualicho, que resultó ganadora de una concurso de Óperas Primas. Pero para que eso ocurra, para que pueda dirigir otras, primero tengo que hacer la valiosa e ineludible Gualicho (Walicho, o Walichu)

Firmen esta petición y compartanla si pueden porque es tan válida como todo el trabajo gratificante que vendo desarollando en este blog desde hace tantos años.

Es fácil de compartir porque el vínculo está simplificado.

Es así.

change.org/gualicho

o aquí

change.org/gualicho

o acá

Firmar petición Change.org para Adrián Gastón Fares

Ya ha sido firmada por muchos directores y directoras de argentina, entre otras personas que me conocen, y algunas que no.

Es todo un camino recorrido, entre cortos que filmé, el documental Mundo tributo, entre otras cosas, que me llevaron a esto. Ayuden a que no quede truncado esto, porque perdemos una nueva película, un nuevo guionista, y un nuevo director. Y eso no debe ocurrir.

Gracias y saludos,

Adrián Gastón Fares

Escritor, Director de Cine, Guionista

 

Sensor

Ayer, ya que tenía que pasar por un médico, y estaba cerca la clínica donde nací, se me dio por ir a buscar el acta de nacimiento (¿se le dirá así?) Pasaron muchos años. Sin embargo, parece que hay un procedimiento para verla. Espero. Lo que me queda de eso es un papelito donde dice dónde y en qué fecha nací, y que nací “deprimido neonatal” Tal vez el acta diga algo más para sondear los orígenes de mi sordera.

La clínica era bastante horrible. Limpia y todo, pero con lugares para rezar por todos lados, parecía un lugar para velar muertos (en algunas el nacimiento y la muerte están más a la vista, parece) Tenía en un vértice, un triángulo cóncavo de cemento con una virgen, que daba bastante claustrofobia, donde se supone que las personas se arrodillan a rezar cuando las cosas no están muy bien en una clínica. Y cuando las cosas no están muy bien en una clínica u hospital, se supone que las cosas están muy mal.

Luego, después de ir al INCAA, ¡cuándo no!, hoy también tuve que ir, para que no haya novedades muy promisorias, estuve caminando un rato.

Se me cruzó una persona en silla de ruedas empujada por una chica. El joven (debía ser más joven que yo, o al menos tener treinta y algos) me dijo que había sido Pirata del asfalto, que lo habían abatido me dio a entender, por eso estaba en silla de ruedas, y que necesitaba ayuda. Contra todos los pronósticos, le di unos pesos. Primero miré la cara de la que lo empujaba para ver si tenía que creer eso y parece que sí. Era un auténtico ex pirata del asfalto. En rehabilitación, parecía ser.

Me pareció más creíble que todo lo que vengo escuchando hace mucho tiempo para obtener dinero en la calle. Así que me pareció correcto darle dinero al ex pirata del asfalto. Le expliqué que yo tampoco tenía mucho trabajo, por no decir nada, y que era sordo, pero mi mano fue más rápida que mi mente (no suelo darle plata a cualquiera que me lo pida, más que nada porque no la tengo o porque a veces no tengo ganas; uno es un ser humano también y a veces se cansa de todo)

Hace unas semanas crucé a un ciego. No me suele pasar, aunque me ha pasado. El ciego se empecinó en cruzar para la derecha, porque el semáforo todavía tenía unos minutos para hacerlo, y sabía que tenía que ir para ese lugar. Yo insistí en esperar que cambiara el que teníamos enfrente. El ciego se molestó bastante. Nunca pensé que el tiempo fuera importante para un ciego pero para este hombre con ceguera lo era.

Ahí me di cuenta algo que ya he visto en los ciegos. Tienen una petulancia que no tenemos los sordos (los sordos, como la novela de David Lodge, La vida en sordina, damos risa) He visto reírse en mi cara a personas y no los culpo. A mí también a veces me da risa, pero otras me quiero matar.

Y mi conclusión fue que su capacidad diferente, la del ciego, digamos, es muy clara, y están acostumbrados a ser tratados con consideración. No así los sordos que somos como una especie de seres vulnerables cuya discapacidad depende de cuánto uno se esfuerza a veces o no (no sé qué depende, pero está mucho más escondida que la de un ciego) El ciego, que sabía que era mi obligación cruzarlo, creo que ni siquiera me agradeció y se fue con su cara de piedra y su voz mandona por su camino. Los ciegos han sido bastante maltratados por la literatura (dan miedo, respeto, temor según Sábato, Eco, Sófocles) No hace falta más que recordar el diario de Bioy Casares sobre Borges donde, en un rasgo de humanidad (Borges se quedó ciego de muy grande, aclaremos) Bioy cuenta que, claro, Borges se meaba los zapatos.

A veces, cuando mis amigos me llevan a algún boliche, de los que ya no soporto el ruido más que una hora con los audífonos, suelo encontrarme con un ciego. Es joven. Parece dormitar en las mesas. Le gusta tomar. A mí también me gusta tomar (pero está caro para emborracharse en un boliche)

El ciego a veces baila solo. A veces es guiado. Acompañado por algunas mujeres o hombres que se prestan. Es grandote y si te ponés en el medio cuando estás caminando, medio que te hace correr con alguna palabra certera (que yo no suelo entender, pero su expresión ya me da autoridad). La persona ciega que busca la felicidad en las burbujas y el trap (o los hits de los ochenta; aunque es joven o parece muy joven) Me parece bastante correcto.  Al principio parece un  borracho ensimismado, pero cuando te das cuenta que tiene ceguera, uno se dice: esto está muy bien (por lo menos mientras dura la cerveza que estoy tomando)

Hoy Lucrecia (Martel) dijo en Venecia que no podía separar la obra del hombre. Y que las mujeres filman poco y nada (que es verdad) Le escribí, creo que a su Facebook para decirle que también las mujeres discapacitadas y los hombres discapacitados filman o escriben poco y nada. Es algo que se sostiene en el tiempo. Y son miradas que se pierden. No voy a negar el interés de mi parte en que esto cambie. Tampoco voy a negar que soy diferente a los demás (ahora estoy escuchando Trap o no sé, en Spotify, una lista de Éxitos Argentinos, muy rara, ciertamente; entiendo poco y nada, más entiendo las canciones que conozco y en inglés; querido Trap, no te entiendo ni medio; bueno ahora sí entendí unas palabras dicen: Quedate conmigo. Dejé por un rato los soundtracks y el rock internacional)

Siguiendo las palabras de la directora de cine argentina Lucrecia, si no podemos separar las obras del hombre, entonces tampoco deberíamos separar las circunstancias del hombre por el esfuerzo de realizar esas obras. Del hombre o mujer. Con más razón, las circunstancias personales, deberían ser tenidas en cuenta (aunque no estoy de acuerdo en que se valore una obra en función de una discapacidad, por lo menos debería ser mirada dos veces antes de descartarla; quizá con un ojo cerrado y el otro abierto, no sé) Nunca declaré una discapacidad para que se evaluara una obra hasta ahora, sí he hecho hincapié en ella para obtener trabajo o para que se reponga un premio quitado sin justificación más que seguir la lógica del poder.

Lucrecia se refería igual en juzgar moralmente a un hombre y entonces sí descartar su obra. Pero si vamos a juzgar, hay que juzgar todo, ¿o no?

Me llamó mucho la atención lo de no separar la obra del hombre (o mujer, según lo entiendo yo por la inteligencia de Lucrecia). Parece que se usa cuando a la sociedad le conviene más (no voy a opinar de Polanski, no sé su caso legalmente, leí su biografía, leí que estuvo preso, sé que mataron a su madre, a su esposa embarazada, en fin; eso no justifica su caso punible; pero para no separar al hombre de la obra hay que hacerlos con todos, entonces) El feminismo tiene que ponerse de acuerdo, el machismo también. Y los que estamos entre medio, como nosotros, lo que tenemos algún tipo de discapacidad que hace que veamos el mundo o lo escuchemos de otra manera (las mujeres con algún tipo de discapacidad no se sienten representadas por el feminismo muchas veces, lo sé) y que por lo tanto pedimos una nueva identidad, más cuando uno es lo más funcional que pueda a lo que llamamos sociedad, también tenemos que ponernos de acuerdo en si vamos a separar las obras (edificios, jardines, árboles, películas, libros, ropa, cosechas, tabaco, sillas, mesas, por poner ejemplos) del hombre, mujer y lo que llamamos diversidad y nuevas identidades.

Y hay que tener en cuenta que no todos los crímenes son visibles, si sólo perseguimos los crímenes visibles, lo que vamos a hacer es ponernos del lado del poder y del control. No creo que es lo que haya querido expresar Lucrecia, en su apoyo bienintencionado a la lucha de la mujer argentina.

por Adrián Gastón Fares

 

 

Mini manifiesto sobre el cine

El cine nunca es ficción totalmente.  A diferencia de la literatura, que también conozco bastante bien, el cine siempre enfrenta la realidad y el acto de filmar mismo es modificado por la realidad. Por lo tanto, por más que la historia sea de lo más inverosímil, el cine nunca deja de ser más real que la literatura.

La literatura tiene lo suyo igual, siempre es más personal. Es otra cosa.

Me llama la atención que las familias se desmadran cuando una figura matriarcal desaparece. ¿Cómo relacionarlo con el cine? Si no hay estrellas femeninas, si no hay una musa, todo se viene abajo tal vez. No lo sé, pero me llama la atención como tantas familias se han venido abajo cuando incluso la matriarca que habla desde una cama final deja de existir. Los primeros que caen cuando pasa eso son los más débiles, los descendientes creativos o las descendientes creativas o con algún costado artístico. O no caen pero siguen luchando a pesar de todo, con muchas dificultades.

Los extremos siempre se tocan y lo femenino y lo masculino también.

Los ensueños de la literatura parecen unos ensueños justamente al lado del cine, en el que uno debe enfrentar la realidad y modificarla. Es el arte supremo hasta ahora. El otro, la literatura, es un arte menos engorroso, suplente, muy solitario, nada bueno para un sordo como yo que igual quiere contar historias a toda costa.

por Adrián Gastón Fares

PD: Recomiendo el libro de Leila Guerreiro, Los suicidas del fin del mundo, gran crónica, gran libro, gran prosa.

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Lista de películas Agosto 2019

Vuelvo a publicar esta lista con algunos agregados. Los que ya la leyeron vayan al final que hay algunos agregados, como Us, Once Upon a Time in Hollywood y First Reformed.

Desde la mirada de director, escritor y guionista, y no la de un crítico, claro, van mis opiniones de algunas de las películas y series que fui viendo y sus efectos inmediatos y a largo plazo (en algunos casos)

Dogman, de Mateo Garrone. No podía dormir luego de verla. Buscar aprobación…

The Beach Bum, de Harmony Korine. Me gustó mucho porque estaba medio borracho ese día y me sentí cercano al personaje principal. Además tiene buenas canciones.

Call me by your name de Luca Guadagnino Guadagnino pertenece a la sociedad secreta del buen gusto. Hay que llegar a la escena final. ¡Cuánta emoción!

La Odisea de los Giles, de Sebastián Borensztein. El terror se sentía en la sala. Recordar el 2001 argentino en esta época, por más humor que tenga la película de Sebastián, creo que recortó algunas risas y potenció otras. Es de esas películas que hay que ver con la sala llena.

La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel. Me hizo ponerme en la piel del protagonista. Película bastante triste.

At Eternity´s Gate, de Julian Schnabel. Entendí a Van Gogh un poco más. Creo más en la versión de su historia de Carriere que en las anteriores. No sé cómo termine escuchando en Spotify la canción Vincent, de Don Mclean, que me llevó a otra que grabó el mismo artista que usó David Lynch en Mullholland Drive (Crying, si no me equivoco)

Basquiat, de Julian Schnabel. Desde que la vi, a veces tengo ganas de decir que quiero irme a Maui.

Border, de Ali Abassi. Eh, ¿quiénes éramos?

Re loca, de Martino Zaidelis, esta remake argentina me gustó por varios motivos que no esconderé. Trabaja el actor de uno de los cortometrajes que escribí y dirigí Motorhome (aparece en una de las escenas; el siempre creativo Jonathan Jairo Nugnes) Fue producida por el buen productor argentino Sebastian Aloi (quien me ha dado algunos consejos sobre Gualicho y una atención que aprecio) y el personaje de Diego Torres me pareció muy risible, real y reconocible a kilómetros de distancia.

Rocketman, de Dexter Fletcher. Me gustan las canciones de Elton John y varios de sus discos. Raro que no me gustara esta película y me dejara un poco perplejo a la vez. Nunca vi cantar con burbujas bajo el agua. Admito que su comparación incomprable, la película sobre la vida del líder de Queen, tiene otra intensidad a nivel espectáculo. Pero también con esos ojos brillantes del final recuerda un poco a las películas de Zefirelli sobre Cristo que pasaban en Pascuas (lo que da bastante miedo; ese cristo sangrante con ojos azules brillantes siempre me dio terror) Además en Mundo tributo, el documental que produje y dirigí junto a Leo Rosales, no aparece ninguna banda tributo a Elton John.

Siguiendo con Guadagnino, su Suspiria. Su final me dio ganas de cambiar mi vida para siempre. El efecto duró bastante (tal vez persista) Recuerda un poco a los inicios del cine de terror, tiene esa fuerza explícita y elegante a la vez.

Okuribito (Departures), de Yojiro Takita. La última película japonesa que se llevó el Óscar a mejor película extranjera. No la había visto aún. No quedaba otra que me gustara. No soy de piedra. Ya verán en la película.

Io sonno il amore, de Luca Guadagnino (la volví a ver), como El desprecio de Godard. Las dos grandes películas sobre lo terrible, en el bueno y en el mal sentido, que es el amor.

John Wick 2, de Chad Stahelski. Me la recomendó la directora argentina Lucila Las Heras y de las tres es la que más me gustó. Me hizo acordar y extrañar al primer John Woo.

A Star is Born, de Bradley Cooper. Claro que salí con ganas de llorar de esta película y bastante triste. Fue la primera que vi con los audífonos nuevos (esas casualidades…) Empecé a escuchar a Lady Gaga y aprecié sus cualidades camaleónicas. Incluso me enteré del lupus que sobrelleva a través de un documental sobre su vida.

Toy Story 4, Josh Cooley. Me emocionó y me entretuvo.

Aterrados, de Demian Rugna. Demian supo captar cierta atmósfera del conurbano bonaerense en la que casi todos coincidimos en que es la mejor película argentina de terror argentina hasta el momemtum. No es perfecta en el guión pero mucho en la atmósfera, lo que no es poco decir.

Bridge of Spies, de Steven Spielberg. Así creo que deben ser los abogados y las personas, como el personaje que interpreta Tom Hanks (que existió en la vida real) No comulgo mucho con el ¿Serviría de algo?, como ya se nota en lo que escribo, salvo cuando medito, pero me parece una frase encantadora.

Mary Shelley, de Haifaa al-Mansour tengo que admitir que disfruté y me inspiró más esta película que la de mi querido Ken Russell (Gothic)

El Potro, de Lorena Muñoz. La vida es una lucha aunque seas exitoso y esa es una historia que se vuelve a contar cada tanto. Más allá de la banda sonora (no las canciones sino el score me pareció ajustado), la película tiene eso mortuorio, ya le encontraré el mejor adjetivo, tan argentino que casualmente puede encontrarse en otra, por ejemplo, de terror, como Aterrados (¿quién dijo que lo nuestro es el tango?; son los cajones de madera y la música acorde a la temática)

Esa película que llevo conmigo, de Lucía Ruiz. Fui a ver el estreno al Gaumont pero entendí menos de la mitad por el sonido de la sala, porque era un documental, y porque estaba detrás de todo (invitado por Leo Rosales) Tenemos que subtitular todas las películas, ponernos de acuerdo en eso en Argentina y en España si es posible.

Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar. Ese toque hitchockiano de las imágenes del principio es lo que más me gusta de él. Soy así. Es su ocho y medio, ¿no? No entendí bien al niño, lo que decía.

Us, de Jordan Peele. Después de Big, de Frank Marshall, es mi película preferida con un parque de atracciones. Trastorna un poco y no a través de griterío y dilaciones faciales a lo Babadook (ese cine de terror no me gusta: otro ejemplo de lo contrario de Us es Hereditary; no ví aún Midsommar)

En Netflix para ver ya mismo:

Una de mis pocas series preferidas es Mindhunter, con algunos capítulos dirigidos por David Fincher. La temporada 2, recién estrenada, está muy bien pensada y escrita. Juega con los personajes y con el espectador de manera magistral. También tiene capítulos dirigidos por el gran Carl Franklin, que hizo una película que me hizo feliz llamada Devil in a Blue Dress.

Una de mis últimos descubrimientos preferidos en el terror, mejor dicho corto, no se rían es: Toy Story: of Terror, de Angus Maclane. Gran narración. Dura veinte minutos y está en Netflix.

HBO:

La primera temporada de Westworld, creada por Jonathan Nolan, es notable por momentos y lo hace pensar a uno en qué está pensando y cómo lo piensa, justamente. El escritor de Jurassic Park debería tener una estatua en algún lugar. Aunque la serie supera a su versión de su propia historia que veíamos en Sábados de Super Acción.

Por último una reflexión, las buenas películas son esas que recordamos planos que al verlas otra vez nunca existieron.

por Adrián Gastón Fares

PD: nadie se puede quejar de la última de Tarantino, Once upon a time in Hollywood, ni los animales, ni los hombres, ni las mujeres; los únicos que se pueden quejar son los fanáticos y a esos Tarantino los iluminó con su propia medicina. Una película que parece gestada entre vinos y actores, sincera en casi todo. Terrible, como debe ser el cine (de melancólica no tiene nada, leí por ahí que decían eso algunos; no comprenden) Más: siempre me pareció que Tarantino iba a poner Summertime, la versión de Billy Stewart, aunque sea un poco, en alguna de sus películas.

Me falta ver Parasite (Gisaengchung) de Boon Joon Ho (Memories of Murders es su mejor película hasta el momento, no me terminó de convencer ni The Host, ni menos, Snowpiercer, no sé por qué)

Otra que quiero agregar es la implacable y notable, más con el tema Amazonas y todos esos árboles que derribamos y no plantamos (no debería hacerme cargo, yo planto árboles cuando puedo) First Reformed, de Paul Schrader.

Lista de películas, series y sus efectos a corto y largo plazo

Desde la mirada de director, escritor y guionista, y no la de un crítico, claro, van mis opiniones de algunas de las películas y series que fui viendo y sus efectos inmediatos y a largo plazo.

Dogman, de Mateo Garrone. No podía dormir luego de verla. Buscar aprobación…

The Beach Bum, de Harmony Korine. Me gustó mucho porque estaba medio borracho ese día y me sentí cercano al personaje principal. Además tiene buenas canciones.

Call me by your name de Luca Guadagnino Guadagnino pertenece a la sociedad secreta del buen gusto. Hay que llegar a la escena final. ¡Cuánta emoción!

La Odisea de los Giles, de Sebastián Borensztein. El terror se sentía en la sala. Recordar el 2001 argentino en esta época, por más humor que tenga la película de Sebastián, creo que recortó algunas risas y potenció otras. Es de esas películas que hay que ver con la sala llena.

La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel. Me hizo ponerme en la piel del protagonista. Película bastante triste.

At Eternity´s Gate, de Julian Schnabel. Entendí a Van Gogh un poco más. Creo más en la versión de su historia de Carriere que en las anteriores. No sé cómo termine escuchando en Spotify la canción Vincent, de Don Mclean, que me llevó a otra que grabó el mismo artista que usó David Lynch en Mullholland Drive (Crying, si no me equivoco)

Basquiat, de Julian Schnabel. Desde que la vi, a veces tengo ganas de decir que quiero irme a Maui.

Border, de Ali Abassi. Eh, ¿quiénes éramos?

Re loca, de Martino Zaidelis, esta remake argentina me gustó por varios motivos que no esconderé. Trabaja el actor de uno de los cortometrajes que escribí y dirigí Motorhome (aparece en una de las escenas; el siempre creativo Jonathan Jairo Nugnes) Fue producida por el buen productor argentino Sebastian Aloi (quien me ha dado algunos consejos sobre Gualicho y una atención que aprecio) y el personaje de Diego Torres me pareció muy risible, real y reconocible a kilómetros de distancia.

Rocketman, de Dexter Fletcher. Me gustan las canciones de Elton John y varios de sus discos. Raro que no me gustara esta película y me dejara un poco perplejo a la vez. Nunca vi cantar con burbujas bajo el agua. Admito que su comparación incomprable, la película sobre la vida del líder de Queen, tiene otra intensidad a nivel espectáculo. Pero también con esos ojos brillantes del final recuerda un poco a las películas de Zefirelli sobre Cristo que pasaban en Pascuas (lo que da bastante miedo; ese cristo sangrante con ojos azules brillantes siempre me dio terror) Además en Mundo tributo, el documental que produje y dirigí junto a Leo Rosales, no aparece ninguna banda tributo a Elton John.

Siguiendo con Guadagnino, su Suspiria. Su final me dio ganas de cambiar mi vida para siempre. El efecto duró bastante (tal vez persista) Recuerda un poco a los inicios del cine de terror, tiene esa fuerza explícita y elegante a la vez.

Okuribito (Departures), de Yojiro Takita. La última película japonesa que se llevó el Óscar a mejor película extranjera. No la había visto aún. No quedaba otra que me gustara. No soy de piedra. Ya verán en la película.

Io sonno il amore, de Luca Guadagnino (la volví a ver), como El desprecio de Godard. Las dos grandes películas sobre lo terrible, en el bueno y en el mal sentido, que es el amor.

John Wick 2, de Chad Stahelski. Me la recomendó la directora argentina Lucila Las Heras y de las tres es la que más me gustó. Me hizo acordar y extrañar al primer John Woo.

A Star is Born, de Bradley Cooper. Claro que salí con ganas de llorar de esta película y bastante triste. Fue la primera que vi con los audífonos nuevos (esas casualidades…) Empecé a escuchar a Lady Gaga y aprecié sus cualidades camaleónicas. Incluso me enteré del lupus que sobrelleva a través de un documental sobre su vida.

Toy Story 4, Josh Cooley. Me emocionó y me entretuvo.

Aterrados, de Demian Rugna. Demian supo captar cierta atmósfera del conurbano bonaerense en la que casi todos coincidimos en que es la mejor película argentina de terror argentina hasta el momemtum. No es perfecta en el guión pero mucho en la atmósfera, lo que no es poco decir.

Bridge of Spies, de Steven Spielberg. Así creo que deben ser los abogados y las personas, como el personaje que interpreta Tom Hanks (que existió en la vida real) No comulgo mucho con el ¿Serviría de algo?, como ya se nota en lo que escribo, salvo cuando medito, pero me parece una frase encantadora.

Mary Shelley, de Haifaa al-Mansour tengo que admitir que disfruté y me inspiró más esta película que la de mi querido Ken Russell (Gothic)

El Potro, de Lorena Muñoz. La vida es una lucha aunque seas exitoso y esa es una historia que se vuelve a contar cada tanto. Más allá de la banda sonora (no las canciones sino el score me pareció ajustado), la película tiene eso mortuorio, ya le encontraré el mejor adjetivo, tan argentino que casualmente puede encontrarse en otra, por ejemplo, de terror, como Aterrados (¿quién dijo que lo nuestro es el tango?; son los cajones de madera y la música acorde a la temática)

Esa película que llevo conmigo, de Lucía Ruiz. Fui a ver el estreno al Gaumont pero entendí menos de la mitad por el sonido de la sala, porque era un documental, y porque estaba detrás de todo (invitado por Leo Rosales) Tenemos que subtitular todas las películas, ponernos de acuerdo en eso en Argentina y en España si es posible.

Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar. Ese toque hitchockiano de las imágenes del principio es lo que más me gusta de él. Soy así. Es su ocho y medio, ¿no? No entendí bien al niño, lo que decía.

Us, de Jordan Peele. Después de Big, de Frank Marshall, es mi película preferida con un parque de atracciones. Trastorna un poco y no a través de gritos y dilaciones faciales a lo Babadook (ese cine de terror no me gusta: otro ejemplo de lo contrario de Us es Hereditary; no ví aún Midsommar y no me atrae por ahora)

En Netflix para ver ya mismo:

Una de mis pocas series preferidas es Mindhunter, con algunos capítulos dirigidos por David Fincher. La temporada 2, recién estrenada, está muy bien pensada y escrita. Juega con los personajes y con el espectador de manera magistral. También tiene capítulos dirigidos por el gran Carl Franklin, que hizo una película que me hizo feliz llamada Devil in a Blue Dress.

Una de mis últimos descubrimientos preferidos en el terror, mejor dicho corto, no se rían es: Toy Story: of Terror, de Angus Maclane. Gran narración. Dura veinte minutos y está en Netflix.

HBO:

La primera temporada de Westworld, creada por Jonathan Nolan, es notable por momentos y lo hace pensar a uno en qué está pensando y cómo lo piensa, justamente. El escritor de Jurassic Park debería tener una estatua en algún lugar. Aunque la serie supera a su versión de su propia historia que veíamos en Sábados de Super Acción.

Por último una reflexión, las buenas películas son esas que recordamos planos que al verlas otra vez nunca existieron.

por Adrián Gastón Fares

PD: nadie se puede quejar de la última de Tarantino, Once upon a time in Hollywood, ni los animales, ni los hombres, ni las mujeres; los únicos que se pueden quejar son los fanáticos y a esos los iluminó con su propia medicina. Una película que parece gestada entre vinos y actores, sincera en casi todo. Terrible, como debe ser el cine (de melancólica no tiene nada, leí por ahí que decían eso algunos; no comprenden)

En la que vuelvo a contar mi historia de vida mejor para que se sepa

Mi historia de vida

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por fórceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias sino por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado, una identidad acorde a mi nacimiento y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (ténganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así. Y esta vez me di el lujo de nacer llorando mucho, primero de alegría, luego de bronca por lo que veía que me estaba pasando (y me había pasado)

Pero para entender mi historia hay que seguir en Lanús. Y ser un niño ahí en los ochenta. Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Por lo menos era un entorno donde se hablaba de hacer cine. Y ahí conocí a un gran amigo y compañero de trabajo, Leo Rosales.

También a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale). Lo dirigí con Leo Rosales, hice el diseño de producción y la fotografía.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación.

Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios y estímulos. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Ella también estaba buscando su camino y estudiando algo que no tenía nada que ver con el cine.

Me puse a trabajar con ella en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el ínterin, me entregaron el certificado de discapacidad (CUD) que ya había tramitado, por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. También sentí que estaba rodeado por primera vez por una familia comprensiva que no era la mía (que comprendían por lo menos al cineasta, no al sordo) El día que me entregaron el certificado de discapacidad estaba con mi pareja y jugué, creo que por primera o segunda vez a esas máquinas en las que se puede ganar un muñequito. Pude capturar a un martillo de pelucho con un mono dibujado en la parte de arriba de la T. Al golpearlo contra la cabeza de uno, el martillo de peluche reproducía el chillido de un mono. Todavía anda por algun lugar de mi departamento.

Pero esa persona con la que fui a sacar el certificado de discapacidad me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

Poco antes de que este cambio en las relaciones de mi vida ocurriera, había ido a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar.

Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Puede ser que hubiera sufrido menos luego también.

Ese tránsito a mi vida con audífonos y a ser persona con discapacidad (el certificado afecta) no fue supervisado por nadie. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caían: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo)

Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar, el maltrato y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Como dije, en el fondo estaba solo en mi identidad nueva, los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con esa novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo (cine) e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual, más cuando hay historial de duelos familiares mal llevados), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengo mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Poco antes, mi pareja apareció llorando para decirme que su padrastro se había enterado por mi padre que yo nunca había trabajado (?) y le dijo que me dejara.

Fui a trabajar de cualquier cosa con la esperanza de recuperar a una mujer. Ahí los que antes hablaban del trabajo formal me decían: los pelos de una concha (vagina, para ser más claros) tiran más que una yunta de bueyes. Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar. Además las vaginas a veces están rasuradas, para buena suerte de algunos y algunas y malas de otros. Son elecciones esas. En otras cosas es más difícil elegir.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo (bastante tiempo después se me ocurrió otra película), hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender) Cuando salía del trabajo, al atardecer, miraba el banco de cemento que había en la puerta. Por mucho tiempo pensé que alguien me iba estar esperando ahí.

Pero claro, no pasó eso. Y casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. No toleraba más la habitación oscura sin baño y la soledad de 9 AM a 18 PM. Y encima no había tareas para hacer. En fin, no aguanté más y se lo dije a mi psicólogo de ese entonces.

Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí. Un psiquiatra dijo depresión. Estrés postraumatico. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuánto tiempo. Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad de algunas) Fui muy detallista con mis aciertos pero más con mis errores.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a un especie de manosanta a mi casa. Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, con la que di en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2012 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible. Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba. Ese momento y no otro (2014) es el que recién me sentí mejorado auditivamente; podía escuchar mejor, los audífonos por primera vez bien, las puntas que me servían descubiertas. Cualquiera que use auriculares se puede dar cuenta de la diferencia entre usar un tapón u otro. Pero algunos fonoaudiólogos tienen tantos pacientes que se pierden con eso. Si te dan unas puntas aireadas y eso no te sirve, vas a sufrir más en vez de escuchar mejor tu voz y y a los demás.

Faltaba potencia. Con certificado de discapacidad pedí los audífonos con amplificadores intraauditivos a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrinolaringola del Sanatorio Guemes certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto. Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película (Gualicho) decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada. Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico.

Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad.

Quiero estar con la gente que elegí estar. Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así.

Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y ahora yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias, negligencias, agravios e incomprensiones a las personas con discapacidad no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la in-transparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo y que han sido terribles en mi vida) a veces duelen mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 7 de Agosto de 2019

 

Seguimos así, ¿hasta cuándo?

Estamos esperando un dictamen a favor del pedido que hicimos ante el Instituto de Cine Argentino.

Todavía estoy aquí tratando de filmar Gualicho.

No puedo creerlo, después de cinco meses, cuando deberían contestar en uno, el expediente sigue durmiendo en la oficina de Jurídicos.

Antes pasó lo mismo con los otros pedidos, rechazados por Ralph Haiek sin leer la ley de Fomento al Cine Argentino.

Seis meses es el tiempo que me llevó filmar y estrenar Mundo tributo (No distribuir, que me llevó mucho más tiempo y trabajo)

Cómo puedo entender que habiendo hecho una película independiente con mi dinero y el de Leo Rosales, que conocen todos (los mismos empleados del INCAA, la aprecian; estuvo en BAFICI, en medio Latinoamérica, Europa, Estados Unidos) traté de regularizar mi trabajo en cine, presenté a un concurso, gané y no me dejen filmar por no ponerse a trabajar administrativamente. ¿Cuánto tiempo puede llevar poner las cosas en orden? ¿Es por las elecciones? Algunos dicen que están esperando que caigan algunos y suban otros. ¿Así tenemos que ser?

Política de largo plazo en Argentina. Participación democrática. Representatividad de los ciudadanos. No, la respuesta que te dan desde el poder es: Agradecé que te dejamos subir en el ascensor y estar acá hablando dos palabras con nosotros.

Ya no se qué hacer. Han destruido estos dos años de mi vida entre la negligente productora presentante, Pamela Livia Delgado, y el condescendiente INCAA. Deberé demandarlos por daños y perjuicios . Varios me dicen que es para escándalo público. Gente del medio. Abogados de discapacidad están dispuestos a levantar la voz también. Han comprendido.

Pero yo solo quiero filmar lo que tanto me costó crear. Quiero que me dejen demostrar lo que aprendí. Que me dejen. Que esta es tambien una oportunidad para crecer y que pueda filmar luego mis otros guiones (como el seleccionado en el Labguion Internacional, Las órdenes)

No tengo otro plan de vida y no tengo por qué tenerlo. Ya conocen mi historia. El plan B no es lo mío (eso que te piden algunas parejas, por eso no tengo ninguna ahora)

Mi gata no es de opinar tanto pero es tan insistente como yo en lo que quiere. Sigo su ejemplo.

No hay ya lógica del esfuerzo, de la constancia, ni aprecio al trabajo y menos que menos piedad por mi situación particular con la discapacidad auditiva que me hace repensar el día a día de manera diferente a como piensan otros (trabaje sin cobrar, debería tener un smartphone que se conecte a los audífonos para escuchar llamadas; no tengo porque no lo puedo pagar)

Y esa diferencia de lo que vivo es la que puedo ofrecer a un cine argentino detenido en el tiempo.

Lleno de productores especuladores (no todos, por suerte) que sólo aparecen cuando pueden quedarse con el dinero de una película. Estrenan, cobran, si le va bien o mal, la miran 600 personas no es su asunto…

De los que pasaron por Gualicho ninguno me ha apoyado luego. Tampoco los actores que me llamaban una y otra vez. Los técnicos que me apuraban para que termine una versión más barata tampoco. Lo hice y eso no cambio nada. Les dije que ese no era el problema aquí. El problema es la libertad que dan para usar el poder a los poderosos de siempre. A los que son testaferros. A los que saben casi nada de cine y mucho de Excel.

Los entiendo. Es Argentina y aquí todos estamos, por falta de reglas, recursos inteligentes y honestidad, arañando las paredes.

Siempre admiré a las actrices y actores, admiro a los buenos abogados, esos que representa Tom Hanks en Puente de espías (pero qué pocos hay) Soy una persona agradecida de los que comparten la dicha de crear, sea en el ámbito que sea.

Crear es tomar decisiones.

Como dice Eddie Vedder en una canción, por otro lado, no existe lo correcto y lo incorrecto pero si lo que hace bien y lo que hace mal.

Pero este país es así, una mala broma (otro ejemplo; me llega una carta de la Superintendencia de Salud preguntando recién ahora sí me dieron los audífonos, y en la misma carta , me copian el estatuto de una Obra Social, entero, información que no debería estar…)

Este ejemplo es como también actúa otra institución argentina. El instituto de cine. A estas alturas me preguntó si no sería mejor que no existiera. Cuando la selva es selva para todos tal vez haya claridad. Así hay escalafones injustificados

No hay justicia, ni hay pensamiento.

Solo poder, mala información, intransparencia, negligencias.

Ahora van a implementar un sistema online para los expedientes.

Queremos verlos a todo. El INCAA es un ente autárquico, público. Parece ser monárquico en vez de autárquico.

No tengo nada más que decir.

Antes las personas que me han visto sufrir y luchar sin hacer nada:

Ralph Haiek, presidente del INCAA (que no tiene Vicepresidente), me debe una disculpa.

Lisandro Molinas , Gerente de Jurídicos del INCAA, lo mismo, tiene retenido el expediente y no entendemos por qué.

Lucas Lehtinen, Gerente de Administración,, dijo que ante mi situación iba a hacer algo. No hizo nada.

Viviana Dirolli, antes Gerenta de Fomento, ahora promovida a Internacionales, ex socia del estudio donde trabaja la productora presentante de mi pelicula (me hicieron enterar). Bajo sus órdenes, no me dejaban ver el expediente de mi propia película.

Presenté un pronto despacho. Van meses del pronto despacho… Así las cosas. Argentina. Instituciones que no cumplen y despilfarran el trabajo ajeno.

Para que entiendan más la nefasta situación.

Aclaración. (Ya lo conté en otro posteo lo que sigue)

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.

A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala información eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)

Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)

Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.

Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.

Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.

En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.

El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)

Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercitivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.

Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.

Es lo que más me preocupa, duele y molesta de todo.

Adrián Gastón Fares, 24 de Julio de 2019

PD: ya les contaré si hay novedades.

Toma de conciencia y sensibilización.

Este texto lo escribí y publiqué ayer en mi Facebook para que comprendan la situación INCAA + premio Gualicho los del medio y quiénes me estaban preguntando. Quería dejar en claro el por qué veo como agravante en mi caso la negligencia de la institución en el trato al premio a mi proyecto como Director del largometraje ganador. Es lo que sigue.

Creo necesario explicar a través de esta vía (toma de conciencia y sensibilización; una tarea que creo que debo proseguir)
1) Nunca dije que el INCAA me discriminó por sordo. Nunca dije que el INCAA es antisordo. Tampoco puedo decir que es pro sordo, ciertamente.
2) Soy discapacitado (aclaro porque la gente se piensa que porque hablas no sos discapacitado; a ver; necesito ayuda para escuchar algunos mensajes en el teléfono, necesito ayuda para escuchar, a veces tecnológica, otra humana, lo que ya haga con esa ayuda, es otro asunto que tiene que ver con la adaptación o sobreadaptación) Para ser que hay una concepción que para ser discapacitado o diferente tenés que estar en una pecera. No es así. Mala concepción de un pensamiento y un encuadre identitario, que como tantos otros, se fue desarrollando a través del tiempo. Antes, en general, los discapacitados terminaban muy mal. Incluso a veces en la cultura son mal vistos. Más todavía con lo que es una discapacidad invisible (sordera, etc.) Hay que leer un poco de la vida de la gente solamente para darse cuenta. Yo tengo pérdida de moderada a severa de la audición y tinnitus catastrófico (se llama así; horrible nombre pero justo) Eso es una discapacidad invisible.
3) Hace dos años que el INCAA tiene a mi proyecto Gualicho atrapado. No puedo realizar la película sin el dinero de la institución que me hizo trabajar para ella porque no tengo dinero. Gané un premio de Opera Prima de Ficción como director, autor, guionista. Incluso soy, obviamente, productor porque todo eso lo hice sin ningún aporte de nadie; lo desarrollé yo. Hace cinco meses que no se atreven a sacar un dictamen a favor de mi pedido. Los otros dictámenes, cuyas acciones para llegar a ellos fueron sugeridas por el mismo INCAA, llevaron el mismo tiempo y fueron desfavorables. Lo que debería ser simple, que un dinero vaya a realizar una película, parece ser imposible. No me interesan otras opiniones porque yo creo en mi película tanto culturalmente como comercialmente. Y porque respondí yo a un concurso de llamado a Directores.
4) Al encajonar y no actuar administrativamente bien, tanto el INCAA, como el menosprecio a mi trabajo de la productora presentante (que encima se adjudica en el expediente ella mi trabajo; que presentó con copias; para justificar los gastos de la primera cuota; que no ha caído en mí ni en Leo Rosales, si no a su entorno o la gente que ella aceptó que debíamos poner en la película) Por lo tanto, en una acción que yo consideró responsable al INCAA por no responder acatándose al artículo 30 de la ley de Fomento de buen y pronto fin de un proyecto, la institución tiró por el piso mis esfuerzos académicos, mi trabajo y mi inclusión digna.
5) Esto produce un estrés extra a un discapacitado, que puede desembocar en un estrés postraumático y depresión (creo en la tristeza no en al depresión). Va contra la convención de los derechos de las personas con discapacidad que dice que nunca hay que discapacitar más (sumar otras discapacidades) a un discapacitado. Es punible.
6) Tanto la falta de inclusión adecuada como discapacitar más a una personas están contempladas en la Convención Internacional de las personas con discapacidad.
7) Expliqué a todos los gerentes del INCAA y a la productora presentante (incluso quitándome mis audífonos) que hacerme esto a mí era injusto. Que necesitaba buen fin a mi proyecto por lo delicado de mi situación.
8) No les importó. Ni a la productora presentante (que me llevó a su abogado poderoso Francisco Zavalía para ejercer poder coercitivo) Ni al INCAA que cuando escribí al Ministerio de Cultura contestó con una reunión que también fue coercitiva. Todo esto, más luchar por algo que salta a la vista por su injusticia y mal accionar por empleados de una entidad autárquica (el INCAA es público) me parecen nefastos.
9) Creo firmemente en el valor cultural, en la diversidad de contenidos y en el valor comercial también de mi película (y de los otros guiones que desarrollé) Para poder seguir adelante, necesito filmar Gualicho.
10) Les pido a los que no entienden la situación que lean más sobre discapacidad, identidad, inclusión, la convención de los derechos de las personas con discapacidad. Y también la ley de Fomento al Cine Argentina. Tuve que convertirme medio en mi abogado últimamente, algo que nunca hubiera pensado que ocurriría. Vengo luchando una inclusión digna y un apoyo cultural desde antes del premio, mandando cartas de pedidos de ayuda cuando trabajaba en una Obra Social, pidiendo trabajo en el CONADIS, en el COPIDIS, que no pudieron nunca resolver nada correctamente. Esta lucha no empieza con un premio sufrido hasta ahora, viene de antes. El premio sufrido no hizo más que confirmarme ciertos asuntos que vengo sintiendo, expresando en cartas y pensando hace tiempo, más desde que mi discapacidad tuvo que ser certificada para conseguir, tardíamente, audífonos (otra lucha de años para conseguirlo con las instituciones argentinas)
11) Tener que hacer esto público es otra prueba de la discapacitación que un estado con instituciones y personas que no escucha ni quieren leer puede generar. Por lo tanto, veo como agravante en mi caso lo que me está ocurriendo con INCAA, Gualicho y la productora presentante; que no haya resolución, que no esté trabajando en una película premiada que todavía tiene en marcha su preproducción.

por Adrián Gastón Fares, 18 de julio de 2019.
Productor, director, Autor de Mundo tributo, Las órdenes, Mr. Time, Gualicho. Escritor, cuentista, novelista.

PD: Adjunto la carta documento de contestación a la nuestra de la productora presentante de mi película, que está en el expediente INCAA de la misma. (MIS RELACIONES CON EL INCAA, DICE; nefasto)

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La maldición del Gualicho

Gualicho Nuevo Afiche de Producción

Gualicho Nuevo Afiche de Producción

Algo sobre mi largometraje.

Una película fantástica única. Una nueva experiencia. Un aporte al imaginario Argentino y Latinoamericano que cualquier ciudadano del mundo pueda apreciar.

La maldición del Gualicho (Gualicho) nunca deja atrás al entretenimiento y fue pensada como si cada escena fuera un fin en sí misma.

por Adrián Gastón Fares.

 

Mi historia con la hipoacusia (actualizada)

Mis audífonos nuevos

Aclaración (al final de la entrada pueden ver uno de los documentos que dejan en claro que no fui diagnosticado durante años cuando el diagnóstico de hipoacusia era necesario)

Lo que ocurrió antes de los 32, como lo testifica la fotografía de la  audiometría de 1999 al final de la entrada, y las demás realizadas en esos años y expuestas a los médicos, entra en el terreno de lo inexplicable (mala praxis, faltas de diagnóstico, de conciencia, no lo entiendo) Me pregunto quién debería hacerse cargo de tanta negligencia.

No sólo había nacido yo con un problema que me dejó parcialmente sordo si no que los médicos que me trataron no diagnosticaron el problema aún estando a la vista en los estudios realizados, alejándome de encontrar una solución que me hubiera facilitado la vida además de evitar que mi audición se siguiera deteriorando.

En cualquier manual médico mi curva tonal es una Hipoacusia neurosensorial.

No entiendo dónde estudiaron, y qué, los médicos que me atendieron.

RESULTADO: VIVÍ 33 AÑOS COMO NORMOOYENTE CUANDO NO LO ERA.

 

Mi historia

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.

Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale).

Como dije, lo dirigí, hice el diseño de producción con Leo Rosales y también me encargué de la cámara en gran parte del largometraje documental.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

En ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Tal vez, hubiera sufrido menos también. Esa persona dijo antes de partir que no podía ser que yo no escuchar el timbre (lo que me hizo replantear mi identidad y también la de esa persona) Esas cosas comunes a los sordos (el timbre, la negación)

Ese tránsito a mi vida con audífonos no fue supervisado por nadie. Y cuando es así estás listo. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caía: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo) Creo que no tengo nada que agregar al respecto. Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.

Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)

Casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Estaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Pero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salís a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.

Un psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.

Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.

Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.

Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.

Con certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.

Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada.

Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico. Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.

Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la intransparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo) a veces duele mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 2019

PD: “…como consecuencia, el utilitarismo pasa por alto uno de los requisitos morales indispensables que, según Rawls, debería poseer una teoría de la justicia: la individualidad” Descubrir la filosofía 33. El filósofo de la justicia. John Rawls. Angel Puyot

Cita directa de Rawls: La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento.

Adjunto una fotografía fiel de mi audiometría de 1999, a los 21 años recién cumplidos. Con el tiempo bajarían algunos casilleros (no tanto) mi umbral auditivo. O sea, ya tenía hipoacusia y nadie se dio cuenta.

Recién a los 32 años me dieron los otorrinos diagnóstico de hipoacusia neurosensorial y me enviaron a tramitar el certificado de discapacidad (Certificado Unico de Discapacidad, CUD) y usar dos audífonos (pasarían casi 13 años desde la audiometría de la fotografía y 32 años de vida si tenemos en cuenta que nací con depresión neonatal, que causó la hipoacusia)

Portada de una de las audiometrías que deja constancia de mi pérdida de audición ya en 1999 y de la falta de diagnóstico médico consecuente.
Una de las audiometrías que deja constancia de mi pérdida de audición ya en 1999 y de la negligencia en no informarme el diagnóstico de hipoacusia neurosensorial bilateral ya a mis 21 años.

Mundo extraño: La invocación (estreno cortometraje)

Nos toca estrenar el nuevo cortometraje de Bombay Films.

Con este grupo de ex compañeros y egresados de Imagen y Sonido ya hemos filmado Motorhome, que he dirigido. El colectivo de trabajo se llama Bombay Films Argentina.

El nuevo cortometraje fue dirigido por Matías Donda. Hice cámara que es otra de las cosas que me gusta mucho hacer. La música de Gabriel Quiroga y la Iluminación de Hernán Caratolli. Corrección de Color: Victoria Lastiri.

Jonathan Jairo Nugnes en La Invocación

Jonathan Jairo Nugnes en La Invocación

Lo filmamos en dos días (un día para la escena de la Invocación, como Motorhome, y otra para el videoclip de… trap en el que actúa un amigo de la casa: Jonathan Jairo Nugnes)

Mundo extraño está presentado por el actor Alfredo Casero, a la manera de la Dimensión Desconocida. Con las actuaciones estelares de Robertino Grosso, Jonathan Jairo Nugnes, Federico Solla, Morena Gonzalez Masier, Diego Rosenthal, Lucía Micaela García, Paula Delgado.

Espero que lo disfruten. Lo subimos ayer.

Sinopsis: Ficción y realidad, dimensiones paralelas que se retroalimentan pero nunca han de tocarse. Dos fracasados, fabricantes de ficciones, en busca del oro de los tontos.

Pueden activar subtítulos en español debajo en YouTube.

Saludos,

Adrián Gastón Fares

Nota: Si pueden firmar esta petición para que pueda trabajar en mi película Gualicho, que vengo desarrollando hace tanto tiempo (y que también haría posible que luego realice mi otro proyecto y guión: Mr. Time) pueden pasar por aquí. No hace falta que firmen pero si pueden difundirlo o ayudar, se los agradezco.

Agradezco si pueden firmar y difundir esta petición ¿Me das una mano compartiendo y firmando esta petición?
http://chng.it/GrXc4CLV 

 

 

Gualicho no se puede filmar aún porque el Instituto de Cine no quiere ejecutar el dinero del premio.

Si tienen un momento, les pido que firmen está petición para que entre tanta burocracia, política e injusticia cuanto antes el INCAA enmiende la negligencia que cometió con Gualicho y yo pueda estar trabajando en ella nuevamente cuanto antes. Es necesario para mi inclusión y mi futuro.

Aquí van las palabras de Leo y más abajo el link para que firmen y compartan la petición de Change.org

Antes que nada quiero aclarar que Pamela Livia Delgado, la productora protegida por algunos empleados importantes del INCAA, le contestó una carta documento a Leo Rosales, diciendo esto:

NO SE METAN CON MIS ASUNTOS CON EL INCAA

Creo que eso lo dice todo.

Gracias, Adrián Gastón Fares

Palabras de Leo Rosales (Mundo tributo y productor ejecutivo de Gualicho)

Hola, ¿Cómo andan?

Hace tiempo no aparezco por aquí, pero es necesario que comparta lo que está pasando ya que muchos no saben todo lo que venimos padeciendo con “Gualicho”, el Proyecto Ganador del Concurso Opera Prima Blood Window del INCAA.

Queremos que el INCAA funcione para lo que tiene que funcionar, fomentar cine de calidad que nos represente a los argentinos, tanto aquí como en el mundo.

Queremos igualdad de oportunidades.

Queremos terminar con la mafia de Productores oportunistas que se cuelgan de la teta del INCAA y que a quienes NO les importa nada el cine. Que intenten hacer una película SIN UN PESO a ver qué hacen!!

Queremos transparencia. Basta de amiguismo y ROSCA .

Exigimos que se haga Justicia y liberen nuestro PROYECTO GANADOR de su burocracia. Respetando la ley de Fomento. No sean cobardes y hagan cumplir la ley.

Basta de malos tratos, desigualdad y abuso de poder.

Aquí debajo, en palabras de Adrián Gastón Fares, su guionista y director:

Lucas Lehtinen, Gerente de Jurídicos del INCAA, sigue protegiendo a la productora presentante, Pamela Livia Delgado, a Viviana Dirolli (ex Gerenta de Fomento y ahora ascendida a Gerencia de Internacionales, involucrada anteriormente con Cepa Cine; fíjense qué películas argentinas estuvieron en Cannes este año…) y saltándose la LEY DE FOMENTO por encima, junto con la cúpula del INCAA, Ralph Haeik, que nunca nos quiso atender y siempre contestó de mala manera, causándome la más terrible exclusión que viví en mi vida por un PREMIO, sin poder trabajar en mi película, haciéndome perder años de trabajo (a mí y a Leo Rosales, productor) y prácticamente desconociendo la ley de cine, no aplicándola (es algo que pasa en INCAA: sé más yo de la ley de cine que los empleados, algo increíble) y cagándose en todo, para resumir, impunemente. Acá no hablo de un partido político, sino de varios inoperantes actuando en conjunto, maltratadores, maleducados, irresponsables (dijeron que me querían cagar a trompadas). Por favor, ayuden a que se haga justicia. Mi lucha no es solo para mí, también fue para todos los directores, guionistas, autores, que no existen ante INCAA y que pueden ser tratados de la misma manera que yo fui tratado (con los agravantes de mi caso, que expliqué y no les interesó escuchar) #incaa #cineargentino #discapacidad #hipoacusia #inclusion #premio #directordecine #autor #guionista

Aquí una petición de change.org para que cambiemos está situación de manera urgente.

http://chng.it/GrXc4CLV

La seguimos…

Leo Rosales (productor ejecutivo Gualicho)

Salir del cine, entrar a la vida

panoramaartsmagic

Hace quince años pensé en ser crítico de cine por un rato. Quería escribir en realidad.

Me anoté en un curso en APTRA donde los alumnos éramos dos: otro chico y yo. Antes de entrar buscaba CDs de jazz en la Musimundo del centro comercial Spinetto.

Lo del Curso fue raro, no me hacía falta por haber estudiado Imagen y Sonido, pero pensé que necesitaba una credencial para ejercer la crítica. Blanca López fue una amable y simpática profesora.

Al poco tiempo, en las críticas de estrenos que hice para Cineismo, no me gustaba que Ravashino, el editor, me corrigiera los textos. De más está decir que sus correcciones eran necesarias muchas veces.

Yo quería escribir como tocando jazz. Lo que salía de mí tenía que ser lo bueno sino nada tenía sentido.

En esa época, cada tanto, por la mañana, iba a una privada de cine. Un día tomé un café con leche y vi a Amanda Peet chocarse la cara con un cristal. La película no era excelente, pero salí del cine con ganas de vivir.

Yo, que no veré Games of thrones porque no me gustan los dragones que salen de huevos, diré que su productor, David Benioff, es un ganador: tiene al lado a Amanda Peet. Y eso que ya se me pasó el enamoramiento de esa mañana de cine.

El cine a la mañana producía el mismo efecto que los sueños de la madrugada, si la película gusta, te pinta el día.

Sin embargo, esas alfombras mullidas de los cines siempre me parecieron sospechosas. Pensaba que, en mi caso, quedarme con esas mañanas en el cine, era como colgar los zapatos en el tendero de Spectra. Ese pueblo de dónde un hijo escapa en la película El Gran Pez. Quería hacer películas y no escribir sobre ellas.

De cualquier manera, me las arreglé para que una empresa inglesa me enviara copias de los DVDs de películas japonesas que editaban.

Esperaba con ansias la llegada del sobre de papel marrón remitido por Phil. Era fanático en esa época del J horror. Dark Water, Ju On, A tale of two sisters y otras. También me gustaban las películas de Yakuzas.

Siempre me gustaron los japoneses y las japonesas también. Con ellos me siento más cómodo.

Ozu es uno de mis cineastas preferidos.

El cine de ojos rasgados me atrae, en general.

Hasta La isla de Kim Ki Duk me gusta, aunque no es su mejor película para nada.

Arts Magic DVD ya no existe más. ¿Dónde trabajarán Linda y Phil?

En nuestro presente, no me imagino a una editora de un país lejano enviando DVDs de películas a un crítico argentino como hacia la distribuidora Arts Magic.

Era la magia de los inicios de internet. Voy a permitirme la nostalgia tecnológica, porqué no. Internet es ahora, claramente, un lugar presentable. Antes era un lugar impresentable pero lleno de personas que parecían más reales.

De personas más lentas. Más lentas con periféricos pesados que los ataban a un lugar y los obligaban a usar de otra manera el tiempo y el espacio.

El resultado lo vemos ahora en la película Draft Day. Como en otras, cuando los personajes usan el teléfono para comunicarse la elección del director es dividir la pantalla en dos. Pero a diferencia de esas otras películas, en Draft Day una parte del cuerpo de un personaje invade el rectángulo de la escena que ocupa el otro. Hace veinte años a nadie se le hubiera ocurrido recortar la pantalla así. Esto indica que, por lo menos en el cine, el espacio no es lo que era. Y esa Internet, de antes, menos democrática, como un palacio cercano en el que conocías personas que parecían más reales, ya no existe.

Adrian Gastón Fares

Alimenta tu zombi con cerebros. III. Cine y Series.

En este capítulo de Alimenta tu zombi con cerebros recomendaremos algunos libros de cine, pero daremos una vuelta en calesita alrededor de un tema que divide las aguas de las bañeras de nuestros departamentos, donde ya los zombies no nos bañamos y mantenemos algunos cuerpos flotando: ¿qué diferencia hay entre el cine y las series?

Trataré de demostrar esta diferencia tratando de repasar algunas películas de Brian de Palma y haciéndole una permanente a las series (algo más rápido y mecánico; los temas se tratan según su mérito)

De Palma, un cineasta muy particular que salió en los setenta para reescribir algunas películas, más que nada y hacernos enamorar del cine de otros. Vi a De Palma antes que a Vértigo, ese caso De Palma es como una especie de Borges que señala a Stevenson, a Chesterton a otros escritores que realmente tienen un valor (a diferencia de Tarantino que no señala como dicen; Tarantino es un valor en sí mismo, regurgita otras películas que realmente, en su maroría, no valen la pena ver; salvo algunas de John Woo)

Entonces, el cine, representado por De Palma en este artículo tiene una distancia con las series muy notable. Esa distancia está dada por un sólo hecho: las series reconstruyen la idea de vivir en comunidad. Una serie es seguida por una persona para sentirse parte de un universo de personas ficticias diariamente; ¿por qué? Vivimos absolutamente aislados. Como vivo aislado me pongo a ver Mad Men o me pongo a ver Stranger Things, para volver a esa experiencia primigenia de la niñez de estar rodeado de gente, de vivir un tiempo con personas.

A veces me preguntan cómo me gustaría conocer a una chica. Digo, me gustaría conocerla en una comunidad posapocalíptica como pasa en ciertas ficciones, los dos lavando la ropa sucia todos los días en un lago. Eso me gustaría, pero por ahora es imposible.

Entonces el aislamiento psicosocial de la globalización es el que lleva a que las personas amen a las series. Y no importa qué tema traten, la serie es escapismo a su máxima expresión (no importa si esa serie es una de Bergman, quien también ha hecho miniseries; la miniserie es mucho más noble que la serie por su extensión).

A diferencia de las películas, que (oh, casualidad las de superhéroes son las más vistas, que se parecen a las series porque nos incluyen en una comunidad de personajes que ya conocemos), a diferencia de las películas repito que son una forma de aislarse del mundo, de reflexionar, de diferenciarse, la serie tiende al cambio de figuritas en el recreo.

Incluso hoy en día se siguen vendiendo figuritas así que eso no cambió. Uno puede cambiar las figuritas de Mad Men, pero no puede ciertamente cambiar las de Sisters (Hermanas), de De Palma. Quedaría solo en el patio del recreo sin nadie que se le acerque y se volvería a su casa con las mismas figuritas de la película De Palma.

No estoy en contra de las series, me gustan varias, pero las series, antepuestas ante cualquier film son el ejemplo de escapismo máximo en este mundo, no importa lo desafiantes y buenas que sean, porque la serie trabaja con un universo continuo, con una repetición de personajes y situaciones, y con una familiarización de la ficción, y más que nada, una menor adaptación: una vez que uno entró al universo de una serie, no debe hacer un esfuerzo intelectual para adaptarse a otro universo como pasa con las personas que miran películas diariamente.

Así las cosas, diré que las series siempre serán un género menor al del cine, no importa lo buena que parezcan (aunque sea excelente el Episodio 3 de la Primera Temporada de Mad Men; eso no importa) Eso no quiere decir que no sea un gran género, pero no puede aspirar a lo mismo que el largometraje.

Por otro lado está el cine, con su aislamiento, su adaptación continúa a cada película, la isla que es cada film más allá de lo parecido que pueda ser el lenguaje de un director de una película a otra.

Entonces diremos, el género favorito de los zombis tradicionales son las series. ¿Por qué? El esfuerzo, la exigencia, de adaptación para verlas es menor. ¿Si queremos escapar del mundo qué elegiremos? Series. Si queremos pensar un poco y sentirnos más miserables o más felices, pero no al instante, ¿qué elegiremos para alimentar a nuestros zombis posapocalípticos adaptados al desastre? Cine. Películas.

Molestemos con la relación de algunos films de De Palma. Quiero que la extensión se vuelva carne:

De sus comienzos, el más desconcertante de todos fue Sisters (Hermanas, 1973), la escena del asesinato del que ha sido el protagonista los primeros minutos de la película pone los pelos de punta y lanza una intrigante, hasta el agobio, historia de siamesas y homicidios. cabe acotar que es la primera colaboración de Bernard Herrmann (el creador de la banda incidental de algunas de las mejores películas de Hitchchock) con De Palma. Herrmann sigue remarcando la escenas con su música; ya comprobamos en Psicosis que el hombre es capaz de variar nuestra respiración, en Vértigo de hacernos enamorar de un fantasma.

Carrie (1976) lo hace famoso a De Palma. La novela que Stephen King tiró a un tacho de basura fue rescatada por la Sr. King para De Palma. El director divide la pantalla para mostrar paralelismos (Tarantino, un gran fanático de De Palma, hace lo mismo en Jackie Brown, Triple Traición)

La siguiente película que rescataremos es Obsession (Fascinación), también de 1976. Nos intriga y nos agobia en igual proporción a Sisters. Herrmann otra vez hace de las suyas con su música; si hubiese sido tan desfachatado como su director, no hubiera dudado en copiar lo que se había escuchado en Vértigo. Herrmann introduce variaciones en su música, no tantas de Palma en lo que vemos: un hombre obsesionado por una mujer parecida a otra, obviamente una esposa muerta y muy amada. La historia de Vértigo, escrita por Boileau y Narcejac, se repite hasta en los detalles. Si tuviéramos que enumerar todos los parecidos de puesta en escena y argumentales entre Vértigo y Fascinación, este capítulo se convertiría en novela. Lo mismo pasa con respecto a Hitchcock en las siguientes películas. Intuyo que Fascinación, el título de la traducción es mejor que el original; de alguna manera roza una comprensión del cine con la que me siento identificado, un cine que evolucionó para volverse algo que fue vivido a partir de los sesenta por la humanidad y ya incorporado mentalmente por los que nacimos después. No ahondaré en este tepa aquí, pero el futuro del cine está en la fascinación, en la elación. Recuerden esto.

Sigamos. En The Fury (La Furia), de Palma adaptó a otro escritor de historia de terror; este muy barato, llamado John Farris. Si tenemos la oportunidad de ser chicos nuevamente, entonces tal vez nos vuelva a gustar esta película. Hay más eventos parapsicológicos. En la mayoría de los casos con la idea torpe de realizar con un tremendo esfuerzo mental lo que se puede hacer con un simple movimiento de la mano: suda la gota gorda la protagonista para desviar a una locomotora de juguete, menos a mi vecinito romper lo que tenga delante sin gastar una neurona. En La Furia, por lo menos, De Palma descansa de copiar textualmente a su querido maestro (para copiarse a sí mismo)

Encontramos más adelante Blow Out (Impacto, 1981), una versión del clásico de Antonioni que a la vez era una adaptación del cuento Las babas del diablo, de Cortázar. Esta vez Hitchcock es recordado en persecuciones a lo North by Northwest (Intriga Internacional).

La versión de Scarface de De Palma (Caracortada, 1983) una melodramática tragedia moderna, pese a los convencionalismos y a la belleza ya casi eterna de Michelle Pfeiffer, conmueve. El guión lo firma un tipo desconocido en ese entonces: Oliver Stone. Ya había escrito Midnight Express (El expreso de medianoche) para Alan Parker y después escribiría, a regañadientes, Conan, the barbarian (Cónan el bárbaro) antes de alcanzar fama y Óscar con Platoon (Pelotón).

Body Double (Doble Cuerpo, 1984), desnuda el cuerpo de Melanie Griffith y, de paso, confirma los gustos cinematográficos de nuestro sinvergüenza director. En la coctelera entra La ventana indiscreta (el protagonista es testigo de un asesinato al mirar obsesivamente por un lujoso mirador) y Vértigo (nos hace revivir la escena del beso en 360 grados y los travelling subjetivos del protagonita con la mirada fija en una melena) Por lo menos al final todo lo ocurrido resulta ser una pesadilla.

Siguen la caída del carrito de bebé de las escaleras en The Untouchables (Los Intocables, 1987; su mejor homenaje; a la escena de las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin, de Sergei Eisenstein) Y otra buena película : Casualties of War (Pecados de guerra, 1989)

Toparse con una oriental en un subterráneo le trae muy malos recuerdos a Michael Fox, a nosotros nos brinda un interesante desarrollo que cuestiona la ética en tiempos de guerra. De Palma se contiene en sus ejercicios visuales y termina ganando.

Luego comienza a perder, tanto que esta nota muy pronto terminará.

Adapta a Tom Wolfe, abandonando momentáneamente el suspenso en The Bonfire of the Vanities (La hoguera de las vanidades, 1990) Fracaso de crítica. Los estereotipos descuellan en el film. Nadie ve nada de la urticante novela del periodista Wolf en su película. Tras este fracaso retorna al suspenso con Raising Cain (Demente, 1992); logra una buena actuación de John Lithgow y algunos sobresaltos.

Carlito´s way (Atrapado por el pasado, 1993) es conocida aquí como la película en la que Jorge Porcel aparece con Pacino (o era) La historia del mafioso vuelve a trasuntar los tópicos del género; esta vez remeda a Scarface con un tratamiento más depurado de los personajes y una fotografía impecable. La película introduce una variante a las escena-de-acción-en-escalera (acaso John Woo supo filmar en A better tomorrow II, impunemente traducida al castellano como Amenaza Final II, una de las mejores, con Chow-Yun Fat cayendo de la escalera y disparando en cámara lenta; antes de que Woo diera el salto a Estados Unidos y dirigiera a Tom Cruise y a unas cuantas palomas en Missión Impossible II)

En los noventa, la fórmula de los estudios es más rígida que en las inmediatas décadas anteriores, una película de acción y suspenso debe tener escenas exageradas que confirmen hasta el aburrimiento la clasificación; Missión Impossible (1996) es muy buena al principio y luego bastante torpe en su desarrollo. Ha sido superada por las otras películas de la franquicia; incluso por las de John Woo (si dejamos de lado la escena de la pecera que explota y esa confusión inicial de buenos y malos tan genial; el juego de muñecas rusas de casi todas las películas que bordean de manera tan excelsa el vértigo y la ética de la niñez)

Y me detengo con una película de De Palma que disfruté muchísimo en el cine Ocean allá por los noventa, antes de que parte de la población nos convirtiéramos en zombis y ese cine Ocean fuera reemplazado por un templo evangelista. Snake Eyes (Ojos de Serpiente, 1998) tiene un comienzo espectacular, un desarrollo mediocre y un final pésimo. Hay algunas escenas parecidas a las de Doble Cuerpo, y eso sigue siendo lo mejor, esa repetición de lo mejor que agrada tanto; entre zoom in y travellings el personaje de Nicholas Cage sigue en cámara subjetiva a una misteriosa rubia.

Una de las mejores cosas del libro del filósofo argentino Domin Choi, El fin de lo nuevo, con el que comparto algunos pensamientos, es que cita a Kierkegaard, uno de mis filósofos preferidos y dice con él, que una posible felicidad es la de la repetición, quizá la única. Esto es clave.

En Mission to Mars (Misión a Marte, 2000), De Palma se dedica a chorrearle algunos planos a Kubrick (2001, Space Odissey; una película que fue señalada por la buena crítica de cine Pauline Kael, como “de un cineasta amateur” en la época de su estreno) pero la trama de ciencia ficción es poco interesante.

Zombie como somos, hemos criticado a Brian de Palma por ser un cleptómano, un descarado manipulador de materiales ajenos, que reescribe y nos hace rever ciertos films. La verdad es que ese ladrón, por lo menos, tenía buen gusto cinematográfico. Si vamos a robar, que nuestro objetivo sea digno del riesgo (la cuestión de la elección; clave para definir cualquier estrategia de adaptación y de construcción de una identidad)

Los que vaticinaban la muerte del cine lo que en realidad estaban haciendo era afirmar la muerte del autor, y elevar la figura del espectador; el espectador es el que domina ahora, y en este artículo lo que he hecho es alejarme de patio de recreo, como ejemplo, donde jugábamos los que luego nos convertimos en zombies, para demostrar que es mucho más difícil compartir figuritas con las películas que con las series, que es más fácil acercarse a la gente hoy en día con las series para charlar que para revisitar ciertas películas y ciertos autores. Cuanto más aislado viva el ser humano, más series se van a hacer y más series vamos a necesitar ver. Cuanto menos aislado esté más va a querer volver al cine, para recuperar ese lugar de diferenciación e identidad que supo ser desde que unos críticos de cine franceses, que además tenían la osadía de filmar, crearon la figura del director de cine.

Apúrense si quieren adquirir el libro de Domin Choi, que trata desde la filosofía al cine y a las series, porque la primera tirada es de 1000 ejemplares (en este blog somos casi 2500 si no me equivoco) Acaba de ser editado hace un tiempito por Libraria Ediciones:

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http://www.librariaediciones.com.ar/el-fin-de-lo-nuevo/

Si encuentran un link para comprarlo en libro electrónico sería buena que lo compartan ya que yo no lo encontré (tengo la edición impresa; pero me parece que sería bueno para los que no viven en Argentina y me están leyendo)

Aquí en Cúspide.

https://www.cuspide.com/Libro/9789873754227/El+Fin+De+Lo+Nuevo

Aquí en Gould:

https://www.gould.com.ar/cine/sobre-cine/el-fin-de-lo-nuevo-domin-choi-libraria/

Por otro lado, no puedo dejar de recomendar que lean Mi último suspiro, el libro de memorias de Luis Buñuel, tan útil para desapolliranos de tanta correción política inútil.

ETA22306

https://www.megustaleer.com/libros/mi-ultimo-suspiro/MES-001075

Y por otro lado, para ver lo capital que fue la ayuda estatal y de fundaciones en el advenimiento de ciertos cineastas lo bueno sería repasar la biografía de Polanski (y más para los que quieran preparse para el estreno de Once Upon a Time in Hollywood, la nueva película de Tarantino, y saber que Bruce Lee fue uno de los sospechosos de los crímenes de Mason, por ejemplo)

Memorias, de Roman Polasnki

9788416665877

https://www.casadellibro.com/libro-memorias/9788416665877/5420103

David Lynch por David Lynch (Lynch by Lynch, edited by Chris Rodley):

lynch por lynch

https://www.casadellibro.com/libro-david-lynch-por-david-lynch/9788489846418/630324

Editado en Argentina por El Cuenco de Plata:

https://elcuencodeplata.mitiendanube.com/cine/9789873743832/

También pueden leer de Lynch, Atrapa al pez dorado; lo esencial que hay que saber sobre él, más meditación trascendental, café oscuro y mucha azúcar para que funcione bien y rápido el cerebro zombie.

Aquí pueden leer un fragmento y también conseguirlo:

https://www.megustaleer.com.ar/libros/atrapa-el-pez-dorado/MES-013389/fragmento

por Adrián Gastón Fares. Alimenta tu zombi con Cerebros, 2019.

PD. No soy muy fan de Sherlock Holmes, pero el episodio 2 de la temporada 4, llamado El detective mentiroso es buenísimo. Y su score compuesto por David Arnold que me llevó a ella, impecable.

El camino de l@s zombis

Allá por el 2000 escribíamos esto en Imagen y Sonido. Elegí el tema de esta monografía para la materia Estética del cine (en la redacción del texto colaboraron Mariana Fernández y Gabriel Quiroga) Ya había escrito mi primera novela a los dieciocho años que se llamó ¡Suerte al zombi! (trescientas páginas en un estilo medio de novela gráfica, el cine estaba muy presente ahí) En esa época me interesaba la palabra “mood” para la que no encontraba traducción al castellano (atmósfera, pero no me llenaba) Fue antes de que existiera The Walking Dead y el resurgimiento de los zombis (jamás vi The Walking Dead, perdón) Tomemos este texto como un homenaje al recientemente fallecido George Romero, Papa de la iglesia llamada Cine de Trasnoche Independiente. Disculpen el vocabulario académico, espero que sepan que no me gusta ni medio, pero es un texto que fue escrito para una materia de la Universidad de Buenos Aires. Sigue leyendo

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Entrevista por el premio Blood Window a Gualicho.

Es la entrevista, completa, que me hicieron para la revista La Cosa como autor, guionista y director por el premio Blood Window a Gualicho. Obvio que contesté largo y tendido por e-mail y lo que quedó publicado fue muchísimo menos. No estaba claro el espacio que tenía. Ya que la escribí; la publico aquí entera. Fue una oportunidad para hablar del cine fantástico y el terror, oportunidad que pocas veces tengo (envarado por el premio como verán, hasta pensé a Darín para la película, jajaja; menos mal que no lo publicaron eso)

Por otro lado, agrego los bocetos del gran ilustrador Sebastián Cabrol, de Gabriel Quiroga y algunas fotografías para amenizar el texto. También quería destacar que el valor de los premios tiene que ver con las oportunidades de conocer a otras personas en el camino de hacer cosas. No sé si tienen otro.

“Una actitud demasiado pragmática no es productiva a la larga”, Carlo Rovelli.

Saludos, Adrián G. Fares, 26 de Febrero de 2019

(Gualicho Ganador de Opera Prima Largometraje Primer Concurso de Cine Fantástico Blood Window INCAA)

– ¿Por qué elegiste este proyecto para tu debut como director?

 Gualicho es la película que siempre quise hacer. Quería hacerla de cualquier manera, a toda costa, y eso era complicado para un proyecto de esta envergadura. Después de escribir el guión hasta llegué a hacer un storyboard en 3D con un software. Hice la casa y elegí los lentes con que filmaría. Movía muñequitos y las cámaras en la computadora de acá para allá y me llevó mucho tiempo y trabajo. Aunque más tiempo me llevó dar con el guión final.

Antes de Mundo tributo, que fue mi debut como director en un documental, un documental sobre personas que se transforman en otros, ya estaba la idea de Gualicho. Lo fui reescribiendo a través de los años y nunca perdí la fascinación inicial.

Cada vez que leo el guión de Gualicho es como si fuera a la vez el espectador. Lo disfruto. Mucho.

Para la última corrección del guión me senté a las seis de la tarde ante la computadora y cuando me di vuelta eran las nueve de la mañana del día siguiente. Se hizo de día y yo seguía ahí fascinado con Gualicho. Las horas pasaron rapidísimo. Ahí está la clave de todo.

Desde la idea inicial para llegar a la versión final de Gualicho primero tuve que cambiar yo, tuve que tener una concepción del cine, a través de la acción de estudiar, de mirar otras películas, de filmar y de vivir aventuras, me di cuenta que para una película cada párrafo, cada escena, cuenta.

No quería escribir escenas que fueran transiciones, las que están para hacer avanzar sólo la historia. Esa no es mi idea del cine.

Tuve que tener claro eso primero para saber qué clase de película será Gualicho y afianzarla. La estructura de la película es un organismo que debe desarrollarse a su manera, sin ninguna limitación más que la imaginación y las experiencias de uno.

Entrevista INCAA LA COSA. Comparto la nota con Lucila Las Heras, directora argentina del otro proyecto ganador del concurso: su película El Muglur!

Entrevista INCAA LA COSA. Comparto la nota con Lucila Las Heras, directora argentina del otro proyecto ganador del concurso: su película El Muglur!

Gualicho es un resumen de todo lo que aprendí en estos años, como estudiante, como espectador, como guionista y como realizador de cortometrajes. Fue más claro todavía que tenía una película única, original y con una historia emocionante. Siempre que cuento la historia de Gualicho en 30 segundos las personas se asombran, comienzan las preguntas, se entusiasman.

También hay pocos diálogos en la película. Prefiero un cine más visual que dialogado. Eso tiene que ver con como soy, tengo hipoacusia desde adolescente, por lo menos (por una anoxia en el momento de nacimiento) y recién fue detectada a los veinte años. Fue un largo camino el de asumir mi identidad y darme cuenta que no soy como el resto de las personas. Simplemente, no lo soy. Todos somos diferentes, pero yo tengo un plus de diferencia por mi discapacidad que sobrellevo desde los treinta años con el uso de audífonos que han tenido que ser más potentes cada vez más. Lo raro de todo esto, es que yo tenía pérdida de audición ya en la adolescencia, tal vez incluso antes, y nadie se daba cuenta. Pude reconstruir mi pasado a través de las cargadas de algún compañero, de ver cómo era yo y cómo eran los demás, remarcando que ya en la universidad, a los diecinueve años, era atendido por un otorrino, que negligentemente, no me recetó el uso de audífonos. Sé que tengo una mirada distinta que aportar al cine.

Y es ese entusiasmo inquebrantable es el que me hizo elegir Gualicho para que sea mi primer largometraje de ficción como director. Es el cine que quiero hacer y sólo pienso en hacer la mejor película posible. No tengo dudas de que así será.

Póster encargado al ilustrador Sebastián Cabrol para Gualicho (Presentación Ventana Sur Blood Window 2018)

Póster encargado al ilustrador Sebastián Cabrol para Gualicho (Presentación Ventana Sur Blood Window 2018)

– ¿Qué consejo le das a quienes tienen un proyecto y aún no se animan a participar de los concursos del INCAA?

Antes que nada uno tiene que tener un guión que lo emocione, que lo movilice, eso es seguro.

El consejo es que trabajen en la película. Un director tiene que poder escribir su propuesta estética y su visión para el resto del equipo.

Por otro lado, los concursos son oportunidades para ponerse una fecha de entrega, para que sus requisitos fomenten una producción de trabajo alrededor de tu película. Ahí saldrán las correcciones, las sinopsis, y uno empieza a ver otros aspectos como el diseño de producción, la dirección de fotografía, la de arte, vestuario, el sonido, la música, efectos especiales, maquillaje y edición.

Para todo esto el director debe tener una propuesta escrita que pueda pasar a su equipo, a partir de ahí se armará un presupuesto y los demás sabrán qué tipo de película será.

Confiar en otra persona porque el cine no es el trabajo de un solo y hablar de cómo convertir tu idea en un proyecto.

Convencer a otra persona de tu proyecto es el primer paso.

De ahí en más sólo queda trabajar mucho. Escribir, buscar imágenes para la propuesta estética, todo lo que puedas hacer por tu película. Y una vez que decidiste que esa película es para un concurso, trabajar en esa presentación y una vez que la presentaste y hasta que salga el resultado, concentrarte en otra cosa.

No nos imaginábamos que íbamos a ganar Blood Window para filmar un largometraje, nos parecía muy difícil. El nivel del jurado internacional asustaba un poco.

Sabía que había hecho por mi parte lo mejor para la presentación de Gualicho. Eso bastaba. Habíamos avanzado, igualmente en Corso Films, la productora independiente que tenemos con Leo Rosales, trabajamos en dos proyectos más a la vez para presentar a los concursos de Blood Window, un cortometraje, un desarrollo de guión para largometraje, que es probablemente lo que haga después de Gualicho.

Las presentaciones fueron un trabajo inmenso, y lo hice mientras tenía a la vez otro trabajo formal, digamos, así que fue extenuante. Pero lo hice todo con una alegría total.

Así que hay que animarse, estar atento, confiar en uno, entusiasmar a la gente y después tirarse de cabeza al concurso y seguir trabajando arduamente en otras ideas y proyectos.

En mi caso andar con un libro de notas siempre encima para largometrajes, series, para escribir relatos para mi blog, en fin, para seleccionar otras historias que se me van ocurriendo.

– Al ser un proyecto original, ¿cómo surgió la idea que se contará en tu película?

Hace diez años o más, en la casa de mis padres, mientras tomaba un café con leche un domingo, me pregunté qué pasaría si la muerte no fuera un tabú. Y más que nada, si no fuera una frontera de la que es imposible volver. ¿Qué haríamos?

Pensé que quería hacer una película que fuera una experiencia, que se sintiera como una vivencia.

Y vi a los personajes principales, los chicos y la familia entera, y sentí la fuerza que tenía Gualicho. Vi una casa de campo, y yo estaba en Lanús, donde crecí, pocas veces había visto el campo, así que iba a tener que ir al campo, otra no quedaba. Y me gusta la naturaleza así que era un aliciente.

Entreví que la adrenalina sería importante, como el tema de la familia, que ronda mis escritos, y que la comida también.

Los demás personajes fueron apareciendo con las reescrituras. Honorio por ejemplo que es tan importante en la trama. Me encantaría que fuera Ricardo Darín. Sería impactante verlo en un rol como ese.

Nunca pensé que iba a estar tantos años trabajando en ese proyecto, que iba a sacrificar tantas cosas, que iba a sufrir tanto por eso, y que iba a disfrutarlo tanto también. Tenía muchas cosas para aprender. Pero me acuerdo perfectamente de ese momento, en que pensé: esta es la historia y estos son los personajes.

– ¿Por qué elegiste una historia fantástica para contar?

De chico leía compilados de historias fantásticas que se vendían en las librerías de saldo de la avenida Corrientes, viajar para mí de Lanús al centro ya era algo fantástico.

En Lanús, hacía obras de títeres para mi hermana y una vecina. Les leía historias. Iba al cuartucho donde vivía mi tía María y escuchaba las historias de Avellaneda que me contaba. Las que me más me fascinaban eran las de fantasmas, mediums y curanderos, las que tenían una conexión con otro mundo inasible pero palpable. Mi viejo me contaba historias también increíbles. Decía que la piedra de su anillo guardaba un duende. También que enfrente de mi casa vivía un gigante. Yo me ponía en el balcón a esperarlo.

En la casa de mis padres, miraba una copia del Guernica con fascinación, leía a Clive Barker, a Stephen King, a Poe, a Wilde, Jackson, Matheson, Lovecraft, Bradbury, Le Fanu, a Agatha Christie y cualquier cosa en la que resonara la palabra misterio.

Ilustración para fondo PressBook Gualicho Ventana Sur. Diseño de Gabriel Quiroga

Ilustración para fondo PressBook Gualicho Ventana Sur. Diseño de Gabriel Quiroga

Los sábados miraba esas películas increíbles que solían pasar en la TV, recuerdo ver una de Drácula con Jack Palance y mirar la puerta de la escalera aterrado porque pensaba que una presencia iba a aparecer en cualquier momento. El palacio encantado, de Corman con Vincent Price, me volvió loco de chico. Ni hablar del final de la primera de El planeta de los simios. Espeluznantes. Igual de espeluznante me pareció The Ladies Man (El terror de las chicas), esa película donde Jerry Lewis entra en una habitación blanca y hay una mujer pantera colgando del techo ¡Cuántas pesadillas! Y en semana santa pasaban esa miniserie con Cristo que, claro, se moría y resucitaba. La corona de espinas y esa cara sangrante. Terrible. Me aterraba Cristo.

Hay tantas cosas de mi vida, de mi niñez y lo que vino después, relacionado con lo fantástico que puedo escribir muchas páginas para explicar por qué elijo lo sobrenatural.

De chico empecé a escribir. Mis primeras historias eran copias de Stephen King. Ya a los 19 años, escribí una novela-guión de trescientas páginas sobre un zombi suburbano.

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Lo fantástico irrumpe en nuestros sueños. Nadie sueña que va a trabajar, ficha, se hace un mate, después va de acá para allá, se compra la comida al mediodía, vuelve a hacerse otro mate, saluda a sus jefes, toma su paraguas y ficha otra vez. No. Soñamos cosas increíbles, inconexas y que tienen que ver con nuestra percepción de la realidad subjetiva. Que la percepción de la realidad sea subjetiva es algo fantástico.

Sin embargo, quiero aclarar que nadie hace una película a partir de un cuento de Poe, de un sueño, o de otra película, esa no es la manera de abordar el cine para mí. La experiencia lo es. La vida, las ideas surgen de esa tensión entre la ficción y lo real subjetivo que vemos y tal vez lo fantástico sea la manera natural de expresarse. Así nos expresamos mientras dormimos.

Otro boceto de Sebastián Cabrol para el póster de producción de Gualicho

Por otro lado, que existan personas que escriban, pintan o hacen música ya de por sí es algo fantástico. ¿Dos tipos que grandes que se sentaban a charlar sobre historias fantásticas como Bioy y Borges? ¿Cómo pudo ser? Un hombre que escribía como Mario Levrero ¡Qué increíble! Favio haciendo Nazareno Cruz y el Lobo. ¿Cómo fue que algo tan maravilloso ocurrió?

Walichu Another Production Poster

Walichu Another Production Poster by Gabriel Quiroga

Creo que esa tradición de lo fantástico la que elegí para aportar mi mirada en el mundo del cine porque tenemos en Latinoamérica un acervo grande de historias y de creadores de historias y lo que quiero es dar lo mejor de mí para introducir nuevas temáticas, historias y modos de contarlas, respetando a los intrépidos que se han sumergido en este género a través de cualquier medio y haciéndoles un guiño para llevarlo más allá, para que el espectador siga contando historias fantásticas con el aporte que puede llegar a hacer el cine, un medio tan poderoso, a la creación de una identidad.

Y lo que más me importa son las historias, las experiencias que logran crear, y ese mundo entrevisto un día, ficticio, que te lleva a esa fascinación de verlo traducirse a la realidad a través de un lente.

Mi biblioteca

Mi biblioteca

 

Entrevista revista La Cosa, Adrián Gastón Fares, Octubre de 2017 por el premio Producción Largometraje inédito de ficción Blood Window a Gualicho (Walichu), de la que soy único autor, guionista y director.

Más información sobre Gualicho:

http://www.corsofilms.com/press

También puede leer Kong, acabo de actualizar el Índice, por ahora, ha llegado a su fin esta novela corta fantástica de ciencia ficción:

Kong, completa.

Último capítulo de Kong:

https://adriangastonfares.com/2019/02/06/kong-el-final/

 

Portada Revista La Cosa en la que salió la nota a los ganadores de Blood Window

Portada Revista La Cosa en la que salió la nota a los ganadores de Blood Window

Entrevista sobre la creación de un documental: Mundo tributo.

Una entrevista que me hizo la crítica de cine Blanca López sobre Mundo tributo, el documental sobre música, independiente, que recorrió tantos caminos. Actualmente se emite en Cine.ar y está disponible en Filmin.

Génesis del documental: ¿por qué lo hice?

Después de trabajar en productoras de cine, y en películas como La Antena, tenía ganas de hacer algo por mi cuenta. Conocí a Leo Rosales en una posproductora y siempre decíamos de hacer radio, crear una página web para expresarnos o filmar algo.

Me llevaron a ver al Doctor Queen en el teatro Roma de Avellaneda (si mal no recuerdo). Me asombró la reacción de la gente. Al otro día llegué al pequeño edificio en Nuñez donde se posproducía La Antena, una de las pocas películas de ciencia ficción argentinas, en la que trabajaba como compositor digital de efectos especiales, y dije que había visto algo que era digno de filmar. Más adelante, le comenté a Leo Rosales que quería hacer una película de ficción sobre un cantante de una banda tributo a Queen. Con Leo convenimos en que nuestras posibilidades de realización estaban más cerca del documental en ese momento que de la ficción. Vimos que había un documental ahí y decidimos viajar a Mar del Plata para filmar al Freddie Mercury de Jorge Busetto y estructurar mejor la línea dramática-narrativa de Mundo tributo. Nunca me voy a olvidar del día que encontramos el final adecuado. Y con Leo Rosales hasta pensamos e hicimos el afiche original.

mundo tributo adrian fares leo rosales.jpg

¿Qué me llamó la atención del tema?

No podíamos creer que hubiera tantas bandas tributo. Para nosotros, que nos gustaba la música, era muy raro, ya que después de trabajar en mi casa (hicimos la posproducción del documental Cartoneros, de Ernesto Livon-Grosman) agarrábamos una guitarra y tocábamos. Pero hacíamos temas nuestros, que nos salían o que habíamos zapeado de adolescentes. Qué músicos con talento se dedicaran a armar tributos nos preocupaba. Así que decidimos sondear el tema, investigar, y con un diseño de producción que armábamos día a día, de pronto estábamos metido en la movida del tributo. Entonces sí: ¿Por qué hay tantas bandas tributo? ¿Por qué no tocan sus temas? ¿Por qué se disfrazan como ellos? Creo que los temas que me gusta tocar, no importa el género, son la identidad (leo mucha ciencia y la aplico en lo que hago inconscientemente a veces) y también la familia.

En un documental de creación como Mundo tributo rozamos los dos. También vi F for Fake, de Orson Welles, y eso fue una referencia. Al igual que This is Spinal Tap. Desde hace 2000 mil años que nos venimos preguntando si en el arte es más importante la mímesis que la diégesis. Aristóteles decía que el arte imita la vida y Platón que el arte debía apuntar a Lo Ideal, porque si no estaríamos haciendo una copia de una copia.

¿Las bandas tributo copian o recrean a su manera el material que les gusta? Como dice Martín Aragón en el documental, y esto me parece clave: Si los Beatles hubieran participado en nuestro concurso (el de la Semana Beatle del Cavern Club Argentina) no hubieran ganado. Los Beatles eran desprolijos en vivo, las bandas tributo que concursan aquí son mejores.

¿Por qué un documental?

Te repito la idea era hacer una ficción. Pero nos dimos cuenta que era más viable hacer un documental y que así íbamos a descubrir cosas en vez de presuponer. La idea también era filmar grupos en vivo, no importaba cuáles, estar cerca de la música. En ese tiempo íbamos a una sala de ensayo de una banda real, Cielo Final, de Mataderos y filmábamos lo que ellos hacían y algunos de sus recitales, hasta uno con el cantante de La Renga. Leo Rosales los había descubierto y me arrastró a sus ensayos. Así que veíamos las dos puntas, la de las bandas tributo y las de las bandas con repertorio propio que tenían un público chico que los seguía. El mundo tributo tiene más glamour, el otro es más trash. También en los músicos que tocan lo suyo hay más asuntos ligados al ego.

¿Cuánto tiempo nos llevó? ¿Cómo la financiaron?

Lo hicimos más o menos en un año. La filmación fue rápida, fines del 2006 y verano de 2007. Una de las tantas vacaciones que sacrifiqué por hacer lo que me gusta. Entre septiembre de 2006 y fin de ese año salíamos varias veces a la semana a filmar. Después nos sacamos un boleto en tren, el más barato que conseguimos, para Mar del Plata, y en Enero de 2007  filmamos a Busetto (Doctor Queen) Fue seguirlo a todos lados. Ya teníamos la estructura de la película más clara. Pero después estuvimos meses editando. Recuerdo que la mandamos al BAFICI del 2007, un armado sin terminar, ya que nuestro desconocimiento de los festivales era muy obvio, y claro, no quedó. Estuvimos días sin dormir para llegar a esa meta. Pero todo lo que avanzamos en edición nos sirvió para tenerla lista para mitad del 2007, ya con la música de Kabusacki, y ahí dijimos, la mostramos nosotros, busquemos un lugar para exhibirla para amigos, participantes y gente de prensa a los que alcanzamos con un lista que nos había pasado una chica. Así que mandábamos cartas a todos lados con una postal con la bota de Mundo tributo y la fecha del estreno en el Cavern Club, lugar donde fueron generosos y nos dieron, alquilando un proyector, una hora y media para pasar la película.

Lo financiamos cien por ciento nosotros. Eran otros tiempos y llegamos a quedarnos sin espacio físico en la computadora así que estuvimos parados hasta poder comprar un disco rígido externo. Recién salía el HD. Las computadoras comunes que teníamos apenas podían con el material así que editarlo fue todo un logro. Invertí la poca plata que gané posproduciendo Cartoneros para comprar una mejor placa de video. Leo pude comprar el disco rígido. Hubo dos camarógrafos amigos que nos ayudaron a hacer de tercera cámara en los recitales más grandes (Gran Rex, etc.) Mi abuela me había dado plata para comprarme una cámara, sin esa cámara creo que no hubiéramos hecho Mundo tributo. Era una Sony HC1 y tenía un audio excelente, una cámara muy versátil. Todo lo de Busetto lo filmamos solamente Leo y yo en Mar del Plata, él con su cámara y yo con la HC1. Descubrí que podía ser un buen camarógrafo y Leo también. A Leo lo bancó la esposa en ese tiempo. No teníamos ingresos y apenas vivíamos con los trabajitos temporales que sacábamos.  Leo la tenía clara con la edición de sonido, de hecho es un gran editor de imagen y de sonido también ahora, hizo un trabajo buenísimo con el audio que teníamos. Yo había practicado Corrección de Color para Cartoneros y con ese conocimiento hice toda la corrección de la película. Mundo tributo llevó tiempo y muchísimo trabajo, tanto de filmación, físico y mental, como de posproducción, pero no gastamos en ella, aunque para nosotros sí eran gastos. Por eso recomiendo a todos los realizadores independientes que hagan bastante ejercicio físico.

¿Cuáles son los incentivos o los problemas de estrenar un documental en Argentina? ¿Y cuál es el recorrido que hace?

Al estreno en el Cavern Club vinieron amigos y no sabíamos que otras personas, porque habíamos mandado cartas a varios lugares. A la semana nos escribe Alejandro Seselovsky de la Rolling Stone diciendo que había disfrutado el documental y que escribiría sobre el mismo. En la página de estrenos la película sale junto a El libro negro y XXY, de Puenzo, los tres estrenos rescatados ese mes.  Obvio que Mundo tributo no tenía fecha de estreno ni nada. Así que fue una locura de él hacer esa nota y ponerla ahí. Creo que así es la prensa cuando es independiente. Cayeron de muchos lugares a hacernos notas y nos pidieron la película para proyectarla en un ciclo de la revista Haciendo Cine, luego quedó seleccionada en el MARFICI y volvimos a viajar a Mar del  Plata, esta vez con todo pago, para el estreno oficial, digamos, en festivales. Al año próximo, nos dirigimos al BAFICI, escribimos una carta que decía que habíamos terminado la película, que nos perdonen por mandar algo sin terminar el año anterior y por favor la tuvieran en cuenta, y quedó seleccionada en el BAFICI 2008. Funciones llenas. Una lástima que la del Centro Cultural Rojas se cortó la luz antes de la mitad de la película.

De ahí, se nos acercaron para saber de nuestros proyectos gente de Costa Films y nos llamó una mujer de Francia para programarla en la Cinemateca de la Ciudad Universitaria Argentina en París. Seguimos mandando la película a festivales, y estuvo en muchísimos, por nombrar algunos, FICCO DF, BOSTON LATINO, FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA HABANA, IN EDIT SANTIAGO / IN EDIT RIO DE JANEIRO Y SAN PABLO, FESTIVAL INTERNACIONAL DE ROSARIO, CINE TONALÁ BOGOTA, y ahora estará se verá, por excepción única del director del festival, en la India, en Competencia Internacional. En Brasil, se interesó MTV, que en ese entonces era del grupo Abril, y programaron la película por única vez en un ciclo de los mejores documentales musicales. Claro que gratis, no nos pagaron ni un centavo. En Córdoba nos la pidieron de un Cineclub y así… También estuvo en Espacios INCAA, lo que siempre nos pareció un chiste porque no recibimos apoyo del Instituto de Cine en nada. La última proyección fue en el marco del IV Laboratorio Internacional de Guión en Colombia, en el hotel colonial Mariscal Robledo, Antioquia, un lugar mágico y una proyección mágica, con 24 guionistas becados de toda Iberoamérica. Era la primera vez que yo salía de Argentina (aparte de Uruguay, claro) Mundo tributo les encantó.

Así que el incentivo es poder hacer lo que uno quiere sin tantas vueltas. ¿Querés hacer una película? Bueno, la hacés, día a día. Trabajas, creas, la grabas, la vas editando. Es único. Hoy en día, por los altos costos, para realizadores como nosotros para todo parece que tenés que aplicar a fondos, a concursos, etc. Eso hace que estés varios años incubando un proyecto y te aleja del cine en sí. El cine es hacer y es un arte, también es una industria, y está muy bien que así sea y genere trabajo y los técnicos y artistas mejoren, pero el cine como industria te paraliza. Después, cuando te va bien, la gente se acerca, quieren saber si tenés contactos, cómo hiciste para llegar acá y allá. Al principio pensás que es para ayudarte a hacer otra película, pero no es así, lo que les interesa es saber si vos tenés contactos. Y nosotros no teníamos ni un contacto ni nada, toda la distribución fue un enorme esfuerzo y trabajo que sigue hasta hoy en día.

La contra es que nadie te va a llamar para hacer otro documental o película porque vos hayas hecho uno que claramente se destacó. La vas a tener que remar otra vez. Por mi experiencia hasta ahora, nadie pone un peso para hacer una película si no es a través de los subsidios del INCAA.

Lo ideal sería que haya una política al respecto y se fijen las películas que llaman la atención y les den oportunidades a los creadores y directores de las mismas, pero eso no pasa.

De cualquier manera, el INCAA está controlado por los productores, tristemente, al día de la fecha es una verdulería de los productores poderosos (que supuestamente hacen cine independiente). El INCAA debería apoyar a los directores y a los escritores, no sólo a los productores. Es un grave error suponer que existe una industria donde no la hay; por eso el cine argentino se estancó totalmente desde hace años. Los cineastas hoy en día implícitamente son a la vez productores (empezamos a escribir el guión sin dinero, sin encargo, como en mi caso con Gualicho) y yo creo que lo comercial está incorporado ya en la mirada de cualquiera que haga cine, porque el género ha ganado terreno en la mente de los escritores y directores (esa intención del creador, no implica que exista una industria donde no la hay, por lo tanto apoyar al productor solamente es un grave pero grave error, una estafa al creador, que también desde el inicio es claramente un productor)

Otra cosa es que cuando sos joven y recibís atención por lo que hacés, y no tenés un entorno que canalice esa atención, uno puede creer que pueda hacer cosas que no puede hacer, y te das contra la pared intentando hacer una ficción, por ejemplo. Entonces sí no hay una  estructura que sostenga al cineasta independiente después de haber hecho la primera película, invirtiendo tiempo, que es plata; así el cine independiente no funciona. Es triste, pero es una realidad, por lo menos en nuestro país. Si vos hacés una película con nada, es para demostrar lo que hacés y poder hacer otra película en mejores condiciones, y no tener que estar dependiendo de tu abuela, por ejemplo. No va a vivir para siempre.

Otro tema es la prensa. En general, los críticos de cine no publican notas de películas independientes y el cine parece ser una cuestión de clase social, es algo bastante horrible, pero es así. Si una institución presiona y ubica a sus directores, los críticos publicaran cosas sobre esos directores. Si no, es una cuestión ética de ellos evaluar si la película vale la pena o no.

Así que si lo hiciste a pulmón, como se dice, no vas a tener un estreno comercial, en general…, y la clara ventaja es que una película que no se estrena, que no tiene carteles en la calle ni publicidad en los diarios, que no tiene una institución que te apoya (porque nosotros estudiamos Diseño de Imagen y Sonido y esa carrera de la Universidad de Buenos Aires no hace nada por sus estudiantes una vez egresados) y si su tema es siempre actual, tenés una audiencia potencial que no la conoce, que no la pudo ver, y la película se va convirtiendo en una de culto.

Aún así, el cine lleva tiempo, las cosas maduran en uno, las historias se desarrollan, uno gana experiencia y hoy en día tenemos muchos proyectos, a los que le tenemos muchísima fe, que, de alguna manera u otra, vamos a realizar.

Entrevista a Adrián Gastón Fares por Blanca López.

Más información sobre mis proyectos cinematográficos:

http://www.corsofilms.com/press

 

Los extraños frutos del bosque: Sue Hubbell y el country noir.

Mientras leo sobre cine independiente, cine subsidiado, cine comercial, cine de calidad y preparo un necesario y contundente artículo, se me ocurrió relacionar el country noir (la ficción narrativa audiovisual que habita en la ciudad pero crece en el campo) con cierto libro que cayó en mis manos, a veces digitales.

Sue Hubbell es (ya verán porqué no me apresuro a decir fue) una escritora norteamericana especializada en el género nature writing o escritura de la naturaleza.

Mientras leía el libro de Hubbell (Un año en los bosques, en castellano, A country year, en inglés), una crónica de su vida en el bosque en la región de Ozark (medioeste de los Estados Unidos) me asaltó una duda. No conocía a Hubbell, su libro está emplazado en el bosque de los Ozarks, donde la escritora se dedicaba a la apicultura (y practicaba con su sobrino una técnica para convertirlo en un superhéroe de las picaduras de abejas; dejaba que una lo picara, luego dos, y más, progresivamente, para insensibilizarlo al veneno) y a asombrarse por las ranas pegadas a su gran ventana, las arañas y serpientes de su granero, y otros descubrimientos dignos de mención de la naturaleza tuve una duda, esta mujer ¿seguía viva? (no había visto la fecha de publicación del libro, me adentré en sus páginas conservando mi virginidad de lector, no adrede sino de casualidad)

Constaté que Hubbell había muerto en 2018, el año pasado. Como no figuraba la causa de su muerte en  Wikipedia seguí investigando. Resulta que Sue Hubbell murió de demencia según otro artículo. Una enfermedad que por sí sola no causa la muerte y cuya definición está en continuo cambio desde la época de, por lo menos, los filósofos cínicos en Occidente. Sus consecuencias desencadenan óbitos, ciertamente, como el caso de Hubbell, que apareció un día perdida en el medio del bosque, sin saber cómo se encontraba allí, pero viva y que luego decidió practicar una forma de suicidio bastante común como la de dejar de alimentarse (ya en la casa de su hijo) hasta la desaparición.

En el medio de la naturaleza, sin la necesidad de señales digitales, y rozando el manifiesto a favor de este tipo de vida verde, yo había pensado mientras leía Un año en los bosques, que no había maneras de precisar la época en qué fue escrito. Los índices eran pocos. Y de noche uno es menos exigente con lo leído que con uno mismo.

El descubrimiento de que la mujer que tan encantadora vida había tenido en la naturaleza, libre de emanaciones tóxicas y comiendo alimentos que ella misma cosechaba, decantó en la locura (¿Qué es la locura?; la demencia ciertamente no puede relacionarse con su causa de muerte; por lo mismo, ni loco aquí me pondré a analizar esas etiquetas que lastiman a las personas que las llevan puestas) me hizo recordar que la serie de suspenso que estoy mirando True detective, temporada 3, está ambientada en los Ozark, así como otras muchas series, me indican en Internet, que nunca vi ni veré (no se puede mirar todo; ya lo dijo Godard del cine; imagínense con las series). Estas series son etiquetadas dentro del ya madurado género country noir (supongo que sus orígenes están más claros en la conocida serie de David Lynch)

Pero sigamos con Sue en el bosque. Su brújula mental estropeada, su bello suicidio (no es suicidio dejar de alimentarse; parece ser una protesta al tedio de estar vivo pero lo escribo así porque a su hijo le pareció apropiada esta historia sobre su fin) puede relacionarse con las series negras (noir) emplazadas en el campo, en las inmediaciones del lugar donde ella tenía su cabaña. Después de todo, los árboles siempre han sido testigos mudos de asesinatos, desencuentros, perversiones, amores clandestinos, sueños idealistas, ambiciones, entre otras actividades que definen al ser humano como el animal más turbio que existe.

Los árboles saben, los árboles cuentan, el viento que mueve sus hojas también nos confunde, nos inspira y perturba los sentidos; tal vez por eso, y por esas ganas impúdicas de volver a la naturaleza entre la selva de señales digitales en que estamos viviendo, donde la vida verde ya nunca será lo que fue, proliferan tantas ficciones que tienen un pie en el campo y otro en las formas de la muerte. Los enormes saltos temporales en la narración audiovisual, que antes no se usaban tanto y ahora sí, tal vez indiquen que la humanidad se quiere alejar de los pastos altos para mirarlos con el ojo de la renovada ciencia de la mente (y de las mentes).

Esa tensión entre querer acercarse a lo que alguna vez fue la naturaleza desde los escalones de barro del pensamiento actual está dando frutos de irregulares, y llamativas, formas. Y parece ser que los Ozark, esa región montañosa estadounidense, es uno de los lugares donde suelen recolectarse.

 

por Adrián Gastón Fares, 18 de Febrero de 2019.

Nota: Lean a Sue Hubbell, y no dejen de leer el primer cuento del libro La profundidad del mar amarillo (2006) de Nic Pizzolatto, escritor y creador de la serie True Detective.

Otra nota: Acercarse, aunque sea sin intención, a la erudición en la actualidad está, ciertamente, de más.