Archivo de la etiqueta: opinion

Tres películas de este año. Cine.

Quería ordenar un poco a este año de películas tan duras y tan buenas

Digo la últimas que recuerdo y las que me causaron una impresión para bien o para mal (diría que para bien)

Marriage Story (no voy a nombrar directores para no hacerme el sabihondo) Bueno… Sigamos.

Esa película se trata del hombre invisible. No es Kramer vs. Kramer. Es algo nuevo acorde a esta época. No habla de la Virgen María ni de la tradición judeocristiana. No es una película de una madre (no le mientan a las madres) Lo siento. Es el hombre invisible. Es un hombre el que escribe y el que dirige una película sobre una separación. Y es una película sobre una separación (a ver, no quiero quedar como un pelotudo; al pedo encima, en Mundo tributo ponemos para variar y porque era apabullante lo otro, a The Beladies, siempre me preocupé por eso, ¿y a quién le importa?, en Gualicho le pregunté a una ex pareja y a mi hermana veinte veces sobre cómo escribir escenas donde había mujeres, en Mr. Time directamente ya no me hacía falta preguntar sobre la identidad y las diferencias, porque ya había vivido demasiado eso, nunca es demasiado pero a veces parece que sí y me alcanza; pero nadie se tomó el trabajo de leer mi último guión, creo)

Decía que Marriage Story es más la película de un tipo que de una mujer. Es más la historia del marido (no tengo hijos, pero sé lo que es una separación de pareja) Y de cómo debe adaptarse a unas condiciones sociales a las que él ya se ha adaptado, y que le pesan, pero no puede expresarlo. Por eso la película. Es fuerte porque el punto de vista nunca sale de él. Trata de variar pero no se mueve mucho, a pesar de todo.

Si bien no es perfecta (ese canto de Adam Driver al final, gran actor, ¿para qué?) es una película fuerte porque habla de cómo cambiaron las subjetividades y los tiempos.

Joker. Es la historia de una persona con discapacidad y de cómo la sociedad, los otros, la destruyen hasta que no aguanta más y mata gente. No es la historia de un psicópata ni de un esquizoide (esta es la época de la diversidad, donde podemos decir que los santos que nos venden eran todos locos; que los visionarios eran todos locos si esto fuera así)

La película se focaliza en cómo explota alguien cuando le han minado todo el terreno de su vida social y afectiva. Y la actuación de don Phoenix es magistral. Tiene improvisaciones necesarias para un guión así que la mejoran. El final es perfecto (y no se puede apreciar más que en el cine; todo pasa tan detrás en el plano que se pierde en pantallas más chicas)

Parasite. Es un guión perfecto o casi perfecto. Es una película sobre cómo las nuevas clases altas o medias altas (especialmente en este caso, la de ciertos países de Asia) eran y son. Y a la vez, cómo cambió la clase baja o media baja por el acceso a Internet, a un smartphone. Como usan esos recursos para tratar de movilizarse. No eran las marchas todo: es la información y cómo buscás el Wifi para obtenerla.

En el camino, desestigmatiza la pobreza y muestra conflictos que están ocurriendo en muchos países del mundo y que seguirán ocurriendo.

También, sirve para recordar a Ford, que influenció, si mal no recuerdo, a Kurosawa y Kurosawa influenció a Lucas, de donde precede la mayor parte del cine actual.

El gran director de Parasite (de Okja y de la seminal Memories of Murders) me parece un hijo de Spielberg y un poco del animé japonés. A la vez el guión tiene algo del neorrealismo italiano. De Sica más que nada, por lo tanto parece fundir muchas tradiciones del cine y muchos países (como el realismo mágico de Francia y el cine soviético; todos han fundado lo que conocemos como Cine)

Pero Parasite no olvida la narración ecléctica, inacabable, de oriente, y transciende. Es muy buena película.

Dura, para nada fácil, nada servil, valga la redundancia, y a tono con las otras dos, mágicamente. Y la más interesante de analizar en cuanto a las influencias (lo que la dejaría inerte; no es mi intención)

Las tres, son películas muy libres y muy poco correctas (del hombre, una; del padre, de las parejas en este siglo XXI, la segunda del enfermo mental y del marginal, y la tercera, de la pobreza)

por Adrián Gastón Fares.

PD: Para fantasmizar (perdón el neologismo) este texto sobre el sagrado y a la vez sacrilego cine y devolver al vanpiro o vampiresa a la tierra fresca y oscura y a este blog a su fuente literaria; para mantener la inocencia de las imágenes de estos largometrajes invocados, el momento final mágico que cada uno fijó en su visionado, dejo esta cita de un poeta antigüo y reconocido, extraída del libro de Roger Clarke, un crítico de cine, que escribió sobre su pasión: los fantasmas (La historia de los fantasmas, Roger Clarke) que dice:

«Me preguntó una dama en una ocasión si yo creía en fantasmas y apariciones. Con sinceridad y simpleza le respondí: “¡No, señora! ¡Demasiados he visto ya con mis propios ojos!”». Samuel Taylor Coleridge.

Simplemente

Hoy simplemente quería dejar en claro que los sordos e hipoacusicos, como es mi caso (hace una semana me aseguraron que soy candidato a implante coclear; aunque espero poder usar los audifonos por mucho tiempo más; me cambiaron la vida) somos habitualmente maltratados por los demás, a veces los que más cerca están, los que deberían haber entendido, sin ningún tipo de herramienta consensual para prevenir o enmendar estos hechos. La sociedad no tiene reglas claras al respecto y no hay una politica de inclusión ni de construcción de una sensibilidad con respecto a las discapacidades y mucho menos con la sordera y la hipoacusia (discapacidad invisible)

Por lo tanto, me consta que tantos mujeres como hombres con diversos grados de pérdida de audicion sufren día a día por la falta de sensibilidad sobre el problema

Hemos visto marchas de todo tipo, incluso otras identidades han podido expresarse, pero el discapacitado tiene muchas cosas de las que preocuparse y la misma discapacidad genera que luchar por sus derechos sea dificil cuando no imposible.

Con una sociedad como la actual que es capaz de movilizarse por cualquier nimiedad pero que olvida, maltrata, abusa y destruye a los mas débiles no hay mucho que hacer.

La indiferencia mata.

Ser hipócrita mata.

La ignorancia mata.

El resentimiento mata.

La falta de sensibilidad mata.

Vivimos en el peor de los mundos posibles gracias a personas que pueden destruir con el maltrato verbal a otro ser humano y luego creerse a la vez abanderados de las mejores causas.

Hace rato que vengo pidiendo más concientizacion sobre los diferentes tipos de discapacidades.

La única manera de construir un mundo mejor es saber que una persona no es un medio sino un fin.

Mas derechos para los discapacitados. Mas conciencia sobre como son tratados.

Mas responsabilidad social.

Basta del maltrato a las personas que deben esforzarse por comunicarse.

Pensar cuesta leer.

Pensar cuesta pensar.

Nada más.

Adrian Gaston Fares

Samoa Mon Amour

Comparto este ensayo que escribí hace muchos años.

The Master of Ballantrae (El Señor de Ballantrae) es una novela cuya intensidad no puede olvidarse.

El texto se aproxima al cine desde Stevenson.

Pero aprovecho para nombrar algunas obras literarias que no olvidaré jamás por la revelación, el gozo o la enseñanza que me dieron.

Corrección, de Thomas Bernhard

Nemesis, de Agatha Christie

El Idiota, de Fiodor Dostoyevski

Los muertos, de James Joyce

Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury

The Stand, de Stephen King

Maleficio, de… Richard Bachman

Borges, Adolfo Bioy Casares (Diarios, Edición Completa)

Hay más claro.

Hay más.

Pero por ahora quiero que presten atención y descubran que Robert Luois Stevenson hubiera sido un gran cineasta.

Stevenson y las imágenes (2001)

“This, then, is the plastic part of literature: to embody caracter, thought, or emotion in some act or attitude that shall be striking to the mind’s eye. This is the highest and hardest thing to do in words (…)”

En su ensayo A Gossip on Romance (Memories and portraits), Stevenson nos comparte su reto: la parte plástica de la literatura, lo más difícil de lograr, es encarnar en un acto del personaje una emoción. Fácil, y necesario creo, es tomar el concepto desde un punto de vista cinematográfico y tratar de analizar cuáles son los films que cumplen esta indispensable propuesta. Digo indispensable, ya que uno comprueba que los únicos films que valen la pena (los que, luego de llevarlo de la mano, dejan al espectador frente al precipicio de la catarsis) son aquellos que en algún momento condensan la historia en una imagen o acto. Stevenson da el ejemplo literario, entre otros, de Crusoe siguiendo las pisadas. Me gustaría agregar éstos: Aquiles llevando el cuerpo de Héctor a Príamo, Pilatos lavándose las manos, la institutriz que encuentra a Miles mirando la torre a mitad de la noche en Otra vuelta de Tuerca, el pescador que arrastra a tierra los restos del animal gigante que mató en El viejo y el mar, el príncipe Mychkin, en el piso, otra vez idiota (El Idiota), el “preferiría no hacerlo” de Bartleby (Bartleby, el escribiente) y todo el barco en Benito Cereno. En Rayuela, Horacio buscando al azar a la Maga por las calles de París. Los ejemplos rebalsarían la hoja.

Sabrán qué molesto puede llegar a ser explicar la razón de estas imágenes o la parte que juegan en el todo; esperando que identifiquen las demás me ahorro el sufrimiento y clarifico uno de los ejemplos; en general, lo que causa catarsis en la “escena” mencionada de El Idiota es la súbita comprensión de que su trato con la sociedad lo perjudicó.

Pasemos a las películas. La más obvia: en El ciudadano, el trineo con la inscripción Rosebud quemándose en la hoguera es la imagen a la que se refiere Stevenson en su ensayo; “la pasión vestida de situación”. La pasión significa el elemento de contenido de una obra, el tema llevado a la perfección y a su clímax en una imagen.

La madre enternecida frente al bebé (que nunca vemos) en El bebé de Rosemary es otro ejemplo. En Psicosis, la casa gótica es el elemento alrededor del cual ronda todo el misterio y desesperación de la cinta. La computadora muriendo en 2001, Odisea del Espacio y el astronauta anciano frente al objeto del espacio que une las secuencias, son temas interesantes llevados a imágenes-síntesis, como el encuentro de una oreja entre los yuyos en Terciopelo azul. Estropearemos esta última imagen, explicándola; como sugiere Stevenson, Lynch encarna en la situación de la oreja un carácter; de ahí en más, sabemos que el protagonista es curioso y ama los misterios, que es suficientemente valeroso como para enredarse en uno (no se limita a mirar a la oreja, sino que la levanta). Por otro lado, un pueblo donde se encuentra una oreja es mucho más macabro que uno donde tropezamos con un cuerpo; ni hablar de la persona que anda cortando orejas por ahí. De esta forma, una imagen nos describe el carácter del protagonista y su entorno.

En El Exorcista, la imagen del cura frente al ídolo africano que concluye la introducción es quizá demasiado simple y maniqueísta como para tener en cuenta, pero anticipa y completa el tema del film; la dilatada lucha entre un cura y un demonio (la posesión de Megan es la estrategia del demonio para volver a encontrarse con el padre Merrin).

En El Banquete de Boda, Ang Lee termina esta comedia dramática con la imagen del padre del homosexual levantando las manos, en cámara lenta, para que lo revisen al pasar la aduana; ¿cómo trasladar en palabras la manera simple y a la vez maravillosa con que la imagen completa el film?

Por último, permítanme señalar el final de Dioses y Monstruos; si bien la película utiliza de manera exagerada el flash-back, la idea de unidad que enlaza la trama desequilibra cualquier crítica; cómo no sentirse gratificado ante la imagen final del protagonista bajo la lluvia imitando a Frankestein (recordamos que en el film nos sugirieron la inquietante relación padre-criatura entre James Whale y su jardinero).

No hay duda de que las películas más interesantes, como los mejores libros (Stevenson creía que ninguna floritura de estilo podía reemplazar una buena historia, una idea bien desarrollada), tienen una o varias de estas imágenes poseídas (de la trama, del personaje, etc.), “significativas para el ojo de la mente”. Comprobamos, en esta insignificante enumeración, que la ubicación de las mismas en la trama suele ser el desenlace, aunque no siempre es así, y en algunos casos cierran la introducción. También que no abundan los ejemplos; esto puede ser resultado de la dificultad: encarnar un complejo carácter o un pensamiento en una situación o un acto simple no es nada fácil. Y si seguimos con la metáfora de la posesión, y la trasladamos a medias, convenientemente, a la creación; sabemos que el demonio no elige a cualquiera.

Por Adrián Gastón Fares

Nota: En nuestras librerías no será fácil encontrar los ensayos de R. L. Stevenson; los interesados pueden dirigirse al sitio http://www.gutenberg.net, la mejor librería virtual gratuita (en inglés) de la web. Estos libros son un poco incómodos; por lo menos no tienen pulgas.

Los malos y los buenos

Espero extender esto en el escrito que tengo en los anotadores sobre cómo enfrentar una historia larga. Ya tengo lista Mr. Time (un guión de 90 páginas) y estuve trabajando en la reescritura de otro guión. Eso me hizo cavilar bastante.

Pero lo que voy a escribir es algo más ético, digamos.

En las narraciones como en las historias, y en la VIDA, debe haber un malo y un bueno.

Está claro.

El malo (o la MALA; entiendan esto), no es tan malo, tiene sus razones para ser malo, pero es MALISÍMO, por más razones que se encuentren para probar su bondad. Nunca alcanzan.

Nunca van a alcanzar.

El bueno (o la BUENA), no es tan bueno, pero es BUENÍSIMO, por más razones que se encuentren para probar su maldad.

Así estamos.

Y así es.

Saludos!

Adrián