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Si escribes terror, pide perdón.

Hace tiempo que quiero escribir un poco sobre un tema. Y es la conflictiva relación entre el psicoanálisis y el género de terror.

Si, oh querido lector eres psicóloga, psicóloga, o psiquiatra, no te sientas mal por lo que vas a leer a continuación. Hay profesionales de la salud que son buenos. No quiero armar lío con esto ni hacer sentir mal a nadie como Freud hizo sentir mal a Richard Matheson.

Y de eso se tratan estas escuetas líneas. ¿Por qué un escritor como Matheson tenía que pedir perdón como escritor de terror? Incluso pasarse a escribir cosas más espirituales. La pregunta anterior léanla con el tono de George en Seinfeld al preguntar algo en la cafetería.

Mi hipótesis es que el psicoanálisis casi destruye al terror en la mitad del siglo XX.

Admito que es una hipótesis floja y que no voy a comprobar para nada en la exposición que hago ahora. Pero es un pensamiento, una idea, que cada tanto vuelve a mí (las veces que a Tarantino le preguntan ¿por qué tanta sangre? y tiene que detener la entrevista…)

En la introducción de 1989 de Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznantes, un libro de cuentos de su autoría, Matheson dice:

No pretendo que esta introducción a mis cuentos escogidos sea una especie de confesión que deje mi alma al desnudo ni un sesudo análisis psicológico de mi personalidad.

Y entonces Matheson suspende el inicio de sus cuentos por unas cuantas hojas con una serie de explicaciones de por qué se le ocurrieron unos relatos de terror. Sigue y dice:

Con la imprescindible ayuda de un psiquiatra competente podría repasar los cuentos de esta colección y entresacar de cada uno el motivo subyacente que me impulsó a escribirlo y lo que revela de mi personalidad de aquel momento.

Y luego:

Desde el punto de vista de la psiquiatría, la paranoia es un trastorno mental que se caracteriza por delirios sistemáticos y por la proyección de conflictos internos en una supuesta hostilidad por parte de los demás. Es una descripción esquemática y precisa del grueso de mi trabajo en estos cuentos.

Y explica luego en un tono más o menos amedrentado cómo fue escribiendo cuentos de terror para expresar la hostilidad que el “mundo real” generaba en el hijo de una familia de inmigrantes. Analiza hasta su matrimonio, y ve todos sus cuentos a través del prisma del psicoanálisis o peor aún del Manual de Trastornos de los psiquiatras. El DSM, que en realidad fue construido, según tengo entendido, copiando el aporte de un psicólogo de la conducta, Robert Hare, que investigó la psicopatía (personas con un trastorno de la personalidad que antes eran llamados simplemente “malas personas”; está claro que todos no son Hannibal Lecter)

Matheson termina diciendo que él es Don Paranoias (un escritor donde la paranoia es muy escasa, comparada con otros autores de ciencia ficción que parecían verdaderamente locos, en el sentido más superficial de la palabra)

Parece como que Matheson antes de dar el paso a escribir algo más espiritual, o constructivo si quieren, según debía ser su punto de vista en esa época, como es Más alla de los sueños (1978), que luego fue llevada al cine, como la mayor parte de lo que escribió, se critica a sí mismo por escribir cuentos de terror y expresa que no deben creer mucho en él, ni esperar mucho de su última novela, porque después de todo, sigue siendo un paranoico, Don Paranoias. Así termina su Introducción de 1989 al libro de cuentos citado.

Leí las novelas de Richard Matheson, y algunos de sus cuentos, y me parecen más o menos construcciones de la imaginación, más o menos las mismas que dieron nacimiento a la psicología y al psicoanálisis y no a la inversa. Me parece que El hombre menguante, una novela de terror y ciencia ficción, ilumina a la “discapacidad”, por ejemplo (especialmente en la escena con la mujer pequeña del circo) de una manera que ningún psicólogo ha podido hacerlo. Por otro lado, el aporte de Matheson como guionista es notorio, no hay más que mirar su versión de La caída de la casa Usher (guionada por él para Roger Corman) para apreciar cómo le da resonancia a una historia difícil de adaptar al cine.

El prurito de Matheson con el terror no parece compartido por uno de sus acólitos más famosos, Stephen King, que supera tranquilamente las preguntas de por qué escribe terror y hace chistes con el tema y dice, por ejemplo, a la prensa (creando un microcuento excelente, de paso):

Yo tengo el corazón de un niño pequeño. Está en un frasco de vidrio sobre mi escritorio.

Pero es un chiste y un psicólogo levantará la mano para opinar alguna cosa, supongo.

Sigamos, mejor con:

El ente (1982), esa película basada en un libro de Frank de Felitta. La vi de chico y no recuerdo lo censurada que estaría (tiene desnudos y escenas eróticas) pero la película no da ningún miedo (creo que a Scorsese le gusta mucho porque conceptualmente está más que bien). Lo que da miedo, y no parece ser un chiste, es como tratan los médicos (creo que son psicólogos o psiquiatras) a la protagonista. Hacen algo que es echarle la culpa a ella del problema. Y explican que no puede ser que un fantasma violento la esté atacando, según ellos, claro, ella está inventando todo, incluso los abusos que sufrió de chica por un ex novio y por su padre.

Esta actitud es la que critica Alice Miller (una psicóloga especializada en el maltrato) en su libro El cuerpo nunca miente. Allí Miller acusa a Freud de haber predestinado a Virginia Woolf. Dice que su suicidio fue una consecuencia de que el arribo del psicoanálisis la hizo sentir culpable por los abusos que sufrió de chica en vez de hacer que pudiera enfrentarlos (según Miller los abusos que sufrió Woolf no fueron aceptados por su psicoanalista que los hizo pasar por deseos inconscientes de ella) Más o menos como lo que ocurre en El ente, con los seres que realmente dan más miedo que el fantasma violento al que no aceptan: los profesionales que intentan ayudarla.

Ahora bien, se hace tan insoportable el tema del psicoanálisis leyéndolo todo, interpretándolo todo, como si no hubiera otro marco de referencia, especialmente para el arte, que un crítico termina en 2021 una crítica a una serie con las siguientes palabras (Crítica publicada en La nación de La maldición de Bly Manor).

Los primeros episodios se mueven a un ritmo letárgico y abusan del recurso de la aparición del espectro en el espejo, tras la protagonista, junto con un golpe en la banda sonora. Importa menos el horror que la escenificación del deseo de los protagonistas, eso que el psicoanálisis también llama el fantasma.

Estudié Cine en la Universidad de Buenos Aires así que valoro a veces un poco la lectura psicoanalítica (de hecho escribí un corto sobre el tema del “fantasma” en Lacan, que se llama La venta; un trabajo para la facultad y ¡me saqué un diez y todo!) pero no deja de sorprenderme como un proceso tan misterioso como la producción de arte puede ser reducida tan miserablemente a una fórmula interpretativa.

En lo demás hay que decir que la crítica es bastante justa con la serie.

Cansa tanta lectura psicoanalítica, poco creativa, de todo, y es hora de que los que hicieron mal con un discurso dominante que parece haber subyugado a medio mundo durante tantos años reflexionen un poco.

Me parece que es hora que los que pidan perdón son algunos psicólogos y psicólogas.

O que por lo menos sean sinceros cuando no pueden comprender algo, y que no usen el cajón de herramientas oxidadas, sino el corazón.

PD: Y la inteligencia creativa.

PD 2: Y lean los cuentos del gran Richard Matheson y más que nada sus novelas. Don Paranoias era un genio.

por Adrián Gastón Fares.

Escena de The entity (El ente) dirigida por Sidney J. Furie.

Los tendederos, reseña de Javier Burdalo.

 

Cuenta Javier Burdalo, sobre mi libro de cuentos Los tendederos. Es la segunda parte de su lectura y reseña sobre Los tendederos.

Pueden bajar y leer mi libro de cuentos Los tendederos en libro electrónico de manera gratuita (PC, Kindle, teléfono -smartphone) desde aquí):

Los tendederos, Adrián Gastón Fares (descargar)

Una amable lectura y reseña como verán:

Según Javier:

Si aún no lo han hecho, intérnense en el universo paraficticio, fantástico y espeluznante de LOS TENDEDEROS, libro de cuentos del argentino Adrián Gastón, que nos ofrece gratuitamente pinchando aquí.

No se arrepentirán, es más, como sangre para vampiro, pedirán otros…

Una breve reseña de los relatos del 10 al 18:

MADRASTRA  (Page 43): repetido como un mantra “Si uno llega, el otro parte“, relata la angustiosa felicidad que trae el nacimiento, junto a la tristeza natural de la muerte, procesos rodeados en este caso por animalidad sanguínea y brutal, y un ambiente de educación y profesorado… Desestabilizador.  

EL ANIMAL SUMERGIDO  (Page 46): cuando se juntan divorcio, custodia compartida, orcas asesinas y sacrificio de animales, nada puede ser dulce, ni etéreo; en todo caso la nada, pero una nada con pesadumbre y dolor.

NO TE DEMORES  (Page 49): una madre intenta salvar a su hija de una horda de seres extraños, que quieren a la niña con intenciones entre místicas y perversas, no del todo claras, pero parece que las prisas añaden la tensión necesaria para que todo sea una huida desesperada. “Donde no puedan amar, no se demoren“. Nervioso frenesí.

LA MUJER QUE CONOCIMOS  (Page 52): brujería y sexualidad pegajosa en una historia donde el tabú y el engaño juegan su papel, y también el incesto, y los deseos ocultos de jornadas de trabajo físico y mental, con toques caribeños y animalidad femenina por doquier.

LA ZOMBIADA  (Page 55): en tono de comedia Gastón describe un mundo donde el zombi es normalizado, y en su crítica, a un mundo cada vez mas zombi, se auto parodia incluyéndose en el relato para “culparse” a uno mismo de lo “muerto-en-vida” que podemos llegar a estar. A la par, se adelanta en el tiempo al último film de Jim Jarmusch, The dead don’t die (2019).

LA NENA DE LOS VELORIOS  (Page 60): unas sencillas lentillas, en apariencia para solucionar problemas de visión y adaptación al medio en que vivimos, pueden convertirse en el terror cotidiano de la No Inclusión, desvirtuar el día a día y hacernos sufrir más de la cuenta, tanto por lo que, en este caso, vemos, como por lo que ya no veremos más.

MUERTOS QUE GRITAN  (Page 65): impregnado del universo de Tim Burton en Bitelchus (1988), la vida ordinaria de unos No Muertos se desarrolla como la de los vivos, con sus apreciaciones y rituales en la rutina diaria: “La verdad es rápida. Transitarla, no. Ni siquiera para un fantasma“, humor negro elevado a varias potencias.

LA MÁS BUENA   (Page 72): en este relato lo que provoca desconcierto es no saber, no saber aún, o saber que no se va a saber nunca, la identidad sexual de alguien. En tiempos de abuso de las llamadas “normalizaciones” el autor opta por el desconcierto, no exento de misterio y encanto.

DE HOTELES BARATOS (Page 76): aquí el autor, no se oculta de sus lectores, desnuda parte de su biografía para mostrar como el imaginario cinematográfico le salva del “silencio”, y del pánico mental que esa ausencia puede llegar a provocarle y provocarnos. Gracias Gastón por incluirte e informarnos de nuestros miedos desde dentro. Pero no todo es negativo, el personaje-autor llega en ese buceo a los símbolos, y reflexiona para nosotros: “Lo único que equilibra nuestras intenciones con la fuerza de la naturaleza son los símbolos. Eso es hermoso, pensaba Gastón” . Una de las muchas reflexiones profundas y de interés que tiene la escritura de Adrián Gastón.

Continuará… ¡Disfruten si pueden!

por Javier Burdalo.

 

Enlace al blog de Javier Burdalo sobre Los tendederos

Por otro lado, estuve haciendo una recopilación, un Índice de mis Poemas publicados en este blog.

Pueden seguir este enlace para leerlos en órden descronológico:

Poemas de Adrián Gastón Fares

Saludos,

Adrián Gastón Fares

adriangastonfares.com

corsofilms.com/press

 

Historias cruzadas

Expiación, deseo y pecado (Atonement):

No leí la novela de McEwan, pero el final de la película me parece un error. Hubiera estado bien si el guionista dejaba sutiles rastros que nos permitieran ir adivinando con cierta seguridad el desenlace. Los rasgos no están o son demasiado sutiles. El plano secuencia demasiado plano secuencia. Ya todos sabemos que algunas historias de amor viven en la imaginación. Qué aporta ese plano final al entendimiento humano sobre las pasiones. ¿Para qué escribió Chéjov? ¿Para qué filmó Bergman? Los temas y su desarrollo deberían abordar de lleno algunos asuntos, jugar alguna pulseada con la realidad y con las personas. Lo demás es entretenimiento para descansar al llegar del trabajo.

Igual que:

La joven vida de Juno (Juno)

La película está llena de estereotipos y tópicos transitados. Al principio rescato las ganas de convertir a la misma Juno en algo más que una adolescente tipo (las ganas de cargar en las espaldas de Juno algo más que su propia historia). Hace un tiempo pensé que el cine estilo hollywood podía seguir siendo interesante con las nuevas comedias. Ahora una comedia como ésta llega al Oscar (lo que podría ser una buena noticia, si no fuera el tipo de película que te pasan en la secundaria) ¡La madre suplente! ¡El esposo! La misma Juno es tan segura en su idiotez que da miedo. Me quedo con la otra -Supercool- donde también actuaba ese flaquito desgarbado y también me quedo con Knocked up) En el cine el humor satírico trabaja para que todo siga siendo como es. Cuando usan bien el humor los yanquis son iconoclastas, crueles, corrosivos, de Mark Twain a Philip Roth, la sátira yanqui es certera y está del lado de los personajes patéticos. En cambio, en el cine y en algunas series, se trata de personajes graciosos, que dicen o hacen (como en los Simpsons) muchas cosas ocurrentes y divertidas (más o menos lo que hacemos cuando estamos con amigos en una casa o en un bar, supongo que un poco gracias a estas películas y a esas series) Cabe aclarar que Jason Reitman es canadiense (hijo de Ivan Reitman, el director de Cazafantasmas) pero estudió y se formó en California.

Para no perder más tiempo con las novedades:

No vi Petróleo Sangriento pero esperemos que no sea una historia de vidas cruzadas porque:

Las historias de vidas cruzadas son redundantes (me pasé como cinco años tratando de encontrar Boogie Nights. Mejor hubiera sido no encontrarla) Desconfío de las historias corales en el cine (evitar Paul Haggis; y recordar la primera parte de Amores perros). Correctas para pasar el cepillo a pelo.

Sí me pareció una buena película Embriagado de amor.

Una suerte afín corren las historias cruzadas en los libros. No me parece interesante Manhattan Transfer y luché bastante con Vértice, de Gustavo Ferreyra. Aunque rescato las mañas de este escritor que hacen que sea más feliz leer esta novela. La mejor novela de Saer tiene que ser una historia coral (Cicatrices), hay dos personajes inolvidables, pero ¿de qué trata esta novela? ¿No pierde fuerza el tema con la multiplicación de protagonistas?

Lo mismo Short cuts de Robert Alman-Carver, también con personajes inolvidables.

Las formas vacías o las formas que se miran en el espejo de las formas son innecesarias. Lo peor de estas historias es que ejercen una intensidad desbocada, estéril. Los ejemplos lejanos. ¿No es mucho mejor El idiota que Los hermanos Karamasov?. Los ejemplos cercanos son más prácticos. Suburbia, dirigida por Richard Linklater y basada en el guión de la obra de Eric Bogosian, es mucho menos intensa que Magnolia y mucho más contundente. De a poco nos revela que en realidad el único protagonista es Jeff (Giovanni Ribisi) Suburbia, entre otras cosas, apunta a la influencia que tiene la ficción en las aspiraciones de las personas (en verdad, tema bastante universal)

También me quedo con Little Children, de Todd Field, aunque de entrada es más la historia de los amantes que del resto de los personajes (ese personaje que se queda mirando el partido en vez de escaparse con su amante: ¿no es la continuación del Jeff de Giovanni Ribisi? Ahora lo tiene todo, pero siempre hay algo que falta, porque desde el principio hubo algo que faltaba). La que también me gustó mucho es Nine Souls -excepción a la regla: es una historia coral algo alejada del realismo, que reanuda el tema del destino de unos presos que logran escapar de una prisión- del japonés Toshiaki Toyoda.

Adrián Fares