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Infierno en el Instituto. 4. No ficción.

Volví a la ciudad para reunirme con la productora. Sacrifiqué mis dos días de vacaciones. Pero la productora presentante quería volver a dominar todo si hacía la película, poner a su productor delegado. Eso debía evitarse porque medio mundo me venía hablando mal de ese productor que ella quería imponer.

Tenía algunas opciones, gente que se me había acercado de alguna u otra manera interesada en el trabajo.

¿Cómo hacer que una productora volviera a un proyecto? Pensé en involucrarla con personas que conozca. Por naturaleza el ser humano quiere quedar menos mal con la gente que conoce que con la que no. Así que, propuse que el productor delegado fuera un periodista que habíamos conocido en el ambiente del terror argentino (en el Buenos Aires Rojo Sangre, creo). Este periodista escribía también sobre cualquier tipo de películas, como las que dirigía el dueño de la revista donde trabajaba que no tenía nada que ver con el terror.

Este periodista había sido también productor de una película independiente de terror. Quise poner a otra persona como productor delegado que tenía que ver con la misma película independiente, pero doña productora de origen peruano no lo quiso aceptar. No me quedaba otra que seguir con el periodista, entonces.

Ya que no aceptaba a Leo ni al productor de películas de terror, por ahí aceptaba a uno que escribía sobre las películas que ella producía.

Ahí íbamos. Le pregunté al periodista en cuestión, por teléfono, el futuro productor en cuestión que yo propondría para reemplazar al productor delegado que doña productora de origen peruano quería introducir a la película, si le interesaba realmente la producción, si lo movía ser productor, que me fuera sincero, que me dijera la verdad porque nadie estaba cobrando nada por Gualicho, pero él sí iba a cobrar, si lo aceptaba la productora, entonces tenía que comprometerse a eso.

Así que bueno, resultó que este productor-periodista al que yo llamé, se nos adelantó un poco el día de la entrevista y con su camisa y su sonrisa poco fiable, estaba en la oficina de doña productora de origen peruano antes de que yo llegara con Leo.

Bueno, le perdonamos eso.

Ahí estaba él hablando con doña productora de origen peruano y chusmeando sobre medio mundo del ambiente de cine. Me había contado sobre medio mundo. Es mi error y el de ningún otro aceptar gente tan chismosa. Digo, gente tan chismosa con ningún talento, no era Manuel Puig ni Truman Capote. Y además tenía un desdén terrible por la gente que se dedicaba a escribir para el cine (la gente que no puede, odia)

Y bueno, esta persona más o menos impresentable como ya pueden suponer, se puso del lado de la productora presentante. No recordó que yo le pedí que por favor fuera responsable con la oportunidad que le estaba dando. Y luego no pidió perdón, cobró su sueldo y desapareció.

Es uno de los sueldos que pagó Gualicho, además del sueldo de un asistente de dirección que resultó que había trabajado para otras producciones de la productora presentante (y por suerte, el sueldo de uno de los mejores asistentes de dirección de aquí, de los más experimentados, que me encargué yo de incorporar al proyecto antes de que el INCAA cerrara las puertas del expediente y la productora presentante de origen peruano renunciara al proyecto; cuyos derechos por suerte volvieron a quedar totalmente en mi poder; la habíamos denunciado a la oficina de transparencia del instituto, del INCAA, por todas las cosas que nos venía haciendo, se enojó y dijo que entonces no haría la película, le dije que no la hiciera entonces, nos levantamos con Leo y nos fuimos de la oficina palermitana para nunca volver y fin de esta historia en cuatro partes de la que ya me quiero olvidar, fin de Infierno en el instituto, aunque seguimos yendo al instituto por un tiempo para saber en qué estado había quedado la película, especie de Bruce Willis en Duro de Matar con ese edificio vetusto y desactualizado; ver cómo seguir, tratar de que reemplazaran a la productora, tratar de que un premio fuera un premio y no una incoherencia)

Pero antes de que todo terminara y para complicar un poco más las cosas, de alguna manera cayó, antes del bueno, un asistente de dirección malo que había trabajado para otras producciones de la productora palermitana.

Me envío, pactando con la productora presentante de origen peruano, a que reescribiera todo el guion, que sacara a la mitad de los personajes (que ya eran pocos, a los coches, a algún que otro animal que solo aparecía en una escena)

Hizo un absoluto desastre con el guion y conmigo con tal de ser pagado y dio una opinión absolutamente errónea de todo. Pero así es esta sociedad que obsequia futuro a estos personajes impresentables, dados a la violencia en el diálogo, a la seguridad infundada y todas esas cosas que no me gustan escribir, pero para ser un escritor sincero tengo que escribir. Obsequia futuro a estas personas y les quita el futuro a los pelotudos como yo que la pensamos dos veces antes de dañar a otra persona hasta de refilón.

Todos podemos oprimir a los demás: es una cuestión de decisión. Este muchachito engreído, el penúltimo asistente de dirección de Gualicho, eligió oprimir con su mínimo poder.

El tal asistente de dirección me dijo que cambiara todo el guion y me mandó a trabajar gratis más o menos 2 meses.

¿Para qué? Para que terminará en nada todo eso. La productora seguía sin querer hacer la película. No había manera. Era toda una estratagema de la productora peruana para dilatar el hecho de que ya había firmado (y cobrado una cuota del dinero del premio) con el instituto de cine y no quería hacer la película.

Había cobrado 600 mil pesos de la primera cuota del premio que habíamos ganado y la tenía en su cuenta y no nos había pagado ni un centavo a Leo y a mí y encima nos hacía trabajar gratis.

Podía haber cambiado esos 600 mil pesos a dólares y usarlos para sumar más chapa a su cuenta bancaria que luego usaba para seguir presentando proyectos al Instituto de cine.

O podía usarlo para cualquier respaldo financiero. Mientras, nosotros, yo el dueño de la película, el creador, Leo, que había trabajado en la película también como productor inicial, nada. Nada de nada.

Seguí trabajando como un animal para Gualicho, con estas bestias aceptadas por la productora presentante palermitana cercándome sin ver un peso.

En un momento, en la reescritura de Gualicho sugerida por el penúltimo asistente de dirección para abaratar costos, mi novia de ese entonces, no aguantó más la situación y me dijo que quería separarse porque necesitaba tener alguna proyección de futuro en la pareja para formar una familia. Estábamos en 2018. Ya venía aguantando con estoicismo mi discapacidad auditiva (diré que no es fácil para otra persona aceptar que su pareja no escucha cuando se saca los audífonos y tener que hablarle a la cara en la oscuridad de la cama compartida; digan lo que digan, sé que no es fácil, y que duele y molesta, y lo acepto)

Y tenía razón en eso del futuro. Yo no había podido hacer la película, mi futuro estaba más o menos contenido en eso, es como una empresa que se viene abajo, así que estas consecuencias son posibles. Y uno no puede pedir a otra persona que se quede por amor al arte. El amor al “arte” es de uno y ni siquiera es amor, es algo que no pudimos elegir, que nos eligió a nosotros. Yo no creo en nada, pero sí creo en esta elección. La de contar una historia en vez de otra, la de que te caiga algo que parece una idea y tengas que llevarlo de la mano como si fuera tu hijito o hijita hasta una puerta que de repente se abre y ahí sale un fogonazo de luz que en estos casos es el fogonazo de luz del proyector que hace que tus personajes se despeguen de la página y corran por un llano verde mientras los reflejos del sol acarician al objetivo de la cámara y también a los espectadores. Y algunos de nosotros, ya golpeados de alguna manera u otra por la vida, no tenemos otra cosa.

Le dije a mi novia de ese entonces, la segunda de origen asiático, de la casualidad asiática, que hiciera lo que quería porque yo estaba terminando otra versión del guion de lo que había luchado toda la vida. Y encima ya antes había escrito otro guion más largo, otra ficción oscura, fantástica y con mezcla de ciencia ficción, que me encantaba, que se llama Mr. Time. Y no podía dejar a mis criaturas de ficción.

Y no veía otro futuro para mí, no iba a volver a la Obra social: iba a seguir adelante para mi bien y el de todos los seres humanos (las personas que no llegan a hacer los que les gusta en la vida se dedican a joder a los demás casi siempre)

Quedé solo en mi departamento en el momento más duro otra vez. Mientras mi pareja se llevaba algunas cosas que le pertenecían, me fui a caminar con la frente alta, viendo que estas cosas parecidas ya me habían pasado en la vida y que no me quedaba otro destino más que enfrentarlas como podía, que estas incoherencias de la vida, no me iban a echar abajo esta vez, que la estupidez y el sin sentido de todo no iban a ganar.

Ahora, a veces, me parece que estuvieran ganando.

Lo del premio fue un infierno. Me trajo más problemas en la vida que otra cosa. Perdí gente. Perdí oportunidades. Perdí aliento.

Pero aquí estamos, exhalando bocanadas de aire frío como un perro atado. Un perro atado que acaba de romper sus cadenas. Y que es libre para correr para donde se le antoje.

Aquí termina Infierno en el instituto. Si quieren pueden firmar la petición de Change org para que pueda filmar mi película, para que pueda seguir con el cine.

Aclaro que Gualicho está disponible para cualquier productor o productora que sepa de cine y se interese por la película. Los derechos son míos y de nadie más.

Por suerte, yo puedo decidir a quién dejo entrar y a quien no dejo entrar para que se acerquen a mis criaturas de ficción, a mi dedicación más coherente y sincera, y a mi vida.

change.org/gualicho

Fin.

Infierno en el instituto. 3. No ficción.

Empezó la marcha mía de todos los días al instituto. Vieron que esto se llama Infierno en el instituto. Bueno, por algo se llama así. Es como una película con un héroe: yo. El trabajador. El director de cine con hipoacusia y certificado de discapacidad. Malos: el instituto de cine y la productora presentante. Un ayudante del bueno: otro héroe, mi amigo Leo Rosales. Un ayudante de los malos, los medio malos: los empleados del instituto de cine para los que somos un número más incluso cuando les contás tus problemas y cuando deberían estar trabajando para los directores de cine. Un edificio que era el emblema de la maldad, algo así como La Torre Oscura de Stephen King, el castillo de Drácula o el otro más obvio para el tema de estos escritos, el de Kafka. Un lugar al que llegar todos los días para poner las cosas en orden.

Íbamos para ver si nos podían contactar a la productora porque no aparecía. El problema claro era que se acababa el tiempo para la firma del convenio con el presidente del instituto. Leo salía del trabajo y se me unía en las búsquedas de alguien que nos ayude en las escaleras de ese edificio en que casi nunca andaban los ascensores.

El primer paso para la tarea que iniciamos era ir al área donde estaba el expediente. El área suele ser Fomento. Así que fuimos a la Gerencia de Fomento. Nos dijeron que de ninguna manera podíamos ver el expediente y que no había posibilidad de contactar a la productora presentante. Que ellos no podían hacer nada al respecto.

Pasaron los días, y ya estábamos en septiembre. Entre llamadas de Leo y emails míos al abogado poderoso de la productora presentante, logramos dar con ella antes de que se acabara el plazo para presentar una prórroga.

Era septiembre y recién ahí la productora presentó una prórroga para presentar los papeles requeridos para la firma del convenio que daría inicio a la película.

Mientras tanto, teníamos una nueva entrevista con los gestores del concurso. Esta entrevista con los organizadores del concurso era, como la anterior, en la segunda sede del INCAA, la de Avenida de Mayo.

Ese día, nos juntamos en un Starbucks, recuerdo, otra vez con su socio la productora, el que quería poner de productor delegado. Nos dijo que iba a proponer de traspasar la película a Leo Rosales. Pensamos que era por buena intención. Pero esa jugada de ella complicó todo más las cosas.

Para eso, teníamos que hablar con los empleados del INCAA de si eso era posible, porque no estaba contemplado en las bases del concurso.

Salimos del ascensor y mientras esperábamos que nos atendiera los gestores del concurso, dos gerentes y un empleado, me crucé con José Martínez Suarez, el hermano de Mirtha Legrand, director del festival de cine de Mar del Plata, que a sus noventa años seguía yendo a trabajar para el festival. José me señaló que la gorra que yo llevaba puesta le gustaba y que era parecida a la suya. Le conté de la película, me preguntó cómo se llamaba y me dijo que creía que Gualicho venía del guaraní (en realidad creo que viene del mapuche pero anduvo cerca), que le parecía un buen nombre. Lo saludamos y José se fue con la persona que lo acompañaba, ya que caminaba con dificultad.

Los productores que estaban con nosotros ni sabían quién era José Martínez Suarez. En fin. Una de las empleadas del INCAA escuchó que le contábamos a la productora presentante de Mundo tributo. Dijo y claro, yo la vi, la conozco, es buenísima. Nos sentimos bastante contentos. Lástima que el dicho de la empleada no nos daba puntaje. Pero son cosas que a uno lo alegran.

Entramos al salón para la entrevista, Leo y yo nerviosos. Los gerentes que habían administrado el concurso escucharon la exposición de la productora presentante. No quería hacerse cargo de la película, pero proponía traspasarla a Leo Rosales, porque para ella era el responsable del film, el que la había contactado. Era un momento donde todo lo que vendría después se podría haber evitado. Los gestores del concurso que ganó Gualicho dijeron que no podían afirmar que aceptaran el traspaso de la película, pero que lo podíamos intentar. Se armaría un comité para evaluar si teníamos el puntaje necesario con Mundo tributo y luego, fuera cual cuera la respuesta, la decisión final la tendría el presidente del instituto, Ralph Haiek, quien firmaría la resolución.

Salimos de la entrevista un poco confundidos con Leo. Porque no sabíamos qué podía llegar a pasar. Nos pusimos a trabajar en todo lo que teníamos avanzado de preproducción de Gualicho, presentamos un pendrive (que jamás fue abierto por empleado alguno del instituto por lo que me consta, sigue con su precinto de protección intacto) donde pusimos todo el trabajo volcado en Gualicho y la prensa de Mundo tributo, los contratos de exhibición y el resto de la información que nos pareció pertinente.

Mientras tanto, teníamos que trabajar para presentación del pitching de Gualicho en Ventana Sur, Blood Window. Nos fuimos a entrevistar con el coordinador de Blood Window. Nos dijo que el concurso estaba dedicado a formar películas que pudieran luego motivar la reacción de la industria norteamericana de cine. Que ese era el fin de todo, ya que como sabemos, el cine fantástico se produce más que nada con éxito en Hollywood. Habría que ser un hipócrita para no aceptar que tenía razón en lo que decía. Pero él no podía ayudarnos para nada con el tema de la productora presentante ni con facilitar que el instituto aceptara el traspaso a Leo.

Era un tiempo donde había que esperar la resolución del INCAA. Y por otro lado tenía que trabajar con Leo Rosales porque la organización de Blood Window nos había invitado a participar en el mercado internacional de películas fantásticas y de terror de Ventana Sur. Era parte del premio, digamos.

Mi idea era redoblar la apuesta. Un productor de películas de terror independiente me había animado a escribir otra. Él podría moverla. Me puse a desarrollar Mr. Time. Escribí un scriptment (esa herramienta entre el guion y la novela que le gusta a James Cameron) provisorio. Y ya que tenía que desarrollar postales y afiches para Gualicho, iba a hacer también la de Mr. Time a ver si conseguíamos financiación también para ese nuevo proyecto.

Trabajé como un animal. Invertí dinero. Eso nos hizo olvidar un poco del INCAA y de que esperábamos una respuesta. La respuesta llegó y no fue favorable. El presidente del INCAA que se guardaba la facultad exclusiva de dar esa excepción la negaba. La que firmaba una nueva empleada del área de presidencia, Marina Aranda.

En Ventana Sur traté de hablar con Ralph Haiek, pero justo había unos fotógrafos y Ralph me empujó para que no lo molestara. Ven que les dije que era el malo de Infierno en el instituto. Estaba cumpliendo con su papel. Esto no es un cuento de Raymond Carver, no hay sutilizas, los malos se ven desde lejos, se pueden divisar desde el horizonte, son como el Malo de El bueno, el malo y el feo, la película de Sergio Leone, son épicos, son malos como pueden llegar a ser los malos, diré y espero que digan.

Un rato después, el mismo día por la tarde, un productor amigo que estaba interesado en Gualicho, hizo que el entonces presidente del instituto se acercara y me saludara. Ralph Haiek estaba con la tal Marina Aranda y dijeron que no les había parecido viable el traspaso, me miraron con mala cara y desaparecieron. Me habían contado que Ralph Haiek era amable con sus antiguos empleados, a los que había acomodado en el instituto, pero con los extraños era un gigante empujón, malhumorado y desdeñoso. Es horrible que un presidente de un instituto de cine trate con tanta altanería a quien hace prestigioso su cargo: los directores de cine que filman películas, la gente como yo que se sacrifica por el cine, no advenedizos que juegan con números y especulan con cargos políticos, pero así son las reglas.

Presentamos el pitching y mis amigos uruguayos quedaron encantados con la película. Querían sumarse al proyecto. Me hubiera gustado, pero no había manera porque la productora de origen peruano (es el epíteto que uso para evitar el nombre; no es que esté discriminando a todos los peruanos; en la obra social tenía una compañera de origen peruano, una empleada de limpieza, y pregúntenle a ella de qué manera la trataba y la ayudaba con lo que podía), la productora de origen peruano, entonces, había dicho que no quería sumar a ningún extraño en coproducción. Y, por otro lado, la película estaba en suspenso, había que volver a encontrar a la productora de origen peruano, que no apareció durante todo el susodicho mercado de cine, Ventana Sur (claramente los productores éramos nosotros, los productores de las otras películas ganadoras estaban en Ventana Sur acompañando los proyectos, a los directores); a la productora presentante de nuestra película solo la vimos tomando un trago en una fiesta de una embajada de, Perú, claro.

Yo fui a algunas fiestas, cosa que no solía hacer (en el BAFICI evitamos todas las fiestas con Leo, éramos bastante rebeldes en ese sentido en esa época) La mejor fue la de la embajada de Chile. Había una barwomen que hacía maravillas con la coctelería. Estaba con Mariano, un amigo, y esa noche tomé unas cuantas cairpiroskas, me relajé un poco y terminamos llevando a un chileno borracho a su hotel.

Pronto terminó Ventana Sur. Se acercaba el verano y ¿qué pasaría con Gualicho?. La productora presentante, había dejado una prórroga en el instituto, pero había desaparecido otra vez.

Ahora no estaba viajando, estaba trabajando en la producción de una película dirigida por el dueño de una revista de cine, que se producía en la casa productora de Palermo. Aquí llamaremos a esa película La casa de la costa. Tenían algunos problemas porque la película iba a ser codirigida y parece que se estaban peleando los directores, o algo así creo recordar. Yo no entendí qué injusticia era la que hacía que una película que parecía tan monótona podía estar produciéndose y la mía que era entretenida y ofrecía algo nuevo al cine argentino tuviera que sufrir a pesar de haber ganado un premio.

Pero el problema más grande era que ahora habíamos perdido tiempo, el instituto había negado el traspaso a Leo y volvíamos a estar en manos de la productora presentante, la productora de origen peruano. Debíamos convencerla de hacer la película o la perderíamos. Se acercaba el verano. ¿Cómo hacer que una persona se interese por algo que no significa nada para ella? Una película cuyo guion no había leído. Cuyo género no le interesaba (parecían gustarle las películas de gente en una casa en la costa mirando el mar; o mejor dicho, estoy seguro que no le gustaban tampoco esas películas que a veces tienen sus cosas buenas) en fin era una productora fría como el acero, de cine no sabía nada.

Y si hay un consejo importante que dar es que directamente no hagan ningún trato con personas que no saben de cine. Me lo enseñaron otros directores. A la larga no sirve. Algo del cine los tiene que mover. No puede ser que solo un productor vea pesos o dólares en eso, un negocio más o menos en el que cae de casualidad, más allá de cualquier interés o gusto, cuanto me hubiera gustado a mí que las cosas fueran al revés, que el cine hubiera ido a mí y no yo al cine, como parecían tocarles a estas personas que después hacían poco y nada con esa suerte que habían corrido.

Hijas de, empleadas de, sobrinas de, hermanas de, primos de, y toda esa caterva que solo en las excepciones que confirman la regla hacen algo realmente interesante por el cine.

En el verano volvimos al Instituto. A esas escaleras en las que ahora transpirábamos más. Queríamos ver si podían hacer aparecer a la productora presentante para la firma del convenio. Quería ver el expediente. Pero no había manera. Me lo negaban en el área de fomento del instituto.

Un día, totalmente sudado, respirando entrecortadamente, golpeé una ventanita que había en una puerta. La ventana se abrió para adentro, convirtiéndose en un pequeño escritorio, y apareció un empleado de jurídicos. Le conté que era el autor de la película, el ganador de ópera prima como director, que estaba desesperado; me dijo que era una cuestión de transparencia, un hecho delictivo, que no me dejaran ver el expediente de una película de la que formaba parte, de la que era autor, director como opera primista. Así que presenté una carta documento en la que solicitaba el permiso para ver el expediente. El instituto se expidió a mi favor y pude verlo.

Pero, aún con ese permiso, en fomento no me dejaban ver el expediente de mi película.

Mientras tanto, parecía que se lo mostraban a otros productores, que se habían enterado de que nuestra película estaba a la deriva, sin una productora que apareciera y sin una firma de convenio, y con un pedido de traspaso rechazado.

Los que aparecieron sugirieron que no la habían traspasado porque nuestro currículo no era tan importante como el de ellos. Así que empezamos hablar con otros productores que hasta iban a poner una propiedad entera para asegurar la realización de Gualicho. Y teníamos que hablar con la productora presentante para que aprobara esa nueva tentativa de traspaso.

Pero no aparecía. Fuimos a un abogado de cine, que fue amable con nosotros y nos asesoró sin cobrar nada. Logramos encontrar a la productora y en medio de una entrevista con ella en la casa productora de Palermo, la llamó por teléfono y le dijo (lo escuchamos por altavoz) que dejara de jugar con nosotros ¿quería hacer la película o no? Si no querés hacerla, no la hagas pero dejá en paz a estos chicos. La productora le cortó al abogado y comentó que era un rayado.

En el verano, volvió a desaparecer.

El mal que tiene tantos brazos y ninguna cabeza. Pero que es el mal. Ya dije que había malos, pero no dije que los malos no fueran humanos. Eran humanos, con sus sutilezas y desplantes de su propia maldad.

Pasaba el verano, yo me entrenaba físicamente yendo a ver si había alguna novedad en el expediente. No podíamos quedar parados con todo el trabajo que veníamos haciendo. ¿No valía nuestro tiempo? ¿Era solo el tiempo de la productora de origen peruano el válido?. Y mientras tanto ¿qué hacíamos nosotros? Teníamos que filmar la película y cumplir con los pasos. Pero no, no se podía, controlaba toda la productora, que estaba filmando una película en la costa o vaya a saber uno donde.

Yo despertaba en mi departamento y salía disparado hacia el instituto. Quedaba a treinta cuadras de donde estaba emplazado mi departamento, pero iba caminando. En cierta forma, ese edificio antiguo, el instituto, siempre en las sombras del edificio del Ministerio de Obras Públicas, porque está atrás del Ministerio de Obras Públicas, comenzó a convertirse para mí en el gigante que debía vencer, en un molino de viento, en el edificio donde se escondía el mal, esa clase de mal que es la mejor metáfora del mal, una que no se puede entender, que no tiene motivos, un mal que sonríe, que atiende a veces, que otras cierra la puerta, que a veces maltrata, que otras da un cálido apretón de manos o contesta con una mirada que sugiere cautela. Las miradas que dicen que hay otros intereses, que hay grupos enfrentados, que hay cosas que podrían hacer pero que no pueden hacer. Esas son las peores.

Entonces, un día en que ya estábamos con Leo instalados en la terraza del instituto, tomando un café en el área donde toman cafés los empleados del INCAA, la habíamos descubierto empujando una puerta, el área digo, y nos invitaron a relajarnos ahí, nos vieron sudados y cansados, un día que estábamos descansando porque habíamos ido al área de transparencia que estaba en el mismo piso que el área de descanso, se nos acercó un joven de cara delgada, que estaba con otro, de carga cuarteada y pelo crespo, que parecía más un detective que un empleado del instituto, un detective de una serie. Los dos fumaban en la terraza mientras nosotros estábamos en la zona techada y como dije se nos acercaron. El de cara delgada preguntó qué era lo que nos pasaba que había tanto revuelo. Nos presentamos y resultó ser el subgerente de jurídicos del instituto. Le contamos que no aparecía la productora, que no nos contestaba las llamadas, echó una puteada y dijo que él la iba a hacer aparecer, que dejáramos todos en sus manos, que era una sinvergüenzada lo que nos estaban haciendo. Una sinverguenzada basada en que la productora presentante estaba protegida por otra gerenta del instituto a la que estaban investigando por corrupción.

Me fui dos días a la costa con mi pareja de ese entonces. Ya estaba preocupada ella con nuestro futuro, porque yo había dejado el trabajo de cadete en la obra social y sabía lo que pasaba con el premio que la había hecho saltar de alegría.

En la costa, la estábamos pasando bien. Sonó el teléfono. Era la productora que había aparecido. Quería filmar la película. Tenía que estar en Buenos Aires cuanto antes para reunirme con ella. Parecía ser que la había llamado un suplente del premio y le había dicho que estaba interesado en el monto del premio si ella no la hacía. Por lo tanto, ahora, de repente, quería hacer la película.

Teníamos que reunirnos para hablar antes de que firmara el convenio con el presidente del instituto.

Por Adrián Gastón Fares.

Infierno en el instituto. 2. No ficción.

2.

Al rato de recibir la noticia de que habíamos ganado el premio comenzó a sonar el teléfono. Eran posibles miembros del equipo que se habían enterado de que habíamos ganado el concurso y me llamaban para decirme que de ahí en más nuestra vida cambiaría. Traté de explicar que solamente habíamos ganado un concurso, no era el Oscar ni el festival de Cannes digamos, y era justamente para hacer la película que todavía no estaba hecha. Además, ni siquiera sabíamos bien cómo iba a ejecutar el premio el INCAA. Mantuve la cabeza en la tierra. Estaba contento y me ilusioné, claro. Eso no evitó que leyera otra vez las reglas del concurso. El INCAA ejecutaría el dinero en cuatro cuotas, como suele ser con Opera Prima. Una primera cuota para la preproducción que sería el 15 por ciento del monto del dinero del premio. Una segunda cuota, una vez acreditado el comienzo del rodaje del 35 por ciento. Una tercera cuota del 40 por ciento al fin del rodaje. Y una última cuota del 10 por ciento en el momento de la copia A de la película. Para la primera cuota la productora presentante tenía que suscribir un contrato con el director del Instituto, que en ese momento era Ralph Haiek. Los problemas que tienen las producciones suelen ser que la primera cuota no alcanza para iniciar el rodaje. Pero es un problema común a cualquier producción signada por el instituto. Se supone que la productora presentante tiene que poner algo de su parte, en este caso un comprobante financiero de que uno cuenta con dinero en el banco para cubrir un porcentaje de la producción (la productora cubrió eso con un comprobante de su cuenta de banco de que tenía cierto dinero disponible ella y su jefa, la dueña de la productora palermitana, una productora muy conocida del ámbito local, sobrina de un abogado de cine muy conocido de Argentina)

Si no es así, el aporte puede ser en otras áreas, como equipos, profesionales que prestan sus servicios de edición y posproducción. En este caso con Leo podíamos hacer todo eso, tranquilamente. Leo es un editor de gran trayectoria, yo edité Mundo tributo también y le hice la corrección de color, entre otras cosas. En Mundo tributo también armamos la estrategia de distribución. Distribuir la película es la clave de todo. Y si hay algo que yo sé es como distribuir una película, donde enviarla, cómo, etcétera, entonces en esas áreas, viniendo de hacer todo para un proyecto independiente, con Leo sabíamos que íbamos a salir aireados. En el tema del manejo del flujo de dinero no quedaba otra que confiar en la productora. He aquí donde se estancó Gualicho y es aquí donde aún hoy está estancada, por un error de concepto en un concurso de Opera Prima, un concurso que está dedicado enteramente a producir nuevos directores de cine (Opera Prima se refiere a la primera obra de un director de cine o directora de cine, por si hace falta aclararlo)

Sigo. Al otro día hablamos con Leo sobre quién era la productora del proyecto. Sabíamos que trabajaba en una productora por Palermo, teníamos su currículum, pero por lo menos yo no sabía mucho más. El primer problema era que no teníamos un contrato con la productora. Así que había que hablar con ella sobre la manera de hacer un contrato que dejara en claro los porcentajes de responsabilidades y de ganancias.

No es una buena idea hablar de contratos a una productora que uno no conoce. Y menos a una que no sabíamos dónde estaba. En los próximos días nos la pasamos tratando de dar con el paradero de la productora que en ese momento estaba de viaje. El problema era el siguiente: las reglas del concurso estimaban tiempos de entrega, así que no podíamos avanzar con nuestro trabajo si no teníamos un cronograma. El premio podía venirse abajo si la productora no firmaba el contrato con el presidente del Instituto.

Logramos pactar con una entrevista con ella, que creo que fue en café cerca de la avenida Santa Fé, donde hablamos del contrato. Ella nos dijo que por el poco dinero de la película debíamos ceder todo nuestro sueldo. Y no estaba claro si iba a cedernos las ganancias. También dejó en claro que prefería poner de productor delegado a un socio suyo y dejar a Leo sin un lugar claro en la producción, algo que a mí me disgustó desde el comienzo ya que Leo la había convocado y Leo debía ser el productor delegado a cargo del proyecto. Le pedimos que nos enviara el contrato tipo con el que trabajaba para evaluarlo, le hicimos algunas correcciones y nos volvimos a juntar. El problema era el siguiente. La productora presentante quería ir al INCAA a dejar en claro cuál era la situación del proyecto y hacer algunas preguntas al respecto.

Aquí comenzó un juego de dudas con la moral de la productora presentante. ¿Por qué quería alejar a Leo de la producción? ¿Por qué proponía ir al INCAA si insistíamos en firmar un contrato que debería ser lo más común del mundo?

Con Leo fuimos al INCAA y pedimos una reunión con los que habían diseñado el concurso. A esa reunión vino la productora presentante y el socio de ella (que también trabajaba en esa productora palermitana) El socio me dijo que había leído algo del guion pero que no lo había entendido mucho. Ya eso me sonó bastante mal eso. Era un tipo de dudosa reputación por lo que sabíamos. Le había arruinado la vida a otra directora que la casualidad quiso que conociéramos. Había intentado removerla del rodaje. La había alejado de su rol de directora, intentado controlar todo y reemplazarla por otra.

Más allá de eso, la productora que había ganado el premio con mi película, la productora presentante de origen peruano, la socia de este hombre, que también era empleado de la casa productora palermitana, en la entrevista dijo a viva voz a los directivos del INCAA sin pelos en la lengua algo que yo no sabía: que no había leído nunca el guion y que el presupuesto que había presentado era falso (el presupuesto que ella había confeccionado y firmado)

Me asombró porque los del Instituto ni se inmutaron. Salimos de ahí, insistimos con Leo en firmar un contrato con la productora presentante antes de la firma del convenio con el INCAA, y ella respondió que antes de eso quería que visitemos a su abogado para dejarnos en claro algunas cosas.

Pasaron unos días y una tarde estábamos en el hall lujoso de un piso de un edificio del microcentro, en uno de los estudios de abogacía más caros de la industria del cine nacional. Su abogado, un tal Francisco, era un tipo que podía haber sido parte del elenco de la serie Fargo. Mirada fría, pelada pintada con algunas matas de pelo a los costados de la cabeza, nariz pequeña pero con un gran potencial para olfatear la inexperiencia en cuanto a temas legales. Éramos con Leo como unos insectos a punto de aplastar. El abogado, este Francisco, le recomendó a ella que no hiciera la película, no le cerraban los números (sin haber leído el guion ni nada, claro) Yo expuse que si le recomendaba a la productora no hacer eso, estaba destruyendo mi trabajo y aclaré que también se estaban metiendo en la lucha por la inclusión social de una persona con hipoacusia y certificado de discapacidad. Tomé mis audífonos, me los quité y se los mostré. Las cosas no habían sido fáciles para mí. Si no quería hacer la película bien podía manejar el dinero, transferirlo a Leo Rosales y dejar que nos encargáramos nosotros de confeccionar, como hicimos con Leo, un producto final que pueda ser estrenado en festivales de cine, en cine comerciales y emitidos en canales nacionales e internacionales.

La productora de origen peruano dejó en claro que si no aceptábamos poner a su productor delegado no había manera de avanzar. El abogado dejó en claro que el cine le interesaba poco y nada (igual que a su clienta) como suele ser, dirán y diré, y que menos, trabajando con empresas tan grandes, le interesaba el destino de una Ópera Prima y de una persona con discapacidad. Volví a recalcar que podrían a llegar a tener problemas por actuar de esa manera, que hay convenciones que defienden los derechos de las personas con discapacidad y que a pesar de que no actúan en general como deben en algún momento podrían llegar a actuar. Dije que tal vez no sabían cómo hacer una película chica, pero Leo y yo seguro que sí.

Salimos con Leo en esa tarde lluviosa y nos guarecimos bajo el techo de un bar, estábamos muy nerviosos, alterados. Nos habían hecho sentir una porquería, como si no valiéramos nada, y no fuéramos los creadores de un proyecto que había ganado un premio si no unos advenedizos sin ningún tipo de valor. No habían leído el guion y opinaban sobre la película, son cosas que un director de cine no está acostumbrado a aguantar. La estrategia de la productora entonces parecía ser oprimirnos con un abogado poderoso para que dejáramos la producción enteramente en sus manos. En algún momento de la entrevista, confesó que podría hacerla en una casa en Barracas pero no en un campo. Esa casa había sido usada para una serie de televisión que ella había producido.  Leo sabía que esa casa había sido demolida. Así que si ya era una locura hacer en la ciudad una película pensada para filmar en una casa de campo, más todavía lo era hacerla en la ciudad y una casa que ya no existía.

El mecanismo de la opresión ya había sido iniciado. Nos hacía sentir que no valíamos nada. Y en la lluvia, con un premio bajo el brazo, pero con una productora que nos hacía sentir una porquería, no quedaba otra que sentirse una porquería o que levantarse y decir: las cosas no pueden funcionar así.

Una semana antes de eso el INCAA me había hecho una entrevista como ganador del concurso para la Revista La Cosa. Había contestado las preguntas como se debía, como alguien que había ganado un premio porque su proyecto tenía valor, porque el proyecto era bueno. Eran mis estudios, años de ver películas, de pensar qué era lo que quería hacer con el cine. De venir de hacer algo independiente que había funcionado. ¿Pero a quién le importa eso, no, dirán y diré? Menos a un abogado poderoso y a una productora que hacía tres películas por año con el instituto de cine.

Pero después de la entrevista en el instituto en que la productora había confesado como si nada que había presentado un presupuesto falso ante los gerentes sin que hicieran nada, que no había leído el guion y del encuentro obligado con el poderoso abogado de la industria del cine, me di cuenta de que estaba trabajando yo para el INCAA gratis, para su mecanismo de difusión, para los sectores de prensa que deben hacer notas sobre los premios, sobre premios que en realidad no tienen ningún valor porque la figura del director en realidad no existe en el instituto, no tiene peso, como no tiene peso frente al abogado ni ante la productora (porque el instituto de cine les dejaba hacer lo que quieren con el resto del equipo)

 ¿Ópera Prima? ¿Trabajar gratis para desarrollar un proyecto y encima ser tratados así? Desde el principio el premio pareció más un castigo que un logro del esfuerzo de años. La lógica institucional hacía fácil que fuera un castigo. Y de ahí viene toda mi lucha posterior por defender una verdad: que el instituto, ese lugar donde nos pasaríamos horas y días durante el año siguiente y el próximo, no estaba hecho para los directores de cine, estaba hecho para los productores. Y en Argentina no hay productores que paguen el desarrollo de una película a un director de cine. Por lo tanto, todo era, y se podía ver desde lejos, un embuste. Un sistema erróneo que me iba a llevar a mí a exponer ese problema que está tan a la vista.

Pero las cosas recién empezaban. Luego de esa entrevista con el abogado la productora desapareció. No había manera de que contestara el teléfono. No contestaba los emails. Estaba de viaje por Europa o no sé dónde y la fecha para firmar el contrato con el instituto de cine corría y mi tiempo, que también tenía valor, se perdía.

Mientras yo ya iba armando el casting de la película, recibiendo la solicitud de amistad de muchos actores y actrices en Facebook que buscaban trabajo, una colmena que se agita cuando se enteran de que un director ganó un premio, hablando con posibles directores de fotografía y diseñando los afiches que se presentarían en el mercado de Ventana Sur a fin de año, donde estábamos invitados para presentar la película y recaudar más fondos, la productora presentante de Gualicho había desaparecido. Por más que hiciera lo que hiciera, no había manera de avanzar. ¿Cómo solucionar ese problema?

por Adrián Gastón Fares.

Infierno en el Instituto. 1. No ficción. Crónica.

Todo empezó cuando llegué un día a mi casa y encontré a mi pareja de ese entonces, una chica bastante más joven que yo, con rasgos asiáticos, de ascendencia japonesa para ser más específico, llorando. Estaba mirando Mundo tributo en el televisor de mi dormitorio. ¿Cuál era el problema? ¿No era una película divertida la mía? Era otra cosa, ella no podía tolerar que yo no hubiera podido seguir filmando mis otros proyectos. Propuso ayudarme. Así que retomamos una película que yo había pensado y escrito hacía diez años, que con el tiempo se llamaría Gualicho.

En ese tiempo viví en las nubes. ¿En qué nubes? Estaba conviviendo con una persona a la que admiraba, y que me estaba ayudando a llevar adelante una película. Había que revisar Gualicho y hacer un storyboard. Había que filmarla de manera independiente como hice con Leo Rosales y Mundo tributo. Con Leo no podía contar porque estaba tratando de salir adelante con sus proyectos, de cine y musicales, recién acababa de ser padre y estábamos algo distanciados en ese entonces.

Pero las cosas no eran fáciles en mi departamento. Nos costaba mucho llegar con mi pareja a la locación que había sugerido un ex cuñado y yo había encargado una cámara pequeña pero confiable, dentro de todo, al exterior para filmar la película. Al comprarla, no me animé a hablar por teléfono por miedo a no entender (en ese entonces no tenía manera de que las llamadas me llegaran a los audífonos) y la persona que yo tenía que llamar fue contactada por mi pareja. Resultó ser un estafador.

En 2014 la relación con esa chica se terminó. Había decidido irse, me dejó, cosas que pasan, dirán, y diré (aunque podría escribir un libro entero al respecto), como hacemos los hipoacúsicos que contestamos rápido antes de pensar porque no entendemos bien, y yo quedé sin película, sin novia y dándome cuenta de que ahora era una persona con hipoacusia y sin futuro. Hacía poco, dos años atrás, había masticado a medias el hecho de que me dieran un certificado de discapacidad por la sordera. Llegué del hospital Roca solo, donde había enfrentado a la junta que evalúa la discapacidad para el certificado, abrí la puerta del departamento y me senté frente al monitor, puse una canción para escuchar en YouTube y tuve ganas de llorar. No lloré.

Dos años después del Hospital Roca, cuando mi pareja me dejó, y enfrentaba un triple duelo, novia, cine y discapacidad, decidí entrar a trabajar en un sindicato, que también era una obra social, un trabajo que no tenía nada que ver con lo audiovisual ni mucho menos el cine. El objetivo era que mi ex novia, mi pareja, dirán, y yo diré, la que me estaba ayudando con el cine, viera que tenía un trabajo común y volviera. Había dejado escrito, porque le pedí que lo escribiera por si no escuchaba bien, el motivo de la separación: ella decía que se iba a buscar un trabajo y que luego volvería porque no podía dejar que mis padres nos ayudaran.

En fin, al mes de eso, a las seis de la tarde, yo fichaba en el trabajo en la obra social y empujaba el portón que daba a la calle Lavalle. Miraba el banco de piedra de enfrente de la librería de usado y esperaba que mi ex pareja me estuviera esperando. Que hubiera decidido volver. Pronto me di cuenta que eso nunca iba a ocurrir. La desazón era aplastante.

Llegó la depresión. No conozco las cárceles, pero la obra social era la cárcel más rigurosa que existía. Llegué a estar en una habitación oscura sin baño, en la soledad, tardes enteras sin nada que hacer. Luego ascendí: a cadete, llevaba cajas con útiles o resmas de hojas de un lado para el otro y traía gaseosas para los eventos sindicales. Los útiles terminaban en el correo y las gaseosas en la mesa del salón de eventos sindicales.

En 2015, en mis tiempos libres trabajaba en un proyecto, un guion llamado Las órdenes, en un taller. Me costaba muchísimo escribir. No podía tocar la cámara. Me desintegraba emocionalmente si lo hacía. Mi cara se venía abajo, mis manos temblaban, era como una estatua de arcilla en una tormenta. Esa cámara me había traído muchos problemas. Esa cámara y ese bolso representaban el fin de todas las esperanzas y de los errores que yo había cometido en la vida. En ese momento, me había olvidado de justificarme, de mis dificultades, fui brutal conmigo mismo, tan brutal como alguien tan exigente como yo puede serlo con sí mismo.

Así y todo, no podía tocar la cámara, pero sí un teclado; reescribí Las órdenes, que pronto me daría una media beca para viajar a Colombia a un laboratorio de proyectos cinematográficos. En 2016, en el hotel Mariscal Robledo, un hotel colonial con varias piscinas, rodeado de una frondosa vegetación, donde habían parado algunas estrellas de Hollywood y el Mariscal Robledo, claro, recibí el mensaje de Leo de que necesitaba la propuesta estética de Gualicho para presentarla a un concurso del INCAA de Ópera Prima. Solicité la computadora del hall a las recepcionistas del hotel, ya que no había llevado ninguna notebook al viaje porque no tenía, y ahí reescribí la propuesta estética de Gualicho. Habíamos estado trabajando mucho en eso. Era el primer concurso al que me presentaba del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales Argentino, también llamado INCAA, al que de ahora en más me referiré como el instituto.

Volví del viaje enriquecido, conocí a personas que respiraban cine como yo, aprendí más sobre cómo construir historias para la pantalla.

Seguí trabajando en la obra social, mientras pedía que renovaran mis audífonos porque los anteriores estaban al máximo de su potencia según Magalí Legari, mi más que inteligente y sensible fonoaudióloga, y un día llegó el resultado del concurso de Ópera Prima del instituto. No habíamos ganado. Eran otros, proyectos que tenían más que ver con lo social (como Las órdenes) que con lo fantástico y el drama familiar (como el que presentamos, Gualicho; un guion que tenía muy pocos diálogos y mucha acción, digo y dirían los que querían rodarlo a la vez en idioma inglés por ese motivo; era el guion de un hipoacúsico como yo, lleno de imágenes visuales potentes) Entendimos que era difícil ganar el concurso y seguimos adelante con Leo para presentarlo en otra oportunidad.

Conocí a otra chica (siempre orientales vos, como me dicen, preséntame una, qué le voy a hacer, son casualidades y no siempre fueron orientales) y seguí trabajando en el guion de Gualicho. Ya no costaba tanto como antes escribir. La oportunidad de volver a presentar el proyecto se dio. De repente, en 2017 había surgido un concurso del INCAA para Ópera Prima, con jurados internacionales, que estaba dedicado al género fantástico.

En las bases del concurso el INCAA pedía 2 puntos para el productor. Si no tenías esos 2 puntos no podías presentarte. Con Leo fuimos a preguntar al INCAA cinco veces a diferentes despachos si teníamos esos dos puntos por haber estrenado en el mismo canal del INCAA nuestra producción Mundo tributo, que además había sido emitida en el canal Encuentro, Cablevision, MTV Brasil y muchos festivales de cine. Los empleados, aunque les mostráramos el Excel confeccionado por el mismo INCAA donde explicaba lo de los puntajes eran tajantes: nos decían que por no haber sido estrenada en cines (aunque Mundo tributo estuvo en el Hoyts Abasto por BAFICI y vendió tickets y también en un cine cordobés) no teníamos puntaje.

Tanto Leo, que sería productor creativo del proyecto, como yo, empezamos a mandar mensajes a productores que desconocíamos pidiéndoles si les interesaba presentar Gualicho por nosotros, ya que yo no podía por presentarme como productor por ser director del proyecto y Leo no podía porque nos habían aclarado que Mundo tributo no tenía los dos puntos requeridos en producción. Una persona, de origen peruano pero que vive y trabaja aquí, aceptó.

Yo había trabajado muchísimo en la presentación, llegué a ir sin dormir a la Obra Social para entregar la mejor versión de Gualicho, con su respectivo storyboard, y la mejor propuesta estética que podía hacer. Me quedaba dormido de pie en la fila de los bancos.

Leo mientras tanto rellenaba todo lo que era de producción. Los dos nos esforzamos muchísimo. Le pasábamos los datos a la productora presentante (era una mujer, de origen peruano como dije, no era una empresa, aclaro porque podemos confundir la palabra productora con una empresa) que tenía los dos puntos que estipulaba el INCAA (resultó que era por una serie que había estrenado… el canal Encuentro). Casi a último momento, antes del cierre de la presentación, logramos presentar.

No sólo presentamos Gualicho, sino también una serie de televisión que desarrollé, un mediometraje y un proyecto para desarrollo de guion de largometraje. Pero el premio que más me interesaba era el que a uno le daba el dinero para producir una Ópera Prima, mi primera película de ficción. Es el que suele abrir las puertas para otros proyectos luego puedan ser financiados. Y yo tengo y tenía otros proyectos.

El tiempo pasó, no teníamos idea de cuándo saldría el resultado del concurso, así que en los tiempos libres con Leo planeábamos filmar una película independiente al estilo de Mundo tributo. Pero de ficción. Nos juntamos en un café por Once con Pedro, un actor. Un día de semana, luego de salir del trabajo, caminé hasta microcentro hasta la casa de Dani, otro actor que queríamos probar para el papel principal. Dani que es actor y también se disfraza tipo cosplay, nos mostró los trajes de Joker, la máscara de Jason y diversa utilería y vestuario que tenía en su armario. Pasamos un lindo rato. La película iba a tener que ver con algo como auto percibirse como con una “capacidad diferente”, valga la redundancia de este término. Algo parecido a lo que yo ya era con mi identidad de persona con discapacidad, mi identidad de persona con hipoacusia, usuario de dos audífonos y portante de un certificado de discapacidad que, en mi caso, podrían encuadrar junto con mi título de Diseñador de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires (digo esto del certificado porque llevó tantos años que dieran con mi diagnóstico para equiparme con dos audífonos; fue más difícil que cursar una carrera y exigió tanta o igual dedicación de mi parte de estudiarme a mí mismo)

Junio de 2017. Ya era de noche. Volvía de esa reunión caminando hacia mi departamento, cuando el teléfono me envío una llamada a los audífonos. Lo saqué, al teléfono digo, del bolsillo del jean, vi en la pantalla que era Leo, me pareció raro que llamara porque nos acabábamos de despedir hacía media hora. Atendí.

Leo no lo podía creer. Su voz sonaba más alegre que de costumbre. Gualicho había ganado el premio mayor. El premio a la producción de Opera Prima. Yo no caía. Él sería el productor creativo, yo el director y guionista y la película se filmaría.

Me explicó que del instituto habían notificado a la productora y ella lo había llamado.

Eso quería decir que Gualicho iba a ser financiada. La película había sido pensada para filmar de manera independiente en un campo. El dinero del premio debía sí o sí alcanzar. Yo la iba a hacer con muy poca plata o casi nada. Iba a alcanzar, siempre y cuando se manejara bien el dinero, claro.

Después de tantas luchas, de haber sacrificado mi vida en eso, dirán o espero que digan, iba a poder filmar Gualicho.

Entré a mi casa. Me fui directo al dormitorio. Me largué a llorar.

por Adrián Gastón Fares.

Cine: Pedido de ayuda y firmas para Adrián Gastón Fares.

Hola! Soy Adrián, escritor, director y guionista de Cine. Y tengo hipoacusia. En el 2017, me presente junto con Leo Rosales en el concurso de Opera Prima de Ficción de INCAA y ganamos. Esto nos iba a brindar la posibilidad de dirigir mi primer largometraje de ficción: Gualicho. Pero fuimos engañados y nunca pudimos producir nuestra tan deseada película. Hace dos años estamos luchando para cobrar el premio y empezar a dirigir la obra en la que tantos años estuvimos trabajando pero el INCAA sigue fallando en nuestra contra. Por eso les pido que me acompañen con su firma para que el INCAA responda a nuestro reclamo y nos entregue el dinero del premio que es lo que corresponde.

ES IMPORTANTE, PRIMERO, PARA QUE SE RESPETE LA LEY DE CINE Y SUS ARTÍCULOS. YA QUE SE LA HAN SALTADO.

SEGUNDO: EL AGRAVANTE DE LA FALTA DE INCLUSIÓN EN ESTE CASO, ADEMÁS DEL DAÑO INTEGRAL A MI CALIDAD DE VIDA Y A MI PRODUCCIÓN CREATIVA, SERÁ LA FALTA DE CONTENIDOS DIVERSOS YA QUE SOY UNA PERSONA CON DISCAPACIDAD Y LAS TEMÁTICAS QUE ABORDÉ FUERON SIEMPRE CERCANAS A LA IDENTIDAD Y LA DIVERSIDAD DESDE LOS GÉNEROS QUE MÁS LLEGAN, QUE MÁS CONMUEVEN Y MÁS INTERESAN A LOS ESPECTADORES. SIEMPRE PREOCUPADO POR MEJORAR LAS NARRATIVAS Y LOS CONTENIDOS AUDIOVISUALES.

Por eso, trabajamos noche y día con el objetivo de presentarnos a esta convocatoria y la ganamos. Pero lamentablemente, el premio lo cobró una tercera persona, que el INCAA nos indicó que pusiéramos como productora puesto que nosotros no cumplíamos con un requisito para participar que es el puntaje de Mundo Tributo. Esta persona no participó en ningún momento del proyecto y, si bien yo figuraba como director de la película en la resolución del premio, no recibí un peso.

Desde que comenzamos a reclamar fuimos mal asesorados por parte del INCAA en toda instancia y nunca recibimos ningún tipo de ayuda. Y hoy, dos años despues de luchar, seguimos sin poder hacer Gualicho, la obra en la que estuve tantos años trabajando. El proyecto ganador quedó encajonado, mayormente se debe a desacuerdos internos, políticos y burocráticos.

Cuando gané el premio no especifiqué mi hipoacusia, ni dije que tenía certificado de discapacidad (CUD) pero luego expliqué ante las autoridades de INCAA y Ministerio de Cultura. Lo que advertí es lo que ocurrió: Daños y perjuicios en mi vida por dedicarme a lo que estudié a pesar de mi condición (Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires). A nadie le importó las consecuencias que iba a tener en mi inclusión menospreciar y discriminar el logro de una persona, y más de un persona con discapacidad. Y es sólo un agravante; como actuó el INCAA hasta el momento es irresponsable y negligente ya de por sí como puede verse en el expediente de referencia 8471/17.

Agradezco el apoyo y la ayuda que me puedan brindar. Por favor, compartan y firmen esta petición. Para que se haga justicia y el INCAA finalmente nos de lo que nos merecemos, el premio del concurso de Opera Prima, para poder empezar a grabar Gualicho. 

Muchas gracias!

Adrián Gastón Fares

Firmar y compartir el pedido: change.org/gualicho

Si sos seguidor de este blog, sería bueno que compartas y firmes este pedido para que el autor del mismo pueda finalmente filmar el proyecto por el que ha sido premiado. El link es el siguiente. El pedido es hacia el Ministerio de Cultura de la Nación y el Instituto de Cine Argentino (INCAA) que fue el que otorgó el premio.

change.org/gualicho

Texto completo del pedido:

Autor, Guionista, Escritor, Director de cine, Productor Mundo tributo, Gualicho, Mr. Time, Las órdenes.

Escritor de las novelas Intransparente, El nombre del pueblo, Seré nada, una historia suburbana de terror, entre otras.

Entrevista al respecto sobre el premio a Adrián Gastón Fares:

Entrevista radial sobre el tema cine e Instituto de cine.

Entrevista radial por el premio a Gualicho y el problema con el INCAA (y el Ministerio de Cultura que no se hace cargo)

Hace unas semanas, luego de esta entrevista, una empleada del INCAA se tomó el trabajo de llamarme para dejarme en claro que aún con un permiso del Instituto yo no podía ver el expediente de la película que desarrollé desde cero. Pero no fue solo eso, si no que se desquitó conmigo de sus problemas personales y me dio a entender que no existo como ser humano ante el INCAA, etc. etc. Estamos hablando del Instituto de Cine Argentino.

Puedo filmar Gualicho cuando quiera con quién quiera, eso está claro, pero el premio se devaluó y jamás cobré un peso por mí trabajo (pero lo que más me preocupa es que si el INCAA hubiera actuado bien otro productor hubiera hecho la película y yo no estaría escribiendo esto)

Parece que seguimos igual en este país, que cada vez entiendo menos y menos, más teniendo en cuenta las cosas que me tocaron vivir.

Cómo habrán entendido si leyeron Seré nada, Argentina es cada vez menos mi hogar, cada vez me representa menos y me considero más italiano (mi madre es italiana) que Argentino.

Querer un país en el que se sufre tanto es un masoquismo que no me voy a regalar.

Los que conozcan mí historia y sean empáticos (y puedan ponerse en el zapato de los demás) sabrán lo difícil que me fue lograr llevar adelante mis trabajos en cine. Sabrán que mi intención fue aportar algo a un cine y, en general, a la cultura de un país que simplemente no me merece.

Por suerte, puedo darme cuenta de eso y pasar la página.

Dejo la entrevista que me hicieron en Radio Ciudad.

Seré nada. Capítulo 34. Nueva novela.

Seré nada. Capítulo 34. ¿Una mítica comunidad sorda? Nuevos monstruos. ¿Vampiros? Extrañas identidades. Todo eso y mucho más. Acción, terror, misterio, aventura y drama en Seré nada.

34.

Silvina abrió los ojos y vio todo negro. Pensó que se había quedado ciega. Lo que faltaba, se dijo. Descubrió lo que estaba mirando. Era una pizarra. No tenía nada escrito. Giró su cuerpo y vio varios pupitres amontonados en un vértice del aula en la que estaba. Los pies le colgaban del escritorio.

Otra vez en ese sueño donde volvía a la secundaria, pensó. ¿Dónde estaba el chico que le gustaba? Tendría que volver a verlo para después despertarse aletargada.

Cuando había terminado el encierro de la primera epidemia había quedado por días así, aletargada, sin fuerzas, durmiendo de más, soñando mucho que volvía a ser una adolescente.

Parpadeó y se quedó dormida por un tiempo más. Luego volvió a abrir los ojos. Lo negro. El pizarrón.

Descendió del escritorio. Caminó dando vueltas por la habitación. Se acercó a una de las ventanas. Las persianas estaban bajas. Había una lámpara colgando que la dejó reflejarse en los cristales. Vio las marcas alrededor de su boca y se dio cuenta de que en los sueños de volver al colegio no estaba. En esos se sentía adulta y se veía adolescente. Ahora, estaba en la pesadilla real en la que se había desmayado porque una médica loca le había dado una pastilla.

Caminó hasta la puerta e intentó abrirla, pero no pudo. Pensó que era la pastilla que la había debilitado, pero después de dar unas vueltas alrededor del escritorio y volver a intentarlo, se dio cuenta de que estaba cerrada con llave. Buscó el celular en su bolsillo. Se lo habían quitado. Luego recordó que ni eso, se lo había olvidado cuando salió disparada del dormitorio en la casa de Ersatz.

Se sentó en el suelo y empezó a sollozar. Se llevó las manos a las orejas. No se acordaba que no tenía las prótesis auditivas. No podía escuchar nada del otro lado de la puerta.

¿Dónde estaría Er? Qué le habría pasado. Era culpa de ella. Otra culpa más que debía arrastrar como la muerte de Manuel.

Se vio entrando al café donde se reunía con Manuel y Ersatz, un día de invierno. El sol bañaba la mesa donde la esperaban sus dos amigos. Extrañaba eso. ¿Por qué siempre buscar algo nuevo, algo más?

Siempre insatisfecha. Armando líos. Por eso la había abandonado su madre. Lejos de la loca, la rara, la problemática. La que una vez se chifló en un cumpleaños de su hermanito y revoleó el ventilador. La que no aguantaba los berrinches de la criatura.

El sollozo que salía de su pecho se convirtió en un llanto. No debía hacer mucho esfuerzo para recordar que si no dejaba de llorar estaría en problemas. A veces no podía parar.

Las imágenes aparecían y golpeaban en su retina, aunque apretara los párpados. Su madre poniéndose linda para salir y ella sentada en el sillón al lado de su hermano menor. La noche de pantalla con dibujos y hastío.

Saber que su padre estaba enterrado, no muy lejos. Esa palabra horrible, melanoma.

La fotografía de su padre con dos trofeos, las truchas que había pescado en el sur.

Se vio antes, mirando un partido de fútbol y su madre señalando que el de cámara con teleobjetivo era su padre. Se vio después, su madre prohibiéndole que tomara sol en un balcón. ¿Querés terminar como tu padre?

Se vio saliendo a la calle para no volver más de la casa de uno de sus exnovios, el que solía controlarle todos los movimientos, al que ella había enamorado primero porque él no quería saber nada. Nunca había sentido culpa de dejar a ese tipo rayado. Pero ahora sí.

¿Para qué lo había seducido? Sabía que no escuchaba, como ella. Que había tenido encima de padre a un policía intransigente que lo reprendía por todo.

Sabía que ese exnovio había sentido amor por primera vez en la vida cuando ella lo abrazaba por las noches o le contaba historias por debajo de las sábanas como si fuera un niño. Ella había creado toda esa belleza para quitársela en cuanto él la amara de verdad. Y se había ido con la frente alta.

Y después el mundo se había ablandado, las cosas habían cambiado, había amigas que le hablaban de responsabilidad emocional.

Responsable ya había sido cuando tenía que cuidar a su hermano, hacerle la comida, llevarlo al baño, mientras su madre se divertía con los amigos de su padre y después volvía medio borracha.

Se vio tirándose un día de semana en el suelo del sótano de un edificio. Estirándose. Transpirando. Saludando a la luna, al sol, bajando la cabeza entre las dos palmas abiertas, como entregándolo todo, para que el universo, Dios o lo que hubiera la perdonara, para que pudiera olvidar, para que el kundalini se despertara de una buena vez.

Se vio escuchando a gente que decía que ella había quedado sorda por no superar la muerte de su padre. Bajando la cabeza también ante esas palabras.

Se vio sola en una habitación de un edificio, pensando en caminar lentamente hacia el balcón para dejarse caer para siempre. En una mano tenía la carta documento que le había enviado su madre para sacarla de su propiedad.

Se vio peleando con abogados, esperando dos horas en un sillón hasta que la atendieran, como si los exámenes nunca terminaran. Pero tenían que terminar.

Debía respirar hondo. Abombar la panza al aspirar, distenderla al exhalar. Así se fue tranquilizando, con la frente en el piso y las manos cerca de la puerta cerrada.

Buscó su imagen, la imagen a la que siempre iba y que era sagrada y que la había descubierto meditando muchos años. Era una montaña escarchada en la cima. Flotando, subió hasta que pudo ver la nieve de cerca.

Y entonces pudo volver, bajar lentamente hasta ver el valle verde y luego el pie de la montaña, y dejar que otras imágenes llegaran y pasaran.

Leía en su dormitorio con toda la tarde solitaria por delante, creyéndose que era distinta porque tenía dos aparatos en el oído. Era diferente ella como las heroínas de medias raídas que dibujaba. No tenía ningún poder, el único poder era que los otros eran iguales y ella no.

¿Por qué era que su madre le alejaba y le acercaba el palito de helado cuando era chica? ¿Para qué la hacía sufrir así?

Que se fueran todos al carajo. Su madre. Su padre que había abandonado el tratamiento médico, y nunca pensó que estaba crucificando a una familia. Sus tíos paternos desaparecieron, incluso le pidieron dinero a su madre.

Su hermano que ahora era un abogado exitoso en Misiones y que se había aferrado de sus hombros mientras ella se miraba en el espejo en el baño y pensaba qué era lo que le gustaba hacer en el mundo para no terminar como su madre en los coches de cualquiera y aceptar incluso que le pagaran el alquiler unos tipos que desaparecían en cuanto ella, Silvina, había empezado a respetarlos.

Su madre había dado con ese viejo degenerado con dinero. El viejo hasta le gustaba llevarla en su coche al colegio para mirar al saludarla por la ventanilla las polleras de las otras chicas.

Había tenido que construirse una identidad, ella sola, para luchar mejor, para sobrevivir, para aguantar que le dijeran que hablaba mal en la adolescencia, donde formaba parte del grupo de chicas con olor a sangre y transpiración porque sabían que estaban tan afuera de todo que no se bañaban todos los días como las otras, las lindas, las fulgurantes, las de pelo rubio brillante, las de risas fáciles, las que salían con los mecánicos tatuados, las que salían con los que tenían merca.

Y no le gustaban en esa época los tímidos, los que eran como ella, pero no lo eran, porque ella no era tímida, era extrovertida, no era antisocial, le gustaba estar con gente, pero los sonidos no le llegaban a sus oídos como debía y en cuanto el ruido de la habitación se hacía insoportable, que era el momento donde todos se divertían, ella tenía que salir, alejarse, encerrarse en el baño, o bajar las escaleras oscuras de ese colegio ilustre al que la habían mandado a sufrir porque su madre pensaba que era más inteligente de lo que era y encima había querido que se integrara, que a pesar de que hablaba mal, fuera, vaya la redundancia, oralizada por profesores gritones y maestras solteronas y mandonas, a las que les gustaba mostrar el culo a sus alumnos y pensaban después en cómo se debían masturbar en la casa pensando en ellas, como le había contado una vez una amiga maestra que tenía, a la que hacía años no soportaba escucharla más.

Y el remanso de empezar a frecuentar a otras personas que tenían dobles dificultades como ella, que no eran visiblemente sordas, que no eran claramente sordas, que habían tenido que levantarse solas para encontrar su propia verdad en un mundo que les decía que no siempre.

Intentar hacer algo era el problema, como cuando en la casa de su abuela intentaba cambiar un mueble de lugar y la mujer le hacía un escándalo.

No, no debías intentar hacer algo cuando descubrías que los que te rodeaban tan solo por respirar te iban a señalar y mandar a encerrarte al cuarto a estudiar.

Apareció ante ella el pie de la montaña otra vez. Alguien, una mujer joven a la que no podía ver del todo, estaba jugando con un perro lanudo.  Tenía que hacer algo, pegar un grito para que la ayudara.  Intentó hacerlo, pero era tarde. La mujer ya no estaba. Abrió los ojos.

Tenía que lanzarse contra la puerta para ver si podía escapar del colegio donde la habían encerrado esos patrioteros.

Se abrió la puerta de golpe y dio contra la pared.

Por suerte, las imágenes la habían llevado a sentarse en el escritorio en el que la habían dejado sus secuestradores. La médica entró, seguida de Lungo.

Cerró los ojos y vio la cima de la montaña, su montaña, esta vez bañada por el sol. Fue apretando cada uno de los músculos de su cuerpo, empezando por sus pies. Dejó caer la cabeza hacia adelante mientras sentía que los dientes chasqueaban dentro de su mandíbula.

—¿Qué le pasa a la nena ahora? ¿Mejor? ¿Enojada?

Evelyn la tomó del mentón para levantarle la cabeza. No lo logró. Intentó haciendo palanca con su codo y resopló cuando vio que no podía.

Silvina empezó a levantar su cabeza. Puso los ojos en blanco, como si estuviera en trance.

—¿Preocupada por tu noviecito? Ya va a aparecer.

Atrás estaba el tipo rechoncho, apoyado en el marco de la puerta como si no aguantara su propio peso.

—Dios mío, esta chica parece poseída —dijo.

Silvina empezó a gruñir, logró imitar ese gemido que quería escapar de la garganta de Gema cada vez que debía alimentarse.

—Está mal del pechito —dijo Evelyn, río y se tapó la boca. Cuando se la destapó ya estaba seria—. A ver si me la pueden curar, Osval.

—Mirá que Algodoncito no es como Evelyn, eh… Tiene otros métodos —dijo Osval.

Lungo estiró el costado de la boca derecho y el izquierdo cayó hacia la prominente nuez de la garganta. No le salían bien las sonrisas maléficas, se dijo Silvina.

A continuación, Lungo la empujó. Ella se bajó del escritorio para seguirlo. Los otros ya habían salido al pasillo gris.

por Adrián Gastón Fares

PD.

Novedades.

Seré nada sigue, ya lo saben. Ya falta poco o por lo menos falta mucho menos.

Hoy además del capítulo 34 de mi nueva novela les comparto la nota que me hicieron ayer en la Radio 1110 por el tema de cine y mi película fantástica, de terror y drama, llamada Gualicho. Pueden difundirla ya que el objetivo es que los que deben tomar decisiones en el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales Argentino, el INCAA (su presidente y vicepresidente para ser preciso) intercedan y arreglen lo que me ha ocurrido con el premio. Y pronto pueda reanudar el rodaje de mi película.

Por otro lado, creo que sirve para entender también un poco la dinámica del cine institucional en Argentina y evitar problemas o saber cómo enfrentarlos. Lo clave es que los directores y los guionistas no tenemos presencia en el Instituto de Cine.

Por eso tuve que dar tantas vueltas para que me dejaran ver el expediente de mi propio proyecto. Esto último debe sí o sí cambiar. O no habrá nuevos directores de cine, no habrá nuevos guionistas.

En Argentina los que desarrollamos un proyecto lo hacemos sin dinero y lo hacemos desde cero, invirtiendo horas y horas y trabajando desde la A la Z. El destino de un director de cine no puede depender de un sólo productor. El destino de un proyecto no puede depender de una sola persona, tampoco.

Fin del tema.

Ya se viene el capítulo 35 de Seré nada. A. G. F.

Mis audífonos nuevos

Cronología del desastre

Cronología del desastre

2007-2011 Filmo Mundo tributo con Leo Rosales, realizamos todo, es una producción independiente. Nos va muy bien. Estoy varios años distribuyéndola y nos va mejor. La película estuvo en BAFICI, y se vio en canales argentinos, brasileños y en festivales de muchos países.

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Por primera vez con audífonos en ambos oídos (como verán). Año 2012

 

2011-2012 Un otorrino me envía a sacar certificado de discapacidad y me da audífonos por primera vez en ambos oídos. A la semana de entregado los audífonos me voy a Ushuaia a realizar un trabajo audiovisual. Voy con un camarógrafo que me dice que yo no quiero escucharlo. Me hace poner mal hasta las lágrimas en el hotel. Vuelvo, con dolores terribles en el oído en el avión, y edito el trabajo (que llevo meses) y lo termino.

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Yo en “el Fin del Mundo”, Tolhuin, Tierra del Fuego

 

2013-2014 Entre algún que otro videoclip, provistos por gente que me ayudó como pudo, con los audífonos mal adaptados y sin saberlo, me pongo a realizar Gualicho de manera independiente. Para eso pido una cámara, realizo el storyboard. La cámara, por decisión del gobierno de ese entonces de cerrar importaciones, una cámara muy barata y chiquita, pero que servía para filmar un largometraje independiente, queda afuera; quedo a merced de un estafador que vive en Miami. Mi pareja tiene que hablar con él porque yo no me animaba a hablar por teléfono por temor a no escuchar bien. Meses para solucionar la estafa. No puedo ir al campo donde iba a filmar la película, estoy solo tratando de salir adelante con lo que me apasiona y estudié. Hago un casting solo con mi pareja (nadie vino a ayudar).  Fue un casting peligroso… Trato de seguir adelante luego de la tensión de la estafa y la adaptación a los audífonos. Pruebo la cámara filmando Cine sordo y otro cortometraje. Incertidumbre. Falta de autoestima. Desastre total. Termino solo y arruinado. Crisis de identidad. Me voy a buscar la solución a algo que ya tenía; era sordo (pensé que podía ser autista o tener Meniere) El momento más horrible de mi vida.

 

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Scouting de Locación para Gualicho cuando quería hacerla independiente. Merlo, Buenos Aires

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Otro Scouting de Locación para Gualicho de esa época

2014-2016 Psicólogos por primera vez en mi vida, psiquiatras, luego de un trabajo en una Obra Social en el que no me daban ninguna tarea, en un entorno hostil, donde llegué a estar en una habitación oscura sin baño, termino yendo por las tardes a un Hospital de Día (del centro, el de la Clínica Banfield)

Estaba sufriendo pero bancándola en la Obra Social hasta que me llegó una carta terrible que me pintaba como un monstruo terrible de alguien que yo apreciaba. Caigo en el abismo que explico en el párrafo anterior. No debería haberme llegado esa carta como discapacitado nunca. No era la manera de actuar en ese momento y mi familia y cualquiera que me quisiera de verdad debería haber evitado esa forma de comunicación.

Sigamos. Algunos decían duelo prolongado. Otros estrés postraumático. Terminó empastillado, tomando medicación por primera vez en mi vida para dormir y estar sedado -y un poco de antidepresivo y clonazepam- que no pude dejar hasta el día de hoy (aunque ya no creo en psiquiatras en lo más mínimo; menos en psicólogos para discapacidad) Me voy de viaje solo al sur. Un día me despierto y toda la comitiva se había ido de excursión sin que me entere. Me anotó a cursos y carreras, voy a un taller de guión para perfeccionar Las órdenes, otro de mis guiones de largometraje que pienso dirigir.

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Cuando me sacaron de la oficina solitaria y oscura por lo menos me mandaban a llevar muertos al Correo.

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Mi trabajo en la Obra Social con la estimada zorra multiuso

 

2016-2017 Las órdenes queda seleccionada en Colombia, me voy a Colombia a un taller de guión internacional (la única alegría que tuve en estos diez años desde que me dieron discapacidad) Buena gente, comprensiva. Reescribo mis novelas mientras trabajo en la Obra Social. No duermo y reescribo Gualicho, largometraje La presentamos con Leo a Ópera Prima 2016. No gana. La volvemos a presentar con otra productora presentante, que no hizo nada más que lo que yo ya había hecho, meses después yo reescribo el guión otra vez sin dormir y yendo trabajar a la Obra Social, mientras luchaba hace cuatro años para que me den los audífonos con amplificador en el oído que había pedido Magalí Legari, la fonoaudióloga que se dio cuenta que de que no había sido tratado bien en mi falta de audición.

La misma Obra Social donde trabajaba me hizo recorrer cielo y tierra hasta que me dieron los nuevos audífonos más potentes bajo amenaza de una médica del Hospital Guemes de que si era no era así cuánto antes deberían darme implantes urgentes y de un amparo que yo escribí y envíe a la Superintentendencia de Salud (recién me los dan a fines de 2018)

2017 Me acusan en el trabajo de no ir a retirar un sello durante mis vacaciones (sic, sí es así) Me cargan por no escuchar el timbre de la puerta y volver a tocar para que me abran desde afuera cumpliendo mi trabajo de cadete administrativo (en algún momento por suerte, me empezaron a mandar a todos lados, Edesur, Correo, Panadería, pagar las cuentas personales de los mismos empleados, en fin… cosas que hacen la mayoría de los sindicalistas) Dejo el trabajo en la Obra Social, ante el maltrato recibido los cito a todos en el INADI donde los ponen en su lugar, mientras mi pareja de ese año llora como una niña adelante mío por primera vez porque nota que necesito los nuevos audífonos cuanto antes (no escucho nada cuando me quito los audífonos en la cama; es así, que le vamos a hacer; en la cama me tienen que mirar a la cara sin audífonos y si no no entiendo). Salgo bastante triste del INADI y pido que no se tenga en cuenta para un juicio y digo que sólo quería que el maltrato no se repita en otros discapacitados.

Un buen abogado me ayuda a zanjar la cuestión sin juicio ni nada (no quise hacer juicio y lo del INADI me pareció bien). Mi abogado igual creía, y lo respaldo aunque no lo hice para evitar malos tragos, que era para juicio.

Justo ganamos el premio Opera Prima Largometraje de Ficción 2017 por Gualicho con Leo Rosales como productor ejecutivo, yo como autor, guionista y Director (y la desastrosa productora presentante, Pamela Livia Delgado; pueden escuchar un audio de cómo nos trató ella en el sitio de YouTube de Corsologia)

Empiezan mis peregrinaciones al INCAA a pedir buen fin y justicia, mientras Pamela y el mismo INCAA me tratan a mí y a Leo Rosales de manera coercitiva. Me mandan a reescribir el guión para hacer todavía más barata una película barata (negligencia de la productora) Lo hago. Desastre personal otra vez. Pierdo calidad de vida, pierdo otra vez, incluso con un premio. Parece ser otro desastre del país, político también. Falta de un Ministerio de Cultura, falta de conciencia y sensibilización sobre la discapacidad (colaboro con el COPIDIS mientras estoy en la Obra Social, donde me ofrecen un trabajo nocturno de guía de tránsito, en fin) Pero lo del premio es otro desastre institucional del país, más o menos como lo de la estafa por querer comprar una cámara barata que no se conseguía acá y que se les ocurra cerrar las importaciones en 2012-13.

Escribo y desarrollo totalmente Mr. Time, un nuevo largometraje fantástico (2018-2019). Al concurso Blood Window que ganó Gualicho, mientras trabajaba en la Obra Social, había enviado también Embrión, otro largometraje en desarrollo, La venta un cortometraje largo. Tres guiones en los que trabajé día y noche mientras estaba de cadete en la Obra Social (ganó el largometraje; Gualicho, quién diría)

2019 Sigo sin inclusión, con el tinnitus, mis audífonos nuevos al cohete desde el 2018, luego de tanta lucha, sigo en el desamparo, yendo al INCAA a buscar justicia como este viernes que fui solo; hago público el destrato de mi familia y negación que justamente ocurre desde 2012 en adelante con más ferocidad (momento en que por primera vez en la vida llevo audífonos en ambos oídos luego de estar con una mala praxis de unos cuantos años al no ser tratado por mi sordera)

Sin futuro ahora, pensando qué hacer. Los diez años más duros de mi vida en todo sentido, algo que con un poco de justicia social, sentido común familiar y compresión del hostil círculo afectivo del momento más duro de mi vida se podría haber subsanado. Noto que pocos sordos tienen una historia tan tortuosa como la mía y me preguntó ¿por qué?

Tengo cuarenta y un años y la vida se me hizo justamente más difícil cuando me dieron el certificado de discapacidad en 2012, a los treinta y pocos. La gente fue durísima conmigo; todos. De los treinta y pocos en adelante mi vida fue una segunda sobreadaptación, la peor de todas. Ahora, mientras sigo tomando medicación que ni sé si debo tomar, pienso en la eutanasia como algo no tan horrible, más bien es algo que en Holanda y en otros países se puede conseguir con un poco de ahínco 🙂

por Adrián Gastón Fares (24 de Agosto de 2019)

 

 

Carta sobre la tremenda negligencia con un premio que he ganado.

Como sigo viviendo este agravio institucional y total negligencia de autoridades, quería publicar esto que he adjuntado al expediente de Gualicho para hacerlo publico. A la vez, como si este blog fuera un experimento, y ante el total desconocimiento de la ley de Cine y de los derechos de las personas con discapacidad que estoy padeciendo (que tiene un alcance internacional, según entiendo, adjunto aquí mi Certificado Único de Discapacidad) No puedo tolerar más los maltratos, las incomprensiones y la negligencia absoluta de las personas y las instituciones públicas argentinas. Y me parece un buen ejemplo para la o el que esté viviendo algo parecido, porque cuesta hacer valer estos razonamientos en cualquier país (y más en este) A estas alturas parezco el personaje Herzog, de la novela homónima de Saul Bellow, con estas cartas nefastas. Sepan disculpar, pero es ciertamente necesario.

14 de Agosto de 2019, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Gualicho Ganador Opera Prima Largometraje de Ficción

Expediente 8471/17

Estimados,

INCAA (Instituto de Cine Argentino y Artes Audiovisuales)

Presente

Gerencia Jurídicos y Presidencia INCAA

Dejo constancia, adjuntando mi Certificado de Discapacidad Único (CUD) de que consideramos un agravante que Gualicho, todo mi trabajo como Autor, Director y Guión para Gualicho (incluso el de desarrollador inicial y, por lo tanto, productor también) no llegue a buen fin con el descargo que presenté el 1 de abril de 2019 (Pedido de buen fin, cuanto antes, por mi falta de inclusión)

La manera en que fue tratado este premio Ópera Prima está en contra  de la ley 22.431    de Discapacidad, así como los artículos de la Ley 26.378 de la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con Discapacidad y su protección, inclusión, no discriminación e inclusión social. Lo que viví hasta el momento, con las dilaciones que el mismo INCAA puso en el camino, es totalmente negligente, por lo que considero las mismas, y a dilación aún corriente, como un grave perjuicio y daño moral y psicológico a través de los derechos nacionales e internacionales que me defienden.

Repito, es un daño y perjuicio tanto moral  como psicológico a mi persona lo que he vivido con INCAA hasta el momento (y las consecuencias que tuvo para mí, un ganador de un premio Opera Prima como Director; fui en que contestó al llamado que ustedes hicieron, por lo que considero como Fraude el accionar de los funcionarios involucrados en el mismo, más la actitud de no lograr un buen fin en trámites en que hemos sido asesorados por los mismos empleados del INCAA desde que salió el premio en 2017; incluso he expuesto a transparencia mi Discapacidad Auditiva solucionada con audífonos y también se la he explicado a la productora presentante, Pamela Livia Delgado, de que era delicado el tema de quitarme un premio y no dejarme crecer ni profesionalmente, laboralmente y creativamente, luego del gran esfuerzo que significó para mí escribir, desarrollar enteramente y trabajar en Gualicho)

Vuelvo a pedir con valor de URGENCIA que cuanto antes pueda seguir con la preproducción y producción de mi proyecto Ganador de Opera Prima Largometraje de Ficción BW INCAA.

Y si no se hará público el accionar, además de iniciar las acciones legales nacionales e internacionales, que se prestan a estos casos de mal asesoramiento, falta de transparencia, falta de decisión moral y ética en una institución pública como la que ustedes presiden.

Pido continuación URGENTE de la preproducción aún iniciada de mi película Gualicho, puesta en valor del premio como Autor, Guionista y Director, y el traspaso, según los ajustes necesarios más la actualización a mi persona, a Leo Rosales o productor responsable para la finalización del largometraje premiado. De otra manera, deberé iniciar las acciones requeridas para denunciar el delito que este expediente testifica.

Saludos cordiales,

Adrián Gastón Fares

Diseñador de Imagen y Sonido (UBA)

Autor, Guionista, Director y productor de Mundo tributo (con Leo Rosales) , Gualicho (Ganador como Guionista y Director Opera Prima Largometraje de Ficción) y Mr. Time

Certificado de Discapacidad Director de Cine Ganador Premio INCAA

CUD Certificado Único de Discapacidad Adrián Gastón Fares

 

INCAA (Instituto de Cine y Artes Audiovisuales Argentino) Novedades

Sigo explicando lo que me están haciendo vivir unos irresponsables por un premio que gané.

Traté de suprimir lo innecesario y corregí algunas cosas para resaltar otras.

Aquí hay una petición que hicieron para el caso en Change:

Petición Justicia Change

¿Cómo puedo entender que habiendo hecho una película independiente con mi dinero y el de Leo Rosales, que conocen todos (los mismos empleados del INCAA, la aprecian; estuvo en BAFICI, en medio Latinoamérica, Europa, Estados Unidos) traté de regularizar mi trabajo en cine, presenté a un concurso, gané y no me dejen filmar por no ponerse a trabajar administrativamente (y más que nada creo a estas alturas por ocultar el trabajo de una productora presentante que tiene relaciones COMERCIALES con una Gerenta)?
¿Cuánto tiempo puede llevar poner las cosas en orden? Van casi dos años.
Yo solo quiero filmar lo que tanto me costó crear. Quiero que me dejen demostrar lo que aprendí.
No hay ya aprecio al trabajo y menos que menos piedad por mi situación particular con la discapacidad auditiva que me hace repensar el día a día de manera diferente a como piensan otros (trabajé sin cobrar en mi propia película, debería poder pagar un smartphone que se conecte a los audífonos para escuchar llamadas; no tengo porque no lo puedo pagar) No puse la discapacidad auditiva en el CV, ciertamente. Pero la paciencia de uno se agota. Más que nada por que lo que queda a uno son opciones desagradables para hacer en vez de hacer lo que uno estudió, aprendió, ofició, lanzó, emprendió, sabe hacer, o la palabra que sea que describa el escribir, el desarrollar, el dibujar storyboards, el hacer guiones técnicos, propuestas estéticas, sinopsis, propuestas de públicos, castings, locaciones, propuestas estéticas, presupuestos reales, y todo lo que conlleva presentar a un premio que hacen los DESARROLLADORES.
Pero en el expediente de mi película, Gualicho (y la de Leo Rosales, también) está mi trabajo entero sin cobrar un peso (sumado por la productora presentante, Pamela Livia Delgado, para justificar gastos; la dejan hacer en INCAA de esta manera, destruir el trabajo de meses, años; es hacer pasar el trabajo de uno por el de otros)
Esa diferencia de lo que vivo es la que puedo ofrecer a un cine argentino detenido en el tiempo.
Lo que también puede ofrecer Leo Rosales, como productor ejecutivo, que se jugó con Mundo tributo también.
Pero Leo trabajó conmigo en Gualicho. Reviendo el proyecto, tirando ideas, viendo caminos, asistiendo a reuniones.
Después, nos encontramos con productores especuladores (no todos) que sólo aparecen cuando pueden quedarse con el dinero de una película. Estrenan, cobran, si le va bien o mal, la miran 600 personas: no es su asunto… Perdón, no es esta mi lucha, mi intención porque quiero que haya diversidad en el cine, como sabrán si me leen, pero es la que me ha llegado también. La que hace sufrir también a otros que ven su trabajo vulnerado.
También están los otros productores (y productoras) que quieren arañar un premio porque saben como sacar una tajada. No te hablan ni A de lo creativo, de lo que escribiste, ni de nada. ¿Qué les interesa? ¿Hace falta que lo diga?
¿El director de cine? ¿El productor creativo? ¿El esfuerzo? ¿El trabajo? No han existido nunca.
Son un viejo chiste. Una excusa para hacer desaparecer al verdadero cine. ¿El verdadero cine argentino, no? Sin responsabilidad. Sin la responsabilidad que uno tiene al jugarse todo por algo que creó: al dedicarle horas y dinero.
El problema es la libertad que dan para usar el poder a los poderosos de siempre. A los que son testaferros. A los que saben casi nada de cine y algo de Excel.
Crear es tomar decisiones. La justicia es interpretar la ley.
Acá no hay justicia, no hay pensamiento.
No hay aporte de una institución que te manda a trabajar por un premio que no está bien sustentado. ¿Para qué entonces? Es para ellos. OK. Para que sigan viajando y digan que hacen.
Trabajamos gratis para ellos y ellas.
Sin el premio de los tontos, que es: Aunque sea poder filmar tu película.
Ni si quiera en las bases está reglado que le paguen al director, ni al desarrollador de la idea. Nada. Directores; guionistas; productores creativos, con estas bases y con esta política institucional: no existen.
Solo existe el abuso de poder, la mala información,  la intransparencia, las negligencias que tienen consecuencias sobre los más desfavorecidos por la desigualdad.
Ahora van a implementar un sistema online para los expedientes en INCAA. En realidad, ya está en funcionamiento.
Queremos verlos a todos. Los expedientes.
El INCAA es un ente autárquico. Público. Parece ser monárquico. No autárquico.
No tengo nada más que decir.
Por Adrián G. Fares.
Postdata 1:
Antes las personas que me han visto sufrir y luchar sin hacer nada:
Ralph Haiek, presidente del INCAA (que no tiene Vicepresidente), me debe una disculpa. Me contestó de manera inaceptable para un pedido pacífico como el mío. Me palmeó en la espalda para sacarme de encima. Respeto su lugar, pero no se actúa de esa manera.
Lisandro Molinas, Sub Gerente de Jurídicos del INCAA (sus empleados dicen que es Gerente), lo mismo, tiene retenido el expediente y no entendemos por qué.
Lucas Lehtinen, Gerente de Administración (y Jurídicos?) dijo que ante mi situación (discapacidad auditiva, falta de trabajo, inclusión, injusticia con un… premio) iba a hacer algo. No hizo nada.
Viviana Dirolli, antes Gerenta de Fomento, ahora promovida a Gerencia de Internacionales, ex socia del estudio donde trabaja la productora presentante de mi pelicula (me hicieron enterar; Cepa Cine, Cepa Audiovisual). Bajo sus órdenes y en su Gerencia, no me dejaban ver por meses el expediente de mi propia película (está en el expediente)
Presenté un pronto despacho. Van meses del pronto despacho… Así las cosas. Argentina. Instituciones que no cumplen y despilfarran el trabajo ajeno.
Para que entiendan más la nefasta situación.
Aclaración. Cuento en detalle para que puedan ustedes también comprender.

Postdata 2:

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.
A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala información eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)
Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)
Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.
Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.
Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.
En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.
El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)
Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercitivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.
Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.
INCAA gualicho injusticia adrian gaston fares leo rosales
Adrián Gastón Fares, 29 de Julio de 2019
PD: ya les contaré si hay novedades positivas.

Seguimos así, ¿hasta cuándo?

Estamos esperando un dictamen a favor del pedido que hicimos ante el Instituto de Cine Argentino.

Todavía estoy aquí tratando de filmar Gualicho.

No puedo creerlo, después de cinco meses, cuando deberían contestar en uno, el expediente sigue durmiendo en la oficina de Jurídicos.

Antes pasó lo mismo con los otros pedidos, rechazados por Ralph Haiek sin leer la ley de Fomento al Cine Argentino.

Seis meses es el tiempo que me llevó filmar y estrenar Mundo tributo (No distribuir, que me llevó mucho más tiempo y trabajo)

Cómo puedo entender que habiendo hecho una película independiente con mi dinero y el de Leo Rosales, que conocen todos (los mismos empleados del INCAA, la aprecian; estuvo en BAFICI, en medio Latinoamérica, Europa, Estados Unidos) traté de regularizar mi trabajo en cine, presenté a un concurso, gané y no me dejen filmar por no ponerse a trabajar administrativamente. ¿Cuánto tiempo puede llevar poner las cosas en orden? ¿Es por las elecciones? Algunos dicen que están esperando que caigan algunos y suban otros. ¿Así tenemos que ser?

Política de largo plazo en Argentina. Participación democrática. Representatividad de los ciudadanos. No, la respuesta que te dan desde el poder es: Agradecé que te dejamos subir en el ascensor y estar acá hablando dos palabras con nosotros.

Ya no se qué hacer. Han destruido estos dos años de mi vida entre la negligente productora presentante, Pamela Livia Delgado, y el condescendiente INCAA. Deberé demandarlos por daños y perjuicios . Varios me dicen que es para escándalo público. Gente del medio. Abogados de discapacidad están dispuestos a levantar la voz también. Han comprendido.

Pero yo solo quiero filmar lo que tanto me costó crear. Quiero que me dejen demostrar lo que aprendí. Que me dejen. Que esta es tambien una oportunidad para crecer y que pueda filmar luego mis otros guiones (como el seleccionado en el Labguion Internacional, Las órdenes)

No tengo otro plan de vida y no tengo por qué tenerlo. Ya conocen mi historia. El plan B no es lo mío (eso que te piden algunas parejas, por eso no tengo ninguna ahora)

Mi gata no es de opinar tanto pero es tan insistente como yo en lo que quiere. Sigo su ejemplo.

No hay ya lógica del esfuerzo, de la constancia, ni aprecio al trabajo y menos que menos piedad por mi situación particular con la discapacidad auditiva que me hace repensar el día a día de manera diferente a como piensan otros (trabaje sin cobrar, debería tener un smartphone que se conecte a los audífonos para escuchar llamadas; no tengo porque no lo puedo pagar)

Y esa diferencia de lo que vivo es la que puedo ofrecer a un cine argentino detenido en el tiempo.

Lleno de productores especuladores (no todos, por suerte) que sólo aparecen cuando pueden quedarse con el dinero de una película. Estrenan, cobran, si le va bien o mal, la miran 600 personas no es su asunto…

De los que pasaron por Gualicho ninguno me ha apoyado luego. Tampoco los actores que me llamaban una y otra vez. Los técnicos que me apuraban para que termine una versión más barata tampoco. Lo hice y eso no cambio nada. Les dije que ese no era el problema aquí. El problema es la libertad que dan para usar el poder a los poderosos de siempre. A los que son testaferros. A los que saben casi nada de cine y mucho de Excel.

Los entiendo. Es Argentina y aquí todos estamos, por falta de reglas, recursos inteligentes y honestidad, arañando las paredes.

Siempre admiré a las actrices y actores, admiro a los buenos abogados, esos que representa Tom Hanks en Puente de espías (pero qué pocos hay) Soy una persona agradecida de los que comparten la dicha de crear, sea en el ámbito que sea.

Crear es tomar decisiones.

Como dice Eddie Vedder en una canción, por otro lado, no existe lo correcto y lo incorrecto pero si lo que hace bien y lo que hace mal.

Pero este país es así, una mala broma (otro ejemplo; me llega una carta de la Superintendencia de Salud preguntando recién ahora sí me dieron los audífonos, y en la misma carta , me copian el estatuto de una Obra Social, entero, información que no debería estar…)

Este ejemplo es como también actúa otra institución argentina. El instituto de cine. A estas alturas me preguntó si no sería mejor que no existiera. Cuando la selva es selva para todos tal vez haya claridad. Así hay escalafones injustificados

No hay justicia, ni hay pensamiento.

Solo poder, mala información, intransparencia, negligencias.

Ahora van a implementar un sistema online para los expedientes.

Queremos verlos a todo. El INCAA es un ente autárquico, público. Parece ser monárquico en vez de autárquico.

No tengo nada más que decir.

Antes las personas que me han visto sufrir y luchar sin hacer nada:

Ralph Haiek, presidente del INCAA (que no tiene Vicepresidente), me debe una disculpa.

Lisandro Molinas , Gerente de Jurídicos del INCAA, lo mismo, tiene retenido el expediente y no entendemos por qué.

Lucas Lehtinen, Gerente de Administración,, dijo que ante mi situación iba a hacer algo. No hizo nada.

Viviana Dirolli, antes Gerenta de Fomento, ahora promovida a Internacionales, ex socia del estudio donde trabaja la productora presentante de mi pelicula (me hicieron enterar). Bajo sus órdenes, no me dejaban ver el expediente de mi propia película.

Presenté un pronto despacho. Van meses del pronto despacho… Así las cosas. Argentina. Instituciones que no cumplen y despilfarran el trabajo ajeno.

Para que entiendan más la nefasta situación.

Aclaración. (Ya lo conté en otro posteo lo que sigue)

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.

A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala información eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)

Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)

Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.

Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.

Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.

En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.

El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)

Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercitivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.

Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.

Es lo que más me preocupa, duele y molesta de todo.

Adrián Gastón Fares, 24 de Julio de 2019

PD: ya les contaré si hay novedades.

Toma de conciencia y sensibilización.

Este texto lo escribí y publiqué ayer en mi Facebook para que comprendan la situación INCAA + premio Gualicho los del medio y quiénes me estaban preguntando. Quería dejar en claro el por qué veo como agravante en mi caso la negligencia de la institución en el trato al premio a mi proyecto como Director del largometraje ganador. Es lo que sigue.

Creo necesario explicar a través de esta vía (toma de conciencia y sensibilización; una tarea que creo que debo proseguir)
1) Nunca dije que el INCAA me discriminó por sordo. Nunca dije que el INCAA es antisordo. Tampoco puedo decir que es pro sordo, ciertamente.
2) Soy discapacitado (aclaro porque la gente se piensa que porque hablas no sos discapacitado; a ver; necesito ayuda para escuchar algunos mensajes en el teléfono, necesito ayuda para escuchar, a veces tecnológica, otra humana, lo que ya haga con esa ayuda, es otro asunto que tiene que ver con la adaptación o sobreadaptación) Para ser que hay una concepción que para ser discapacitado o diferente tenés que estar en una pecera. No es así. Mala concepción de un pensamiento y un encuadre identitario, que como tantos otros, se fue desarrollando a través del tiempo. Antes, en general, los discapacitados terminaban muy mal. Incluso a veces en la cultura son mal vistos. Más todavía con lo que es una discapacidad invisible (sordera, etc.) Hay que leer un poco de la vida de la gente solamente para darse cuenta. Yo tengo pérdida de moderada a severa de la audición y tinnitus catastrófico (se llama así; horrible nombre pero justo) Eso es una discapacidad invisible.
3) Hace dos años que el INCAA tiene a mi proyecto Gualicho atrapado. No puedo realizar la película sin el dinero de la institución que me hizo trabajar para ella porque no tengo dinero. Gané un premio de Opera Prima de Ficción como director, autor, guionista. Incluso soy, obviamente, productor porque todo eso lo hice sin ningún aporte de nadie; lo desarrollé yo. Hace cinco meses que no se atreven a sacar un dictamen a favor de mi pedido. Los otros dictámenes, cuyas acciones para llegar a ellos fueron sugeridas por el mismo INCAA, llevaron el mismo tiempo y fueron desfavorables. Lo que debería ser simple, que un dinero vaya a realizar una película, parece ser imposible. No me interesan otras opiniones porque yo creo en mi película tanto culturalmente como comercialmente. Y porque respondí yo a un concurso de llamado a Directores.
4) Al encajonar y no actuar administrativamente bien, tanto el INCAA, como el menosprecio a mi trabajo de la productora presentante (que encima se adjudica en el expediente ella mi trabajo; que presentó con copias; para justificar los gastos de la primera cuota; que no ha caído en mí ni en Leo Rosales, si no a su entorno o la gente que ella aceptó que debíamos poner en la película) Por lo tanto, en una acción que yo consideró responsable al INCAA por no responder acatándose al artículo 30 de la ley de Fomento de buen y pronto fin de un proyecto, la institución tiró por el piso mis esfuerzos académicos, mi trabajo y mi inclusión digna.
5) Esto produce un estrés extra a un discapacitado, que puede desembocar en un estrés postraumático y depresión (creo en la tristeza no en al depresión). Va contra la convención de los derechos de las personas con discapacidad que dice que nunca hay que discapacitar más (sumar otras discapacidades) a un discapacitado. Es punible.
6) Tanto la falta de inclusión adecuada como discapacitar más a una personas están contempladas en la Convención Internacional de las personas con discapacidad.
7) Expliqué a todos los gerentes del INCAA y a la productora presentante (incluso quitándome mis audífonos) que hacerme esto a mí era injusto. Que necesitaba buen fin a mi proyecto por lo delicado de mi situación.
8) No les importó. Ni a la productora presentante (que me llevó a su abogado poderoso Francisco Zavalía para ejercer poder coercitivo) Ni al INCAA que cuando escribí al Ministerio de Cultura contestó con una reunión que también fue coercitiva. Todo esto, más luchar por algo que salta a la vista por su injusticia y mal accionar por empleados de una entidad autárquica (el INCAA es público) me parecen nefastos.
9) Creo firmemente en el valor cultural, en la diversidad de contenidos y en el valor comercial también de mi película (y de los otros guiones que desarrollé) Para poder seguir adelante, necesito filmar Gualicho.
10) Les pido a los que no entienden la situación que lean más sobre discapacidad, identidad, inclusión, la convención de los derechos de las personas con discapacidad. Y también la ley de Fomento al Cine Argentina. Tuve que convertirme medio en mi abogado últimamente, algo que nunca hubiera pensado que ocurriría. Vengo luchando una inclusión digna y un apoyo cultural desde antes del premio, mandando cartas de pedidos de ayuda cuando trabajaba en una Obra Social, pidiendo trabajo en el CONADIS, en el COPIDIS, que no pudieron nunca resolver nada correctamente. Esta lucha no empieza con un premio sufrido hasta ahora, viene de antes. El premio sufrido no hizo más que confirmarme ciertos asuntos que vengo sintiendo, expresando en cartas y pensando hace tiempo, más desde que mi discapacidad tuvo que ser certificada para conseguir, tardíamente, audífonos (otra lucha de años para conseguirlo con las instituciones argentinas)
11) Tener que hacer esto público es otra prueba de la discapacitación que un estado con instituciones y personas que no escucha ni quieren leer puede generar. Por lo tanto, veo como agravante en mi caso lo que me está ocurriendo con INCAA, Gualicho y la productora presentante; que no haya resolución, que no esté trabajando en una película premiada que todavía tiene en marcha su preproducción.

por Adrián Gastón Fares, 18 de julio de 2019.
Productor, director, Autor de Mundo tributo, Las órdenes, Mr. Time, Gualicho. Escritor, cuentista, novelista.

PD: Adjunto la carta documento de contestación a la nuestra de la productora presentante de mi película, que está en el expediente INCAA de la misma. (MIS RELACIONES CON EL INCAA, DICE; nefasto)

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Mi historia con la hipoacusia (actualizada)

Mis audífonos nuevos

Aclaración (al final de la entrada pueden ver uno de los documentos que dejan en claro que no fui diagnosticado durante años cuando el diagnóstico de hipoacusia era necesario)

Lo que ocurrió antes de los 32, como lo testifica la fotografía de la  audiometría de 1999 al final de la entrada, y las demás realizadas en esos años y expuestas a los médicos, entra en el terreno de lo inexplicable (mala praxis, faltas de diagnóstico, de conciencia, no lo entiendo) Me pregunto quién debería hacerse cargo de tanta negligencia.

No sólo había nacido yo con un problema que me dejó parcialmente sordo si no que los médicos que me trataron no diagnosticaron el problema aún estando a la vista en los estudios realizados, alejándome de encontrar una solución que me hubiera facilitado la vida además de evitar que mi audición se siguiera deteriorando.

En cualquier manual médico mi curva tonal es una Hipoacusia neurosensorial.

No entiendo dónde estudiaron, y qué, los médicos que me atendieron.

RESULTADO: VIVÍ 33 AÑOS COMO NORMOOYENTE CUANDO NO LO ERA.

 

Mi historia

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.

Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale).

Como dije, lo dirigí, hice el diseño de producción con Leo Rosales y también me encargué de la cámara en gran parte del largometraje documental.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

En ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Tal vez, hubiera sufrido menos también. Esa persona dijo antes de partir que no podía ser que yo no escuchar el timbre (lo que me hizo replantear mi identidad y también la de esa persona) Esas cosas comunes a los sordos (el timbre, la negación)

Ese tránsito a mi vida con audífonos no fue supervisado por nadie. Y cuando es así estás listo. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caía: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo) Creo que no tengo nada que agregar al respecto. Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.

Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)

Casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Estaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Pero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salís a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.

Un psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.

Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.

Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.

Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.

Con certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.

Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada.

Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico. Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.

Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la intransparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo) a veces duele mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 2019

PD: “…como consecuencia, el utilitarismo pasa por alto uno de los requisitos morales indispensables que, según Rawls, debería poseer una teoría de la justicia: la individualidad” Descubrir la filosofía 33. El filósofo de la justicia. John Rawls. Angel Puyot

Cita directa de Rawls: La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento.

Adjunto una fotografía fiel de mi audiometría de 1999, a los 21 años recién cumplidos. Con el tiempo bajarían algunos casilleros (no tanto) mi umbral auditivo. O sea, ya tenía hipoacusia y nadie se dio cuenta.

Recién a los 32 años me dieron los otorrinos diagnóstico de hipoacusia neurosensorial y me enviaron a tramitar el certificado de discapacidad (Certificado Unico de Discapacidad, CUD) y usar dos audífonos (pasarían casi 13 años desde la audiometría de la fotografía y 32 años de vida si tenemos en cuenta que nací con depresión neonatal, que causó la hipoacusia)

Portada de una de las audiometrías que deja constancia de mi pérdida de audición ya en 1999 y de la falta de diagnóstico médico consecuente.
Una de las audiometrías que deja constancia de mi pérdida de audición ya en 1999 y de la negligencia en no informarme el diagnóstico de hipoacusia neurosensorial bilateral ya a mis 21 años.

Diario de la intransparencia

Hoy fui al INCAA (Instituto de Cine Argentino, el que debe fomentar el cine aquí) a preguntar si había novedades en el expediente de Gualicho.

Subí las escalares porque no andaban los ascensores así que algunos empleados estaban fatigados.

Me cuentan que estuvo Pamela Livia Delgado (productora presentante de Gualicho, que todavía tiene el dinero en su cuenta desde abril de 2018) visitó la institución con Felicitas Raffo. Ellas son se llaman Cepa Cine y estrenan Cuando dejes de quererme. Todo bien con eso, que estrenen lo que quieren, pero las cosas deberían ser más equilibradas.

Pamela Livia Delgado y Felicitas Raffo tuvieron una reunión con un Gerente, pero a nosotros, que no somos poderosos, no nos dan reuniones con Gerentes que puedan hacer algo.

Así es la jerarquía de poderes.

Todos impunes siguen armando sus negocios de acuerdo a sus intereses. Lo que vemos de cine acá es el resultado (como en otros rubros) de una elite que tiene dinero y que, en otros casos, maneja también contactos políticos.

No están viendo cine argentino. Están viendo el cine que les dejan ver.

El cine, los directores, los que realmente se rompen el alma, ahí quedan, relegados por el INCAA y su presidente.

Los empleados del INCAA, algunos muy amables y contenedores, parecen estar apretados por el presidente Haiek, que no toma decisiones correctas, y por algunas Gerencias.

Para que vean como son las cosas en las instituciones por aquí.

Saludos

Adrián

Gualicho no se puede filmar aún porque el Instituto de Cine no quiere ejecutar el dinero del premio.

Si tienen un momento, les pido que firmen está petición para que entre tanta burocracia, política e injusticia cuanto antes el INCAA enmiende la negligencia que cometió con Gualicho y yo pueda estar trabajando en ella nuevamente cuanto antes. Es necesario para mi inclusión y mi futuro.

Aquí van las palabras de Leo y más abajo el link para que firmen y compartan la petición de Change.org

Antes que nada quiero aclarar que Pamela Livia Delgado, la productora protegida por algunos empleados importantes del INCAA, le contestó una carta documento a Leo Rosales, diciendo esto:

NO SE METAN CON MIS ASUNTOS CON EL INCAA

Creo que eso lo dice todo.

Gracias, Adrián Gastón Fares

Palabras de Leo Rosales (Mundo tributo y productor ejecutivo de Gualicho)

Hola, ¿Cómo andan?

Hace tiempo no aparezco por aquí, pero es necesario que comparta lo que está pasando ya que muchos no saben todo lo que venimos padeciendo con “Gualicho”, el Proyecto Ganador del Concurso Opera Prima Blood Window del INCAA.

Queremos que el INCAA funcione para lo que tiene que funcionar, fomentar cine de calidad que nos represente a los argentinos, tanto aquí como en el mundo.

Queremos igualdad de oportunidades.

Queremos terminar con la mafia de Productores oportunistas que se cuelgan de la teta del INCAA y que a quienes NO les importa nada el cine. Que intenten hacer una película SIN UN PESO a ver qué hacen!!

Queremos transparencia. Basta de amiguismo y ROSCA .

Exigimos que se haga Justicia y liberen nuestro PROYECTO GANADOR de su burocracia. Respetando la ley de Fomento. No sean cobardes y hagan cumplir la ley.

Basta de malos tratos, desigualdad y abuso de poder.

Aquí debajo, en palabras de Adrián Gastón Fares, su guionista y director:

Lucas Lehtinen, Gerente de Jurídicos del INCAA, sigue protegiendo a la productora presentante, Pamela Livia Delgado, a Viviana Dirolli (ex Gerenta de Fomento y ahora ascendida a Gerencia de Internacionales, involucrada anteriormente con Cepa Cine; fíjense qué películas argentinas estuvieron en Cannes este año…) y saltándose la LEY DE FOMENTO por encima, junto con la cúpula del INCAA, Ralph Haeik, que nunca nos quiso atender y siempre contestó de mala manera, causándome la más terrible exclusión que viví en mi vida por un PREMIO, sin poder trabajar en mi película, haciéndome perder años de trabajo (a mí y a Leo Rosales, productor) y prácticamente desconociendo la ley de cine, no aplicándola (es algo que pasa en INCAA: sé más yo de la ley de cine que los empleados, algo increíble) y cagándose en todo, para resumir, impunemente. Acá no hablo de un partido político, sino de varios inoperantes actuando en conjunto, maltratadores, maleducados, irresponsables (dijeron que me querían cagar a trompadas). Por favor, ayuden a que se haga justicia. Mi lucha no es solo para mí, también fue para todos los directores, guionistas, autores, que no existen ante INCAA y que pueden ser tratados de la misma manera que yo fui tratado (con los agravantes de mi caso, que expliqué y no les interesó escuchar) #incaa #cineargentino #discapacidad #hipoacusia #inclusion #premio #directordecine #autor #guionista

Aquí una petición de change.org para que cambiemos está situación de manera urgente.

http://chng.it/GrXc4CLV

La seguimos…

Leo Rosales (productor ejecutivo Gualicho)

Cine argentino estatal y corrupción.

Todavía estoy aquí tratando de filmar Gualicho.

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.

A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala informacion eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)

Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)

Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.

Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.

Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.

En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.

El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)

Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.

Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.

Es lo que más me preocupa, duele y molesta de todo.

Adrián Gastón Fares

Noticias sobre mis proyectos de cine. Muy buenas y malas.

Pronto se viene otro cortometraje de Bombay Films (nuestro primer corto fue Motorhome)

Esto quiere decir que luego de 9 años volvimos a juntarnos ex compañeros de Diseño de Imagen y Sonido para realizar otro cortometraje independiente en un fin de semana.

Aquí pueden ver el Before and After de un fotograma del nuevo film, realizado por Hernán Caratolli, como DF y corrector de color.

Esta vez con más efectos, intervenciones estelares y la vuelta de Jonathan Jairo Nugnes. Estamos en plena posproducción.

Pronto podrán ver La invocación (2019) en el canal de YouTube de Bombay Films.

Otro tema.

La tristeza es que, aún con todo listo para filmar Gualicho, un largometraje en el que vengo trabajando desde antes del exitoso Mundo tributo, habiendo ganado un premio en el Instituto de Cine Argentino en 2017, con jurados internacionales, para rodarla (Gualicho), premio como director y como autor y guionista, por la calidad del proyecto, por mala información, falta de transparencia, manejos espurios del INCAA en connivencia con la productora presentante de Gualicho, aún no inicié el rodaje (aunque la productora fue pagada por el INCAA para hacerlo en Mayo de 2018! y estuve trabajando en la película para ella y para INCAA hasta el momento, desde que gané el premio; clara estafa) Es nefasto para mí hasta el momento lo ocurrido.

Adrián Gastón Fares

Pueden chequear está página para ver en que andan mis otros proyectos cinematográficos. Y aprecio el apoyo de l@s que me leen.

http://www.corsofilms.com/press

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Entrevista por el premio Blood Window a Gualicho.

Es la entrevista, completa, que me hicieron para la revista La Cosa como autor, guionista y director por el premio Blood Window a Gualicho. Obvio que contesté largo y tendido por e-mail y lo que quedó publicado fue muchísimo menos. No estaba claro el espacio que tenía. Ya que la escribí; la publico aquí entera. Fue una oportunidad para hablar del cine fantástico y el terror, oportunidad que pocas veces tengo (envarado por el premio como verán, hasta pensé a Darín para la película, jajaja; menos mal que no lo publicaron eso)

Por otro lado, agrego los bocetos del gran ilustrador Sebastián Cabrol, de Gabriel Quiroga y algunas fotografías para amenizar el texto. También quería destacar que el valor de los premios tiene que ver con las oportunidades de conocer a otras personas en el camino de hacer cosas. No sé si tienen otro.

“Una actitud demasiado pragmática no es productiva a la larga”, Carlo Rovelli.

Saludos, Adrián G. Fares, 26 de Febrero de 2019

(Gualicho Ganador de Opera Prima Largometraje Primer Concurso de Cine Fantástico Blood Window INCAA)

– ¿Por qué elegiste este proyecto para tu debut como director?

 Gualicho es la película que siempre quise hacer. Quería hacerla de cualquier manera, a toda costa, y eso era complicado para un proyecto de esta envergadura. Después de escribir el guión hasta llegué a hacer un storyboard en 3D con un software. Hice la casa y elegí los lentes con que filmaría. Movía muñequitos y las cámaras en la computadora de acá para allá y me llevó mucho tiempo y trabajo. Aunque más tiempo me llevó dar con el guión final.

Antes de Mundo tributo, que fue mi debut como director en un documental, un documental sobre personas que se transforman en otros, ya estaba la idea de Gualicho. Lo fui reescribiendo a través de los años y nunca perdí la fascinación inicial.

Cada vez que leo el guión de Gualicho es como si fuera a la vez el espectador. Lo disfruto. Mucho.

Para la última corrección del guión me senté a las seis de la tarde ante la computadora y cuando me di vuelta eran las nueve de la mañana del día siguiente. Se hizo de día y yo seguía ahí fascinado con Gualicho. Las horas pasaron rapidísimo. Ahí está la clave de todo.

Desde la idea inicial para llegar a la versión final de Gualicho primero tuve que cambiar yo, tuve que tener una concepción del cine, a través de la acción de estudiar, de mirar otras películas, de filmar y de vivir aventuras, me di cuenta que para una película cada párrafo, cada escena, cuenta.

No quería escribir escenas que fueran transiciones, las que están para hacer avanzar sólo la historia. Esa no es mi idea del cine.

Tuve que tener claro eso primero para saber qué clase de película será Gualicho y afianzarla. La estructura de la película es un organismo que debe desarrollarse a su manera, sin ninguna limitación más que la imaginación y las experiencias de uno.

Entrevista INCAA LA COSA. Comparto la nota con Lucila Las Heras, directora argentina del otro proyecto ganador del concurso: su película El Muglur!

Entrevista INCAA LA COSA. Comparto la nota con Lucila Las Heras, directora argentina del otro proyecto ganador del concurso: su película El Muglur!

Gualicho es un resumen de todo lo que aprendí en estos años, como estudiante, como espectador, como guionista y como realizador de cortometrajes. Fue más claro todavía que tenía una película única, original y con una historia emocionante. Siempre que cuento la historia de Gualicho en 30 segundos las personas se asombran, comienzan las preguntas, se entusiasman.

También hay pocos diálogos en la película. Prefiero un cine más visual que dialogado. Eso tiene que ver con como soy, tengo hipoacusia desde adolescente, por lo menos (por una anoxia en el momento de nacimiento) y recién fue detectada a los veinte años. Fue un largo camino el de asumir mi identidad y darme cuenta que no soy como el resto de las personas. Simplemente, no lo soy. Todos somos diferentes, pero yo tengo un plus de diferencia por mi discapacidad que sobrellevo desde los treinta años con el uso de audífonos que han tenido que ser más potentes cada vez más. Lo raro de todo esto, es que yo tenía pérdida de audición ya en la adolescencia, tal vez incluso antes, y nadie se daba cuenta. Pude reconstruir mi pasado a través de las cargadas de algún compañero, de ver cómo era yo y cómo eran los demás, remarcando que ya en la universidad, a los diecinueve años, era atendido por un otorrino, que negligentemente, no me recetó el uso de audífonos. Sé que tengo una mirada distinta que aportar al cine.

Y es ese entusiasmo inquebrantable es el que me hizo elegir Gualicho para que sea mi primer largometraje de ficción como director. Es el cine que quiero hacer y sólo pienso en hacer la mejor película posible. No tengo dudas de que así será.

Póster encargado al ilustrador Sebastián Cabrol para Gualicho (Presentación Ventana Sur Blood Window 2018)

Póster encargado al ilustrador Sebastián Cabrol para Gualicho (Presentación Ventana Sur Blood Window 2018)

– ¿Qué consejo le das a quienes tienen un proyecto y aún no se animan a participar de los concursos del INCAA?

Antes que nada uno tiene que tener un guión que lo emocione, que lo movilice, eso es seguro.

El consejo es que trabajen en la película. Un director tiene que poder escribir su propuesta estética y su visión para el resto del equipo.

Por otro lado, los concursos son oportunidades para ponerse una fecha de entrega, para que sus requisitos fomenten una producción de trabajo alrededor de tu película. Ahí saldrán las correcciones, las sinopsis, y uno empieza a ver otros aspectos como el diseño de producción, la dirección de fotografía, la de arte, vestuario, el sonido, la música, efectos especiales, maquillaje y edición.

Para todo esto el director debe tener una propuesta escrita que pueda pasar a su equipo, a partir de ahí se armará un presupuesto y los demás sabrán qué tipo de película será.

Confiar en otra persona porque el cine no es el trabajo de un solo y hablar de cómo convertir tu idea en un proyecto.

Convencer a otra persona de tu proyecto es el primer paso.

De ahí en más sólo queda trabajar mucho. Escribir, buscar imágenes para la propuesta estética, todo lo que puedas hacer por tu película. Y una vez que decidiste que esa película es para un concurso, trabajar en esa presentación y una vez que la presentaste y hasta que salga el resultado, concentrarte en otra cosa.

No nos imaginábamos que íbamos a ganar Blood Window para filmar un largometraje, nos parecía muy difícil. El nivel del jurado internacional asustaba un poco.

Sabía que había hecho por mi parte lo mejor para la presentación de Gualicho. Eso bastaba. Habíamos avanzado, igualmente en Corso Films, la productora independiente que tenemos con Leo Rosales, trabajamos en dos proyectos más a la vez para presentar a los concursos de Blood Window, un cortometraje, un desarrollo de guión para largometraje, que es probablemente lo que haga después de Gualicho.

Las presentaciones fueron un trabajo inmenso, y lo hice mientras tenía a la vez otro trabajo formal, digamos, así que fue extenuante. Pero lo hice todo con una alegría total.

Así que hay que animarse, estar atento, confiar en uno, entusiasmar a la gente y después tirarse de cabeza al concurso y seguir trabajando arduamente en otras ideas y proyectos.

En mi caso andar con un libro de notas siempre encima para largometrajes, series, para escribir relatos para mi blog, en fin, para seleccionar otras historias que se me van ocurriendo.

– Al ser un proyecto original, ¿cómo surgió la idea que se contará en tu película?

Hace diez años o más, en la casa de mis padres, mientras tomaba un café con leche un domingo, me pregunté qué pasaría si la muerte no fuera un tabú. Y más que nada, si no fuera una frontera de la que es imposible volver. ¿Qué haríamos?

Pensé que quería hacer una película que fuera una experiencia, que se sintiera como una vivencia.

Y vi a los personajes principales, los chicos y la familia entera, y sentí la fuerza que tenía Gualicho. Vi una casa de campo, y yo estaba en Lanús, donde crecí, pocas veces había visto el campo, así que iba a tener que ir al campo, otra no quedaba. Y me gusta la naturaleza así que era un aliciente.

Entreví que la adrenalina sería importante, como el tema de la familia, que ronda mis escritos, y que la comida también.

Los demás personajes fueron apareciendo con las reescrituras. Honorio por ejemplo que es tan importante en la trama. Me encantaría que fuera Ricardo Darín. Sería impactante verlo en un rol como ese.

Nunca pensé que iba a estar tantos años trabajando en ese proyecto, que iba a sacrificar tantas cosas, que iba a sufrir tanto por eso, y que iba a disfrutarlo tanto también. Tenía muchas cosas para aprender. Pero me acuerdo perfectamente de ese momento, en que pensé: esta es la historia y estos son los personajes.

– ¿Por qué elegiste una historia fantástica para contar?

De chico leía compilados de historias fantásticas que se vendían en las librerías de saldo de la avenida Corrientes, viajar para mí de Lanús al centro ya era algo fantástico.

En Lanús, hacía obras de títeres para mi hermana y una vecina. Les leía historias. Iba al cuartucho donde vivía mi tía María y escuchaba las historias de Avellaneda que me contaba. Las que me más me fascinaban eran las de fantasmas, mediums y curanderos, las que tenían una conexión con otro mundo inasible pero palpable. Mi viejo me contaba historias también increíbles. Decía que la piedra de su anillo guardaba un duende. También que enfrente de mi casa vivía un gigante. Yo me ponía en el balcón a esperarlo.

En la casa de mis padres, miraba una copia del Guernica con fascinación, leía a Clive Barker, a Stephen King, a Poe, a Wilde, Jackson, Matheson, Lovecraft, Bradbury, Le Fanu, a Agatha Christie y cualquier cosa en la que resonara la palabra misterio.

Ilustración para fondo PressBook Gualicho Ventana Sur. Diseño de Gabriel Quiroga

Ilustración para fondo PressBook Gualicho Ventana Sur. Diseño de Gabriel Quiroga

Los sábados miraba esas películas increíbles que solían pasar en la TV, recuerdo ver una de Drácula con Jack Palance y mirar la puerta de la escalera aterrado porque pensaba que una presencia iba a aparecer en cualquier momento. El palacio encantado, de Corman con Vincent Price, me volvió loco de chico. Ni hablar del final de la primera de El planeta de los simios. Espeluznantes. Igual de espeluznante me pareció The Ladies Man (El terror de las chicas), esa película donde Jerry Lewis entra en una habitación blanca y hay una mujer pantera colgando del techo ¡Cuántas pesadillas! Y en semana santa pasaban esa miniserie con Cristo que, claro, se moría y resucitaba. La corona de espinas y esa cara sangrante. Terrible. Me aterraba Cristo.

Hay tantas cosas de mi vida, de mi niñez y lo que vino después, relacionado con lo fantástico que puedo escribir muchas páginas para explicar por qué elijo lo sobrenatural.

De chico empecé a escribir. Mis primeras historias eran copias de Stephen King. Ya a los 19 años, escribí una novela-guión de trescientas páginas sobre un zombi suburbano.

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Lo fantástico irrumpe en nuestros sueños. Nadie sueña que va a trabajar, ficha, se hace un mate, después va de acá para allá, se compra la comida al mediodía, vuelve a hacerse otro mate, saluda a sus jefes, toma su paraguas y ficha otra vez. No. Soñamos cosas increíbles, inconexas y que tienen que ver con nuestra percepción de la realidad subjetiva. Que la percepción de la realidad sea subjetiva es algo fantástico.

Sin embargo, quiero aclarar que nadie hace una película a partir de un cuento de Poe, de un sueño, o de otra película, esa no es la manera de abordar el cine para mí. La experiencia lo es. La vida, las ideas surgen de esa tensión entre la ficción y lo real subjetivo que vemos y tal vez lo fantástico sea la manera natural de expresarse. Así nos expresamos mientras dormimos.

Otro boceto de Sebastián Cabrol para el póster de producción de Gualicho

Por otro lado, que existan personas que escriban, pintan o hacen música ya de por sí es algo fantástico. ¿Dos tipos que grandes que se sentaban a charlar sobre historias fantásticas como Bioy y Borges? ¿Cómo pudo ser? Un hombre que escribía como Mario Levrero ¡Qué increíble! Favio haciendo Nazareno Cruz y el Lobo. ¿Cómo fue que algo tan maravilloso ocurrió?

Walichu Another Production Poster

Walichu Another Production Poster by Gabriel Quiroga

Creo que esa tradición de lo fantástico la que elegí para aportar mi mirada en el mundo del cine porque tenemos en Latinoamérica un acervo grande de historias y de creadores de historias y lo que quiero es dar lo mejor de mí para introducir nuevas temáticas, historias y modos de contarlas, respetando a los intrépidos que se han sumergido en este género a través de cualquier medio y haciéndoles un guiño para llevarlo más allá, para que el espectador siga contando historias fantásticas con el aporte que puede llegar a hacer el cine, un medio tan poderoso, a la creación de una identidad.

Y lo que más me importa son las historias, las experiencias que logran crear, y ese mundo entrevisto un día, ficticio, que te lleva a esa fascinación de verlo traducirse a la realidad a través de un lente.

Mi biblioteca

Mi biblioteca

 

Entrevista revista La Cosa, Adrián Gastón Fares, Octubre de 2017 por el premio Producción Largometraje inédito de ficción Blood Window a Gualicho (Walichu), de la que soy único autor, guionista y director.

Más información sobre Gualicho:

http://www.corsofilms.com/press

También puede leer Kong, acabo de actualizar el Índice, por ahora, ha llegado a su fin esta novela corta fantástica de ciencia ficción:

Kong, completa.

Último capítulo de Kong:

https://adriangastonfares.com/2019/02/06/kong-el-final/

 

Portada Revista La Cosa en la que salió la nota a los ganadores de Blood Window

Portada Revista La Cosa en la que salió la nota a los ganadores de Blood Window

Entrevista sobre la creación de un documental: Mundo tributo.

Una entrevista que me hizo la crítica de cine Blanca López sobre Mundo tributo, el documental sobre música, independiente, que recorrió tantos caminos. Actualmente se emite en Cine.ar y está disponible en Filmin.

Génesis del documental: ¿por qué lo hice?

Después de trabajar en productoras de cine, y en películas como La Antena, tenía ganas de hacer algo por mi cuenta. Conocí a Leo Rosales en una posproductora y siempre decíamos de hacer radio, crear una página web para expresarnos o filmar algo.

Me llevaron a ver al Doctor Queen en el teatro Roma de Avellaneda (si mal no recuerdo). Me asombró la reacción de la gente. Al otro día llegué al pequeño edificio en Nuñez donde se posproducía La Antena, una de las pocas películas de ciencia ficción argentinas, en la que trabajaba como compositor digital de efectos especiales, y dije que había visto algo que era digno de filmar. Más adelante, le comenté a Leo Rosales que quería hacer una película de ficción sobre un cantante de una banda tributo a Queen. Con Leo convenimos en que nuestras posibilidades de realización estaban más cerca del documental en ese momento que de la ficción. Vimos que había un documental ahí y decidimos viajar a Mar del Plata para filmar al Freddie Mercury de Jorge Busetto y estructurar mejor la línea dramática-narrativa de Mundo tributo. Nunca me voy a olvidar del día que encontramos el final adecuado. Y con Leo Rosales hasta pensamos e hicimos el afiche original.

mundo tributo adrian fares leo rosales.jpg

¿Qué me llamó la atención del tema?

No podíamos creer que hubiera tantas bandas tributo. Para nosotros, que nos gustaba la música, era muy raro, ya que después de trabajar en mi casa (hicimos la posproducción del documental Cartoneros, de Ernesto Livon-Grosman) agarrábamos una guitarra y tocábamos. Pero hacíamos temas nuestros, que nos salían o que habíamos zapeado de adolescentes. Qué músicos con talento se dedicaran a armar tributos nos preocupaba. Así que decidimos sondear el tema, investigar, y con un diseño de producción que armábamos día a día, de pronto estábamos metido en la movida del tributo. Entonces sí: ¿Por qué hay tantas bandas tributo? ¿Por qué no tocan sus temas? ¿Por qué se disfrazan como ellos? Creo que los temas que me gusta tocar, no importa el género, son la identidad (leo mucha ciencia y la aplico en lo que hago inconscientemente a veces) y también la familia.

En un documental de creación como Mundo tributo rozamos los dos. También vi F for Fake, de Orson Welles, y eso fue una referencia. Al igual que This is Spinal Tap. Desde hace 2000 mil años que nos venimos preguntando si en el arte es más importante la mímesis que la diégesis. Aristóteles decía que el arte imita la vida y Platón que el arte debía apuntar a Lo Ideal, porque si no estaríamos haciendo una copia de una copia.

¿Las bandas tributo copian o recrean a su manera el material que les gusta? Como dice Martín Aragón en el documental, y esto me parece clave: Si los Beatles hubieran participado en nuestro concurso (el de la Semana Beatle del Cavern Club Argentina) no hubieran ganado. Los Beatles eran desprolijos en vivo, las bandas tributo que concursan aquí son mejores.

¿Por qué un documental?

Te repito la idea era hacer una ficción. Pero nos dimos cuenta que era más viable hacer un documental y que así íbamos a descubrir cosas en vez de presuponer. La idea también era filmar grupos en vivo, no importaba cuáles, estar cerca de la música. En ese tiempo íbamos a una sala de ensayo de una banda real, Cielo Final, de Mataderos y filmábamos lo que ellos hacían y algunos de sus recitales, hasta uno con el cantante de La Renga. Leo Rosales los había descubierto y me arrastró a sus ensayos. Así que veíamos las dos puntas, la de las bandas tributo y las de las bandas con repertorio propio que tenían un público chico que los seguía. El mundo tributo tiene más glamour, el otro es más trash. También en los músicos que tocan lo suyo hay más asuntos ligados al ego.

¿Cuánto tiempo nos llevó? ¿Cómo la financiaron?

Lo hicimos más o menos en un año. La filmación fue rápida, fines del 2006 y verano de 2007. Una de las tantas vacaciones que sacrifiqué por hacer lo que me gusta. Entre septiembre de 2006 y fin de ese año salíamos varias veces a la semana a filmar. Después nos sacamos un boleto en tren, el más barato que conseguimos, para Mar del Plata, y en Enero de 2007  filmamos a Busetto (Doctor Queen) Fue seguirlo a todos lados. Ya teníamos la estructura de la película más clara. Pero después estuvimos meses editando. Recuerdo que la mandamos al BAFICI del 2007, un armado sin terminar, ya que nuestro desconocimiento de los festivales era muy obvio, y claro, no quedó. Estuvimos días sin dormir para llegar a esa meta. Pero todo lo que avanzamos en edición nos sirvió para tenerla lista para mitad del 2007, ya con la música de Kabusacki, y ahí dijimos, la mostramos nosotros, busquemos un lugar para exhibirla para amigos, participantes y gente de prensa a los que alcanzamos con un lista que nos había pasado una chica. Así que mandábamos cartas a todos lados con una postal con la bota de Mundo tributo y la fecha del estreno en el Cavern Club, lugar donde fueron generosos y nos dieron, alquilando un proyector, una hora y media para pasar la película.

Lo financiamos cien por ciento nosotros. Eran otros tiempos y llegamos a quedarnos sin espacio físico en la computadora así que estuvimos parados hasta poder comprar un disco rígido externo. Recién salía el HD. Las computadoras comunes que teníamos apenas podían con el material así que editarlo fue todo un logro. Invertí la poca plata que gané posproduciendo Cartoneros para comprar una mejor placa de video. Leo pude comprar el disco rígido. Hubo dos camarógrafos amigos que nos ayudaron a hacer de tercera cámara en los recitales más grandes (Gran Rex, etc.) Mi abuela me había dado plata para comprarme una cámara, sin esa cámara creo que no hubiéramos hecho Mundo tributo. Era una Sony HC1 y tenía un audio excelente, una cámara muy versátil. Todo lo de Busetto lo filmamos solamente Leo y yo en Mar del Plata, él con su cámara y yo con la HC1. Descubrí que podía ser un buen camarógrafo y Leo también. A Leo lo bancó la esposa en ese tiempo. No teníamos ingresos y apenas vivíamos con los trabajitos temporales que sacábamos.  Leo la tenía clara con la edición de sonido, de hecho es un gran editor de imagen y de sonido también ahora, hizo un trabajo buenísimo con el audio que teníamos. Yo había practicado Corrección de Color para Cartoneros y con ese conocimiento hice toda la corrección de la película. Mundo tributo llevó tiempo y muchísimo trabajo, tanto de filmación, físico y mental, como de posproducción, pero no gastamos en ella, aunque para nosotros sí eran gastos. Por eso recomiendo a todos los realizadores independientes que hagan bastante ejercicio físico.

¿Cuáles son los incentivos o los problemas de estrenar un documental en Argentina? ¿Y cuál es el recorrido que hace?

Al estreno en el Cavern Club vinieron amigos y no sabíamos que otras personas, porque habíamos mandado cartas a varios lugares. A la semana nos escribe Alejandro Seselovsky de la Rolling Stone diciendo que había disfrutado el documental y que escribiría sobre el mismo. En la página de estrenos la película sale junto a El libro negro y XXY, de Puenzo, los tres estrenos rescatados ese mes.  Obvio que Mundo tributo no tenía fecha de estreno ni nada. Así que fue una locura de él hacer esa nota y ponerla ahí. Creo que así es la prensa cuando es independiente. Cayeron de muchos lugares a hacernos notas y nos pidieron la película para proyectarla en un ciclo de la revista Haciendo Cine, luego quedó seleccionada en el MARFICI y volvimos a viajar a Mar del  Plata, esta vez con todo pago, para el estreno oficial, digamos, en festivales. Al año próximo, nos dirigimos al BAFICI, escribimos una carta que decía que habíamos terminado la película, que nos perdonen por mandar algo sin terminar el año anterior y por favor la tuvieran en cuenta, y quedó seleccionada en el BAFICI 2008. Funciones llenas. Una lástima que la del Centro Cultural Rojas se cortó la luz antes de la mitad de la película.

De ahí, se nos acercaron para saber de nuestros proyectos gente de Costa Films y nos llamó una mujer de Francia para programarla en la Cinemateca de la Ciudad Universitaria Argentina en París. Seguimos mandando la película a festivales, y estuvo en muchísimos, por nombrar algunos, FICCO DF, BOSTON LATINO, FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA HABANA, IN EDIT SANTIAGO / IN EDIT RIO DE JANEIRO Y SAN PABLO, FESTIVAL INTERNACIONAL DE ROSARIO, CINE TONALÁ BOGOTA, y ahora estará se verá, por excepción única del director del festival, en la India, en Competencia Internacional. En Brasil, se interesó MTV, que en ese entonces era del grupo Abril, y programaron la película por única vez en un ciclo de los mejores documentales musicales. Claro que gratis, no nos pagaron ni un centavo. En Córdoba nos la pidieron de un Cineclub y así… También estuvo en Espacios INCAA, lo que siempre nos pareció un chiste porque no recibimos apoyo del Instituto de Cine en nada. La última proyección fue en el marco del IV Laboratorio Internacional de Guión en Colombia, en el hotel colonial Mariscal Robledo, Antioquia, un lugar mágico y una proyección mágica, con 24 guionistas becados de toda Iberoamérica. Era la primera vez que yo salía de Argentina (aparte de Uruguay, claro) Mundo tributo les encantó.

Así que el incentivo es poder hacer lo que uno quiere sin tantas vueltas. ¿Querés hacer una película? Bueno, la hacés, día a día. Trabajas, creas, la grabas, la vas editando. Es único. Hoy en día, por los altos costos, para realizadores como nosotros para todo parece que tenés que aplicar a fondos, a concursos, etc. Eso hace que estés varios años incubando un proyecto y te aleja del cine en sí. El cine es hacer y es un arte, también es una industria, y está muy bien que así sea y genere trabajo y los técnicos y artistas mejoren, pero el cine como industria te paraliza. Después, cuando te va bien, la gente se acerca, quieren saber si tenés contactos, cómo hiciste para llegar acá y allá. Al principio pensás que es para ayudarte a hacer otra película, pero no es así, lo que les interesa es saber si vos tenés contactos. Y nosotros no teníamos ni un contacto ni nada, toda la distribución fue un enorme esfuerzo y trabajo que sigue hasta hoy en día.

La contra es que nadie te va a llamar para hacer otro documental o película porque vos hayas hecho uno que claramente se destacó. La vas a tener que remar otra vez. Por mi experiencia hasta ahora, nadie pone un peso para hacer una película si no es a través de los subsidios del INCAA.

Lo ideal sería que haya una política al respecto y se fijen las películas que llaman la atención y les den oportunidades a los creadores y directores de las mismas, pero eso no pasa.

De cualquier manera, el INCAA está controlado por los productores, tristemente, al día de la fecha es una verdulería de los productores poderosos (que supuestamente hacen cine independiente). El INCAA debería apoyar a los directores y a los escritores, no sólo a los productores. Es un grave error suponer que existe una industria donde no la hay; por eso el cine argentino se estancó totalmente desde hace años. Los cineastas hoy en día implícitamente son a la vez productores (empezamos a escribir el guión sin dinero, sin encargo, como en mi caso con Gualicho) y yo creo que lo comercial está incorporado ya en la mirada de cualquiera que haga cine, porque el género ha ganado terreno en la mente de los escritores y directores (esa intención del creador, no implica que exista una industria donde no la hay, por lo tanto apoyar al productor solamente es un grave pero grave error, una estafa al creador, que también desde el inicio es claramente un productor)

Otra cosa es que cuando sos joven y recibís atención por lo que hacés, y no tenés un entorno que canalice esa atención, uno puede creer que pueda hacer cosas que no puede hacer, y te das contra la pared intentando hacer una ficción, por ejemplo. Entonces sí no hay una  estructura que sostenga al cineasta independiente después de haber hecho la primera película, invirtiendo tiempo, que es plata; así el cine independiente no funciona. Es triste, pero es una realidad, por lo menos en nuestro país. Si vos hacés una película con nada, es para demostrar lo que hacés y poder hacer otra película en mejores condiciones, y no tener que estar dependiendo de tu abuela, por ejemplo. No va a vivir para siempre.

Otro tema es la prensa. En general, los críticos de cine no publican notas de películas independientes y el cine parece ser una cuestión de clase social, es algo bastante horrible, pero es así. Si una institución presiona y ubica a sus directores, los críticos publicaran cosas sobre esos directores. Si no, es una cuestión ética de ellos evaluar si la película vale la pena o no.

Así que si lo hiciste a pulmón, como se dice, no vas a tener un estreno comercial, en general…, y la clara ventaja es que una película que no se estrena, que no tiene carteles en la calle ni publicidad en los diarios, que no tiene una institución que te apoya (porque nosotros estudiamos Diseño de Imagen y Sonido y esa carrera de la Universidad de Buenos Aires no hace nada por sus estudiantes una vez egresados) y si su tema es siempre actual, tenés una audiencia potencial que no la conoce, que no la pudo ver, y la película se va convirtiendo en una de culto.

Aún así, el cine lleva tiempo, las cosas maduran en uno, las historias se desarrollan, uno gana experiencia y hoy en día tenemos muchos proyectos, a los que le tenemos muchísima fe, que, de alguna manera u otra, vamos a realizar.

Entrevista a Adrián Gastón Fares por Blanca López.

Más información sobre mis proyectos cinematográficos:

http://www.corsofilms.com/press

 

Gualicho Storyboard

Este es el #storyboard de Gualicho / Walichu. Lo hice durante 6 meses. Toda la película en un software #3d #peliculas #cineargentino #incaa En la locación, tomamos las medidas y lo volcanos al #story. También agregue distancia focal según la cámara y composición del plano, angulaciones. #cine #audiovisuales #cultura #largometraje #bloodwindow #premio