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Entrevista radial por el premio a Gualicho y el problema con el INCAA (y el Ministerio de Cultura que no se hace cargo)

Hace unas semanas, luego de esta entrevista, una empleada del INCAA se tomó el trabajo de llamarme para dejarme en claro que aún con un permiso del Instituto yo no podía ver el expediente de la película que desarrollé desde cero. Pero no fue solo eso, si no que se desquitó conmigo de sus problemas personales y me dio a entender que no existo como ser humano ante el INCAA, etc. etc. Estamos hablando del Instituto de Cine Argentino.

Puedo filmar Gualicho cuando quiera con quién quiera, eso está claro, pero el premio se devaluó y jamás cobré un peso por mí trabajo (pero lo que más me preocupa es que si el INCAA hubiera actuado bien otro productor hubiera hecho la película y yo no estaría escribiendo esto)

Parece que seguimos igual en este país, que cada vez entiendo menos y menos, más teniendo en cuenta las cosas que me tocaron vivir.

Cómo habrán entendido si leyeron Seré nada, Argentina es cada vez menos mi hogar, cada vez me representa menos y me considero más italiano (mi madre es italiana) que Argentino.

Querer un país en el que se sufre tanto es un masoquismo que no me voy a regalar.

Los que conozcan mí historia y sean empáticos (y puedan ponerse en el zapato de los demás) sabrán lo difícil que me fue lograr llevar adelante mis trabajos en cine. Sabrán que mi intención fue aportar algo a un cine y, en general, a la cultura de un país que simplemente no me merece.

Por suerte, puedo darme cuenta de eso y pasar la página.

Dejo la entrevista que me hicieron en Radio Ciudad.

Seré nada. Capítulo. Ebook.

Entre tanto alboroto, los reunidos ante el palco no escucharon los gruñidos y gemidos, ni otros ruidos que estaban contenidos en el semicírculo inferior del escenario.

La puertita de entrada al foso estaba debajo de una de las escaleras laterales del escenario. Dentro del foso, otra puerta, que accionaba una escalera plegable, daba detrás del telón. Estaba pensada para utileros, pero en este caso era necesaria para mantener la sorpresa que Osvaldo iba a liberar luego de tantos vítores.

Algunos no sólo gritaban, también saltaban y se sentía una vibración en el suelo, como si el colegio fuera a venirse abajo en cualquier momento.

—Y ahora nuestro embanderado más pequeño y el más experimentado, otro médico como la doctora presente, que supo prestar sus servicios para el país… —dijo Osvaldo mientras se golpeaba con el puño cerrado el saco blanco abotonado—, por nosotros, por ustedes, hasta por esos desagradecidos que se fueron, va a entregarnos el fruto de la paciencia, la perseverancia, el trabajo en grupo y el compañerismo. Con ustedes, Ulises “Algodoncito” Gutiérrez. Nos explicará su particular método de encontrar la cura adecuada para que nuestra sangre criolla no vuelva a malgastarse.

Osvaldo acompañó con su brazo estirado la invitación al que telón se abriera. Al ver que no salía nadie se acercó paulatinamente para abrirlo él.

El chico asiático y el tipo barbudo, en los roles de escolta y abanderado, movían los ojos para todos lados, atrapados en las posturas firmes. La gente gritaba.

—¡Queremos verlos! ¡Viva la patria! ¡Viva Argentina! —dijo uno que vestía una camisa colorida.

—¡Viva el Gran Buenos Aires! ¡Viva Zona Sur! —dijo una mujer que aplaudía apretando la cartera con los brazos.

Otro, un hombre pelado y con anteojos gruesos, revoleaba un pañuelo blanquiceleste. Eran pocos los que tenían menos de cuarenta años.

La mayoría andaba por los cuarenta y tantos. Abundaban los cabellos teñidos, las calvas, las arrugas, las barrigas de cerveza, los hombros sobrecargados.

Tanto las mujeres como los hombres apretaban sus cintas rojas.

Se había corrido la voz de que el azul oscuro, casi negro, era el emblema de los serenados, y eso potenciaba la elección de cuidarse del poder demoníaco de esos seres extraños con elementos de colores rojos.

Estaban tan enardecidos que empezaron los silbidos porque el telón no se abría.

Osvaldo estiró la mano para apartar el telón. En ese mismo momento se abrió y apareció una figura humana.

Gema tenía lágrimas en sus ojos y sangre por todo el rostro.

Llegó hasta el bordillo del escenario y se detuvo en seco. Evelyn se arrojó al suelo como si hubieran tirado una bomba. Gema observó a la ahora callada multitud.

Sin dejar de llorar retrocedió unos pasos, hasta quedar más o menos en la línea de los dos embanderados que no se animaban a dejar su postura recta.

—Pero ven lo dócil que la convertimos. Sola se va a presentar —dijo Osvaldo mientras el micrófono le temblaba.

Gema, acorralada, pasaba la mirada por la multitud.

La mayoría sostenía en lo alto sus cintas rojas. Algunos hasta crucifijos que blandían delante de ella.

Como si buscara a alguien entre la multitud, Gema miraba de un costado al otro del patio.

Parecía ida. No podía saberse qué había sido de su boca porque era un manchón de sangre.

Un reflector tardío, manejado por uno de los invitados, la iluminó.

Gema no cerró los ojos. Despegó los labios por primera vez en su vida.

Tenía varios colmillos afilados en sus grandes encías.

Algodoncito le había tajado con una de sus cuchillas los esbozos de labios que tenía, y ahora su nariz, liberada, luego de tanta adaptación para alimentarse, al abrir la boca se deslizaba casi hasta el entrecejo.

Lo que vieron los de abajo fueron ojos blancos, una boca abierta que era casi más grande que la cabeza y las manos crispadas por la desesperación que Gema había pasado en la operación.

La señora mayor, que se ve que todavía estaba un poco mareada por el veneno de Fanny, se le acercó con el plato en alto.

Para completar el acto, Gema tenía que aceptar y engullir esa comunión representada por el pedazo de queso y los dados de salamín.

La vieja estiró la mano con el queso apretado entre sus dedos, acercándolo a la cara de Gema, que gimió y le apartó la mano con el bocado.

Llegó la risa de los de abajo, que esperaban ver algo más portentoso, no a una mujer con calzas negras, boca de piraña y el rostro elástico.

Entonces, Gema gruñó y empujó a la vieja, que fue a parar cerca del bordillo del escenario. Mientras, se iban acercando Osvaldo de un lado y del otro Evelyn para seguir con la presentación. Pero en ese momento el telón se volvió a abrir y aparecieron los gemelos. Llevaban algo entre los dos.

Era el cuerpo de Algodoncito. Uno le estaba masticando una pierna, y el otro tenía clavados sus dientes recién ventilados en el cuello.

La sangre manaba del cuello del enano.

Detrás de los gemelos, desde el telón, irrumpió en el escenario un ser reptante. Era la mujer de rodete que, caminando en cuatro patas, sobrepasó a Gema y aulló como un lobo hacia los presentes. El estrés acumulado en la cueva de Algodoncito le había hecho recordar todo lo que sufrió en la vida y así, con ese aullido, se hacía oír.

Los dientes eran más largos que los de Gema. Los que estaban adelante, que todavía no sabían si lo del enano era parte del acto o no, empezaron a retroceder, generando una avalancha, que empujó a los de atrás hasta las mesas preparadas para el refrigerio.

Uno de los gemelos había soltado al enano que quedó colgando de la mordida del otro.

El que lo había soltado estaba masticando un pedazo de la carne del muslo que le había quedado prendida en sus fauces.

Todos los serenados habían perdido el bronceado y estaban famélicos lo que hacía parecer más grandes sus hasta ahora ocultos dientes y sus cabezas.  Y eran todos tan altos…

La multitud estaba paralizada de miedo.

Gema siguió llorando mientras daba la espalda al público.

La mujer de rodete saltó del escenario al público, y semidesnuda como estaba, empezó a tirar dentelladas, hiriendo a unos cuantos.

Los gemelos habían dejado los restos del enano, y bajaron por las escaleras de los costados del escenario.

Los tres se unieron a la mujer de rodete para acorralar al público presente. El gruñido reverberó en el patio y la multitud retrocedió aún más.

El acto reflejo de mover la boca cuando se ponían nerviosos los hacía parecer peligrosos y violentos. Sus bocas ahora podían abrirse y no sabían muy bien cómo controlarlas.

Gema seguía adelante en el palco, traumatizada.

Se le acercó Osvaldo con el micrófono en la mano. Le pasó el cable por el cuello y comenzó a estrangularla.

Eso animó un poco a los de abajo e incluso pareció darle una indicación de cómo debían actuar.

Pronto resonó un disparo. Luego, dos más. La mujer de rodete voló hacia atrás y quedó tirada en el suelo. Los dos gemelos se desmoronaron, abatidos.

Gema empezó a sofocarse, y en vez de resistirse, apretó la boca hasta que cayó desfallecida en el suelo.

Habían matado a todos los demonios. Por lo menos, parecía eso.

Osvaldo tiró del cable del micrófono, atajó el aparato en el aire y se lo llevó a la boca.

—Tranquilos… Hicimos lo que pudimos para conservarlos con vida. Teníamos un plan hermoso para ellos. Hermoso… Pero el destino parece no haberle perdonado la traición a la sangre noble. No podemos curar a todas las personas. Por lo menos, servirán de ejemplo para que nuestra estirpe siga fuerte y sana por varias generaciones gracias a ustedes. —Tosió y se aclaró la garganta para elevar la voz—: A veces la sangre degenerada no tiene cura, incluso con los mejores métodos y cuidados.

El público se había vuelto a acercar al escenario y estaba vitoreando. Menos tres hombres que habían sido mordidos antes de que las balas alcanzaran a los gemelos y a la mujer de rodete. Los mordidos, tirados en el suelo, giraban sobre sí mismos con una sonrisa piadosa.

—¡Viva la sangre pura bonaerense! —gritó Osvaldo, mientras la incorporada Evelyn, cuyos labios temblaban, trataba de juntar las manos en un aplauso.

La puerta que daba al patio se abrió de golpe.

Una mujer y un hombre, desconocidos para la multitud, entraron con ímpetu al colegio.

por Adrián Gastón Fares.

Adrián Gastón Fares. Todos los derechos reservados.

Sinopsis Seré nada (200 páginas, 2021, novela de terror):

En Seré nada, tres amigos con sordera parten hacia el Sur del Conurbano bonaerense en busca de una mítica comunidad de personas sordas. En cambio, encuentran un barrio de personas silentes, pero ¿qué secreto sus bocas cerradas impiden revelar?

PDF: https://elsabanon.files.wordpress.com/2021/02/sere-nada-adrian-gaston-fares.pdf

EPUB: https://drive.google.com/file/d/1hFFNfUhYiQqnLMCTqcgR0uQheBlPL0cS/view?usp=sharing

Seré nada. Descarga Torrent. Libro 2021. Y Google Play Books.

Añado el enlace para descargar mi nueva novela Seré nada usando un programa de gestión de archivos .torrent.

Por otro lado, comparto el enlace a Google Play Books (Seré nada, 235 páginas, 2021) donde pueden leer una muestra y si quieren adquirir la novela en este caso (la verdad es que no encontré la manera de subirla gratis a Google Play, por eso hay que pagar) A cambio me parece que para algunas personas será más fácil leerla así:

Google Play Books:

https://play.google.com/store/books/details?id=jE0aEAAAQBAJ

Sigamos para los que se las arreglan con los torrent o quieran aprender:

Muchos utilizamos torrents para gestionar y descargar archivos, en eso soy un poco nerd y un poco geek, supongo.

Mi interés es que el acceso a la novela sea lo más simpe posible y esta etapa de distribución gratuita de mis libros (especialmente los más trabajados en formatos digitales, como Seré nada, Intransparente, El nombre del pueblo, y Suerte al zombi) se cumpla lo mejor posible.

Para crear el archivo ebook o libro digital de Seré nada no utilicé Sigil, pero sí para las otras tres novelas, lo que significa mucho trabajo extra además de escribirlas.

Lo que me decidió a elegir el título final fue la frase de Pessoa que comparto en esta entrada (la novela originalmente iba a llamarse Serenade, como una de las Serenadas, Gema, explica a una desconocido, Roger, quién es)

Pueden descargar el torrent de mi nuevo libro utilizando el utorrent, bittorrent o cualquier otro programa que gestione estos archivos.

Dentro del archivo encontrarán el EPUB y el MOBI.

Le dan a abrir Torrent y los lleva al programa que hayan elegido para descargar torrents.

De ahí pueden leerlos en su smartphone, en el Aldiko por ejemplo, o en un dispositivo lector de libros electrónicos como puede ser el Kindle. En la PC pueden hacerlo usando Adobe Digital Editions, que es mi preferido para esto. Fíjense si funciona la descarga. Si no, ya intentaremos buscar mejor maneras de compartir. Dejo los enlace al final de esta entrada.

El modo tradicional que es buscar los Epub y Mobi en Google Drive (así como PDF) en el inicio adriangastonfares.com sigue vigente.

A esta página de Inicio la llamaremos Sobre Adrián Gastón Fares. Libros y películas. y es donde está mi biografía y los enlaces a mis trabajos en cine y en literatura.

Organizar un blog de tantos años es como armar un rompecabezas, je.

Disfruten el fin de semana. ¡Saludos!

Adrián

ENLACES TORRENT:

Seré nada enlace para copiar en navegador al torrent (sólo .epub):

magnet:?xt=urn:btih:52E0CF3E78E3E1B86B6CF6E727AA22F7EFF05AFF&dn=Sere%20nada%20-%20Adrian%20Gaston%20Fares.epub&tr=udp%3a%2f%2ftracker.openbittorrent.com%3a80%2fannounce&tr=udp%3a%2f%2ftracker.opentrackr.org%3a1337%2fannounce

Mobi y Epub archivos en .RAR:

Seré nada Torrent o copiar en el navegador web (Con Control + C y luego Control + V)

magnet:?xt=urn:btih:4FCD7C75E00A9801EE65032EBDF944654D1CF02E&dn=Sere%20nada%20-%20Adrian%20Gaston%20Fares.rar&tr=udp%3a%2f%2ftracker.openbittorrent.com%3a80%2fannounce&tr=udp%3a%2f%2ftracker.opentrackr.org%3a1337%2fannounce

El agradecimiento

Hace cuatro años, en las notas de mi Facebook escribí esto.

Era un mundo nuevo para mí. Lleno de expectativas y de un dolor tan profundo que me transformó. Ya venía transformándome desde antes y faltaba un pizca de fatalidad para que todo cuadre y yo me entienda.

Aprecio no escuchar bien, aprecio lo que pude aprender del mundo a los golpes, sin estar preparado. Hubiera sido distinto si lo estaba. He cometido mis errores, ya lo sé.

Pero también me gusta que la ciencia avance y que los chicos de hoy estén más acompañados. Entiendo que es parcial, que algunos están acompañados y otros en bolas como estuve yo, o peor aún.

A veces un vengador, como el de mi poema anterior, resurge y quiere ayudar al niño que alguna vez fui. Yo le hablo y trato de convencerlo, de que esa lucha no conviene. De que las cosas del pasado, pasado son y tienen que quedar así.

Un día un “profesional” me dijo que el mundo era injusto. Yo le pagaba para que me dijera eso. Me hizo ruido, porque siempre pienso que hacer que el mundo sea menos injusto es nuestra tarea.

Así que no acepten que nadie les diga que el mundo es injusto sin hacer nada para remediarlo.

Creo que hay cosas por cambiar. Cosas por luchar.

Y algunos están cómodos y dicen esas cosas u otras desde una situación de consenso social que realmente no tiene nada que ver con la realidad.

Entonces la lucha es contra el consenso social, contra los que hacen los que los demás les dicen sin pensarlo, contra los que compran verdades que no son tales porque les son cómodas a sus sistemas de pensamiento.

Y para todos ellos va esto. Tal vez sea el mejor de mis escritos.

Pero a la vez ya he cambiado. Lo puedo leer como una película vieja, como un programa de ruta, para no perderme y saber de dónde vengo.

Saludos

Adrián

PD: Este jueves 27 de septiembre de 2018, luego de 4 años de que la fonoaudiologa que cito abajo los recetara, de que diera por terminado mi tratamiento por no tener rango de frecuencia para cubrirlo con los que usaba, de una lucha incomprensible con la Obra Social, con una Superintendencia de Salud que no soluciona las cosas a tiempo, de que me pasearan por medio mundo para evitar dármelos, finalmente me otorgan los audífonos con la potencia correcta para mi perdida auditiva. Ahora sí, al pasado:

Agradecimiento

Quiero agradecer al equipo del CIAC, a Vicente Curcio, y a Magalí Legari, especialmente. Yo tenía veintiocho por ciento de audición y por errores de los médicos que me atendieron hasta este año, e incomprensión de mi grupo familiar para enfrentar y tratar mi problema, viví casi toda la vida leyendo los labios de las personas y haciendo un gran esfuerzo por entender lo que ocurría a mi alrededor. Tengo el oído duro por no ser tratado desde nacimiento donde surgió el problema, lo que me produjo, a la larga, acúfenos e hiperacusia.

En 2011 volví a insistir en la búsqueda de solución a mi problema, que ya había empezado a los diecinueve años, y me otorgaron el certificado de discapacidad (CUD), me incrustaron unos audífonos cuyas puntas no cumplían la función que debían cumplir –ahora sé que debían tapar el conducto auditivo para que funcionaran: lo que era lógico dado el parte médico–, otra vez no le explicaron a mi entorno correctamente la gravedad de mi problema, y estuve dos años más escuchando un 10 por ciento de lo que podía escuchar.

Desde 2011 volví a vivir todo tipo de incomprensiones donde mi entorno disminuía mi problema a lo que más les convenía, y me exigían, sin ser tratado,  enfrentar y realizar tareas imposibles sin prótesis adecuadas, que conducían, como es de prever, al maltrato. Todo esto tuvo consecuencias negativas en mi vida personal, y perdí la felicidad que había logrado con sobreesfuerzo continuo y adaptación social.

Ahora, gracias al equipo del CIAC pasé a escuchar un 70 por ciento con audífonos sin leer los labios, lo que me permite, por primera vez en mi vida, entender grupos de personas, escucharme a mí mismo con claridad, y también comprender diálogos en la pantalla sin subtítulos. Cambian muchas cosas. Se parece bastante a empezar de nuevo; pero no nos apuremos.

Espero que este cambio también me permita volver a ejercer la profesión por la que luché toda la vida, y que la sensación de injusticia e incomprensión, por todo lo que viví en este último tiempo, algún día se diluya, y permanezca la de agradecimiento.

 A los que, por alguna razón, no me entendieron, me lastimaron y no me acompañaron, quedan estas palabras:

Que traten de comprender a los que somos diferentes, y reconozcan el esfuerzo que hicimos por adaptarnos a un medio hostil, diseñado y pensado por personas que no les interesa lo que necesitamos. Que traten de hacerlo sin disminuirnos, sin exigencias incomprensivas y maltratos psicológicos. Estamos en el 2014 donde ya se lograron muchos derechos para las personas que estamos en situación de desventaja.

Estoy seguro que un trabajo interdisciplinario entre médicos de distintas especialidades me hubiera ahorrado muchísimos sufrimientos innecesarios en estos últimos años, en este último tiempo particularmente, para explicarles a mi entorno lo que era y es vivir así.  Por ejemplo ahora todos deben saber que poder escuchar palabras, frases y diálogos sin mirar a las bocas de la personas que los producen, poder darme cuenta que está lloviendo, o con esfuerzo que suena un timbre de intensidad baja en el trabajo para abrir a la persona que lo toca y tratar de entender lo que reproduce un portero mecánico nivelado para el que escucha normal, o constatar que tengo vecinos cuyas voces llegan de los pisos inferiores o superiores, no implica que desaparezcan por arte de magia los zumbidos bilaterales constantes ni la hiperacusia, ni dejar instantáneamente de hacer un gran esfuerzo por aislar sonidos molestos –como el que produce los aparatos de aire acondicionado– para comprender lo que es importante.

A los que por alguna razón están en una situación parecida, no se callen, enfrenten las agresiones explicando con ejemplos lo que es vivir así, e investiguen su problema a fondo, porque la sociedad en su conjunto no está preparada para entender estas situaciones hasta que no se plantean lo más claro posible, por decirlo de alguna manera. No saben que tu proceso de adaptación es muy diferente al común. Te van a hacer sentir culpable, diciéndote con sorna cosas irresponsables, como que de ahora en más, cuando estuviste adaptándote toda tu vida a un problema y recién casi en la cuarentena te dieron en la tecla, cambies y te adaptes a sus ideales –sólo un ejemplo.

Yo venía investigando y asumiendo mi problema auditivo desde hace muchos años, corroborado por junta médica en el 2011, y debido a estas incomprensiones con consecuencias desafortunadas en mi vida personal me vi obligado a buscar otras explicaciones innecesarias, menos científicas, y tal vez perjudiciales ahora para mí, que me hicieron perder más tiempo y dinero. Tuve que adaptarme psicológicamente a no escuchar bien desde pequeño y a estar en entornos cada vez más difíciles de manejar.

Creo que la medicina, en todas sus ramas, debe ser más humana y acompañar como se debe a los pacientes más allá de los diagnósticos. Es nuestra obligación hacer un mundo donde vivir no sea para nosotros una lucha continua para explicar quiénes somos y de esta manera poder encontrar nuestra identidad. Así habrá espacio y tiempo para construir un futuro mejor para todos.

Gracias por leerme.

Adrián Fares

22 de Noviembre de 2014