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Infierno en el Instituto. 4. No ficción.

Volví a la ciudad para reunirme con la productora. Sacrifiqué mis dos días de vacaciones. Pero la productora presentante quería volver a dominar todo si hacía la película, poner a su productor delegado. Eso debía evitarse porque medio mundo me venía hablando mal de ese productor que ella quería imponer.

Tenía algunas opciones, gente que se me había acercado de alguna u otra manera interesada en el trabajo.

¿Cómo hacer que una productora volviera a un proyecto? Pensé en involucrarla con personas que conozca. Por naturaleza el ser humano quiere quedar menos mal con la gente que conoce que con la que no. Así que, propuse que el productor delegado fuera un periodista que habíamos conocido en el ambiente del terror argentino (en el Buenos Aires Rojo Sangre, creo). Este periodista escribía también sobre cualquier tipo de películas, como las que dirigía el dueño de la revista donde trabajaba que no tenía nada que ver con el terror.

Este periodista había sido también productor de una película independiente de terror. Quise poner a otra persona como productor delegado que tenía que ver con la misma película independiente, pero doña productora de origen peruano no lo quiso aceptar. No me quedaba otra que seguir con el periodista, entonces.

Ya que no aceptaba a Leo ni al productor de películas de terror, por ahí aceptaba a uno que escribía sobre las películas que ella producía.

Ahí íbamos. Le pregunté al periodista en cuestión, por teléfono, el futuro productor en cuestión que yo propondría para reemplazar al productor delegado que doña productora de origen peruano quería introducir a la película, si le interesaba realmente la producción, si lo movía ser productor, que me fuera sincero, que me dijera la verdad porque nadie estaba cobrando nada por Gualicho, pero él sí iba a cobrar, si lo aceptaba la productora, entonces tenía que comprometerse a eso.

Así que bueno, resultó que este productor-periodista al que yo llamé, se nos adelantó un poco el día de la entrevista y con su camisa y su sonrisa poco fiable, estaba en la oficina de doña productora de origen peruano antes de que yo llegara con Leo.

Bueno, le perdonamos eso.

Ahí estaba él hablando con doña productora de origen peruano y chusmeando sobre medio mundo del ambiente de cine. Me había contado sobre medio mundo. Es mi error y el de ningún otro aceptar gente tan chismosa. Digo, gente tan chismosa con ningún talento, no era Manuel Puig ni Truman Capote. Y además tenía un desdén terrible por la gente que se dedicaba a escribir para el cine (la gente que no puede, odia)

Y bueno, esta persona más o menos impresentable como ya pueden suponer, se puso del lado de la productora presentante. No recordó que yo le pedí que por favor fuera responsable con la oportunidad que le estaba dando. Y luego no pidió perdón, cobró su sueldo y desapareció.

Es uno de los sueldos que pagó Gualicho, además del sueldo de un asistente de dirección que resultó que había trabajado para otras producciones de la productora presentante (y por suerte, el sueldo de uno de los mejores asistentes de dirección de aquí, de los más experimentados, que me encargué yo de incorporar al proyecto antes de que el INCAA cerrara las puertas del expediente y la productora presentante de origen peruano renunciara al proyecto; cuyos derechos por suerte volvieron a quedar totalmente en mi poder; la habíamos denunciado a la oficina de transparencia del instituto, del INCAA, por todas las cosas que nos venía haciendo, se enojó y dijo que entonces no haría la película, le dije que no la hiciera entonces, nos levantamos con Leo y nos fuimos de la oficina palermitana para nunca volver y fin de esta historia en cuatro partes de la que ya me quiero olvidar, fin de Infierno en el instituto, aunque seguimos yendo al instituto por un tiempo para saber en qué estado había quedado la película, especie de Bruce Willis en Duro de Matar con ese edificio vetusto y desactualizado; ver cómo seguir, tratar de que reemplazaran a la productora, tratar de que un premio fuera un premio y no una incoherencia)

Pero antes de que todo terminara y para complicar un poco más las cosas, de alguna manera cayó, antes del bueno, un asistente de dirección malo que había trabajado para otras producciones de la productora palermitana.

Me envío, pactando con la productora presentante de origen peruano, a que reescribiera todo el guion, que sacara a la mitad de los personajes (que ya eran pocos, a los coches, a algún que otro animal que solo aparecía en una escena)

Hizo un absoluto desastre con el guion y conmigo con tal de ser pagado y dio una opinión absolutamente errónea de todo. Pero así es esta sociedad que obsequia futuro a estos personajes impresentables, dados a la violencia en el diálogo, a la seguridad infundada y todas esas cosas que no me gustan escribir, pero para ser un escritor sincero tengo que escribir. Obsequia futuro a estas personas y les quita el futuro a los pelotudos como yo que la pensamos dos veces antes de dañar a otra persona hasta de refilón.

Todos podemos oprimir a los demás: es una cuestión de decisión. Este muchachito engreído, el penúltimo asistente de dirección de Gualicho, eligió oprimir con su mínimo poder.

El tal asistente de dirección me dijo que cambiara todo el guion y me mandó a trabajar gratis más o menos 2 meses.

¿Para qué? Para que terminará en nada todo eso. La productora seguía sin querer hacer la película. No había manera. Era toda una estratagema de la productora peruana para dilatar el hecho de que ya había firmado (y cobrado una cuota del dinero del premio) con el instituto de cine y no quería hacer la película.

Había cobrado 600 mil pesos de la primera cuota del premio que habíamos ganado y la tenía en su cuenta y no nos había pagado ni un centavo a Leo y a mí y encima nos hacía trabajar gratis.

Podía haber cambiado esos 600 mil pesos a dólares y usarlos para sumar más chapa a su cuenta bancaria que luego usaba para seguir presentando proyectos al Instituto de cine.

O podía usarlo para cualquier respaldo financiero. Mientras, nosotros, yo el dueño de la película, el creador, Leo, que había trabajado en la película también como productor inicial, nada. Nada de nada.

Seguí trabajando como un animal para Gualicho, con estas bestias aceptadas por la productora presentante palermitana cercándome sin ver un peso.

En un momento, en la reescritura de Gualicho sugerida por el penúltimo asistente de dirección para abaratar costos, mi novia de ese entonces, no aguantó más la situación y me dijo que quería separarse porque necesitaba tener alguna proyección de futuro en la pareja para formar una familia. Estábamos en 2018. Ya venía aguantando con estoicismo mi discapacidad auditiva (diré que no es fácil para otra persona aceptar que su pareja no escucha cuando se saca los audífonos y tener que hablarle a la cara en la oscuridad de la cama compartida; digan lo que digan, sé que no es fácil, y que duele y molesta, y lo acepto)

Y tenía razón en eso del futuro. Yo no había podido hacer la película, mi futuro estaba más o menos contenido en eso, es como una empresa que se viene abajo, así que estas consecuencias son posibles. Y uno no puede pedir a otra persona que se quede por amor al arte. El amor al “arte” es de uno y ni siquiera es amor, es algo que no pudimos elegir, que nos eligió a nosotros. Yo no creo en nada, pero sí creo en esta elección. La de contar una historia en vez de otra, la de que te caiga algo que parece una idea y tengas que llevarlo de la mano como si fuera tu hijito o hijita hasta una puerta que de repente se abre y ahí sale un fogonazo de luz que en estos casos es el fogonazo de luz del proyector que hace que tus personajes se despeguen de la página y corran por un llano verde mientras los reflejos del sol acarician al objetivo de la cámara y también a los espectadores. Y algunos de nosotros, ya golpeados de alguna manera u otra por la vida, no tenemos otra cosa.

Le dije a mi novia de ese entonces, la segunda de origen asiático, de la casualidad asiática, que hiciera lo que quería porque yo estaba terminando otra versión del guion de lo que había luchado toda la vida. Y encima ya antes había escrito otro guion más largo, otra ficción oscura, fantástica y con mezcla de ciencia ficción, que me encantaba, que se llama Mr. Time. Y no podía dejar a mis criaturas de ficción.

Y no veía otro futuro para mí, no iba a volver a la Obra social: iba a seguir adelante para mi bien y el de todos los seres humanos (las personas que no llegan a hacer los que les gusta en la vida se dedican a joder a los demás casi siempre)

Quedé solo en mi departamento en el momento más duro otra vez. Mientras mi pareja se llevaba algunas cosas que le pertenecían, me fui a caminar con la frente alta, viendo que estas cosas parecidas ya me habían pasado en la vida y que no me quedaba otro destino más que enfrentarlas como podía, que estas incoherencias de la vida, no me iban a echar abajo esta vez, que la estupidez y el sin sentido de todo no iban a ganar.

Ahora, a veces, me parece que estuvieran ganando.

Lo del premio fue un infierno. Me trajo más problemas en la vida que otra cosa. Perdí gente. Perdí oportunidades. Perdí aliento.

Pero aquí estamos, exhalando bocanadas de aire frío como un perro atado. Un perro atado que acaba de romper sus cadenas. Y que es libre para correr para donde se le antoje.

Aquí termina Infierno en el instituto. Si quieren pueden firmar la petición de Change org para que pueda filmar mi película, para que pueda seguir con el cine.

Aclaro que Gualicho está disponible para cualquier productor o productora que sepa de cine y se interese por la película. Los derechos son míos y de nadie más.

Por suerte, yo puedo decidir a quién dejo entrar y a quien no dejo entrar para que se acerquen a mis criaturas de ficción, a mi dedicación más coherente y sincera, y a mi vida.

change.org/gualicho

Fin.

Boda negra. Lanzamiento. Cortometraje.

Boda Negra. Cortometraje. 2020. Producido por Bombay Films. Escrito por Matías Donda y Adrián Gastón Fares.

En la pandemia de 1918, según el libro de Laura Spinney, El jinete pálido, se organizaban bodas negras para sanar a los infectados.

Este corto está inspirado en parte en el libro de Laura Spinney y ciertas situaciones en las videollamadas.

Bombay Films, creadora de Motorhome y otras molestias parecidas, volvió.

Durante la cuarentena hicimos este cortito. Fue un placer colaborar con los actores; Eloísa Colussi, Jonatan Jairo Nugnes, Paula Brasca, Lu García, Robertino Grosso.

Y la participación especial de Alfredo Casero.

Con la música original de Juanma Prats.


Fue un gran trabajo de Matías Donda también, con quien siempre es un placer hablar de cine y tratar de hacerlo. El corto fue subido y estrenado online la semana pasada.

Cómo Prólogo al cortito:

La siguiente es una cita del libro El jinete pálido, de la periodista investigadora Laura Spinney que cuenta el derrotero de la gripe mal llamada española: la pandemia de influenza A de 1918. Parte del corto está inspirado en las bodas negras de Odessa.

Recomiendo el libro.

En palabras de Laura Spinney:

Un shvartze khasene, en yidis, es un antiguo ritual judío para protegerse de las epidemias mortales y consiste en casar a una pareja en un cementerio. De acuerdo con la tradición, se debe elegir a la novia y al novio entre los más desfavorecidos de la sociedad, «entre los tullidos más espantosos, los indigentes más degradados y los inútiles más lamentables que hubiera en el distrito», según explicaba Mendele Mocher Sforim, un escritor odesano del siglo XIX, al describir en la ficción una de estas bodas.
Tras una oleada de bodas negras en Kiev y en otras ciudades, un grupo de comerciantes de Odesa se reunió en septiembre, mientras arreciaban las epidemias de cólera e ispanka, y decidió organizar la suya. Algunos miembros de la comunidad judía desaprobaban rotundamente lo que consideraban una práctica pagana e incluso blasfema, pero el rabino de la ciudad dio el visto bueno y también el alcalde, quien consideró que no constituía una amenaza para el orden público. Enviaron exploradores a los cementerios judíos para buscar a dos candidatos entre los mendigos que los frecuentaban y eligieron a un novio y a una novia debidamente pintorescos y desaliñados. Una vez que estos accedieron a casarse en su «lugar de trabajo», los comerciantes comenzaron a recaudar fondos para sufragar la celebración.
Miles de personas se congregaron para presenciar la ceremonia, que se celebró a las tres de la tarde en el primer cementerio judío. A continuación, el cortejo se dirigió hacia el centro de la ciudad acompañado por músicos. Cuando llegó al salón donde se iba a celebrar el banquete, había tal cantidad de gente presionando para poder ver a los recién casados, que estos no pudieron bajar del carruaje. Finalmente, la multitud retrocedió y la pareja pudo entrar en el salón, donde se celebraron las nupcias con un banquete y colmaron de regalos caros a los recién casados.

Debido a mi labor imparable y constante de escritura desde que empezó todo esto (terminé un nuevo guión de largometraje y una nueva novela), todavía no pude hacerle los Closed Caption para personas sordas.

Sepan disculpar entonces por eso, ya vendrán, espero…

Es difícil trabajar sin ningún tipo de estímulo y apoyo.

Pero allí vamos, como siempre.

Adrián Gastón Fares

Mi historia con la hipoacusia (actualizada)

Mis audífonos nuevos

Aclaración (al final de la entrada pueden ver uno de los documentos que dejan en claro que no fui diagnosticado durante años cuando el diagnóstico de hipoacusia era necesario)

Lo que ocurrió antes de los 32, como lo testifica la fotografía de la  audiometría de 1999 al final de la entrada, y las demás realizadas en esos años y expuestas a los médicos, entra en el terreno de lo inexplicable (mala praxis, faltas de diagnóstico, de conciencia, no lo entiendo) Me pregunto quién debería hacerse cargo de tanta negligencia.

No sólo había nacido yo con un problema que me dejó parcialmente sordo si no que los médicos que me trataron no diagnosticaron el problema aún estando a la vista en los estudios realizados, alejándome de encontrar una solución que me hubiera facilitado la vida además de evitar que mi audición se siguiera deteriorando.

En cualquier manual médico mi curva tonal es una Hipoacusia neurosensorial.

No entiendo dónde estudiaron, y qué, los médicos que me atendieron.

RESULTADO: VIVÍ 33 AÑOS COMO NORMOOYENTE CUANDO NO LO ERA.

 

Mi historia

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.

Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale).

Como dije, lo dirigí, hice el diseño de producción con Leo Rosales y también me encargué de la cámara en gran parte del largometraje documental.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

En ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Tal vez, hubiera sufrido menos también. Esa persona dijo antes de partir que no podía ser que yo no escuchar el timbre (lo que me hizo replantear mi identidad y también la de esa persona) Esas cosas comunes a los sordos (el timbre, la negación)

Ese tránsito a mi vida con audífonos no fue supervisado por nadie. Y cuando es así estás listo. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caía: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo) Creo que no tengo nada que agregar al respecto. Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.

Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)

Casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Estaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Pero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salís a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.

Un psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.

Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.

Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.

Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.

Con certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.

Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada.

Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico. Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.

Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la intransparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo) a veces duele mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 2019

PD: “…como consecuencia, el utilitarismo pasa por alto uno de los requisitos morales indispensables que, según Rawls, debería poseer una teoría de la justicia: la individualidad” Descubrir la filosofía 33. El filósofo de la justicia. John Rawls. Angel Puyot

Cita directa de Rawls: La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento.

Adjunto una fotografía fiel de mi audiometría de 1999, a los 21 años recién cumplidos. Con el tiempo bajarían algunos casilleros (no tanto) mi umbral auditivo. O sea, ya tenía hipoacusia y nadie se dio cuenta.

Recién a los 32 años me dieron los otorrinos diagnóstico de hipoacusia neurosensorial y me enviaron a tramitar el certificado de discapacidad (Certificado Unico de Discapacidad, CUD) y usar dos audífonos (pasarían casi 13 años desde la audiometría de la fotografía y 32 años de vida si tenemos en cuenta que nací con depresión neonatal, que causó la hipoacusia)

Portada de una de las audiometrías que deja constancia de mi pérdida de audición ya en 1999 y de la falta de diagnóstico médico consecuente.
Una de las audiometrías que deja constancia de mi pérdida de audición ya en 1999 y de la negligencia en no informarme el diagnóstico de hipoacusia neurosensorial bilateral ya a mis 21 años.

Entrevista sobre la creación de un documental: Mundo tributo.

Una entrevista que me hizo la crítica de cine Blanca López sobre Mundo tributo, el documental sobre música, independiente, que recorrió tantos caminos. Actualmente se emite en Cine.ar y está disponible en Filmin.

Génesis del documental: ¿por qué lo hice?

Después de trabajar en productoras de cine, y en películas como La Antena, tenía ganas de hacer algo por mi cuenta. Conocí a Leo Rosales en una posproductora y siempre decíamos de hacer radio, crear una página web para expresarnos o filmar algo.

Me llevaron a ver al Doctor Queen en el teatro Roma de Avellaneda (si mal no recuerdo). Me asombró la reacción de la gente. Al otro día llegué al pequeño edificio en Nuñez donde se posproducía La Antena, una de las pocas películas de ciencia ficción argentinas, en la que trabajaba como compositor digital de efectos especiales, y dije que había visto algo que era digno de filmar. Más adelante, le comenté a Leo Rosales que quería hacer una película de ficción sobre un cantante de una banda tributo a Queen. Con Leo convenimos en que nuestras posibilidades de realización estaban más cerca del documental en ese momento que de la ficción. Vimos que había un documental ahí y decidimos viajar a Mar del Plata para filmar al Freddie Mercury de Jorge Busetto y estructurar mejor la línea dramática-narrativa de Mundo tributo. Nunca me voy a olvidar del día que encontramos el final adecuado. Y con Leo Rosales hasta pensamos e hicimos el afiche original.

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¿Qué me llamó la atención del tema?

No podíamos creer que hubiera tantas bandas tributo. Para nosotros, que nos gustaba la música, era muy raro, ya que después de trabajar en mi casa (hicimos la posproducción del documental Cartoneros, de Ernesto Livon-Grosman) agarrábamos una guitarra y tocábamos. Pero hacíamos temas nuestros, que nos salían o que habíamos zapeado de adolescentes. Qué músicos con talento se dedicaran a armar tributos nos preocupaba. Así que decidimos sondear el tema, investigar, y con un diseño de producción que armábamos día a día, de pronto estábamos metido en la movida del tributo. Entonces sí: ¿Por qué hay tantas bandas tributo? ¿Por qué no tocan sus temas? ¿Por qué se disfrazan como ellos? Creo que los temas que me gusta tocar, no importa el género, son la identidad (leo mucha ciencia y la aplico en lo que hago inconscientemente a veces) y también la familia.

En un documental de creación como Mundo tributo rozamos los dos. También vi F for Fake, de Orson Welles, y eso fue una referencia. Al igual que This is Spinal Tap. Desde hace 2000 mil años que nos venimos preguntando si en el arte es más importante la mímesis que la diégesis. Aristóteles decía que el arte imita la vida y Platón que el arte debía apuntar a Lo Ideal, porque si no estaríamos haciendo una copia de una copia.

¿Las bandas tributo copian o recrean a su manera el material que les gusta? Como dice Martín Aragón en el documental, y esto me parece clave: Si los Beatles hubieran participado en nuestro concurso (el de la Semana Beatle del Cavern Club Argentina) no hubieran ganado. Los Beatles eran desprolijos en vivo, las bandas tributo que concursan aquí son mejores.

¿Por qué un documental?

Te repito la idea era hacer una ficción. Pero nos dimos cuenta que era más viable hacer un documental y que así íbamos a descubrir cosas en vez de presuponer. La idea también era filmar grupos en vivo, no importaba cuáles, estar cerca de la música. En ese tiempo íbamos a una sala de ensayo de una banda real, Cielo Final, de Mataderos y filmábamos lo que ellos hacían y algunos de sus recitales, hasta uno con el cantante de La Renga. Leo Rosales los había descubierto y me arrastró a sus ensayos. Así que veíamos las dos puntas, la de las bandas tributo y las de las bandas con repertorio propio que tenían un público chico que los seguía. El mundo tributo tiene más glamour, el otro es más trash. También en los músicos que tocan lo suyo hay más asuntos ligados al ego.

¿Cuánto tiempo nos llevó? ¿Cómo la financiaron?

Lo hicimos más o menos en un año. La filmación fue rápida, fines del 2006 y verano de 2007. Una de las tantas vacaciones que sacrifiqué por hacer lo que me gusta. Entre septiembre de 2006 y fin de ese año salíamos varias veces a la semana a filmar. Después nos sacamos un boleto en tren, el más barato que conseguimos, para Mar del Plata, y en Enero de 2007  filmamos a Busetto (Doctor Queen) Fue seguirlo a todos lados. Ya teníamos la estructura de la película más clara. Pero después estuvimos meses editando. Recuerdo que la mandamos al BAFICI del 2007, un armado sin terminar, ya que nuestro desconocimiento de los festivales era muy obvio, y claro, no quedó. Estuvimos días sin dormir para llegar a esa meta. Pero todo lo que avanzamos en edición nos sirvió para tenerla lista para mitad del 2007, ya con la música de Kabusacki, y ahí dijimos, la mostramos nosotros, busquemos un lugar para exhibirla para amigos, participantes y gente de prensa a los que alcanzamos con un lista que nos había pasado una chica. Así que mandábamos cartas a todos lados con una postal con la bota de Mundo tributo y la fecha del estreno en el Cavern Club, lugar donde fueron generosos y nos dieron, alquilando un proyector, una hora y media para pasar la película.

Lo financiamos cien por ciento nosotros. Eran otros tiempos y llegamos a quedarnos sin espacio físico en la computadora así que estuvimos parados hasta poder comprar un disco rígido externo. Recién salía el HD. Las computadoras comunes que teníamos apenas podían con el material así que editarlo fue todo un logro. Invertí la poca plata que gané posproduciendo Cartoneros para comprar una mejor placa de video. Leo pude comprar el disco rígido. Hubo dos camarógrafos amigos que nos ayudaron a hacer de tercera cámara en los recitales más grandes (Gran Rex, etc.) Mi abuela me había dado plata para comprarme una cámara, sin esa cámara creo que no hubiéramos hecho Mundo tributo. Era una Sony HC1 y tenía un audio excelente, una cámara muy versátil. Todo lo de Busetto lo filmamos solamente Leo y yo en Mar del Plata, él con su cámara y yo con la HC1. Descubrí que podía ser un buen camarógrafo y Leo también. A Leo lo bancó la esposa en ese tiempo. No teníamos ingresos y apenas vivíamos con los trabajitos temporales que sacábamos.  Leo la tenía clara con la edición de sonido, de hecho es un gran editor de imagen y de sonido también ahora, hizo un trabajo buenísimo con el audio que teníamos. Yo había practicado Corrección de Color para Cartoneros y con ese conocimiento hice toda la corrección de la película. Mundo tributo llevó tiempo y muchísimo trabajo, tanto de filmación, físico y mental, como de posproducción, pero no gastamos en ella, aunque para nosotros sí eran gastos. Por eso recomiendo a todos los realizadores independientes que hagan bastante ejercicio físico.

¿Cuáles son los incentivos o los problemas de estrenar un documental en Argentina? ¿Y cuál es el recorrido que hace?

Al estreno en el Cavern Club vinieron amigos y no sabíamos que otras personas, porque habíamos mandado cartas a varios lugares. A la semana nos escribe Alejandro Seselovsky de la Rolling Stone diciendo que había disfrutado el documental y que escribiría sobre el mismo. En la página de estrenos la película sale junto a El libro negro y XXY, de Puenzo, los tres estrenos rescatados ese mes.  Obvio que Mundo tributo no tenía fecha de estreno ni nada. Así que fue una locura de él hacer esa nota y ponerla ahí. Creo que así es la prensa cuando es independiente. Cayeron de muchos lugares a hacernos notas y nos pidieron la película para proyectarla en un ciclo de la revista Haciendo Cine, luego quedó seleccionada en el MARFICI y volvimos a viajar a Mar del  Plata, esta vez con todo pago, para el estreno oficial, digamos, en festivales. Al año próximo, nos dirigimos al BAFICI, escribimos una carta que decía que habíamos terminado la película, que nos perdonen por mandar algo sin terminar el año anterior y por favor la tuvieran en cuenta, y quedó seleccionada en el BAFICI 2008. Funciones llenas. Una lástima que la del Centro Cultural Rojas se cortó la luz antes de la mitad de la película.

De ahí, se nos acercaron para saber de nuestros proyectos gente de Costa Films y nos llamó una mujer de Francia para programarla en la Cinemateca de la Ciudad Universitaria Argentina en París. Seguimos mandando la película a festivales, y estuvo en muchísimos, por nombrar algunos, FICCO DF, BOSTON LATINO, FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA HABANA, IN EDIT SANTIAGO / IN EDIT RIO DE JANEIRO Y SAN PABLO, FESTIVAL INTERNACIONAL DE ROSARIO, CINE TONALÁ BOGOTA, y ahora estará se verá, por excepción única del director del festival, en la India, en Competencia Internacional. En Brasil, se interesó MTV, que en ese entonces era del grupo Abril, y programaron la película por única vez en un ciclo de los mejores documentales musicales. Claro que gratis, no nos pagaron ni un centavo. En Córdoba nos la pidieron de un Cineclub y así… También estuvo en Espacios INCAA, lo que siempre nos pareció un chiste porque no recibimos apoyo del Instituto de Cine en nada. La última proyección fue en el marco del IV Laboratorio Internacional de Guión en Colombia, en el hotel colonial Mariscal Robledo, Antioquia, un lugar mágico y una proyección mágica, con 24 guionistas becados de toda Iberoamérica. Era la primera vez que yo salía de Argentina (aparte de Uruguay, claro) Mundo tributo les encantó.

Así que el incentivo es poder hacer lo que uno quiere sin tantas vueltas. ¿Querés hacer una película? Bueno, la hacés, día a día. Trabajas, creas, la grabas, la vas editando. Es único. Hoy en día, por los altos costos, para realizadores como nosotros para todo parece que tenés que aplicar a fondos, a concursos, etc. Eso hace que estés varios años incubando un proyecto y te aleja del cine en sí. El cine es hacer y es un arte, también es una industria, y está muy bien que así sea y genere trabajo y los técnicos y artistas mejoren, pero el cine como industria te paraliza. Después, cuando te va bien, la gente se acerca, quieren saber si tenés contactos, cómo hiciste para llegar acá y allá. Al principio pensás que es para ayudarte a hacer otra película, pero no es así, lo que les interesa es saber si vos tenés contactos. Y nosotros no teníamos ni un contacto ni nada, toda la distribución fue un enorme esfuerzo y trabajo que sigue hasta hoy en día.

La contra es que nadie te va a llamar para hacer otro documental o película porque vos hayas hecho uno que claramente se destacó. La vas a tener que remar otra vez. Por mi experiencia hasta ahora, nadie pone un peso para hacer una película si no es a través de los subsidios del INCAA.

Lo ideal sería que haya una política al respecto y se fijen las películas que llaman la atención y les den oportunidades a los creadores y directores de las mismas, pero eso no pasa.

De cualquier manera, el INCAA está controlado por los productores, tristemente, al día de la fecha es una verdulería de los productores poderosos (que supuestamente hacen cine independiente). El INCAA debería apoyar a los directores y a los escritores, no sólo a los productores. Es un grave error suponer que existe una industria donde no la hay; por eso el cine argentino se estancó totalmente desde hace años. Los cineastas hoy en día implícitamente son a la vez productores (empezamos a escribir el guión sin dinero, sin encargo, como en mi caso con Gualicho) y yo creo que lo comercial está incorporado ya en la mirada de cualquiera que haga cine, porque el género ha ganado terreno en la mente de los escritores y directores (esa intención del creador, no implica que exista una industria donde no la hay, por lo tanto apoyar al productor solamente es un grave pero grave error, una estafa al creador, que también desde el inicio es claramente un productor)

Otra cosa es que cuando sos joven y recibís atención por lo que hacés, y no tenés un entorno que canalice esa atención, uno puede creer que pueda hacer cosas que no puede hacer, y te das contra la pared intentando hacer una ficción, por ejemplo. Entonces sí no hay una  estructura que sostenga al cineasta independiente después de haber hecho la primera película, invirtiendo tiempo, que es plata; así el cine independiente no funciona. Es triste, pero es una realidad, por lo menos en nuestro país. Si vos hacés una película con nada, es para demostrar lo que hacés y poder hacer otra película en mejores condiciones, y no tener que estar dependiendo de tu abuela, por ejemplo. No va a vivir para siempre.

Otro tema es la prensa. En general, los críticos de cine no publican notas de películas independientes y el cine parece ser una cuestión de clase social, es algo bastante horrible, pero es así. Si una institución presiona y ubica a sus directores, los críticos publicaran cosas sobre esos directores. Si no, es una cuestión ética de ellos evaluar si la película vale la pena o no.

Así que si lo hiciste a pulmón, como se dice, no vas a tener un estreno comercial, en general…, y la clara ventaja es que una película que no se estrena, que no tiene carteles en la calle ni publicidad en los diarios, que no tiene una institución que te apoya (porque nosotros estudiamos Diseño de Imagen y Sonido y esa carrera de la Universidad de Buenos Aires no hace nada por sus estudiantes una vez egresados) y si su tema es siempre actual, tenés una audiencia potencial que no la conoce, que no la pudo ver, y la película se va convirtiendo en una de culto.

Aún así, el cine lleva tiempo, las cosas maduran en uno, las historias se desarrollan, uno gana experiencia y hoy en día tenemos muchos proyectos, a los que le tenemos muchísima fe, que, de alguna manera u otra, vamos a realizar.

Entrevista a Adrián Gastón Fares por Blanca López.

Más información sobre mis proyectos cinematográficos:

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